lunes, 21 de septiembre de 2026

LA HISTÓRICA CONQUISTA DE LA PROVINCIA DE TOCHE EN LAS MONTAÑAS DEL QUINDÍO (1550-1632).



LA HISTÓRICA CONQUISTA DE LA PROVINCIA DE TOCHE EN LAS MONTAÑAS DEL QUINDÍO (1550-1632).

Por: Álvaro Hernando Camargo Bonilla.

Este escrito reúne dos episodios clave de la historia colonial de la denominada cordillera del Quindío, hoy cordillera Central, separados por 82 años, pero unidos por el mismo territorio: la Provincia de Toche. Ambos muestran la transformación de Toche, de reducto indígena resistente a camino estratégico y a emporio minero de la Corona.

LA CONQUISTA DE LA PROVINCIA DE TOCHE (1550).

En el marco de la expansión del Nuevo Reino de Granada, la Real Audiencia de Santafé comisionó al capitán Andrés López de Galarza para explorar la cordillera denominada Quindío y fundar una villa que sirviera de puente entre Santafé y la Gobernación de Popayán. El 14 de octubre de 1550 fundó Ibagué.

Desde la nueva villa, Galarza buscó asegurar el paso hacia Cartago. El cacique Bombo le informó de la existencia de un antiguo camino indígena que cruzaba la cordillera. Para reconocerlo, Galarza envió a dos soldados, Ricardo y Hoyos, hacia la sierra donde se asentaban los toches.

Los emisarios se apartaron del itinerario ordenado, movidos por la codicia de oro. Al internarse en las poblazones del valle de Toche fueron descubiertos. Según Fray Pedro de Aguado en su Recopilación Historial, Primera Parte, Capítulo III, 7, los indígenas los mataron y, siguiendo su costumbre ritual, les desollaron los rostros para convertir la piel en máscaras para sus bailes y borracheras.

“Fueron de los indios muertos miserablemente y desollados los rostros, lo cual acostumbran hacer estos indios con los enemigos que matan, para traerlos por máscaras en sus bailes y borracheras." - Aguado

Galarza aguardó su regreso. Al notar su demora, envió un oficial con soldados a buscarlos. Hallaron los cuerpos acribillados con flechas, expuestos como blanco, y con los rostros desollados, en una placeta entre bohíos. Los enterraron en una colina cercana y dieron aviso.

Indignado, Galarza regresó a Ibagué, reunió todas sus tropas, armas y municiones y volvió a Toche. Los indígenas, avisados por sus espías, lo esperaron en armas. Galarza, con indigenas intérpretes, les ofreció la paz y les prometió no hacerles daño si deponían las armas. Ante el rechazo y el intento de cerco, atacó por el punto más fortificado, donde podía usar la caballería.

En el enfrentamiento bélico murieron más de 400 indígenas toches. De más de 500 que entraron en combate, no volvió a sus casas ni la décima parte. Pacificada Toche, Galarza avanzó a la provincia vecina de Tocina, ubicada a un costado del Nevado del Tolima, y también la sometió. De regreso en Ibagué repartió los indígenas en encomienda entre sus soldados.

La provincia quedó sometida y su territorio se convirtió en punto estratégico. Tres años después, en 1553, el capitán Melchor de Valdés, enviado para auxiliar a Galarza frente a la resistencia pijao, halló el sendero ancestral que los nativos usaban para franquear la cordillera. Lo amplió y lo hizo transitable para bestias de carga. El nuevo Camino del Quindío acortó en veinte días la ruta entre Santafé y Popayán y sustituyó al peligrosísimo páramo de Guanacas y al paso de Herveo.

Desde entonces y por tres siglos, el itinerario quedó fijado: Ibagué - Toche - Boquerón del Páramo (3.390 m.s.n.m.) - Salento - Cartago. Era la única sutura posible entre el altiplano y el valle del Cauca.

“En todas las jornadas hay tambos de españoles, donde hacen noche los que por él caminan, y andan sin riesgo alguno." Relación de 1553.

DESCUBRIMIENTO DE MINAS DE ORO Y PLATA EN LAS MONTAÑAS DE TOCHE (1632).



Ocho décadas después, Toche vuelve a la historia no como campo de batalla, sino como promesa de riqueza.

En noviembre de 1632, el capitán Francisco Fernández de Palencia, vecino de Santafé, atraído por rumores de vetas en la cordillera, organizó tres entradas sucesivas a las montañas del Quindío. Durante más de cuatro meses sostuvo la empresa íntegramente con su propia hacienda: alimentó a españoles, esclavos e indios guías, proveyó cabalgaduras, herramientas, armas y municiones y pagó generosas recompensas a los baquianos. Nadie más aportó un solo real.

El camino fue áspero y peligroso, entre páramos y el temor a los pijaos rebeldes que aún se ocultaban en la zona.

La fortuna le sonrió. En lo alto de la sierra halló vetas de plata de notable ley. Con muestras del mineral descendió a Ibagué, donde él y peritos ensayaron el metal: aun en superficie, cada quintal rendía más de dos marcos de plata.

Registró las minas ante el alcalde ordinario de Ibagué, fijó las estacas de demarcación y obtuvo el plazo legal de un año para elegir una mina principal y otra secundaria y ponerlas en labor.

Provisto del registro, regresó a Santafé para informar al gobernador y capitán general del Nuevo Reino. Llevó piedras como prueba palpable y manifestó su voluntad de volver, poblar el sitio y proseguir la búsqueda de yacimientos más ricos, dispuesto a invertir toda su hacienda.

En su petición solicitó dos mercedes esenciales para la época: la confirmación del registro y la concesión de las aguas de la quebrada de Toche -desde su nacimiento hasta su desembocadura en el río San Juan- junto con los asientos necesarios para instalar los ingenios de molienda y beneficio del metal.

DE TERRITORIO A EJE DE LA COLONIZACIÓN

1. Como corredor. La fundación de Ibagué y la pacificación de Toche marcaron el inicio de la colonización de la vertiente oriental de la cordillera. Toche se volvió tambo, presidio y punto de control del Camino Nacional, oficializado luego por el presidente Pedro Alcántara Herrán en 1841-1845.

2. Como riqueza. De haber sido tierra de guaduas y de guerra, pasó a ser tierra de minas. El hallazgo de 1632 reactivó el interés de la Corona en una zona que los vecinos de Ibagué habían abandonado por falta de indios para labrar las minas tras las rebeliones de 1550 y 1556.

Por allí pasó todo el que contó para la nación: los ejércitos de la Independencia, Alexander von Humboldt, que describió la palma de cera, y Jean-Baptiste Boussingault, quien en mayo de 1827 recorrió en 8 jornadas el trayecto Ibagué-Cartago que hoy conocemos con precisión gracias a su diario: Ibagué (1.282 m) - Las Amarillas - Guayabal - La Palmilla - Cara de Perro (2.591 m) - Tapias - El Moral - Buenavista - Chachafruto - Aguacaliente - Volcán Machín (2.453 m) - Toche - Sepultura (2.620 m) - Tochecito - Boquerón del Páramo (3.390 m) - Mataficua - Cruzgorda (hoy Salento) - Boquía - Filandia - Cartago.

Fuentes:

Aguado, Fray Pedro de. *Recopilación Historial. Primera Parte. Capítulos III y V. Año de 1550.

Gaceta de la Nueva Granada. Núm. 26. Trimestre 4º. Bogotá, 29 de marzo de 1832. Registro de minas de Francisco Fernández de Palencia.

Gaceta de la Nueva Granada. Núm. 618. 7 de mayo de 1843. Informe del gobernador Pastor Ospina Rodríguez sobre Toche y el Camino del Quindío.

Boussingault, Jean-Baptiste. Memorias. Tomo II. Viajes por el Camino del Quindío, mayo de 1827 y enero de 1830. Ed. Colcultura.