sábado, 22 de agosto de 2026

LA HUELLA SACRA EN EL QUINDÍO: SACERDOTES FORJADORES DE TERRITORIO Y LA EVOLUCIÓN DE LA FE DESDE LA COLONIZACIÓN HASTA HOY.

 

LA HUELLA SACRA EN EL QUINDÍO: SACERDOTES FORJADORES DE TERRITORIO Y LA EVOLUCIÓN DE LA FE DESDE LA COLONIZACIÓN HASTA HOY.

 

La Semana Santa en el Quindío, tal como la vivimos hoy, con sus procesiones, ceremonias y la profunda fe de su gente, no es un fenómeno espontáneo. Es el resultado de más de un siglo de una rica historia religiosa. Desde los primeros sacerdotes que llegaron a estas tierras cafeteras, no solo como guías espirituales sino como verdaderos pilares de la colonización, cada acto de fe y cada obra material fue tejiendo la identidad de pueblos como Salento y Filandia. Estos hombres, que construyeron templos, fundaron escuelas y hasta impulsaron la economía local, sentaron las bases de una devoción arraigada que florece con especial intensidad en estos días de recogimiento y tradición, recordándonos la profunda huella que la Iglesia ha dejado en el corazón del Quindío.

 

En aquel entonces, la fe no era solo una cuestión espiritual, sino que se entrelazaba con la vida diaria en la construcción de pueblos, la educación y los aspectos económicos. Los sacerdotes eran líderes comunitarios, constructores y educadores. La Iglesia era el centro de todo, un verdadero motor para el progreso y la organización social.

 

Ahora bien, en las generaciones actuales, la situación parece diferente. No es que la fe haya desaparecido por completo, pero sí se percibe una especie de desconexión o, al menos, una vivencia de la espiritualidad que es mucho más diversa y, a veces, menos visible o institucionalizada que antes.

 

Aparentemente, la percepción de una "pérdida de fe" en las nuevas generaciones proviene de un alejamiento de las tradiciones religiosas más rígidas, que a menudo son vistas con poca proyección en el momento actual. También influye la ausencia de acciones más pertinentes para conectar la herencia religiosa con los nuevos tiempos. Esta situación se fundamenta en la globalización de la información, el avance de la ciencia y los constantes cambios sociales.

 

Antes, la fe católica era casi la única opción y definía la identidad de un pueblo. Hoy, con tanta diversidad, los jóvenes exploran y eligen su propio camino espiritual. Quizás esto represente una evolución hacia una fe más personal y menos colectiva, o incluso hacia otras formas de buscar sentido a la vida fuera de lo estrictamente religioso.

 

 

SACERDOTES DEL QUINDÍO: TIEMPOS Y TERRITORIOS DE SU CURATO.

La huella e influencia de los sacerdotes que desempeñaron su actividad religiosa y socioeconómica en el cuarto, durante el proceso de colonización y consolidación territorial del Quindío.

En las verdes laderas de la Hoya del Quindío, la colonización no fue solo obra de arrieros y colonos. La presencia de los presbíteros y padres católicos se entrelazó profundamente con la consolidación social y económica de estas nacientes poblaciones, dejando una huella indeleble que trascendió lo espiritual. Desde mediados del siglo XIX, la Iglesia, a través de sus representantes, actuó como un pilar fundamental, no solo evangelizando, sino también organizando la vida comunitaria y promoviendo el progreso.

 

LOS PRIMEROS HITOS RELIGIOSOS Y COMUNITARIOS.

 

El Presbítero Casimiro Gamba, con su llegada a Boquía (futura Salento) en 1849, no solo firmó las primeras partidas sacramentales, sino que validó la existencia de una nueva Aldea, sentando las bases de una comunidad organizada bajo el amparo de la fe. Poco después, el Padre Manuel Parménides Velasco consolidaría este esfuerzo al oficiar la primera misa en la Parroquia de Salento en 1851, un acto fundacional que unía a los dispersos pobladores bajo un mismo credo y un mismo lugar de encuentro.

 

FUNDACIÓN Y ESTRUCTURACIÓN DE PUEBLOS.

 

La figura del cura trascendía el púlpito. El Presbítero Fulgencio José del Castillo y Ayora, nombrado cura de Condina en 1854, fue reconocido como fundador de esta aldea, lo que subraya el papel central de los sacerdotes en la génesis de los asentamientos. Estos líderes religiosos no solo proveían servicios espirituales, sino que eran referentes en la organización territorial y la cohesión social. Sin embargo, las dificultades, pues la falta de recursos del cura Fulgencio llevó al declive de Condina, evidenciando la fragilidad de estas empresas colonizadoras.

 

EL IMPULSO A LA EDUCACIÓN Y LA INFRAESTRUCTURA.

 

A medida que el siglo XIX avanzaba, la labor de los sacerdotes se hizo más visible en el desarrollo material. El Presbítero Sebastián Emigdio Restrepo, además de su servicio en Salento y Circasia, fue un propietario de terrenos en lo que se convertiría en Armenia, un indicio de la influencia económica que algunos clérigos poseían. Su pasado como profesor y secretario de Monseñor Riaño, y su rol en la educación en Medellín, demuestran que la formación intelectual no era ajena a su misión, un valor que seguramente trasladó a las nuevas tierras.

 

Pero fue el Presbítero José Ignacio Pineda quien encarnó quizás el espíritu más dinámico. Regentó varias parroquias clave (Salento, Calarcá, Armenia, Filandia, Génova, Colón) y no solo la apertura de libros parroquiales, sino que inició la construcción de la Capilla en Armenia, colaborando con la comunidad. Su espíritu vivaz y su participación en las guerras de la época, intercediendo por prisioneros, lo retratan como un líder multifacético, involucrado activamente en la vida civil y social de la región.

 

El Presbítero Ismael Valencia Marín también se destacó como un verdadero constructor de comunidades. En Salento, fundó el Colegio San Luis, una iniciativa crucial para el desarrollo educativo. Además, fue pionero en el establecimiento de iglesias y capillas en Filandia, Circasia, Calarcá y Montenegro, marcando con su presencia el nacimiento y crecimiento de estos poblados. Oficiar la primera misa para la fundación de Montenegro en 1885 y en Córdoba en 1917, resalta su rol como un motor del asentamiento humano.

 

VISIONARIOS DEL PROGRESO Y LA ORGANIZACIÓN.

 

Otros curas llevaron su liderazgo a esferas más allá de lo estrictamente religioso. El Presbítero Francisco de Paula Montoya fue un incansable promotor del desarrollo. En Filandia, fundó congregaciones religiosas, construyó el templo, terminó la Casa Cural, hizo el acueducto y colaboró en la construcción de la primera planta eléctrica, el convento de las Religiosas Betlemitas y otras obras de importancia. En Montenegro, construyó la Capilla, inició el cementerio y, significativamente, promovió el cultivo del Café y luchó por mejores acueductos, caminos y calles. En Quimbaya, impulsó la construcción de la primera Iglesia, la Cárcel y fue un gran luchador por la erección en Corregimiento y más tarde en Municipio. Estas acciones muestran a un clérigo profundamente comprometido con la infraestructura, la economía agrícola y la institucionalidad local.

 

El Presbítero José María Arias, además de reformar la Iglesia y el cementerio en Armenia e iniciar la Iglesia en Montenegro, construyó la Iglesia, el Cementerio y una Casa para las Hermanas de San Vicente en Circasia, evidenciando un enfoque en la organización social y de servicios básicos.

 

LA IGLESIA COMO CENTRO EDUCATIVO Y ASISTENCIAL.

 

La preocupación por la educación continuó siendo una constante. El Presbítero Nazario Restrepo Botero fundó un colegio en Armenia en 1924, mientras que el Presbítero Jesús Antonio Gómez Ramírez no solo arregló templos, sino que fundó varias escuelas en Circasia.

 

Asimismo, la Iglesia jugó un rol asistencial vital. El Presbítero Jesús Antonio Molina fue Capellán del Orfanato de Armenia, y el Presbítero José Dolores López se encargó de la Capellanía del Orfanato y del Hospital de Armenia, demostrando el compromiso con los más vulnerables en una época donde las instituciones de salud y bienestar eran incipientes.

 

EL LEGADO DE UNA ÉPOCA.

 

Desde el primer acto fundacional hasta las obras de infraestructura y la promoción económica, los sacerdotes del Quindío fueron mucho más que guías espirituales. Fueron educadores, constructores, organizadores sociales y, en muchos casos, líderes cívicos que sentaron las bases de las comunidades que hoy conocemos. Sus acciones, desde la firma de una partida de bautismo hasta la promoción del café, revelan cómo la Iglesia, en sus inicios, fue un motor indispensable en la colonización y el desarrollo socioeconómico de esta próspera región colombiana.

 

CRONOLOGÍA DE LOS CURATOS EN EL QUINDÍO.

Presbítero Casimiro Gamba:

Lugar: Boquía (Salento)

Tiempo: Desde el 20 de diciembre de 1849 hasta 1851.

Padre Manuel Parménides Velasco:

Lugar: Parroquia de Salento

Tiempo: Ofició la primera misa en 1851.

Presbítero Fulgencio José del Castillo y Ayora:

Lugar: Condina

Tiempo: Del 17 de agosto de 1854 a mayo de 1861.

Presbítero José Joaquín Baona:

Lugar: Condina

Tiempo: Del 12 de febrero de 1881 al 4 de enero de 1882.

Presbítero Sebastián Emigdio Restrepo:

Lugar: Salento (1881), Circasia (del 28 de febrero de 1889 al 11 de febrero de 1891).

Tiempo: 1881 (Salento), 1889-1891 (Circasia).

Presbítero José Ignacio Pineda:

Lugar: Salento (1883-1895), Calarcá (20 de octubre de 1889 - 11 de noviembre de 1894), Armenia (abrió los libros parroquiales el 2 de febrero de 1892, Cura Residente el 18 de noviembre de 1894), Filandia (desde el 7 de julio de 1889 hasta el 24 de julio de 1895), Calarcá (1905), Génova (abrió los primeros libros el 24 de mayo de 1914), Colón (Pijao) y Génova (1913).

Tiempo: 1883-1895 (Salento), 1889-1894 (Calarcá), 1892 (Armenia), 1889-1895 (Filandia), 1905 (Calarcá), 1914 (Génova), 1913 (Colón y Génova).

Presbítero Ismael Valencia Marín:

Lugar: Salento (1884), Filandia (abrió libros el 22 de septiembre de 1884), Circasia (abrió libros el 1° de junio de 1887), Calarcá (1886, ofició misa; 14 de octubre de 1894 - 3 de febrero de 1901; 8 de marzo de 1905 - 22 de julio de 1909), Montenegro (ofició primera misa el 19 de octubre de 1885), Córdoba (ofició primera misa en 1917).

Tiempo: 1884 (Salento y Filandia), 1887 (Circasia), 1886 (Calarcá), 1894-1901 (Calarcá), 1905-1909 (Calarcá), 1885 (Montenegro), 1917 (Córdoba).

Presbítero José Hipacio Mejía:

Lugar: Condina

Tiempo: Del 29 de octubre de 1884 al 16 de mayo de 1887.

Presbítero Francisco de Paula Montoya:

Lugar: Filandia (desde el 5 de octubre de 1901), Montenegro, Quimbaya.

Tiempo: Desde 1901 (Filandia), sin fecha específica para Montenegro y Quimbaya.

Presbítero José María Arias:

Lugar: Armenia (interino de 1901 a 1903), Calarcá (27 de abril a 9 de septiembre de 1901), Montenegro, Circasia y Salento (de 1901 a 1916).

Tiempo: 1901-1903 (Armenia), 1901 (Calarcá), 1901-1916 (Montenegro, Circasia y Salento).

Presbítero Jesús del Sacramento Jiménez:

Lugar: Calarcá.

Tiempo: Del 6 de octubre de 1901 al 14 de enero de 1902 (figura en libros), Párroco hasta el 5 de marzo de 1905.

Presbítero Nazario Restrepo Botero:

Armenia: fundó un colegio en Armenia en 1924.

Presbítero Jesús Antonio Gómez Ramírez:

Lugar: Quimbaya (1924 a 1927), Barcelona y Córdoba (1927 a 1929), Circasia (arregló templo y fundó escuelas).

Tiempo: 1924-1927 (Quimbaya), 1927-1929 (Barcelona y Córdoba), sin fecha específica para Circasia.

Presbítero José María Ospina:

Lugar: Córdoba y Barcelona.

Tiempo: 1924.

Presbítero Francisco María Vélez Usma:

Lugar: Parroquia de Montenegro

Tiempo: noviembre de 1925 en adelante.

Presbítero Jesús Antonio Molina:

Lugar: Capellán del Orfanato de Armenia, Párroco en Ulloa (después de 1933).

Tiempo: Capellán hasta 1933, Párroco en Ulloa por diez años.

Presbítero Luis Eduardo Herrera Ibarra:

Lugar: Vicario Cooperador de Calarcá (3 meses), Párroco de Salento (1944), Parroquia de Pijao (1944-1948).

Tiempo: 1938 (Calarcá), 1944 (Salento), 1944-1948 (Pijao).

Presbítero José Dolores López:

Lugar: Capellanía del Orfanato de Armenia (1933), Capellán del Hospital de Armenia (1933-1934), Vicario Cooperador en Armenia (1934-1940), Vicario Cooperador de Calarcá (1940 hasta su muerte).

Tiempo: 1933 (Orfanato), 1933-1934 (Hospital), 1934-1940 (Vicario Armenia), 1940-1951 (Vicario Calarcá).

Presbítero Eduardo Botero Mejía:

Lugar: Párroco de Calarcá

Tiempo: Del 1 de julio de 1939 hasta su muerte el 2 de septiembre de 1946.

Presbítero Rosendo Urrea Salazar:

Lugar: Vicario Cooperador de la Parroquia de la Inmaculada de Armenia, Cura Párroco de Pijao.

Tiempo: Sin fechas específicas, pero fundó un colegio en Armenia.

Presbítero Ernesto López Rodas:

Lugar: Párroco de Filandia

Tiempo: Del 26 de agosto de 1944 al 8 de noviembre de 1946.

 

JURISDICCIÓN ECLESIÁSTICA DE SALENTO.

} Originalmente, la comunidad perteneció a la diócesis de Popayán. Sin embargo, en 1900, pasó a formar parte de la diócesis de Manizales.

Elevación a Parroquia: Fue elevada a la categoría de parroquia en 1925.

Sacerdotes Destacados: varios sacerdotes sirvieron a la comunidad. Entre ellos se destacan:

    *   Casimiro Gamba (1849).

    *   Fulgencio del Castillo, quien bendijo la capilla.

    *   Parménides Velasco, quien sirvió en dos ocasiones.

    *   Ismael Valencia, quien también tuvo dos periodos.

    *   Julio Arango, quien inició la construcción del templo actual.

    *   Nabor Montoya, quien para el año de1923 dejo el templo a poca obra de concluir su construcción.

Se construyeron capillas en Boquía, luego en Barcinal (en 1863), y finalmente en Nueva Salento.

La construcción del templo actual fue iniciado por el presbítero Julio Arango, utilizando fondos de una acción que la iglesia poseía en la mina La Morena. Se describe como de tamaño regular, con dos torreones y buenas campanas.

Igualmente, se estableció cementerio de la población, cercado con tapias y alambre de púa.

En 1864, mediante la ordenanza 12, se le concedió un juzgado parroquial.

 

LOS CURATOS HISTÓRICOS DE FILANDIA Y SU IMPACTO SOCIAL Y ESPIRITUAL.

 

La colonización de Filandia, ese baluarte del Quindío, no fue solo un trazado de caminos y fundación de viviendas, sino también un profundo ejercicio de evangelización y organización eclesiástica. Desde los albores de su existencia, la presencia de sacerdotes fue fundamental, marcando el pulso espiritual, social y hasta económico de una comunidad en ciernes. La historia de sus curatos es un espejo de su evolución.

 

LOS PIONEROS Y LA CIMENTACIÓN ESPIRITUAL (1880 - 1904).

 

La historia de la fe en Filandia se inicia hacia 1880 con la figura del Padre José Joaquín Baena. Este presbítero, cura de Condina (Pereira), ofició la primera misa en el incipiente caserío mientras se encontraba en un viaje de Manizales a Bogotá, un hito que sembró la primera semilla de la evangelización.

 

Poco después, la importancia del lugar fue reconocida con la primera Visita Episcopal del ilustre Monseñor Juan E. Ortiz, obispo de Popayán, un acto que legitimaba y alentaba el crecimiento de la comunidad. Continua el accionar religioso con los misioneros franciscanos Juan y Bernardo Arana, quienes dejaron su huella bendiciendo una monumental cruz, símbolo de su labor misional,  que reposa en la iglesia, cuya elaboración fue obra de José María y Jesús Antonio Benjumea, con los toques artísticos de Milcíades Valencia.

 

El Padre Ismael Valencia emerge como una figura central en estos primeros años, desempeñando el curato en dos periodos cruciales (1884-1889 y reasumiendo en 1895). Fue él quien inició la formalización de los registros parroquiales, firmando el primer libro de bautizos en 1884. Su segunda etapa al frente de la parroquia fue de un notable desarrollo social, cuyas obras sociales serían reconocidas décadas más tarde, cuando la Diócesis de Armenia, en un gesto de gratitud, consagró su nombre en la Casa Campesina. Entre sus dos periodos, el Padre José Ignacio Pineda (1889-1895) continuó la labor pastoral, consolidando junto al Padre Valencia los primeros libros de matrimonios y defunciones en 1889, piezas clave en la organización de la naciente comunidad.

 

A la salida de Pineda, reasume brevemente el curato el Padre Valencia, y llega el Padre Jesús María Restrepo (1895-1901), un sacerdote de visión constructora. Bajo su liderazgo se inició la monumental obra del templo actual, erigido sobre enormes columnas de barcino, comino crespo y laurel negro, una empresa que demandó el esfuerzo de innumerables hombres en el transporte de la pesada madera desde los bosques de Lusitania y Portachuelo. También emprendió la construcción de la antigua casa cural. Tras esta intensa labor, el Padre Restrepo partió hacia Guayaquil, donde fallecería.

 

CONSOLIDACIÓN ECLESIÁSTICA: PARROQUIA Y VICARÍA FORÁNEA (1905-1923).

 

El 22 de enero de 1905 marcó un antes y un después para Filandia: el caserío fue erigido como parroquia, independizándose de la Vicaría Foránea de Santa Rosa de Cabal, un paso gigantesco en su autonomía eclesiástica. Una década después, el 17 de mayo de 1915, la parroquia elevó su estatus a Vicaría Foránea.

 

En este periodo de auge, el Padre Francisco de Paula Montoya (hasta 1923) se destacó como el primer Vicario Foráneo y uno de los más grandes impulsores del desarrollo Filandeño. No solo continuó con el arduo trabajo del templo parroquial y el hospital, sino que su gestión más trascendental fue la de traer, en 1907, a la benemérita comunidad de las religiosas Betlehemitas. Estas religiosas a través de la historia, han prestado invaluables servicios educativos éticos y religiosos que han  dejado una positiva huella en la formación de las generaciones Filandeñas.

 

Los años 1920 y 1930 trajeron consigo una renovación en la curia de Filandia y un periodo de notable efervescencia. El **Presbítero Gonzalo Álvarez** sirvió a la feligresía entre 1923 y 1926, antes de dar paso al **Padre Salomón Castaño**. Este último, si bien era honesto y virtuoso, destacaba por su carácter drástico, severo y un tanto intransigente, lo que generó un 'compás de espera' en la comunidad. Su presencia coincidió, además, con una época compleja, marcada por intensas pasiones políticas, controversias sociales, caudillismos  que impregnaron el ambiente por varios años.

 

A partir de mediados del siglo XX, una larga sucesión de sacerdotes continuó la misión apostólica en Filandia, adaptándose y consolidando la fe en una comunidad en constante crecimiento. Entre ellos se cuentan a Ernesto López Rodas, Justo Pastor Loaiza, Pastor Londoño, Ramón Hoyos, Guillermo Ramírez, Ramón Echeverry, Ananias González, Carlos Vicente Buitrago, Gonzalo Guevara, Antonio Restrepo, y el Padre Marco Antonio Duque, quien se desempeñó por muchos años como Capellán del Convento de las madres Betlehemitas.

 

Posteriormente la comunidad tuvo la guía del Reverendo Padre Francisco Betancur Ramírez. Este sacerdote dejó un legado de obras significativas. Entre ellas, destacan la creación de “la Casa de la joven desamparada” (ubicada en el antiguo teatro Bengala), el Colegio Vocacional (que capacitaba en artesanía, comercio y costura), la reconstrucción de la Casa Campesina “Ismael Valencia” y la repoblación del templo y la casa cural. Su visión futura incluía la obra de “La Casa de La Cultura”, un testamento de su compromiso con el desarrollo integral de Filandia.

 

La trayectoria de los curatos en Filandia es mucho más que un relato de fe; es la evidencia palpable de una evolución constante, forjada por el doble rol de sus sacerdotes: guías espirituales y pilares socioeconómicos. Cada presbítero, con sus dones y desafíos, contribuyó a moldear tanto la identidad moral como la estructura física del municipio, dejando una huella indeleble que perdura en el rico entramado histórico y cultural de este rincón del Quindío.

 

Fuentes: José López Montes, Pbro. Manizales, enero de 1923.

BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES. ORGANO DE LA ACADEMIA NACIONALL DE HISTORIA Volumen XV, Número 176, junio 1926. DIRECTOR, EDUARDO POSADAN REDACTORES, LUIS AUGUSTO CUERVO, y ROBERTO CORTAZAR.

Carlos E. Restrepo. Finlandia Hija de Los Andes.

 

 

Por: Álvaro Hernando Tibuchino Camargo Bonilla

domingo, 26 de julio de 2026

EL TRÁNSITO DEL CAFÉ POR EL CAMINO DEL QUINDÍO.
























 

EL TRÁNSITO DEL CAFÉ POR EL CAMINO DEL QUINDÍO.

 

De su cultivo en solares caseros por pago de penitencias, al emporio nacional.

El café arribó desde África, cruzando Europa y el Caribe antes de tocar suelo neogranadino. Mientras Brasil, Venezuela y Centroamérica ya amasaban fortunas con el grano en el siglo XVIII, en la Nueva Granada era apenas una rareza. En Muzo, Boyacá, la semilla echó raíces a pequeña escala, arrinconada en los patios de las casas. Solo bastaba para el pocillo de los vecinos. La tradición cuenta que fueron los misioneros jesuitas quienes la trajeron, y que la fiebre de esmeralda hizo el resto: los mineros pedían a gritos una bebida que los mantuviera despiertos. Así, el café fue mata de solar: sin mercado, sin técnica, sin puertos que lo reclamaran. Muzo guardó la semilla, pero jamás levantó la industria.

 

Para 1736, los mismos jesuitas ya habían puesto pies de café en un monasterio de Popayán. El suroccidente tenía la planta, mas la producción comercial tardaría un siglo: solo en 1835 el grano empezó a pesarse para la venta.

 

Los primeros surcos documentados los anotó el sacerdote José Gumilla. En su crónica narra el cultivo en Santa Teresa de Tabage, entre el Meta y el Orinoco, misión jesuita del siglo XVIII. Más al norte, en los Santanderes, el padre Francisco Romero, párroco de Salazar de las Palmas, convirtió la fe en azadón: desde 1834 impuso como penitencia a sus feligreses sembrar matas de café. La devoción abrió, literalmente, los primeros surcos.

 

LOS PIONEROS: DE CHIMBE A LA MESA, 1860-1880.

Según Medardo Rivas, el cultivo del café en Colombia se retrasó por varias razones: se desconocían las técnicas de siembra, no existía capital suficiente para esperar varios años hasta la primera cosecha, predominaba el afán de lucro inmediato, los fletes para transportar el café hacia los puertos eran muy costosos y, además, había desconfianza para invertir tras los fracasos del tabaco y el añil.

El giro lo dio un inglés: Tirrel Moor. Minero en Antioquia, compró tierras en Chimbe, Cundinamarca, a 16 °C de temple. Midió, alinderó y sembró café con método, con ciencia. Y demostró lo impensable: a gran escala, el café sí daba plata. Su ejemplo prendió como pólvora. Lo siguieron José Antonio Mejía; Lorenzana y Montoya en Campohermoso; José María Franco Pinzón; Domingo Martínez; y Francisco Ospina, que levantó en Anolaima la hacienda Santa Inés, con uno de los mejores cultivos y beneficios de café de la época.

 

El núcleo inicial cafetero empezó en la vertiente occidental de la Cordillera Oriental: Viotá, Tibacuy, Nilo, Fusagasugá, Melgar, Icononzo. Allí brotaron grandes haciendas cafeteras: Ceilán, de Eustasio de la Torre Narváez; Buenavista, de Jorge Crane; La Siberia, de los Sáenz; Java, de los Tobar; Filadelfia, de Carlos Abondano.

 

EN EL ESTADO SOBERANO DEL CAUCA SE FOMENTO SU CULTIVO MENDIANTE LALEY 5ª DEL 25 DE JULIO DE 1879. 

El Estado Soberano del Cauca olfateó el porvenir. La Ley 5ª decretó: todo habitante que levantara una plantación de café hasta verla en fruto, recibiría pago del Tesoro. La tarifa no tenía misterio: 500 árboles en flor, 50 pesos; 1.000 árboles, 100 pesos; 5.000 árboles, 500 pesos, y de ahí en adelante.

 

El trámite era claro. El cultivador avisaba al jefe municipal, declaraba el sitio y el número de matas. El jefe abría registro, anotaba nombre, lugar y cantidad. Luego inspeccionaba. Si todo estaba en regla, autorizaba el pago. Para que no faltara, se apropiaron diez mil pesos por vigencia. Era política pública con olor a café: empujar el grano a punta de incentivos.

 

EL CAMINO DEL QUINDÍO TRANSPORTÓ LA SEMILLA. 

El café empezó su travesía por el Camino del Quindío. Por esa trocha de mulas y cargueros se acarreó la semilla que, un siglo después, sería producto bandera y baluarte del Paisaje Cultural del territorio.

 

Las crónicas de quienes anduvieron el camino lo confirman: 

En 1790, José Celestino Mutis, desde Mariquita, consignó que tenía árboles de café en la casa de la Expedición Botánica, criándolos para propagarlos junto a la canela y la nuez moscada. 

 

En 1823, John Potter Hamilton, cruzando por La Mesa y Guaduas, escribió que en aquel territorio “se produce plátano, café y maíz en abundancia”. El grano ya iba rumbo al occidente. 

 

Hacia 1869, Joaquín de Caicedo y Caicedo, jefe de la municipalidad del Quindío en el Estado Soberano del Cauca, apuntó: “tenemos plantas como el cacao, el café y el plátano…”. Para estimularlo, desde 1867 circulaba en Cali una memoria que proponía sustituir caña por café. Las exportaciones caucanas bajaban por el río Cauca, aunque el grano nacía en pequeñas parcelas del Valle.

 

Eliodoro Peña, en su *Geografía e Historia de la Provincia del Quindío* de 1892, lo sentenció: “entre las producciones son las principales: el cacao, el café… Los artículos de comercio que se exportan se reducen a cacao, café… Circasia produce maíz en abundancia, fríjoles, panela, trigo, café”.

 

DE CARTAGO A LOS PUEBLOS FUNDADORES.

Por política del Estado caucano, el café entró a Cartago, capital de la Provincia del Quindío. De allí se regó por su jurisdicción: Salento, Filandia, Armenia y Circasia, pueblos que pertenecieron a Cartago hasta 1908.

 

En 1882, Leónidas Scarpeta pedía ayuda al concejo de Salento para iniciar cultivos de café. Y ya en 1842, aquel camino que antes era monte solo, mostraba casas y tambos en La Palmilla, Buenavista y Toche, y caseríos nacientes de Boquía y La Balsa. El movimiento económico del café iba despertando el recorrido.

 

No hay duda: el Camino del Quindío fue el rumbo por donde viajó la semilla. De los enclaves coloniales de Muzo y Popayán, pasando por los laboratorios empresariales de Chimbe, Viotá y La Mesa, hasta el fomento legal del Cauca en 1879, el grano descendió la cordillera. Bogotanos, caucanos y antioqueños tumbaron monte, abrieron haciendas y, tras la huella de arrieros y cargueros, metieron el café al Quindío.

 

Un siglo después de que Hamilton viera café en Guaduas y Mutis lo mimara en Mariquita, el cultivo se hizo economía, paisaje y patrimonio. El Camino del Quindío no solo cosió el centro con el occidente: sembró la ruta por la que todavía transita la identidad cafetera de Colombia.

 

Fuentes: Ley 5ª del 25 de julio de 1879.

John Potter Hamilton, Viajes por el interior de las provincias de Colombia, 1823.

José Celestino Mutis, 1790.

Joaquín de Caicedo y Caicedo, 1869.

Eliodoro Peña, Geografía e Historia de la Provincia del Quindío, 1892. Medardo Rivas, Los trabajadores de tierra caliente.

John Potter Hamilton Viajes por el interior de las provincias de Colombia (1823)

María Mercedes. Botero Rest repo. Los bancos en Antioquia. tesis. Universidad de Antioquia, Medellín. 1984. pág 47.

Gaceta Oficial del Estado Soberano del Cauca. Archivo de la Gobernación de Popayán.

Geografía e Historia de la Provincia de Popayán, Departamento del Cauca. Popayán Imprenta del departamento director David Orjuela P. 1892. Pág., 20, 53, 103.