sábado, 5 de septiembre de 2026

ANTES QUE EL MAPA EL CAMINO : CINCO SIGLOS DEL QUINDÍO.

 


ANTES QUE EL MAPA 
EL CAMINO : CINCO SIGLOS DEL QUINDÍO.

Nos han hecho creer que el territorio nace cuando se dibuja un mapa o se legaliza un acta de fundación. En el Quindío, esa mentira se repitió durante más de un siglo: que aquí no había pasado, que todo empezó con la colonización antioqueña de finales del XIX.

La realidad es otra, más antigua y más épica. El territorio se hizo a fuerza de trasegar el camino. Mucho antes de toda intención fundacional, ya existía el Camino del Quindío.

No es una ruina, es un pasaje vivo

Hay que dejar de concebirlo como un simple vestigio en ruinas, tapado por la maleza. Ese es el error que lo condena al olvido.

El Camino del Quindío es un pasaje vivo. Un corredor interandino que conectaba a Cartago con Ibagué, cruzando la Cordillera Central por el Boquerón del Páramo. Un corredor vertical que iba del páramo al valle, del frailejón al cafetal, con apenas tres fundaciones intermedias en el siglo XIX: San Sebastián de la Balsa, Valdecina y Boquía, la semilla de lo que luego sería Salento.

Por aquí no pasó solo una colonización. Por aquí pasaron todas las etapas históricas de la Nación.

Cinco siglos entre dos ciudades.

El trabajo del historiador Víctor Zuluaga y de las Academias de Historia del Quindío, y Tolima han empezado a consolidar el rescate de lo esencial: el Camino no es solo la trocha de los colonos. Es un trayecto de cinco siglos usado desde tiempos prehispánicos, escenario de guerras indígenas, de conquista y de las guerras civiles del siglo XIX.

Por eso mismo fue declarado Camino Nacional en 1850. Por su trazado maltrecho desfilaron las tropas de Serviez, Baraya, Bolívar, Mosquera y Obando. Por aquí pasó todo el comercio del país cuando aún no teníamos ruedas para atravesar la cordillera. A lomo de cargueros humanos, bueyes, mulas y caballos. Un esfuerzo humano titánico que cargó a espalda a una nación entera.

Entenderlo así cambia todo. Deja de ser un sendero local para volver a ser lo que fue: una ruta geohistórica y geoestratégica, la gran ruta central que llevó del oriente al occidente y del occidente al oriente del territorio Nacional.

Lo que ya hay y lo que sigue pendiente.

Mientras sigamos tratando el Camino como un vestigio en ruina, no lo vamos a recuperar. Hay que tratarlo como lo que fue y sigue siendo. Este es el estado real del proceso.

¿QUÉ SE HA HECHO?

Se rescató la memoria histórica. Ya no se puede decir que el Quindío no tiene pasado. La documentación histórica le devolvió su estatus y su profundidad temporal.

Se inició la ruta jurídica para protegerlo. La Secretaría de Cultura del Quindío, en articulación con la Academia de Historia, está elaborando la documentación para buscar la declaratoria del Camino como Bien de Interés Cultural, BIC, de carácter departamental, con miras a llevarla al Ministerio de Cultura para la declaratoria nacional. El objetivo es concreto: proteger su biodiversidad y evitar que sea atropellado o invadido por particulares.

Se creó una apuesta interdepartamental. Los gobernadores de Quindío y Tolima, con la RAP Eje Cafetero y las alcaldías de Salento, Cajamarca e Ibagué, anunciaron el Corredor Paisajístico, Cultural e Histórico Salento - Toche - Cajamarca - Ibagué. Ya no es solo conservar piedras, es dinamizar senderismo, ciclismo y recorridos naturales, reconociendo que ahí está el nicho del árbol nacional, la palma de cera y el loro orejiamarillo.

Se mantiene vivo a pie. Colectivos de habitantes, cultores, historiadores, y caminantes, vienen haciendo expediciones, charlas y tertulias para sensibilizar a lugareños y caminantes. En Tolima, una expedición reciente entre Juntas y Toche evaluó el trayecto para fomentar turismo sostenible, con estudios de capacidad de carga para saber cuántos turistas pueden entrar sin afectar flora y fauna.

Lo han salvado los campesinos. Lo que queda del camino no se conserva por decreto. Se conserva porque las comunidades campesinas lo siguen usando para sacar sus cosechas de los pisos fríos y calientes. Son relictos vivos, no ruinas.

¿QUÉ FALTA POR HACER?

 

Ahí está el cuello de botella. Se ha hecho mucho en el papel, pero en lo gubernamental el camino sigue olvidado.

Concretar la declaratoria como BIC. Solo hay documentos legislativos de forma, pero ausentes de intención. Falta que se otorgue la declaratoria departamental, que se apruebe el Plan Especial de Manejo y Protección, PEMP, y que se radique y logre el concepto favorable del Consejo Nacional de Patrimonio. Sin PEMP no hay presupuesto de protección real ni blindaje legal.

Un inventario georreferenciado y público. No se sabe con exactitud cuántos kilómetros de banca y de servidumbre quedan. En Salento mismo reconocen que no hay cifra exacta de los relictos boscosos y de caminos. Falta un levantamiento topográfico, con drones y GPS, tramo por tramo: Boquerón del Páramo, Alto de La Línea, Boquía, San Sebastián de la Balsa, Valdecina.

Resolver el conflicto entre lo público y lo privado. Se presentan casos donde fincas aledañas impiden el paso, convirtiendo un camino público en predio privado. Es indispensable que se clarifique el asunto de la servidumbre ancestral por parte de las autoridades de catastro y en los POT de Salento, Filandia, Calarcá y Cajamarca. Sin esa diligencia, cualquier recuperación será reversible.

Intervención con infraestructura mínima. El corredor necesita señalización interpretativa, capacitación en servicios turísticos para habitantes de la zona, puntos de venta y hospedaje comunitario, pasarelas de madera donde se erosiona, drenajes, miradores y puestos de control de carga.

Gobernanza territorial Quindío - Tolima. Se necesita un convenio con recursos, con presupuesto para proteger el Camino y con personal local que habite en la vera de la ruta, convirtiéndoles en vigías del patrimonio, que puedan generar recurso económico por sus servicios a los turistas.

Apropiación educativa. Como se hizo con el Qhapaq Ñan, falta la Cátedra del Camino del Quindío en colegios y universidades. Que el senderismo sea parte de la educación ambiental y no solo un producto para vender un tour de un millón de visitantes al año.

Se tiene la historia escrita y el expediente jurídico empezado. Lo que falta es pasar del discurso patrimonial al manejo territorial. Que el mapa deje de dibujar carreteras nuevas y empiece, por fin, a oficializar el camino viejo.

 

Álvaro Hernando Camargo Boniulla.

Vigía del Patrimonio.

Miembro de las Academias de Historia del Quindío y Tolima.