miércoles, 30 de septiembre de 2026

LA CONQUISTA DE LOS PIJAOS.

 

LA CONQUISTA DE LOS PIJAOS.



Pijaos: los de Combaima -Valle de las Lanzas-, Metaima, Ibagué, Anaima, Matagaima, Toche y Tocina.

LAS JORNADAS DEL CAPITÁN ANDRÉS LÓPEZ DE GALARZA.





Motivación: abrir el camino entre las Gobernaciones de Santafé y Popayán.

Después de fundada la Real Audiencia y Cancillería del Nuevo Reino de Granada en abril de 1550, siendo oidores los licenciados Góngora y Galarza, la primera comisión que se dio para poblar fue para el Capitán Andrés López de Galarza, que antes había sido Contador de la Real Hacienda en Santafé.

Entre Tocaima, del Nuevo Reino, y Cartago, de la Gobernación de Popayán, había varias poblaciones de indios muy belicosos que impedían el paso directo entre una y otra gobernación. Por su causa, los viandantes y el comercio tenían que hacer un rodeo larguísimo y peligroso por Neiva y Timaná, cruzando un páramo despoblado, frío y mortal, donde se helaban y perecían muchas personas.

Para remediarlo, los vecinos de Santafé y Tocaima pidieron a la Audiencia que se pacificaran los Valles de las Lanzas y de Choa, y a todos los naturales comarcanos entre Cartago e Ibagué, y que se poblase un pueblo que asegurase el camino real. Alegaban tres razones: se abriría el comercio, los naturales serían doctrinados y puestos bajo la Corona y la Iglesia, y la tierra mostraba, según decían, grandes indicios de minas de oro y plata.

A los Oidores les pareció justa la petición. Informados de la braveza y crueldad de los indios del Valle de las Lanzas, que vivían en guerras continuas unos contra otros, nombraron a Galarza como Capitán y Justicia Mayor. Le dieron una facultad que ya no se acostumbraba: poder juntar gente de a pie y de a caballo y encomendar los indios que pacificase a los soldados de la jornada.

El ejército y sus métodos,

Galarza aceptó y en pocos días juntó 93 españoles al otro lado del Río Grande, en el paso de la canoa de Montero. 40 iban a caballo y el resto eran peones, todos bien aderezados con armas de hierro y de algodón, según la usanza de Indias. La reseña la hizo ante Juan de Avellaneda, Alcalde de Santafé, quien debía verificar que nadie fuera forzado.

Llevó consigo al sacerdote Francisco González Candis con todo lo necesario para decir misa. Un día después de San Juan de junio de 1550, partieron en buen orden hacia el Valle de las Lanzas. Llegaron a principios de julio.

Galarza era hombre de buena habilidad, cortesano y bien hablado. Antes de entrar en combate, publicó unas ordenanzas muy rigurosas: prohibió bajo grave castigo los pecados públicos, las blasfemias y los juramentos; prohibió que los soldados, por avaricia, robasen haciendas y comidas a los naturales; y mandó conservar en paz a todos los indios que diesen la paz, sin hacerles agravio en sus personas, hijos ni mujeres. Nombró por sus tenientes a los capitanes Francisco de Prado, vecino de Tocaima, y Juan Bretón, vecino de Timaná.

La entrada a Combaima y Metaima.

Los españoles se alojaron en el Valle de las Lanzas, al que sus propios moradores llamaban Combaima. Gracias al buen tratamiento, todos los indios de aquel valle dieron la paz y les proveyeron de comida. Galarza evitó entrar en sus pueblos para no dar ocasión a que soldados e indios ladinos de servicio les hicieran daño y se rebelasen.

Guiado por indios de Combaima, tomó la vía de Metaima, a tres leguas de distancia. Los de Metaima, avisados por sus espías, intentaron impedir el paso derribando todos los árboles de un arcabuco de dos leguas para que no pasaran los caballos. Fue inútil, porque los españoles llevaban hachas y machetes y Lope de Salcedo abrió un camino nuevo.

Viendo frustrado su ardid, los principales de Metaima, llamados Ibone y Otopne, salieron con sus mujeres e hijos cargados de maíz, turmas, ñames, apios, guayabas y otras frutas. Los aposentaron en sus caneyes. Aguado describe los caneyes: casas de vara en tierra, no muy anchas, de 70 a 100 pasos de largo, cubiertas de palmicha o paja, donde vivía toda una parentela de 50 personas o más.

Galarza les habló por medio de intérpretes de la fe católica y del Rey de Castilla, a quien los indios llamaban en su lengua Xe Amima, y les pidió guías. Los indios se alegraron más de esto último que de lo demás, pues temían el gasto de sustentar a los españoles. Aun así, Galarza se detuvo tres días.

El río Tolima y la batalla del cacique Laembiteme.

Salidos de Metaima, dieron con el río Tolima. Tolima, en lengua de la tierra, quiere decir nieve, porque baja del nevado de Cartago y sus aguas son de deshielo. Lo hallaron muy crecido y sin vado, porque los indios de Ibagué habían destruido los puentes. Los españoles hicieron puente con los caballos y pasaron gente y bagaje.

Al otro lado, en la junta de los ríos que bajan de Anaima y Matagaima, había una meseta llana de media legua donde el cacique Laembiteme tenía gran parte de su población y más de dos mil indios de guerra esperando en el único paso por donde podían subir los caballos.

 

Los Pijaos tocaron fotutos y cornetas hechas de canillas de indios muertos, dieron grandes alaridos e hicieron ademán de arrojar sus armas. Antes de pelear, amonestaron a los españoles por medio de intérpretes: que se devolvieran si no querían ser sepultados en sus vientres.

Los capitanes quisieron arremeter, pero Galarza los contuvo y, como era su costumbre, les hizo requerimiento de paz: que no venía a hacerles guerra, sino a darles a conocer al Dios verdadero y a pedir obediencia al Rey. Se detuvieron parlamentando hasta la puesta del sol. Finalmente, los indios abandonaron el paso y dejaron subir a los españoles sin pelea, los aposentaron en sus propias casas y esa misma noche se ausentaron con mujeres e hijos.

El Valle de Anaima: armas, emboscadas y fingimiento.

En pocos días, Galarza atrajo de paz a los valles comarcanos: Matagaima, que tenía dos leguas y media de largo, y Anaima, de cuatro leguas, todo lo raso poblado.

Las armas pijao:

Lanzas de 25 a 30 palmos hechas de guadua hendida, con puntas de palma negra muy recia; escudos o protecciones de cuero de danta seco, muy ligero, que colgaban del cuello y ponían adelante al pelear y a la espalda al huir; dardos arrojadizos de un palmo, macanas agudas a manera de montantes de palma negra, hondas con las que tiraban piedras del tamaño de un huevo, y hachas de cobre.

Eran tan diestros, dice Aguado, que cualquier natural no rehusaba esperar uno por uno a cualquier español a pie quedo, y si en armas tuvieran igualdad, hasta hoy estuvieran por conquistar.

Los de Anaima dieron muestras de paz y luego traicionaron. Cuando Lope de Salcedo entró con pocos soldados a reconocer el camino, sin caballos ni arcabuces, lo cercaron en gran número - quince o veinte indios por cada español - y lo pusieron en grave aprieto, peleando día y noche. Avisado Galarza por indios amigos, envió socorro y juntos los desbarataron.

Para la batalla definitiva, los de Anaima prepararon una trampa en un llano a la orilla de una quebrada: abrieron una gran cantidad de hoyos de dos estados de hondo, llenos de estacas de palma con las puntas hacia arriba, cubiertos con varas, paja y tierra. Cada hoyo podía caber dos hombres a caballo. Se apostaron junto a ellos para provocar la arremetida española.

Galarza, fiel a su costumbre, se detuvo antes de la quebrada a requerirles la paz. Los indios, creyendo que era temor, abandonaron el puesto y huyeron entre los hoyos. Los españoles los siguieron con pereza, por no derramar sangre. Solo Juan Ortiz de Zárate, vizcaíno, queriendo señalarse, se adelantó a caballo con furia y cayó con su caballo dentro del hoyo sobre los indios que habían caído primero. Como los cuerpos de los indios ocuparon las estacas, Ortiz y su caballo salieron sanos y salvos, y así se descubrió la celada.

Durante más de veinte días corrieron el valle. Los indios ya no osaron pelear en llano; se ponían en los altos a dar gritos y a echar a rodar peñas de diez, quince y veinte quintales, movidas con palancas, sin que por fortuna hicieran daño.

 

En ese tiempo ocurrió el caso del soldado extranjero Nicardo, que, codicioso de oro, envió a su indio ladino a decir a los naturales que el Capitán exigía oro so pena de guerra. Así les sacaba chagualas de oro fino. Fue descubierto una noche cuando el ladino entró con un principal al real, las velas dieron alarma y se supo el engaño. Galarza fingió querer castigar a Nicardo e incitó a los soldados a rogar por él para poner escarmiento, pero al ladino lo azotaron públicamente y le cortaron el cabello.

Finalmente, muchos valles dieron la paz de todo punto, entre ellos el cacique más principal, Bombo. Galarza le preguntó si del otro lado de la cordillera central, entre el Magdalena y el Cauca, había poblazones y españoles. Le dijeron que sí había mucha gente, que después se supo eran Bugalagrande, donde pobló el capitán Alonso de Fuenmayor, y los Gorrones que sirven a Cali. Envió soldados a la sierra a mirar los humos y vieron pocas casas, creyendo estar cerca de Cali. Por eso acordó no seguir hacia el Cauca y volverse hacia Ibagué.

Fundación de Ibagué y entrada a Toche.

En el camino a Ibagué tuvo algunas guazábaras sin daño. Se alojó en el mejor sitio del valle y allí, en 1550, haciendo las ceremonias acostumbradas, fundó y asentó la ciudad de Ibagué, poniéndole el nombre de la provincia.

De allí salió al descubrimiento de Toche, donde halló abundancia de comida. Envió a dos soldados, Nicardo y Hoyos, a reconocer una sierra cercana. Por codicia se desviaron a ranchar oro en unas poblazones de Toche. Los indios los mataron miserablemente y, como era costumbre pijao, les desollaron los rostros para usarlos como máscaras en sus bailes y borracheras.

Galarza envió un caudillo a buscarlos. Halló los cuerpos puestos como blanco de flechas, con los rostros desollados, en una placeta entre bohíos. Los enterraron en una montañuela. Galarza regresó a Ibagué a pertrecharse, volvió a Toche, requirió la paz y, al negársela, los desbarató con los caballos. De más de quinientos indios que vinieron a la guazábara, no volvió la décima parte. Luego pacificó Tocina, junto al morro nevado, y regresó a Ibagué, donde repartió y encomendó los indios entre sus soldados según sus méritos.

La gran rebelión pijao de 1550 y el cerco de 40 días.

Repartidos los indios, los encomenderos quisieron servirse de ellos, llamándolos a hacer casas y labranzas y pidiéndoles oro e hijos e hijas para servicio, a veces dándoles palos y azotes. Los indios, muy agraviados, sobre todo cuando les tomaban a sus hijas, trataron entre sí que era mejor morir que sufrir tales afrentas.

Se concertaron todas las provincias comarcas e hicieron primero una borrachera general -porque creen, dice Aguado, que borracho el indio tiene mayores bríos-. Juntos, más de ocho mil indios, dieron sobre Ibagué en 1550.

Aunque los españoles fueron avisados y se pusieron en armas, no pudieron desbaratarlos. Los tuvieron cercados por cuarenta días, sin dejarlos salir por comida ni por agua, dándoles cada día crueles guazábaras.

 

Viendo que aumentaba la multitud y que desfallecían de hambre, Galarza envió a dos indios en tiempos diferentes con cartas a la Real Audiencia de Santafé pidiendo socorro con la mayor brevedad, si no querían que fuesen todos muertos y consumidos.

Al ver que el socorro tardaba y que las municiones se acababan, acordaron salir todos juntos a morir o vencer. Arremetieron por una cuchilla arriba donde estaba la mayor parte de los indios. Los bárbaros arrojaron tantas galgas y piedras que tuvieron que rodear por una ladera con algunos arcabuceros delante. Era tanta la muchedumbre en la cuchilla, que unos por defender la subida y otros por huir, se atropellaron y se arrojaban cuchilla abajo, donde eran recibidos con las puntas de las espadas. Otros se fueron al pueblo y quemaron las casas que habían hecho para los españoles.

Ganada la cuchilla con mucho daño a los indios, los españoles se volvieron al pueblo a descansar y ya trataban de despoblar, creyendo muertos a los mensajeros.

Al día siguiente llegó, enviado por la Audiencia, el socorro del Capitán Salinas y Domingo Lozano con más gente. Juntos pacificaron y allanaron todas aquellas provincias y las dejaron muy de paz y en servidumbre.

Estas dos rebeliones -la de Toche y esta- fueron causa de que de ocho mil indios que había en las provincias de Ibagué quedasen tan pocos, que, aunque después se hallaron minas de oro y plata, los vecinos no tuvieron gente con qué labrarlas. Añade que cinco o seis años después se tornarían a rebelar junto con los Panches y los de Mariquita.

Describe a los pijaos de Ibagué como grandes comedores de carne humana, con poco algodón para mantas, las mujeres muy feas con bonetes de cuero de venado que les recoge el cabello, sin caciques supremos sino mandados por principales a quienes obedecen cuando quieren. Y que el sitio donde está asentada Ibagué es del mejor y más suave temple que hay en aquellas partes, ni cálido ni frío.

 

> Fuente: Fray Pedro de Aguado, Recopilación Historial, Libro VII, Caps. I-V.

 

lunes, 21 de septiembre de 2026

LA HISTÓRICA CONQUISTA DE LA PROVINCIA DE TOCHE EN LAS MONTAÑAS DEL QUINDÍO (1550-1632).



LA HISTÓRICA CONQUISTA DE LA PROVINCIA DE TOCHE EN LAS MONTAÑAS DEL QUINDÍO (1550-1632).

Por: Álvaro Hernando Camargo Bonilla.

Este escrito reúne dos episodios clave de la historia colonial de la denominada cordillera del Quindío, hoy cordillera Central, separados por 82 años, pero unidos por el mismo territorio: la Provincia de Toche. Ambos muestran la transformación de Toche, de reducto indígena resistente a camino estratégico y a emporio minero de la Corona.

LA CONQUISTA DE LA PROVINCIA DE TOCHE (1550).

En el marco de la expansión del Nuevo Reino de Granada, la Real Audiencia de Santafé comisionó al capitán Andrés López de Galarza para explorar la cordillera denominada Quindío y fundar una villa que sirviera de puente entre Santafé y la Gobernación de Popayán. El 14 de octubre de 1550 fundó Ibagué.

Desde la nueva villa, Galarza buscó asegurar el paso hacia Cartago. El cacique Bombo le informó de la existencia de un antiguo camino indígena que cruzaba la cordillera. Para reconocerlo, Galarza envió a dos soldados, Ricardo y Hoyos, hacia la sierra donde se asentaban los toches.

Los emisarios se apartaron del itinerario ordenado, movidos por la codicia de oro. Al internarse en las poblazones del valle de Toche fueron descubiertos. Según Fray Pedro de Aguado en su Recopilación Historial, Primera Parte, Capítulo III, 7, los indígenas los mataron y, siguiendo su costumbre ritual, les desollaron los rostros para convertir la piel en máscaras para sus bailes y borracheras.

“Fueron de los indios muertos miserablemente y desollados los rostros, lo cual acostumbran hacer estos indios con los enemigos que matan, para traerlos por máscaras en sus bailes y borracheras." - Aguado

Galarza aguardó su regreso. Al notar su demora, envió un oficial con soldados a buscarlos. Hallaron los cuerpos acribillados con flechas, expuestos como blanco, y con los rostros desollados, en una placeta entre bohíos. Los enterraron en una colina cercana y dieron aviso.

Indignado, Galarza regresó a Ibagué, reunió todas sus tropas, armas y municiones y volvió a Toche. Los indígenas, avisados por sus espías, lo esperaron en armas. Galarza, con indigenas intérpretes, les ofreció la paz y les prometió no hacerles daño si deponían las armas. Ante el rechazo y el intento de cerco, atacó por el punto más fortificado, donde podía usar la caballería.

En el enfrentamiento bélico murieron más de 400 indígenas toches. De más de 500 que entraron en combate, no volvió a sus casas ni la décima parte. Pacificada Toche, Galarza avanzó a la provincia vecina de Tocina, ubicada a un costado del Nevado del Tolima, y también la sometió. De regreso en Ibagué repartió los indígenas en encomienda entre sus soldados.

La provincia quedó sometida y su territorio se convirtió en punto estratégico. Tres años después, en 1553, el capitán Melchor de Valdés, enviado para auxiliar a Galarza frente a la resistencia pijao, halló el sendero ancestral que los nativos usaban para franquear la cordillera. Lo amplió y lo hizo transitable para bestias de carga. El nuevo Camino del Quindío acortó en veinte días la ruta entre Santafé y Popayán y sustituyó al peligrosísimo páramo de Guanacas y al paso de Herveo.

Desde entonces y por tres siglos, el itinerario quedó fijado: Ibagué - Toche - Boquerón del Páramo (3.390 m.s.n.m.) - Salento - Cartago. Era la única sutura posible entre el altiplano y el valle del Cauca.

“En todas las jornadas hay tambos de españoles, donde hacen noche los que por él caminan, y andan sin riesgo alguno." Relación de 1553.

DESCUBRIMIENTO DE MINAS DE ORO Y PLATA EN LAS MONTAÑAS DE TOCHE (1632).



Ocho décadas después, Toche vuelve a la historia no como campo de batalla, sino como promesa de riqueza.

En noviembre de 1632, el capitán Francisco Fernández de Palencia, vecino de Santafé, atraído por rumores de vetas en la cordillera, organizó tres entradas sucesivas a las montañas del Quindío. Durante más de cuatro meses sostuvo la empresa íntegramente con su propia hacienda: alimentó a españoles, esclavos e indios guías, proveyó cabalgaduras, herramientas, armas y municiones y pagó generosas recompensas a los baquianos. Nadie más aportó un solo real.

El camino fue áspero y peligroso, entre páramos y el temor a los pijaos rebeldes que aún se ocultaban en la zona.

La fortuna le sonrió. En lo alto de la sierra halló vetas de plata de notable ley. Con muestras del mineral descendió a Ibagué, donde él y peritos ensayaron el metal: aun en superficie, cada quintal rendía más de dos marcos de plata.

Registró las minas ante el alcalde ordinario de Ibagué, fijó las estacas de demarcación y obtuvo el plazo legal de un año para elegir una mina principal y otra secundaria y ponerlas en labor.

Provisto del registro, regresó a Santafé para informar al gobernador y capitán general del Nuevo Reino. Llevó piedras como prueba palpable y manifestó su voluntad de volver, poblar el sitio y proseguir la búsqueda de yacimientos más ricos, dispuesto a invertir toda su hacienda.

En su petición solicitó dos mercedes esenciales para la época: la confirmación del registro y la concesión de las aguas de la quebrada de Toche -desde su nacimiento hasta su desembocadura en el río San Juan- junto con los asientos necesarios para instalar los ingenios de molienda y beneficio del metal.

DE TERRITORIO A EJE DE LA COLONIZACIÓN

1. Como corredor. La fundación de Ibagué y la pacificación de Toche marcaron el inicio de la colonización de la vertiente oriental de la cordillera. Toche se volvió tambo, presidio y punto de control del Camino Nacional, oficializado luego por el presidente Pedro Alcántara Herrán en 1841-1845.

2. Como riqueza. De haber sido tierra de guaduas y de guerra, pasó a ser tierra de minas. El hallazgo de 1632 reactivó el interés de la Corona en una zona que los vecinos de Ibagué habían abandonado por falta de indios para labrar las minas tras las rebeliones de 1550 y 1556.

Por allí pasó todo el que contó para la nación: los ejércitos de la Independencia, Alexander von Humboldt, que describió la palma de cera, y Jean-Baptiste Boussingault, quien en mayo de 1827 recorrió en 8 jornadas el trayecto Ibagué-Cartago que hoy conocemos con precisión gracias a su diario: Ibagué (1.282 m) - Las Amarillas - Guayabal - La Palmilla - Cara de Perro (2.591 m) - Tapias - El Moral - Buenavista - Chachafruto - Aguacaliente - Volcán Machín (2.453 m) - Toche - Sepultura (2.620 m) - Tochecito - Boquerón del Páramo (3.390 m) - Mataficua - Cruzgorda (hoy Salento) - Boquía - Filandia - Cartago.

Fuentes:

Aguado, Fray Pedro de. *Recopilación Historial. Primera Parte. Capítulos III y V. Año de 1550.

Gaceta de la Nueva Granada. Núm. 26. Trimestre 4º. Bogotá, 29 de marzo de 1832. Registro de minas de Francisco Fernández de Palencia.

Gaceta de la Nueva Granada. Núm. 618. 7 de mayo de 1843. Informe del gobernador Pastor Ospina Rodríguez sobre Toche y el Camino del Quindío.

Boussingault, Jean-Baptiste. Memorias. Tomo II. Viajes por el Camino del Quindío, mayo de 1827 y enero de 1830. Ed. Colcultura.

martes, 15 de septiembre de 2026

CRÓNICA HISTÓRICA DEL CAMINO DEL QUINDÍO - A PARTIR DEL INFORME DEL INGENIERO JORGE BRISSON.






























CRÓNICA HISTÓRICA DEL CAMINO DEL QUINDÍO - A PARTIR DEL INFORME DEL INGENIERO JORGE BRISSON.

IBAGUÉ, 25 DE ABRIL DE 1905.

Fuente: Boletín Militar de Colombia, Órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército. Serie VI, Tomo 1, Año IX, No 22. Director: General Francisco J. Vergara y Velasco.

EL CAMINO PERMANECERÁ.

Para entender el Camino del Quindío hay que entender que nunca fue solo un camino. Como lo recuerda el propio Brisson citando al doctor Griseldino Carvajal en su informe de abril de 1904, es una vía de importancia capital para la República y no podrá nunca ser reemplazada por ninguna otra.

En 1905 se está construyendo, en paralelo, el Camino de Anaime al Zarzal. Brisson es tajante: será útil, pero será siempre una comunicación de intereses locales, porque sacrifica a Cartago, gran mercado de cacao, y no abarca nada del comercio antioqueño. El Quindío, en cambio, es el lazo entre Antioquia, el Cauca y el Tolima. Aun si algún día se prolonga el Ferrocarril del Cauca hasta el Magdalena, el Quindío seguirá siendo indispensable, comercial y estratégicamente.

Por eso, aunque los gobiernos lo descuidaron a ratos, nunca lo abandonaron del todo.

EL ANTECEDENTE: AFICIÓN A LA CACERÍA EN 1898.

La historia que cuenta Brisson no empieza en 1905. Empieza a fines de 1898.

Al regreso de una excursión por el río Anaime, el doctor Escobar, entonces Gobernador del Tolima y amigo personal de Brisson, le pide a él y a algunas personas notables de Ibagué que ensaye una variante del camino desde la capital misma hasta el puente sobre el río Toche.

Brisson lo dice sin rodeos: cuando se trata de una exploración en montaña no hay que rogarle mucho. Dos días después sale de la Hacienda del Tolima, Los Pastales, a pie, con su escopeta, cuatro peones y víveres para ocho días. Pasa una semana exquisita cazando y abriendo trocha, cae al Toche con un desnivel muy satisfactorio y con una economía de legua y media, regresa a Ibagué, remite plano e informe, recibe felicitaciones y se vuelve para Bogotá. Esa trocha es el antecedente inmediato de la obra que inspeccionará siete años después.

EL INICIO DEL RECORRIDO: IBAGUÉ A TAPIAS.

El 19 de abril, por la madrugada, Brisson empieza a trepar la cordillera. A una hora de camino, unos 4 kilómetros de Ibagué, se le aparece la mole del Nevado del Tolima, reluciendo como un diamante bajo el sol limpio de la mañana. Lo nota con menos nieve que otras veces, con manchas negras de roca desnuda cerca de la cumbre.

Toda la parte baja, de Ibagué a Tapial, cuatro leguas, había sido compuesta a principios de 1904 por el Batallón Anzoátegui. Desde Tapias es donde empieza el trabajo de los Zapadores del Quindío. Cuando Brisson los visita, van, a saltos y con numerosas interrupciones, por Macanal, es decir, dos leguas y media abajo de La Línea, el Boquerón del Páramo. Eso es un trayecto total de 10 leguas desde Tapias.

 

En La Palmita se cruza con el Inspector de la vía, el General Pedro Sicard Briceño, compañero de armas, y con el coronel Estanislao Martínez, jefe del Cuerpo de Zapadores del Quindío. Vuelven con 100 hombres de una comisión en Pereira y van hacia Ibagué. En el almuerzo le dan las cifras.

HOMBRES, HAMBRE Y HERRAMIENTAS.

El 10 de febrero de 1905 principiaron los trabajos con 100 hombres. Desde el 5 de abril quedaron reducidos a 70.

Para Brisson la cuenta es clara: para refaccionar un camino de 136 kilómetros, algo más de 27 leguas de Ibagué a Cartago, 70 hombres son muy pocos. Se necesitan por lo menos 200.

Y esos 70 trabajan en condiciones precarias:

Salud: excelente a pesar de todo. Solo 7 enfermos desde febrero y ninguna defunción, aunque el Batallón no posee ni un frasco de medicina y el médico no ha visitado la tropa ni una sola vez.

Techo: unos pocos toldos viejos y podridos que se usaron durante la última campaña. Necesitan por lo menos 24. En el Quindío es más grave que en Honda, dice Brisson, porque hay mucho menos casas y el clima es más riguroso.

Víveres: el servicio ha sido a menudo muy defectuoso por falta de recursos.

Herramienta: malísima e insuficiente, examinada por él mismo. Unas viejas sacadas del Parque de Ibagué, y unas pocas barras que se doblan como alambre, hachas que no son Collins, calabozos y serruchos mandados de Bogotá. Apenas han podido organizar una pequeña fragua portátil. No hay parihuelas, ni garlanchas, ni picas, ni azadones, ni taladros.

Brisson deja una máxima de ingeniero: la buena herramienta es asunto de primer orden después de la alimentación. Un hombre trabaja más a gusto y con menos esfuerzo cuando tiene en la mano un instrumento adecuado.

En Tapias empieza lo que sí se ve: rocería de las orillas, ensanche de la vía, desagües a veces un poco superficiales y escarpes o taludes. Brisson advierte que los taludes no deben ser muy parados si están en tierras deleznables o arenosas. Si están cortados en roca, pueden ir a pico, porque no hay derrumbes que temer.

De El Moral hasta el Alto de San Juan, todo el trayecto de Machín, no ve composición importante, pero tampoco hay malos pasos. En cambio, sí destaca que compusieron bien la antes malísima cuesta que baja del Alto de San Juan hasta el Río Toche.

LA CATÁSTROFE DEL RÍO TOCHE.

Aquí Brisson toca el punto más grave de todo el camino.

El río Toche se ha salido del lecho madre o primitivo y ha destruido por completo el camino en un trayecto de 4 a 5 cuadras. Amenaza además con derrumbar todo un cerro que obstruirá el tránsito y podrá ocasionar desgracias para los habitantes del pequeño caserío de Toche. Con el invierno a las puertas, el río atajará el paso a cada momento.

 

Su orden es perentoria y debe ejecutarse en verano, cuando el río está bajo. Si viene una creciente antes de terminar la obra, se destruye lo empezado. Propone trasladar a Toche a todos los zapadores del Batallón, porque el trabajo debe ser rápido y simultáneo.

LA TÉCNICA QUE DESCRIBE ES MINUCIOSA.

Unas dos cuadras abajo de la cabeza del nuevo brazo que se quiere cegar, empezarán a coger tonga o cuelga en el cauce antiguo y a trasladar las piedras para formar una muralla al sesgo, diagonalmente al principio del brazo, pero lo más paralelamente posible al lecho primitivo. Las piedras se sacan siempre del cauce viejo. Adelante de ese muro, y apoyado sobre él, una fuerte estacada, con palos plantados verticalmente a bastante profundidad. Luego un tejido muy fuerte con otros palos y ramas entrelazadas horizontalmente. Las estacas verticales por pares, a no más de 1 metro entre sí. Muralla y estacado de al menos 2 metros de elevación y 2 metros de espesor.

Luego seguir encauzando el río 200 metros arriba de la cabeza del brazo nuevo, sacando más piedras del lado derecho aguas abajo y botándolas a la izquierda. El trabajo se empieza por abajo, ejecutándolo aguas arriba.

Terminado eso, reconstruir el camino, pero ya no a ras de la vega, sino como camellón o viaducto, algo elevado, con palos y piedras grandes a los costados, y aun mejor, en calzada, todo empedrado.

El trabajo debe terminar una cuadra arriba de la casa nueva de madera de propiedad del señor Telésforo Agudelo. Calcula que con 200 hombres se puede llevar a cabo en dos semanas.

Y no olvida lo humano: las aguas del Toche son muy frías. Hay que dividir a los zapadores en cuadrillas y no dejarlos más de dos horas seguidas con los pies en el agua, relevarlos, y proveerse de medicinas de acuerdo con el médico.

DE YERBABUENA A LA LÍNEA: LO HECHO Y LO OLVIDADO.

Desde el Puente del Toche para arriba, hasta Yerbabuena y Aguasbonitas, los zapadores han ejecutado un buen trabajo de refección. Brisson, enemigo acérrimo de la tierra vegetal, de la greda y las arcillas en los caminos, hubiera querido más piedra menuda y cascajo. Su lema: piedra y cascajo, y más piedras y más cascajo, y arena encima. De las piedras sale uno siempre, mientras que en el barro se entierra hasta las orejas. Por fortuna, dice, los terrenos del Quindío son en general arenosos, de conglomerado silíceo, excelente piso. Lo que lo daña es el exceso de pendiente y la falta de desagües bien combinados.

Después de Aguasbonitas, el vacío: nada se ha tocado en Cruces, Gallegos, Tochecito, La Ceja, hasta Volcancitos, como dos leguas y media, a pesar de muy malos pasos.

En Volcancitos vuelven a empezar las refecciones, siguen en La Bolsa y cerca de La Línea hasta Laguneta, donde termina lo hecho hasta ese día. Brisson pensaba encontrar la fuerza en La Bolsa, pero se marchó a Macanal, a tres leguas del otro lado de La Línea, donde sigue sin demora.

Atraviesa La Raya o La Línea divisoria de las aguas, límite entre el Tolima y el Cauca, a 3.485 metros sobre el nivel del mar. El camino ha sido compuesto después de La Bolsa en varios trechos y bastante bien, pero le falta piedra, aunque cerca hay rocas de donde extraer, y queda el piso muy liso y expuesto a empaparse en invierno. Y es en invierno en lo que hay que pensar siempre que se construye un camino en países intertropicales, porque en verano todo anda bien.

Critica duramente los desagües transversales, las cunetas. Las han cavado en forma de zanja vertical de 20 a 30 centímetros y han colocado en la superficie un palo delgado sostenido con dos estacas en las extremidades. La bestia, al poner el casco en el borde, hunde la tierra debajo del palo y la cuneta se transforma en trampa para los remos de los animales. Deben ser enteramente en maderos o empedrados de ambos lados y hasta el fondo mismo, y cuando se usan palos, que toquen el fondo.

En Macanal encuentra al Batallón construyendo sus ranchos. Deja al Mayor Castillo, jefe de la fuerza en ausencia del coronel Martínez, copia de las instrucciones del Toche, ad referéndum, para que sirvan al General Sicard después de aprobadas por el Ministerio.

LA LADERA OCCIDENTAL DEL QUINDÍO.

Una legua más abajo está Salento, centro bastante provisto de recursos y donde empieza un hermoso y suave declive hasta el Cauca, del cual sacan las magníficas partidas de ganado gordo que llevan para el norte del Tolima.

Brisson hace aquí su observación más humana y geográfica: las faldas occidentales del Quindío son mucho menos recias que las orientales. Del lado del Cauca hay también más habitantes, casas más confortables y mayores cultivos, mientras que del lado del Tolima no se ven sino sombríos riscos y breñas, y de vez en cuando algún miserable rancho desprovisto de todo. Parece que la naturaleza se ha esforzado en acumular de este lado todas las tristezas, dificultades y pobrezas, en tanto que por el otro se ha mostrado más benigna y risueña.

DISTANCIAS DE IBAGUÉ A CARTAGO SEGÚN BRISSON.

 

De Ibagué a Tapias: 4 leguas, 20 km

De Tapias a Toche: 3 leguas, 15 km

De Toche a Yerbabuena: 1 legua, 5 km

De Yerbabuena a Gallegos: 1 legua, 5 km

De Gallegos a Tochecito: 1 legua, 5 km

De Tochecito a La Bolsa: 1 legua, 5 km

De La Bolsa a Magaña: 1 legua, 5 km

De Magaña a Rancho Parado: 1 legua, 5 km

De Rancho Parado a Macanal: 1 legua, 5 km

De Macanal a Salento: 1 legua, 5 km

 

Total Ibagué a Salento: 15 leguas, 82,5 km.

De Salento a Cartago: 12 leguas y 1 kilómetro.

Total Ibagué a Cartago: 136 kilómetros, 27 leguas y 1 kilómetro.

Esa es, en leguas, en piedra y en penurias, la historia viva del Camino del Quindío en 1905. Un camino que Brisson midió con escopeta y con nivel, que los zapadores abrieron a fuerza de barra doblada y de pies fríos en el Toche, y que seguía siendo, contra todo proyecto nuevo, el único lazo real entre tres mundos que hoy son el corazón de Colombia.

Ese informe de Brisson de 1905 es justo la pieza militar que le faltaba a lo que tú ya vienes contando en **caminodelquindio.blogspot.com**.

 

### 2. Lo que el Informe Brisson aporta nuevo para tu entrada

 

Por Decreto 190 de 1896 se crea un Cuerpo de Zapadores denominado Batallón Palacé número 23 y se destina a la composición de la vía del Quindío, porque la vía, desde el punto de vista comercial y político, reviste especial importancia y debe mantenerse expedita. Y en mayo de 1905, un mes después del informe, el gobierno decreta sobresueldo del 10% para Oficiales Zapadores, jefes, Habilitados, Médicos, Ingenieros e Inspectores de esos trabajos. Hay una política de Estado detrás.

 

 

 

 

 

Por: Alvaro Hernando Camargo Bonilla.

sábado, 5 de septiembre de 2026

ANTES QUE EL MAPA EL CAMINO : CINCO SIGLOS DEL QUINDÍO.

 


ANTES QUE EL MAPA 
EL CAMINO : CINCO SIGLOS DEL QUINDÍO.

Nos han hecho creer que el territorio nace cuando se dibuja un mapa o se legaliza un acta de fundación. En el Quindío, esa mentira se repitió durante más de un siglo: que aquí no había pasado, que todo empezó con la colonización antioqueña de finales del XIX.

La realidad es otra, más antigua y más épica. El territorio se hizo a fuerza de trasegar el camino. Mucho antes de toda intención fundacional, ya existía el Camino del Quindío.

No es una ruina, es un pasaje vivo

Hay que dejar de concebirlo como un simple vestigio en ruinas, tapado por la maleza. Ese es el error que lo condena al olvido.

El Camino del Quindío es un pasaje vivo. Un corredor interandino que conectaba a Cartago con Ibagué, cruzando la Cordillera Central por el Boquerón del Páramo. Un corredor vertical que iba del páramo al valle, del frailejón al cafetal, con apenas tres fundaciones intermedias en el siglo XIX: San Sebastián de la Balsa, Valdecina y Boquía, la semilla de lo que luego sería Salento.

Por aquí no pasó solo una colonización. Por aquí pasaron todas las etapas históricas de la Nación.

Cinco siglos entre dos ciudades.

El trabajo del historiador Víctor Zuluaga y de las Academias de Historia del Quindío, y Tolima han empezado a consolidar el rescate de lo esencial: el Camino no es solo la trocha de los colonos. Es un trayecto de cinco siglos usado desde tiempos prehispánicos, escenario de guerras indígenas, de conquista y de las guerras civiles del siglo XIX.

Por eso mismo fue declarado Camino Nacional en 1850. Por su trazado maltrecho desfilaron las tropas de Serviez, Baraya, Bolívar, Mosquera y Obando. Por aquí pasó todo el comercio del país cuando aún no teníamos ruedas para atravesar la cordillera. A lomo de cargueros humanos, bueyes, mulas y caballos. Un esfuerzo humano titánico que cargó a espalda a una nación entera.

Entenderlo así cambia todo. Deja de ser un sendero local para volver a ser lo que fue: una ruta geohistórica y geoestratégica, la gran ruta central que llevó del oriente al occidente y del occidente al oriente del territorio Nacional.

Lo que ya hay y lo que sigue pendiente.

Mientras sigamos tratando el Camino como un vestigio en ruina, no lo vamos a recuperar. Hay que tratarlo como lo que fue y sigue siendo. Este es el estado real del proceso.

¿QUÉ SE HA HECHO?

Se rescató la memoria histórica. Ya no se puede decir que el Quindío no tiene pasado. La documentación histórica le devolvió su estatus y su profundidad temporal.

Se inició la ruta jurídica para protegerlo. La Secretaría de Cultura del Quindío, en articulación con la Academia de Historia, está elaborando la documentación para buscar la declaratoria del Camino como Bien de Interés Cultural, BIC, de carácter departamental, con miras a llevarla al Ministerio de Cultura para la declaratoria nacional. El objetivo es concreto: proteger su biodiversidad y evitar que sea atropellado o invadido por particulares.

Se creó una apuesta interdepartamental. Los gobernadores de Quindío y Tolima, con la RAP Eje Cafetero y las alcaldías de Salento, Cajamarca e Ibagué, anunciaron el Corredor Paisajístico, Cultural e Histórico Salento - Toche - Cajamarca - Ibagué. Ya no es solo conservar piedras, es dinamizar senderismo, ciclismo y recorridos naturales, reconociendo que ahí está el nicho del árbol nacional, la palma de cera y el loro orejiamarillo.

Se mantiene vivo a pie. Colectivos de habitantes, cultores, historiadores, y caminantes, vienen haciendo expediciones, charlas y tertulias para sensibilizar a lugareños y caminantes. En Tolima, una expedición reciente entre Juntas y Toche evaluó el trayecto para fomentar turismo sostenible, con estudios de capacidad de carga para saber cuántos turistas pueden entrar sin afectar flora y fauna.

Lo han salvado los campesinos. Lo que queda del camino no se conserva por decreto. Se conserva porque las comunidades campesinas lo siguen usando para sacar sus cosechas de los pisos fríos y calientes. Son relictos vivos, no ruinas.

¿QUÉ FALTA POR HACER?

 

Ahí está el cuello de botella. Se ha hecho mucho en el papel, pero en lo gubernamental el camino sigue olvidado.

Concretar la declaratoria como BIC. Solo hay documentos legislativos de forma, pero ausentes de intención. Falta que se otorgue la declaratoria departamental, que se apruebe el Plan Especial de Manejo y Protección, PEMP, y que se radique y logre el concepto favorable del Consejo Nacional de Patrimonio. Sin PEMP no hay presupuesto de protección real ni blindaje legal.

Un inventario georreferenciado y público. No se sabe con exactitud cuántos kilómetros de banca y de servidumbre quedan. En Salento mismo reconocen que no hay cifra exacta de los relictos boscosos y de caminos. Falta un levantamiento topográfico, con drones y GPS, tramo por tramo: Boquerón del Páramo, Alto de La Línea, Boquía, San Sebastián de la Balsa, Valdecina.

Resolver el conflicto entre lo público y lo privado. Se presentan casos donde fincas aledañas impiden el paso, convirtiendo un camino público en predio privado. Es indispensable que se clarifique el asunto de la servidumbre ancestral por parte de las autoridades de catastro y en los POT de Salento, Filandia, Calarcá y Cajamarca. Sin esa diligencia, cualquier recuperación será reversible.

Intervención con infraestructura mínima. El corredor necesita señalización interpretativa, capacitación en servicios turísticos para habitantes de la zona, puntos de venta y hospedaje comunitario, pasarelas de madera donde se erosiona, drenajes, miradores y puestos de control de carga.

Gobernanza territorial Quindío - Tolima. Se necesita un convenio con recursos, con presupuesto para proteger el Camino y con personal local que habite en la vera de la ruta, convirtiéndoles en vigías del patrimonio, que puedan generar recurso económico por sus servicios a los turistas.

Apropiación educativa. Como se hizo con el Qhapaq Ñan, falta la Cátedra del Camino del Quindío en colegios y universidades. Que el senderismo sea parte de la educación ambiental y no solo un producto para vender un tour de un millón de visitantes al año.

Se tiene la historia escrita y el expediente jurídico empezado. Lo que falta es pasar del discurso patrimonial al manejo territorial. Que el mapa deje de dibujar carreteras nuevas y empiece, por fin, a oficializar el camino viejo.

 

Álvaro Hernando Camargo Boniulla.

Vigía del Patrimonio.

Miembro de las Academias de Historia del Quindío y Tolima.

domingo, 23 de agosto de 2026

Quimbaya: De la La Soledad al Corregimiento de Alejandría — Génesis Administrativa, 1914

QUIMBAYA

De la Fracción La Soledad al Corregimiento de Alejandría — Génesis Administrativa, 1914

Quimbaya no nace por decreto municipal en 1922, como repite la memoria corta. Nace ocho años antes, como corregimiento, por la gestión colectiva de los colonos instalados en La Soledad. En junio de 1914, aquellos labriegos —que ya habían levantado un edificio para la Corregiduría y trazado manzanas— solicitan al Concejo de Filandia una autoridad que los organice.

El Acuerdo No.15 del 27 de julio de 1914 es el acta jurídica fundacional: crea el Corregimiento y ordena la vía municipal a El Roble. El nombre cambiará a Quimbaya en 1916, en homenaje a la cultura prehispánica que habitó la cuenca del río La Vieja, pero la personería administrativa ya existía.

Solicitud 26 junio 1914

FRACCIÓN: LA SOLEDAD NOMBRE INICIAL: ALEJANDRÍA

27 días que fundan un pueblo

26 junio 1914

Solicitud de vecinos de Alejandría al Concejo de Filandia

Presentan memorial con edificio para Corregiduría y piden autoridad local. Más de 40 firmas.

27 julio 1914

ACUERDO NO.15 - SE CREA EL CORREGIMIENTO Y VÍA MUNICIPAL A EL ROBLE

Cuatro considerandos. Define límites desde quebrada Buenavista al río La Vieja.

28 julio 1914

Objeción del alcalde José J. Arias por límites lesivos

Argumenta afectación a intereses de Filandia en la zona del río.

09 agosto 1914

Concejo declara fundadas las objeciones y reforma límites

Sesión extraordinaria. Ajusta la demarcación para conciliar colonos y cabecera.

10 agosto 1914

Publíquese y ejecútese

Sanción final del Acuerdo reformado.

21 agosto 1914

Registro en Manizales Folio 34 No.258

Asiento en el libro de registro de la Gobernación de Caldas.

22 AGOSTO 1914

Gobernación observa financiación y temporalidad

Señala que empleados deben ser costeados por el Municipio y cuestiona erección por seis meses.

Administración especial

El Corregimiento no es una figura menor. Es la delegación de soberanía municipal para pacificar, medir solares y recaudar. Filandia reconoce que La Soledad ya es centro poblado de hecho y requiere juez.

Desarrollo de la Colonia

Vía a El Roble (Art. 2 del Acuerdo) y local propio indican proyecto urbano, no caserío disperso. La infraestructura antecede al reconocimiento legal.

Disputa por tierras del río La Vieja

Los límites en Buenavista-La Vieja tocan el pleito baldío vs. propiedad de la Empresa de Burila. La objeción del alcalde refleja tensión entre colonos libres y latifundio.

TRANSCRIPCIÓN DE LOS DOCUMENTOS FUNDACIONALES

Solicitud 26 junio 1914

“Los abajo firmantes, colombianos, moradores y vecinos de la fracción de Alejandría, jurisdicción del Municipio de Filandia, a la Honorable Corporación Municipal, respetuosamente exponemos: hemos proyectado una población en el punto o fracción de ‘La Soledad’, comprensión de la misma fracción de Alejandría, a orillas del camino que conduce a Cartago.”

“Contamos ya con un edificio para la oficina de la Corregiduría y para despacho del señor Corregidor, y hemos dado principio a la edificación de casas para habitaciones particulares. La colonia, compuesta de familias honradas y laboriosas, necesita una autoridad de mano hábil que sepa uniformarlos en sociedad bien organizada y una mano fuerte que sepa controlar el libre empuje de sus disensiones, evitando así los choques y promoviendo el trabajo.”

“Por tanto solicitamos se digne decretar la creación del Corregimiento de Alejandría, con la dotación necesaria, seguros de que así se servirá el progreso de esa rica zona.”

Acuerdo No.15 de 27 julio 1914

Considerandos

  1. Que los vecinos de la fracción de Alejandría han solicitado la creación de un Corregimiento por el desarrollo de la colonia.
  2. Que han ofrecido local adecuado para el funcionamiento de la autoridad.
  3. Que es deber del Concejo atender al buen gobierno y a la apertura de vías de comunicación.
  4. Que la zona comprendida entre Buenavista y La Vieja requiere vigilancia y administración especial.

Acuerda

Art. 1º — Créase el Corregimiento de Alejandría en la fracción La Soledad, con los siguientes límites: de la desembocadura de la quebrada Buenavista en el río La Vieja, aguas arriba de Buenavista hasta su nacimiento, de allí línea recta al nacimiento de la quebrada El Roble, ésta abajo hasta el río Espejo y éste abajo hasta La Vieja, punto de partida.

Art. 2º — Ábrase la vía municipal que de la plaza de Alejandría conduce al punto de El Roble.

Art. 3º — Este Acuerdo regirá seis meses después de su sanción, mientras se provee lo conveniente para su sostenimiento.

Nota de límites

Los linderos transcritos corresponden al texto manuscrito. La objeción del 28 de julio modifica el tramo Buenavista–El Roble por considerarse lesivo para Filandia. El texto final corregido queda en Acta del 9 de agosto.

Sanción: 10 agosto 1914 — Publíquese y ejecútese

Folio: Manizales, Folio 34 No.258 del 21 agosto 1914

Observación de la Gobernación · 22 agosto 1914

“Los empleados del Corregimiento deben ser costeados por el Municipio, conforme a la ley. No parece conveniente la erección por seis meses solamente, por cuanto la creación de una entidad administrativa debe ser estable. Se devuelve para que se reforme en tal sentido.”

Firmas conservadas (+40): José Ignacio Gutiérrez Jesús M. Hernández Francisco M. Hernández Luis BeltránRafael C. Arredondo Manuel S. MoraDomingo Montes y otros.

Facsímiles — Evidencia manuscrita

Solicitud original - Folio 1

Solicitud original - Folio 1

Firmas de vecinos I

Firmas de vecinos

Firmas de vecinos II

Firmas de vecinos III

 

Lista de apoyo

 

Acuerdo No.15 - Manuscrito

 

Solicitud adicional

Registro Gobernación

 

Así nació Quimbaya. El 26 de junio de 1914 los colonos de La Soledad solicitaron la creación del Corregimiento de Alejandría. El 27 de julio de 1914 el Concejo de Filandia expidió el Acuerdo No.15. Aquí se gestó la autoridad que dio vida a la Ciudad Luz de Colombia. Honor a sus fundadores. 1914–2026.

Fuente: Archivo Concejo Municipal de Filandia, Libro de Acuerdos 1914. Archivo Histórico de Caldas Folio 34 No.258. Documentos aportados por la comunidad. Transcripción normalizada por estudio paleográfico.