viernes, 24 de noviembre de 2023

SIPNOSIS DEL PASO O CAMINO DEL QUINDÍO.



SIPNOSIS DEL PASO O CAMINO DEL QUINDÍO.

“Debajo del cemento o del asfalto que cubre numerosas vías actuales, dejó impresas sus huellas el pie endurecido del indio de ayer, que parece haber sido maestro nunca bien alabado de las planeaciones económicas y de la ingeniería caminera de hoy”.

(Alberto Montezuma Hurtado 1983:23) 

“Los caminos vinieron a ser unos verdaderos presidios, en que los españoles tenían ocupada en trabajos muy recios a la mayor parte de la población de la Nueva Granada, en castigo de su amor a la Independencia”

(José Manuel Restrepo. Historia de la Revolución en Colombia.)

INTRODUCCION.

Hay que incitar la búsqueda y seguir el rastro de la historia del paso o camino del Quindío, en la búsqueda de elementos históricos y culturales que han proyectado el constructo histórico de la Quindianidad. Historias particulares que le han dado sentido y unidad al territorio.

Mostrar cómo el Camino desplegó un vínculo entre el centro y el sur occidente de la patria, consolidando los intereses locales, articulándolos   al nivel nacional, a través de indagaciones bibliográficas, trabajo de campo, recopilación de grabados y fotografías de la época, así como el análisis y clasificación de los aspectos históricos, ecológicos y culturales del Camino y de quienes por allí pasaron, especialmente durante y de la segunda mitad del siglo XIX.

MARCO GEOGRÁFICO DEL CAMINO DEL QUINDÍO

“El clima es excelente, más suave que el de Fusagasugá; la avanzada edad de sus habitantes da testimonio de la salubridad del aire; el suelo es magnífico y produce cuanto se cultive (productos de clima frío y cálido); el valle es eternamente agradable y hermoso...”

(Humboldt Extractos de sus diarios).

Ubicado geográficamente en el centro occidente del territorio colombiano, en las vertientes oriental y occidental de la cordillera Central, dentro de los 4º.44’de latitud Norte y 74º.54’de longitud Oeste, en Cartago, Valle del Cauca, y hasta los 4º.26’ de latitud Norte y 75º.13’ longitud Oeste en Ibagué, departamento del Tolima.

Desde Cartago a Ibagué la ruta muestra diversidad de pisos térmicos (cálido, medio, frío y páramo), como resultado  del relieve que circunda sobre las dos estribaciones de la Cordillera del Quindío (hoy denominada cordillera Central. Circunstancias que permiten una variada biodiversidad, condición que proporcionó los viajeros, agua, alimentos, protección, paisaje y copioso material para sus narraciones.

La senda cruza los municipios de Cartago y Alcalá, en el Valle del Cauca; Filandia, Salento, en el departamento del Quindío, hasta el límite con del departamento de Tolima, sobre el vértice de la cordillera, lugar denominado la Garita o Boquerón del páramo, continuando al corregimiento de Toche, volcán cerro Machín e Ibagué.  De Cartago a Ibagué, 98 kilómetros llenos de penalidades y proezas que se encuentran narrados especialmente por los viajeros extranjeros que por allí pasaron.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL CAMINO

En la época prehispánica la existencia de caminos fue muy importante, y conformaban una verdadera red, que cruzaba los territorios ocupados por los indígenas Quimbayas.  Estos caminos corrían por los lomos de las cordilleras para una mejor orientación, así que remontar las cimas nunca fue una dificultad mayor para estos pueblos primigenios. Por esta vía los Quimbayas practicaron un intenso comercio determinado por el trueque del oro y mantas de algodón por sal con los chibchas.  

En  la Conquista (1530-1541), Jorge Robledo, procedente del Valle de Lilí, llegó a la provincia Quimbaya atravesando montañas y siguiendo el curso de río Cauca, a través de los caminos indígenas. Sobre estos los españoles construyeron los de herradura, para acometer su dominación en toda la comarca.  La penetración de los españoles al territorio de los actuales departamentos de Quindío, Risaralda, Caldas y sur de Antioquia se efectuó por los dos flancos de la cordillera de los Andes.  La parte oriental, por el capitán español Andrés López Galarza, quien fundó a Ibagué el 14 de octubre de 1550; y el Mariscal Jorge Robledo, quien fundó a Cartago en la ladera occidental a orillas de los ríos Otún y Cosota, el 9 de agosto de 1541.

En el siglo XVI, los pasos de las cordilleras occidental y central se volvieron puntos estratégicos para el comercio y la defensa. En la cordillera Central, entre Cartago y Popayán, los principales pasos fueron:

·        El paso del Ruiz: Partía desde Cartago Viejo (donde hoy es Pereira), pasaba por el páramo de Herveo y llegaba al  valle del Tolima hasta Mariquita.

·        El paso del Quindío: Ruta que partía desde Cartago Viejo, siguiendo río Otún arriba, cruzando por el Roble a Baquía, de allí al río Quindío, este arriba hasta Alegrías, pasando por Magaña, Tochecito, Mina de Bolívar a Ibagué (en el lugar donde ahora es Cajamarca) y por el Moral al valle del Tolima.

·        Paso de Barragán: De Tuluá en la provincia de Popayán, se pasaba a Chaparral, que queda al sur de Ibagué.

·        El paso de Guanacas: Por Timaná, cerca de Popayán, se cruzaba para llegar al valle de Neiva, tomar el río Magdalena y llegar a Santa fe de Bogotá.

Este último era el paso más indicado para unir a Popayán y Bogotá, pero los enfrentamientos de Pedro de Añasco y Juan de Ampudia, por la muerte del hijo de la cacica la Gaitana, significó enfrentarse con los Paeces, Yanaconas y Pijaos, obligaron su cierre y a buscar  un nuevo paso, fue por el Quindío, más difícil pero más seguro.

En el año de 1691, la ruta varió, a causa del traslado de Cartago a las márgenes del río De la Vieja, por motivaciones relacionadas con su defensa, búsqueda de comunicación con los campos mineros del Chocó, situándola en las orillas del río de La Vieja, cerca de su desembocadura al Cauca, donde había mucho ganado cimarrón, necesario para la alimentación de los mineros de Antioquia y Chocó, trasladación que origino una  variante  conoció con el nombre de “La Trocha”. La variante comprendía el siguiente recorrido: salía de Cartago, cuchilla de Santa Bárbara, quebrada el Guadual, río De la Vieja, paso de Piedras de Moler, Tambores, La Balsa, Pavas, Buenavista, Socorro, quebrada Cruces, Alto del Roble, Baquía, Salento,  Macanal, Tablazo, Laguneta, Magaña, Boquerón, Volcancitos, la Ceja, la Cejita, Gallego, Cruces, Yerbabuena, Machín, Buenavista, Azufral, Moral, Campamento, Tapias, Mediación, Palmitas, Palmilla, Guayabal, Ánimas e Ibagué.[1]   Constituyéndose en la variante más transitada en el siglo XIX por la oleada de exploraciones de carácter científico, económico, ejércitos en contienda y la búsqueda de yacimientos mineros.

El traslado del asentamiento de Baquía  al sitio de Barcínales (hoy Salento), en el año de 1856, el camino se desvío  de Baquía por  Trincheras al alto del coronel, para pasar por la nueva Salento[2]

A pesar de las dificultades de ese trayecto, los gobiernos se interesaron en mantener abierta ruta, para que sirviera de empalme entre los dos amplios focos poblacionales del oriente y  occidente del Nuevo Reino de Granada (Popayán y Santa fe), separados por la cordillera Central de los  Andes y su articulación era necesaria, tanto para el traslado del oro que llegaba a Cartago e iba hacia Santa fe, como de la  provisión de mercancías y de esclavos para el Chocó y toda la gobernación de Popayán.

Cartago fue el punto del Camino que más se benefició del tránsito de viajeros atraídos principalmente por el esplendor aurífero de las minas del Choco y Antioquia. Riquezas de las cuales esta ciudad fue su centro de acopio, tanto que hubo en ella casa de acuñación de moneda hasta 1636. Además, tenía como destino específico servir de centro estratégico para el abastecimiento de las regiones mineras y el control administrativo y militar de la provincia.  Cartago se consideró como un centro de inmigrantes. Se acercaban los mercaderes de Nueva Granada, de Quito, de Cali, de Popayán, de Cartagena. Todos tenían algún intercambio para realizar.

El comercio estaba principalmente en manos de “mercaderes de la carrera” o comerciantes al por mayor; en su mayoría españoles que vivían en Cartagena, Mompox, Santa fe, Tunja, Honda, Popayán y Quito, de donde se repartían las mercancías a centros mineros y ciudades menores. Los principales productos que se comerciaban, fuera de las “ropas de Castilla”, así llamado cualquier producto venido de Europa, eran azúcar, harina, cacao, frazadas, cerdos, jamones, garbanzos, sal, arroz, panela, tabaco, sombreros, bayetas, herramientas y otros productos de la tierra.

El Camino del Quindío por siglos comunicó el occidente con el centro del país, de Popayán a Santa fe y fundamentalmente los valles interandinos de los ríos Magdalena y Cauca. Camino que hacía parte de una gran ruta que se prolongaba hasta Quito y que perdió su utilidad cuando fue desplazada por la carretera y el ferrocarril comenzando el siglo XX.

DESCRIPCIÓN DE LOS VIAJEROS POR EL CAMINO 

Varias fueron las descripciones que se hicieron del  Camino del Quindío; todas ellas ponderaron la belleza del paisaje, la riqueza de la flora y de la fauna a lo largo de su recorrido, la soledad del pasaje para algunos o la animación para otros, pero eso sí todos hablaron de las enormes dificultades para cruzarlo.

Humboldt lo considera el paso más difícil de los Andes, cuando lo cruzó en octubre de 1801, en compañía del médico Bonplant.

“El Camino es una zanja con agua, rara vez empinado, y aún más raramente rodeado de precipicios. Está cavado en un granito meteorizado que tiene poderosos depósitos de arcillas producto de la descomposición de feldespato, y por eso es monstruosamente fangoso. Los aguaceros se juntan en los caminos y los derrumban con todo y ardilla gredosa (letten). Ellos son casi siempre de 8 pulgadas de ancho, de tal manera que se pueden alternar los pies con dificultad; por consiguiente, se parecen a la trocha de Honda, pero mucho más angosta por allí, las rocas están erosionadas y se desmoronan en mayor grado. El Camino se amplia para arriba en forma cónica y el equipaje roza con las paredes. Muchas veces no se entiende cómo se abren paso las mulas y torpes bueyes.

Es un bosque tupido, completamente inhabitado que aún en la estación más propicia del año, no puede ser atravesado sino al cabo de diez o doce días (…) no se encuentra en él albergue ni alimentos (…) y los arroyuelos que bajan de la montaña han cavado gargantas  de seis y siete metros de profundidad en él. Estas gargantas que el camino atraviesa, están llenas de cieno y su oscuridad es acentuada por la espesa vegetación que crece en sus bordes.

Muchos son las trabas en el Camino, especialmente el mal tiempo, la composición del suelo, lo selvático del terreno y los inconvenientes que ponen las personas, aún antes de la partida:

Más adverso que el mismo viaje son los preparativos. La apacibilidad de los españoles, la tendencia de todos los criollos de convertir los aspectos más comunes en algo prodigioso y monstruoso, y el interés de los sectores más populares en describir el Camino en excesivamente largo y peligroso – eso ocasionó interminables y no solicitados consejos contradictorios (…). Se aprende más fácilmente a bailar bolero…que a pasar el Quindío; así parece en Ibagué. La realidad es completamente diferente. Para gentes como nosotros que caminamos 6-9 leguas a pie, vadeamos ríos y permanecimos meses entre indios en las selvas, el viaje no tiene nada de extraordinario”.[3]

Cuenta ese sabio alemán que el punto más alto de este recorrido es la Garita del Páramo, situado a 3.505 metros  sobre el nivel del mar, pero dice que lo difícil no es el ascenso hasta esta cima, sino el descenso, suelos resbalosos, llenos de zanjas, la lluvia y la vegetación tan espesa que hay que transitar a plena luz del día, momento en el cual la luz alcanza a penetrar tenuemente.

“El paso a través de la cordillera es tan estrecho que su anchura usual no supera los tres o cuatro decímetros y gran parte se parece a una galería abierta, excavada en la roca (…) cuya longitud  puede alcanzar hasta dos mil metros (…). Los bueyes, animal de carga empleado comúnmente en estas regiones, sólo logran avanzar a duras penas por estas galerías.

El Camino conducía a través de un territorio cenagoso cubierto de cañas de bambú. Las púas con las cuales están armadas las raíces de esta gigantesca herbácea, destrozaron de tal manera nuestro calzado que nos vimos obligados a caminar descalzos, como todos los viajeros que rehúsan ser transportados a lomo de hombre (…) la constante humedad, la longitud del Camino, la fuerza muscular que se necesita emplear para transitar sobre un terreno arcilloso compacto y barroso y la necesidad de tener que vadear torrentes muy profundos de aguas extremadamente heladas, hacen la travesía por demás penosa.

Esos caminos sufrían aún más deterioro con el paso de las recuas de bueyes que siempre pisaban en la misma parte, si el suelo era resbaloso unían sus patas y se dejan deslizar, formando montículos en forma de almohadillas, dejando entre una y otra un pequeño pozo, cuando llovía  esos pozos se llenaba de agua y el viajero corría más peligro, razón por la cual  en época de lluvias era imposible recorrer el Camino a lomo de mula         

Las paredes están cubiertas de musgo y sirven para agarrarse cuando se camina por los pequeños tabiques, los cuales han quedo entre los camellones formados por el paso de los animales (…) Esos camellones tienen un pie de ancho y siempre 12-14 pies de profundidad, cunetas llenas de lodo negro, separadas por diques de 2 pulgadas de espesor; cuando el pie no da con el dique y cuando hay fuertes lluvias (…) el dique se inunda y se confunde un hueco con otro… uno corre el peligro de quebrarse el  pie” [4](Humboldt). 

El Camino era tan fatigoso que al llegar a Baquía tuvieron que descansar unos días, allí hicieron una choza de hojas de “bijao”, en ella cabían hasta 8 personas. Allí Humboldt recorrió los alrededores, recogió muestras, buscó las minas de cinabrio por encargo de  Mutis, sin encontrarlas, y escribió impresiones sobre el recorrido en el camino.

“Por cuanto uno tiene que hacer su casa cada vez de nuevo, es necesario llegar a la ranchería muy temprano. El trabajo se divide apenas se sale del espeso bosque al contadero desmonte; los jóvenes buscan bejucos en el bosque, (…) los cargueros mayores cortan palos. Cuando se han recogido los materiales, en pocos minutos se construye la casa, con habilidad y solidez admirables. (…) el carguero cuelga las hojas (de bijao) a manera de tejas en los hilos o bejucos con los que está amarrado el armazón. Es incomprensible cómo esos techos de hojas, mejor que cualquier carpa, resisten los más fuertes aguaceros.

La cordillera del Quindío es  una de las regiones más ricas en plantas útiles y curiosas. Allí encontramos la palmera Ceroxylon andicola, cuyo tronco está cubierto con una cera vegetal, pasionarias arborescentes y la preciosa Mutisia grandiflora, cuyas flores escarlatas tienen una longitud de dieciséis centímetros. La palmera de cera alcanza la increíble altura de cincuenta y ocho metros y el viajero queda sorprendido de encontrar una planta de esta especie en una zona casi fría y a más de dos mil ochocientos metros sobre el nivel del mar”[5]

No fue Humboldt el único que narró las dificultades del Camino, pero sus citas describen el ambiente y la situación en la cual se encontraba el Camino cerca del año 1810, por tanto se puede considerar que así lo encontraron las tropas, los comerciantes y viandantes en  ese momento.

“… y la que por Ibagué llevaba a Cartago (el Camino del Quindío), tan peligrosas que los viajeros preferían el uso de cargueros a las mulas, por el frecuente riesgo de que se despeñaran; carecían además hasta bien avanzado el siglo, de sitios adecuados para pernoctar en un viaje de poco mas de 100 kilómetros que requería entre una y dos semanas” (Humboldt).

El viaje de Humboldt y Bonplant por el Camino del Quindío fue de suma importancia para formular la teoría que venían desarrollando sobre la geografía de las plantas y que confirmaron en Quito. Fueron los primeros naturalistas en pasar por esta ruta y “descubren la real magnitud de los Andes, del trópico.

“Entre los sitios visitados durante el viaje americano, el Quindío fue quizás el lugar más rico en  plantas; allí fueron descritas multitud de especies, entre ellas la palma de cera  y la Mutisia grandiflora” (Humboldt).[6) 

Llegó la Independencia, pero las dificultades en el Camino continuaron, tampoco mejoró después de consolidación la República, se hicieron esfuerzos por parte de los legisladores, de Bolívar en 1830, de Santander 1834, de Alcántara Herrán con el establecimiento del penal en Boquía en 1842, de la fundación de Salento en 1865, pero poco mejoró la vía, tanto que, M. E. André, un viajero francés que pasó treinta y cinco años después de la Independencia dice del Camino lo siguiente:

 “Para atravesar el Quindío, desde Ibagué á Cartago, necesitará Vds. siete días. Esto es lo que nos dijeron antes de partir; y sin embargo invertimos diez. El camino al principio era practicable  y serpenteaba á  través de los matorrales de fucsias, budlejas, melastonáceas y helechos; pero en breve nos encontramos metidos en una espesura de árboles entrelazados con bejucos que crecían en pendientes de cuarenta a sesenta grados de inclinación, cuando no en escarpaduras poco menos que verticales del todo”.

…La noche, pero una noche negra, nos sorprendió á la altura de las cabañas de Barcinal. El Camino, abierto en las crestas de los cerros, cubiertos de arcilla plástica de color rojizo, era en extremo resbaladizo, inclinado y peligroso, por lo que hubimos de apearnos, llevando á las mulas de las riendas, y después de resbalar á cada paso y de caernos un sinfín de veces en el barro, llegamos a Salento, á las nueve de la noche, chorreando agua y sin haber comido nada desde las ocho de la mañana.

…El día 13 de marzo, a las diez, nos poníamos nuevamente en marcha… y la esperanza de ver trocados los lodazales horribles por el suelo firme del Valle del Cauca… ¡ilusoria esperanza! Desde la primera cuesta empezaron los barrizales y con ellos nuestros tormentos. A cada instante las cargas de las mulas se desprendían, las acémilas caían de la peor manera y las mataduras de los lomos, recién cicatrizadas, quedaban abiertas de nuevo (…). De esta suerte hubimos de andar leguas y más leguas con barro hasta la barriga de las mulas (…) recuerdo que en un mal paso (…) se cayó en un hoyo de unos dos metros de profundidad, más angosto que su cuerpo, dejándome á mí encima y sin saber cómo sacarla de allí (…) llegamos a un miserable rancho llamado Novilleros.

Aún faltaba un buen trecho para llegar a Cartago, pero la senda se hacía más fácil, había que pasar otros puntos hasta llegar a Piedra de Moler donde se cruzaba el río La Vieja, que era un río torrentoso y como de cien metros de ancho, pasando éste se llegaba a las últimas colinas antes de que apareciera Cartago, que ya había perdido la importancia que antes tuvo”. [7]

Fue pues el Camino del Quindío un paso difícil hasta las primeras décadas del siglo XX cuando lo remplazó el ferrocarril y la carretera

QUIÉNES PASARON POR EL CAMINO DEL QUINDÍO,

Con todas las dificultades que el Camino ofreció, es posible imaginar el territorio de la Nueva Granada como una  clepsidra, donde el paso del Quindío es el cuello que debió franquear cada viajero como si fuera un grano de arena.

En el desarrollo de las movilizaciones de independencia el Camino fue necesario para el  tránsito de ejércitos procedentes de Santa fe hacia el occidente con el propósito de apoyar a las regiones de la gobernación de Popayán, leales a la causa libertaria.

Con las tropas pasaron muchos otros personajes: comerciantes, científicos o gente del común que por algún motivo tenían que ir de Popayán, Pasto, Buga, Tuluá, Cartago a Bogotá, o los de ese lado de la cordillera pasar al sur.

Las contiendas presentadas en inmediaciones del Camino del Quindío entre españoles y patriotas se escenificaron cerca a Cartago.  De estos acontecimientos son pocas las fuentes históricas que se encuentran; lo hallado se limita a reseñar el paso de las tropas en diferentes momentos, al igual que el paso del Libertador el 5 de enero de 1830, año de su fallecimiento.

Por el Camino transitaron  varios de los héroes de La Independencia, por ejemplo, el 5 de diciembre de 1810 Antonio Baraya y Atanasio Girardot, salieron de Ibagué y llegaron Cartago.

Así mismo en noviembre 24 de 1811, los patriotas Antonio Baraya y Antonio Nariño, en desarrollo de las campañas, pasaron con el ejército libertador la cordillera Central en tránsito de Santa fe al Valle del Cauca.

El itinerario seguido por la tropa fue el siguiente:

15 de noviembre de 1810, salieron de Bogotá

24 de noviembre, llegaron a Ibagué

5 de diciembre, iniciaron la marcha por el Camino del Quindío.

13 de diciembre, arribaron a  Cartago.[8]        

En julio de 1813 Juan Sámano ocupó la provincia de Popayán y derrotó una partida patriota bajo el mando de Manuel R. Serviez, quien era acompañado del cadete José Hilario López, en un sitio cercano al río Risaralda o Sopinga, quienes se retiraron cruzando las montañas del Quindío en dirección de Ibagué.

En el año  de 1815, los condenados políticos a trabajos forzados por el Pacificador  Pablo Morillo fueron enviados a abrir caminos como el del Quindío, Sonsón, Mariquita y otros.

En 1818 el general español Warleta consolidó su posición en Antioquía y con 400 hombres ocupó el Valle del Cauca, pasando por el Camino del Quindío.

A la par que pasaron los ejércitos, pasaron también gentes del común, alguien que iba por una herencia, otros que llevaban presos, los que viajaban solos o eran abandonados por silleteros que enfermaban, los que se quedaban con sus mercancías en el Camino porque sus cargueros huían, o los que recorrían el mundo con propósitos científicos, o aquellos que no alcanzaban a cruzar todo el Camino y allí tenían una tumba, muchos, muchos viajeros tuvo el Camino.

“El tránsito por el Quindío es tan intenso que uno se encuentra, en la cordillera, a cada momento con mulas, bueyes y silleros – gentes-.” [9]

Los siguientes son algunos apartes de relatos de viajeros donde anotan lo que iban viendo por el Camino.

“Antes de llegar al Tambo nos encontramos a un pobre soldado que caminaba entre el barro e iba a Cali, para reclamar la sucesión de su padre;…”. [10]

“Vimos aparecer entre ese barrizal a un negro que acababa de ser juzgado en Buga e iba con las manos esposadas, llevando sobre la cabeza una provisión de plátano y así avanzaba dando tumbos a cada paso, apenas sostenido por “dos cabos de justicia”.

“En el Moral encontramos una caravana de caballeros andrajosos y con las piernas desnudas que… se  quejaban del camino paramuno, casi con lágrimas. Se les había enfermado un carguero que estaba reponiéndose de las viruelas; ellos lo había dejado en el bosque y se jactaban de su caridad cristiana (como ellos decían) porque le habían dejado suficiente comida”.

Y así fueron relatando los encuentros en el Camino, también hubo espacio para los que allá quedaron:

“Al llegar allí, donde termina la vegetación arborescente, noté una fosa que había sido tapada recientemente y observé que la tierra se movía por debajo: inmediatamente salté de la mula y, con la ayuda de mi asistente, me dediqué a desenterrar el muerto que se agitaba; apenas habíamos comenzado, lo vimos sentarse: era un granadero,”

“El 28 de enero llegué al punto culminante del páramo; durante la subida encontré una compañía de lanceros, camino de Ibagué… cuando los dejé, entré en uno de esos caminos sombreados… cuando de repente mi mula, dio un salto prodigioso a tal punto que con mucha suerte pude agarrarme de una rama y quedarme suspendido, mientras que mi asistente lograba hacer pasar a la bestia el sitio en donde se había espantado; el animal había metido su pata en el abdomen de un soldado enterrado  y de allí había salido un gas de olor …” [11]

Entre los expedicionarios ilustres que trasegaron por el camino, impulsados por las misiones científicas como la Expedición Botánica, o como la del Barón de Humboldt, que incentivaron el estudio de la flora y fauna del país, y en particular del camino del Quindío, un poco antes y un poco después de la independencia, se pueden destacar los siguientes:

Friedrich Alexander Von Humboldt, naturalista, geógrafo y explorador alemán, considerado el iniciador de la Geografía Moderna Universal, viajó por Europa, América del sur, Méjico, Estados Unidos, Canarias y Asia central. Vino acompañado por el médico botánico francés Aimé Bonpland, en su viaje de exploración científica por América del sur, pasó  por Colombia en 1801.

Especializado en diversas áreas etnografía, antropología, física, zoología, ornitología, climatología, oceanografía, astronomía, geografía, geología, vulcanología, botánica y humanismo. De ideas liberales fortalecidas en la Revolución Francesa; después  de la muerte de su madre dejó los puestos burocráticos y  se embarcó en sus viajes científicos, entre ellos a América del sur; recorrieron diez mil kilómetros.

En julio de ese año llegaron a Santa fe, después de un largo viaje por el río Magdalena, donde fueron recibidos por el virrey y se entrevistaron con  el sacerdote José Celestino Mutis, quien dirigía la Real Expedición Botánica. Después de intercambiar experiencias, emprendieron su viaje hacia Quito,  pasando por el Camino del Quindío, allí formuló su famosa geografía de las plantas, que luego confirmó en Quito.

Aprovechando el viaje de Humboldt, el 12 de septiembre, el sabio Mutis le despacha un “chasqui” a Ibagué, recomendándole el estudio  de una muestra de minerales de cinabrio que su herbolario Roque Gutiérrez había recogido en el Quindío. Sigue camino adelante y el 3 de octubre llegó a Boquía y realizó exploraciones en Boquía y Portachuelo, describiendo la contextura del suelo y buscando las fuentes de cinabrio.  Recogió mariposas entre Boquía y Portachuelo, que cedió después a la Sociedad Linneana de Londres. Pernoctó allí por cuatro días.

Agustín Codazzi Bertoloti, militar y geógrafo italiano, hizo estudios de ingeniería, comprometido con la causa de La Independencia y  deseoso de conocer cuáles eran los planes del Libertador, en los años 1818 a 1822,  ingreso por el golfo de Urabá, disfrazado de vendedor ambulante; subió por el Atrato, descendió por el Sanjuán, llego a Buenaventura, paso al Valle del Cauca, luego por el Quindío para llegar a Bogotá.  En este paso hace una descripción detallada, destacando el estado del Camino para la época.

En Cartago fue  auxiliado por Tomás Cipriano de Mosquera, quien le proporcionó una remonta de mulas para pasar el páramo de Quindío,  de paso para Santa fe.

En su paso se relacionó con las autoridades civiles y militares de Cartago; además de los encuentros con comandantes de las tropas patriotas acantonadas en el Chocó, Cartago e Ibagué.

En su travesía por el Paso del Quindío, camino a Santa fe, describe su aventura, además de un croquis de su autoría,  a mano alzada, donde deja registrado su paso por las estas montañas:

“…para efectuar el paso del páramo del Quindío, cuyas cimas están cubiertas de nieve durante todo el año y que es uno de los más altos de la Tierra Firme.  Aun cuando en la época en que no llueve puedan pasar por él las mulas, aún con ellas se emplean por lo menos quince días, mientras que a pie tenía la esperanza de pasarlo en ocho. En efecto tomé algunos cargueros, que son criollos que sirven como en el Chocó de bestias de carga, con un pequeño baúl, una silla y las provisiones, y con sólo dos indios me dispuse a pasar este páramo de una altura de casi tres mil toesas, cuando el paso del Mont Cenis no es sino de 1060.

Le deje las pocas mercancías que me quedaban al alcalde y me puse en camino, y durante cinco días continuos no hice sino subir terribles  y escarpadas montañas cubiertas de espesas selvas, menos una que llaman calva, la cual por estar toda cubierta de granes hierbas y sin un árbol, por lo que no se puede uno defender de los ardientes rayos del sol que aquí hieren casi perpendicularmente, la pasmos de noche a la luz de la luna    Atravesé el páramo del Quindío sin lluvia, acampando siempre al raso y cubriéndonos con las acostumbradas hojas, aunque de tanto en tanto se encuentran unas cabañas llamadas tambos, que sirven para alojar a los que atraviesan estos lugares con sus mulas cargadas de mercancías. Sin embargo, no hay nadie en ellos y no son más que cobertizos de hojas de palma, esto cuando los palos que sostienen la cubierta están entrelazados con palmas o bejucos, que es lo mismo que estar bajo un mal pórtico…”  [12]

Por efecto de la ley de 15 de mayo de 1839, Codazzi fue contratado por el gobierno de la Nueva Granada para que adelantara la descripción del país y levantara las cartas geográficas.

Charles Stuart Cochrane, marino y viajero que en 1822 se embarcó rumbo a América. Llegó al puerto de La Guaira donde se interesó por el comercio de perlas. Visitó a Caracas y luego pasó a Colombia. Estuvo en la costa Atlántica y en Bogotá y recorrió los actuales departamentos del Cauca, Tolima, Antioquia, Chocó. Su travesía está descrita en los dos volúmenes del Journal of a residence and travels in Colombia, during the years of 1823 and 1824 (Londres, Henry Colburn S. y R. Bentley, 1825). En su crónica ofrece un interesante retrato de su paso por el Camino del Quindío en el periodo posterior a La Independencia:

“…enero 4. A las seis de la mañana el termómetro marcó 49 grados F. Durante la noche sufrí vómitos. Me costó trabajo tenerme sobre la mula por causa de fuertes dolores de cabeza y de espalda, que aumentaban aún más con el paso del animal. Tres veces cruzamos el río Quindío y a las cuatro de la tarde terminamos la jornada del día. Me dormí bajo el toldo de un arriero; apenas desmontamos empezó una ráfaga de viento con tempestad... Dormí mal y con toda la ropa enlodada, hasta la camisa. Mi mula cayó cuatro veces, pero por fortuna no me lastimé... Sobre los caminos pendientes y resbalosos, frecuentemente las mulas se deslizaron veinte yardas inglesas sin poder contenerse y con peligro también para el jinete. Varias veces se rompió la cincha y yo aterrizaba sobre el cuello de la mula. Únicamente me podía sostener apretando las piernas sobre la cabeza del pobre animal. (Cochrane 1994:261).[13] 

Coronel j. P. Hamilton. En el año de 1823 fue comisionado por el gobierno británico para que viajara al recientemente constituido estado colombiano en búsqueda y exploración de minas de oro en territorios de la Nueva Granada.  Posteriormente  fue elegido como ministro Plenipotenciario por lo que fue testigo de excepción de la Colombia independentista.

Entre 1823 y 1825, el coronel John P. Hamilton recorrió las provincias de Colombia, un país recientemente redimido de las guerras de independencia, arrasado por las pérdidas económicas. Pese a ello, tuvo la oportunidad de visitar las provincias de Colombia y pasar por el Camino del Quindío, rumbo al gran Cauca

Entre 1824 y 1827, Hamilton relata su paso por el Camino del Quindío, de regreso hacia Santa fe, después de haber transitado por el Camino de Guanacas hacia Popayán, Cali y Cartago:

 “Cuatro días de buen andar se emplean en la travesía de aquella parte del Quindío, conocida con el nombre de La Trucha, (la Trocha) región anegadiza y cenagosa; mas dejada atrás ésta, se pisa ya terreno más firme y los senderos empiezan a hacerse transitables. El agua de los arroyos que corren por allí es muy pura y deliciosamente fría; el clima tiene reputación de ser salubre y estimulante. Pasamos la noche en un lugar llamado El Cuchillo, donde nos fue de gran utilidad la tienda que en Popayán nos regalara don J. Mosquera, la cual alcanzaba a servirnos de dormitorio a Mr. Cade y a mí. En cuanto a los peones, construyeron con hojas de plátano traídas a tal efecto desde Cartago, una especie de cobertizos que llamaban ranchos y de cuyo abrigo hicieron partícipes también a nuestros criados. ” [14] 

Jean Baptiste Boussingault. Bolívar, deseoso de establecer en Colombia un centro de enseñanzas superiores, confió a Francisco Antonio Zea  la misión de reclutar jóvenes franceses. Boussingault  fue convencido  para desempeñar esta labor, Humboldt lo entrenó en diversas técnicas de observaciones científicas. Arribó a Colombia y viajó hacia el Ecuador. Dentro de esta época revolucionaria, participó en diversas acciones de guerra y dentro del ejército de Simón Bolívar alcanzó el grado de Coronel.

 En 1827 tuvo la ocasión de pasar el Quindío rumbo a Cartago, para llevar a cabo reconocimientos de las minas de oro  en Cartago y Río Sucio.

“…En enero de 1830 pasé el Quindío montado sobre una mula con tiempo muy favorable. En esta época, una división del ejército colombiano regresaba del Perú; el general Bolívar que la había precedido me dio algunas indicaciones…  El 28 de enero llegué al punto culminante de páramo; durante la subida encontré una compañía de lanceros, camino de Ibagué, y los oficiales y soldados, andando a pie, quedaron muy sorprendidos de verme montado”… El 29 de enero pasé la noche en el Araganal.  El 30 estaba en La Balsa, el 31 entré a Cartago a las 2 de la tarde. Montado en una mula había pasado el Quindío en 5 días y medio”.  [15]

Francisco José De Caldas. Existen referencias bibliográficas sobre el paso del Sabio caldas por el Camino del Quindio, de las cuales podemos destacar la siguiente:

“Todavía deseaba Caldas hacer exploraciones nuevas, en los Andes del Quindío que no tenía visitados, para dar perfección a esta obra enteramente suya, pero no le fue posible verificarlo. Ignoramos el estado en que dicha obra quedó; y presumimos que, con título cambiado, es la Quilología, puesta en limpio de su propia mano y firmada con su nombre, que fue vendida después de su muerte a un extranjero por la señora su viuda en momentos de necesidad extrema, y que, rescatada como reliquia preciosa, existe hoy en poder de un compatriota nuestro el señor M. M. Mosquera”. [16] 

El  4 de febrero de 1813, desde Cartago, Caldas le escribió a Antonio Nariño para que le permitiera viajar a Santa fe para encontrase con su esposa Manuela Barahona.  En mayo 9 de1813, Sámano le salió al pasó en el Camino del Quindío.  Caldas varió su rumbo y tomó el Camino de Antioquia.

En marzo de 1816, Caldas recibe el encargo de fortificar los caminos de Guanacas y Quindío que cruzan la cordillera central; fue asignado al Ejército del Norte. Pero los resultados de la guerra eran favorables a los españoles, tanto que el 6 de mayo de 1816 entraron en Santa fe. Caldas, marcha hacia Popayán que todavía estaba libre, pero también habría de ser apresado por Sámano. 

El Libertador Simón Bolívar. El 22 de diciembre de 1829, por decreto dictado en Cali dispuso el Libertador que se abriera el Camino del Quindío y encargó de la dirección de los  trabajos al coronel Eusebio Borrero; quien no cumplió las órdenes.

Bolívar pasó una última vez por Japio  en diciembre de 1829 y allí reposó por varios días, cuando ya la adversidad agobiaba su ánimo. Demoró en Cali del 22 al 25 de diciembre, se trasladó en esa tarde a la hacienda Mulaló, propiedad de don José Cuero, donde se entrevistó con el general Sucre. A la mañana siguiente partió para Buga. De salida hacia el Quindío se alojó también en Tulúa, en casa de los esposos González Tejada. Una gran recepción y baile se le ofreció en la casa de la familia Lozano, denominada después Casa de las Tribunas.[17]

El 5 de enero de 1830, el libertador regresa a Bogotá, por el Camino del Quindío, con 282 hombres a caballo y 644 a pie.  Después de esa travesía por la “trocha” del Quindío, y luego de llegar a Bogotá, emite un decreto donde se ordena mantener abierto y en buenas condiciones el paso por las montañas del Quindío.[18]

Manuel María Mallarino. Estadista y político vallecaucano. Ex presidente de la república durante el período 1831, 1855-1857. Fue varias veces gobernador de las provincias de Popayán y Buenaventura; miembro del Congreso Nacional a partir de 1836.

Se refiere una su correría de viaje por el Camino del Quindío en el año de 1829. Cuenta en detalle la forma de viajar; hace una descripción de la parte natural y estado del Camino en su viaje desde  Ibagué a Cartago. 

“El sendero de Toche, lugar de nuestra parada, es bellísimo.  A la izquierda corre el Tochecito por entre un bosque de arrayanes y de mayos que estaban cubiertos de flores...” (Tibuchinas lapidotas)... “Al llegar al Roble, el cielo se había oscurecido (...) la elevadísima copa de un árbol de otoba cayó aplastando los matorrales que crecían en su sombra (...) Ortiz me hizo montar, y venciendo mil dificultades, llego conmigo al Portachuelo”.

Mallarino describe especímenes de flora como: Chachafrutos, arrayanes, mayos (sietecueros), robles, otobas; en fauna: papagayos, tigres.[19]

ASPECTOS COTIDIANOS

Es quizá uno de los temas más sorprendentes cuando se piensa en el Camino, imaginar y reconstruir la cotidianidad de algo que es transitorio, al fin y al cabo es un camino pero que podría mirarse de dos maneras, una desde los cargueros, historia no narrada sino referida por los viajeros, pero que muestran un manejo y destreza del medio incomparable. Y la otra, la mirada de los transeúntes que tienen todos intereses distintos y uno mismo, pasar lo más pronto posible “el Camino”.

TRANSPORTE

La movilización de personas y valijas por el Camino del Quindío se realizó de diferentes maneras según los ciclos históricos.

Se utilizaron distintos modos de transporte: a pie, a lomo de hombre y en semovientes de carga. En el transporte humano se distinguieron: "tamemes" (cargador indio que acompañaba a los viajeros  españoles)  cargueros, silleros, petaqueros, lichigueros. Entre los semovientes se tuvieron bueyes, mulas y caballos. Todo el transporte se ofrecía en los puntos de partida del Camino, generalmente eran más los que viajaban desde Ibagué, puesto que muchos de los que llegaban a Cartago se tenían que devolver sin carga.

Son numerosas y variadas las reseñas que permiten recrear las circunstancias históricas del transporte, especialmente en los relatos de quienes que se trasladaron por esa vía.

Los cargueros fueron un grupo numeroso y organizado.  Humboldt dice que encontró más de setenta cargueros en Ibagué, incluso expresa que en esa ciudad “…la totalidad de la gente común está habituada a la vagabundería de la montaña”. Charles Cochrane dice que “hay entre trescientos y cuatrocientos hombres en Ibagué que viven exclusivamente de cargar personas y fardos por las montañas del Quindío. 

Por tanto, se puede pensar que a principios del siglo XIX fueron muchas las personas dedicadas a este oficio en la Nueva Granada, no sólo se dedicaban a transportar personas o bultos por los pasos difíciles en todo el territorio, sino que existían personas que tenían cargueros para moverse dentro de sus negocios, ya fuera en la hacienda o en el lugar de producción como las estancias, y solían llamarlos “caballitos”.

Los comerciantes de Popayán, Buga e incluso Pasto, viajan a Honda, Mompox y Santa Fe, para comprar ropa, (así llaman a toda clase de telas para vestidos). Regresan con ropa y un comerciante muchas veces necesita sesenta cargueros, puesto que estos últimos con frecuencia dejan abandonado el tercio y se escapan por desgana…

Ese gremio era fuerte, un movimiento de cargueros, en Antioquia hizo desistir a las autoridades a arreglar los caminos para hacerlos transitables en mulas, porque se quedarían sin trabajo.

“…la Audiencia ha escuchado las quejas de los cargueros con respecto a que su ganancia disminuiría y, en consecuencia, ha prohibido mejorar el camino”.

Los silleteros tenían tarifas establecidas y cobraban de acuerdo al peso, y al oficio para el cual fueran requeridos, unos cargaban personas, eran de suave andar y finos movimientos, tenían las tarifas más altas, otros cargaban petacas, líchigos, baúles,  bultos, cobraban menos, siempre en las partidas se llevaba un muchacho para que cargara las hojas de bijao para hacer el rancho.

“Tan pronto supieron que yo iba a entrar en la montaña, los cargueros me ofrecieron sus servicios; por casualidad tengo a mano una lista del personal que enganché y que reproduzco como documento interesante, porque allí se encuentran los precios que se pagaban a los que transportaron nuestros equipajes.

Para el transporte de una persona, un carguero exige 16 piastras y la comida; “el sillero” debe tener un paso suave, pues su carga viva está sentada sobre una silla de caña, suspendida por una banda que lleva sobre la frente el portador.”

“Se pagan 8 piastras (Unidad monetaria usada en la Gran Colombia antecesora del Peso. 10 reales igual a 5 francos.) por 4 arrobas = a 100 libras españolas. Las 41 arrobas 9 libras costaron 80 piastras y 6 reales.”

“El transportado debe permanecer inmóvil, mirando hacia atrás y con los pies reposando en un travesaño; en los sitios escabrosos como al atravesar un torrente sobre un tronco a manera de puente, el sillero recomienda al patrón que tiene sobre la espalda, cerrar los ojos. Es cierto que nunca sucede un accidente, pero da lástima ver al carguero sudando gruesas gotas a la subida y oírlo respirar, emitiendo un silbido tremendo; a pesar de las ofertas que me hizo un sillero de los más reputados preferí pasar la cordillera a pie”.     

Un hombre mayor carga por los Andes 5 a 7 arrobas en 7 a 8 días y, con frecuencia, cuando el camino está muy malo en 15 días, se paga al carguero 10-12 reales por arroba. El carguero fuera de ese pago recibe la alimentación y a veces una propina al final del viaje.

“Siendo pocas las personas acomodadas que tienen hábito de andar a pie en estos climas y por caminos tan difíciles durante diez y nueve o veinte días seguidos, se hacen llevar en sillas que se colocan los hombres a la espalda, pues el paso del Quindío no permite caminar montados en mulas. Se oye decir en este país “andar en carguero”, como quien dice ir a caballo, sin que por esto se crea humillante el oficio de carguero, debiendo notarse que los que a él se dedican no son indios, sino mestizos y a veces blancos”. [20]

Los silleros fuera de cargar personas y bultos tenían otras obligaciones en la selva, hacer el rancho para el descanso, buscar la leña para el fogón y hacer la comida.

La vida del carguero no era fácil, desde pequeños debían acostumbrarse a cruzar la montaña con pequeños bultos que iban aumentando poco a poco, no todos los viajeros eran considerados, algunos hasta calzaban espuelas, o se movían  en la silleta, lo que les producía a los cargueros heridas en la espalda, si  estos enfermaban en el camino eran abandonados por los viajeros y, según cuentan los viajantes, los silleteros morían jóvenes, más o menos a los 40 años, con frecuencia de aneurismas.

 “Los cargueros alternando los más altos calores con el frío del páramo, expuestos a la humedad de tremendas lluvias tempestuosas, rebajados a verdaderos animales de carga, frecuentemente con la espalda herida, con el riesgo de ser abandonados en la montaña, solos y sin ayuda cuando se enferman de desfallecimiento (…) todo esto no pesa más que el goce de satisfacer la tendencia hacia una vida libre, sin obligaciones, salvaje como la del jabalí”. [21]

El oficio de carguero o silletero fue descrito con detalles por Humboldt en su paso por el Quindío en 1801.

“El sillero no es hombre de contextura muy atlética. Desnudo de la cintura para arriba, lleva bien arremangados los pantalones, en especial cuando hay mucho barro. Todo su equipo consiste en una rústica silla de guadua, con un pedazo de tela blanca de algodón para proteger al viajero hasta donde se pueda del sol y de la lluvia. La silla se amarra al cuerpo del sillero por medio de dos correas que le cruzan el pecho y otra que le pasa por la frente”.[22]

El Camino del Quindío se siguió haciendo con cargueros, incluso hasta mediados del siglo XIX se mantenía la costumbre del uso de silleros y cargueros, otro tipo de transporte se hizo a  lomo de bueyes y mulas.

El buey: animal utilizado en el paso del Quindío para cargar bastimentos y mercancías de gran tamaño y peso.  Se utilizó por su seguridad en su pisada (pezuña hendida). Ataviado con los arreos necesarios para el transporte, las mulas y caballos, por  tener pezuña redonda, no se utilizaban para el transporte de carga pesada, sino delicada.

MITOLOGÍA

Se pueden considerar en este aspecto, las ficciones, fabulas y leyendas, surgida en el tránsito del Camino, es la manifestación creativa de los viajeros y silleros, que trataban de explicarse así mismo los acontecimientos que no alcanzaban a entender; entonces se cristalizaron en relatos fantásticos que se transmitieron en el tiempo. No se conocen muchas narraciones fantásticas referentes al Camino, algunos de esos relatos se utilizaron para asustar a los viajeros y se conocen gracias a los viajeros  ilustrados, que no fueron muy dados a creer en esas leyendas.

“…Sin embargo, a pesar de estas molestias en grado sumo, no encierra los peligros con que el pueblo crédulo asusta al viajero. Por cierto, el sendero es angosto, pero son muy raros los lugares donde pasa por abismos”. [23]

Algunas de esas narraciones se refieren al entorno natural, existencia de animales fantásticos, por su tamaño, su forma o lo que podían producir. Están ligadas al desarrollo histórico, originado en las relaciones culturales suscitadas en la constante peregrinación por la vía. Cuando se  emprendían los recorridos por las espesuras de las montañas que lindaban con el Camino, los transeúntes especulaban sobre este mito, cuya finalidad era la de asustar a los que salían de viaje, para que desistiera del mismo.

Otras leyendas se pueden colegir de los apuntes de viajes como por ejemplo los de Boussingault. Una se refiere a la invocación a  los espíritus de la selva que hacían los silleteros, para pedir  una buena marcha y tiempo favorable:

El 26 de mayo desde las 7 de la mañana los cargueros se hacían oír en la selva porque tienen la costumbre de lanzar gritos alentadores cuando se ponen en Camino

O las leyendas de los espíritus de los muertos que siguen vagando por la selva sin poder descansar en paz, las referencias a este respecto se refieren a los cargueros muertos, ellos son los espíritus que vagan por la selva, así los muertos en el Camino sean muchos, es sobre ellos la leyenda, ellos, los cargueros, los silleros son los dueños del Camino, los que lo dominan, en vida y después de ella.

A las 11 llegamos al alto de la Sepultura, en donde había sido enterrado un carguero, muerto de fatiga; mis hombres aseguraban que por la noche se oía en la selva  su alma pidiendo socorro”.[24]

Los cargueros, para que el viaje fuera más seguro, para que su pasajero a cuestas no se moviera, referían la leyenda del silletero que al llegar a un precipicio con un viajero que había sido difícil y cruel, hasta le había enterrado unas espuelas al silletero, lo había despechado por un precipicio en lo alto de la montaña.

Estaban también los relatos de animales fantásticos, como el que cuenta Charles Stuart Cochrane en 1824, quien se maravilló en su paso por el Camino del Quindío con una especie de animal que los indígenas describían así:

“Desde una pequeña cadena de lomas en la cercanía de estas montañas se  puede observar, con unos buenos prismáticos, elefantes carnívoros alimentándose sobre las llanuras que rodean la región nevada. Alguna vez se encontraron algunos dientes gigantescos, pero hasta la fecha no se ha logrado cazar uno de estos animales. Los indios organizan de vez en cuando excursiones para lograr pieles de este ganado salvaje”.[25]

También es posible imaginar todo lo que estos hombres podrían contar, alrededor de una fogata, después de comer y en medio de todos los ruidos de la selva y del rugir de los tigrillos, micos aulladores y pájaros nocturnos.

VIVIENDA: TAMBOS Y POSADAS

Los primeros núcleos poblacionales del Quindío fueron producto del impulso estatal, como las colonias penales de Toche y Boquía, con el interés de mantener el Camino en buenas condiciones. Antes se había dado la fundación de La Balsa, hoy Alcalá. Sebastián de Marisancena, en 1807, apoyado en el plan para la apertura y colonización de la variante “La Trocha”, propone un plan para hacer esa fundación y  tener derecho a los impuestos que se cobraban en el Camino con pocos resultados, pero él mantuvo siempre la fundación.

Luego se impulsaron las fundaciones de Condina, Obaldía, Buriticá, que no  prosperaron. En las leyes que impulsan el mantenimiento  y la colonización de los caminos,  surgen los tambos o posadas, que se establecerían cada tres leguas.

En el término de las tres leguas se fabricará la iglesia, casa para el cura, vecino, hospedería y tambo. Al cura se le dará una cuadra de solar con iglesia y casa, al vecino otra con casa, albergue para los pasajeros, y tambos para depositar cargas y bagajes (…) Todos los vecinos en su respectivo hogar harán un potrero, para encerrar las caballerías, que estén seguras y tengan donde pacer. Para la manutención del potrero cada par de caballería pagará un cuartillo al vecino, y este mantendrá también en buen estado la hospedería y tambo en beneficio de los pasajeros. .

Los contaderos son lugares donde hay pasto, allí se juntan las recuas cuando se va a acampar, de ellos dice Humboldt lo siguiente:

“En la selva se encuentra cada 2-3 horas lugares desprovistos de árboles, abiertos a hachazos, los que se llaman rancherías o contaderos, en los cuales se pernocta, y esos son los albergues”.[26]   Los principales tambos o contaderos que estaban establecidos a través del recorrido eran:

-        Ibagué la Palmilla: Atravesando el Combeima por puentes de guadua:

- El paraje, las Amarillas

- Guayabal, La Palmilla

- La Palmilla a Cara de Perro,

- Cara de Perro, Las Tapias, una casa con cocina en 1857

- Las Tapias, El Moral

- El Moral, Buenavista

- Buenavista, Chachafruto

- Chachafruto, Agua Caliente

- Agua Caliente, el Machín

- Machín, río San Juan

-        Río San Juan, Toche. El presidio dos casas y una docena de ranchos, donde vivían los hombres bajo libertad condicional.

-Toche, Yerbabuena

- Yerbabuena, quebrada Cruces

- Quebrada Cruces, quebrada Tochecito

- Quebrada Tochecito, Boquerón del Páramo

- Boquerón del Páramo, Mataficua

- Mataficua a Cruz Gorda o Barcinal

- Cruz Gorda, río Quindío

- Río Quindío, Boquía, Alto de Laraganado

En este punto de Boquía descanso Humboldt, después de una dura travesía,  explica muy bien como se armaban los ranchos y dibuja en su cuaderno de notas la manera como lo hacían, dice que antes de salir de Ibagué se cortaron varios cientos de hojas de bijao, a las que se les hace un corte en la nervadura central de donde se han de colgar para armar un techo, donde pasaron varios días y que a pesar de la lluvia no se mojaron.

“Luego se las extiende y enrollan cuidadosamente formando un cilindro compacto. (… ) Al llegar a un lugar adecuado en medio del bosque, de suelo seco, donde se piensa pasar la noche, los cargueros cortan algunas ramas de árboles que disponen en forma de carpa. En pocos minutos esta liviana armadura es dividida en cuadros con lianas de agave separadas entre sí unos tres a cuatro decímetros. Entretanto, se habrán desenrollado las hojas de bijao y varias personas se ocupan de sujetarlas sobre el enrejado al que finalmente cubren como tejas. Estas chozas son muy frescas y cómodas… En el valle de Boquía pasamos varios días bajo una de estas tiendas vegetales sin mojarnos, aun cuando la lluvia era muy persistente y casi interminable”. [27]

Después de Boquía, las posadas y tambos que seguían eran las siguientes:

- Laraganado, Alto del Roble.

- Alto del Roble, El Socorro o Portachuelo, contadero de Novilla

- El Socorro, Buenavista.

- Buenavista, La Balsa

- La Balsa, Piedra de Moler

- Piedra de Moler, Cartago.

La Cuchilla de los Novilleros, contadero: Lugar abierto de descanso y en donde los arrieros al final de su jornada de camino acampaban y contaban sus mulas para ver sí alguna se les había quedado en el bosque y en tal caso, buscarla antes de continuar el viaje.

En ese mismo sitio, se fundada  el 20 de Agosto de 1.878 por colonos dedicados a la guaquería, minería, arriería y comercio, un pueblo, cuyos  primeros moradores lo bautizaron Filandia.

 

SALUD

 

Cruzar el Camino conllevaba muchos peligros para la salud, había que hacer el tránsito casi al descampado, con lluvias torrenciales y temperaturas muy bajas en la noche, pasar por pantanos generalmente descalzos, aguas heladas, soportar picaduras de insectos, de culebras, que producían fiebres, caídas que podrían ocasionar fracturas, golpes o heridas, pasar por bosques de guadua llenos de púas, hambre, la altura, el cansancio, el calor cerca al río De la Vieja y Cartago y muchos otros inconvenientes que afectaban la salud, fuera de las enfermedades endémicas como el paludismo o de epidemias como la viruela.

Para muchos de estos males tenían los remedios que los aplicaban en el sitio, generalmente plantas, en infusión, mascadas, en emplastos, en fin de alguna manera buscaban aliviar el dolor, incluso tenían silletas especiales para cuando tenían que transportar un enfermo.

“Por la tarde uno de mis silleros empezó a quejarse de que se sentía indispuesto y al ofrecerle yo alguna medicina que podría aliviarlo, se negó obstinadamente a tomarla. Al día siguiente, como lo encontrara ya bueno y sano y le preguntara qué remedio se había hecho, me contestó que había tomado simplemente agua de azúcar, que era la cura infalible para toda enfermedad.”  [28]

En 1801 se presentó la cuarta epidemia de viruela que azotó el país. En esta ocasión ya se empezó a buscar la cura de la enfermedad a través de las vacunas, pero no era muy utilizada en la región. Los mayores estragos se mostraron en la población indígena. La viruela fue una preocupación de Humboldt, como quiera que le dio dificultad encontrar cargueros por la epidemia que había en ese momento en Ibagué.

Otra enfermedad fue el paludismo o “chucchu” – palabra que significaba temblor entre los indígenas, combatida con la corteza de quina, que ingerían en abundante y concentradas infusiones. Denominada por  el lenguaje quechua: Quina-Quina, por Linneo Chinchona.  Sin cronología exacta, por los años de 1630 y 1637 el jesuita Juan López utiliza la corteza para el tratamiento de la malaria.  Secreto concedido por el indígena Malacatos, a quien el sacerdote había bautizado con el nombre de Pedro Leiva. [29]

Bichos comunes en el Camino eran unas moscas negras como un azabache, y del tamaño de la mosca casera, que llaman galofas, clavan su pico, llevan sangre, y dejan la herida; los zancudos y los tábanos que causaban el nuche; las niguas y las avispas que producían dolorosas picaduras.

“…luego seguimos hasta El Roble. Al salir de allí me picó cruelmente  en el pie una avispa brava; un carguero me trató por medio de la aplicación de tabaco mascado sobre la picadura y el alivio fue inmediato; pude continuar la marcha. “ [30]

Por las prácticas higiénicas anacrónicas, como el no uso de calzado de muchos viajeros, unos parásitos denominados niguas se les incrustaba en las carnosidades de la uñas de los pies.  Estos eran un espanto y una angustia para los que soportaban este episodio, el ardor y la congoja que provocaba volvía loco al más templado.   

No se conocía el remedio para el mal, la única medida drástica era sacarla con la espina terminal de la hoja de la cabuya o fique, con espinas de pescado o la de la palma.  Cuando el tormento llegaba a extremos insoportables, algunos individuos se enterraban en la arena y hasta metían los pies en el fuego. Las niguas son un tipo de ácaro rojo muy pequeño de la familia de los arácnidos.   Son tan antiguas que Juan de Castellanos las describe así y hasta la cura la da.

Salíales a todos mucho grano

con las alteraciones de un divieso,

y aentro molestísimo gusano,

áspero, peludillo y algo grueso;

da voces y gemidos el más sano,

por ser aquel dolor en gran esceso,

hasta que ya cayeron en la cura,

que fue fácil y no de mucha dura.

Pues de diaquilón un parche hecho

sobre la hinchazón y carne flaca,

hace la fuerza dél tanto provecho,

que la mitiga y el gusano saca:

el duro torondón queda deshecho,

la pena quita y el dolor aplaca;

y alguno me vendió por manifiesto

que falta de sal causaba esto.”  

En los relatos de viajeros también se cuenta cómo los cargueros son abandonados en el Camino cuando caen de físico cansancio,  otros se tenían que devolver porque son atacados de fiebres, o porque desfallecen de hambre, aunque la travesía duraba de 10 a 12 días había que llevar alimentos para un mes, si llovía mucho los ríos se represaban y la creciente tapaba el camino y era imposible regresar a Ibagué o a Cartago.

Aunque el Camino tenía fama de ser bueno para la salud, Humboldt dice que es todo lo contrario, es un trayecto no solo de dificultades sino malsano.

“¿Cómo puede ser saludable un camino, una travesía que sale de una llanura, pasando en partes por campos de hierba, en los que uno está expuesto a los más fuertes rayos solares (…), cómo puede ser saludable entrar en esos estrechos subterráneos y respirar aire viciado? Pero en un país en el que no se razona, diariamente se repite que el Camino del Quindío e sumamente saludable, que allí se sanan los enfermos (…) Una selva espesa y húmeda en la que se pudre gran cantidad de materiales vegetales depósitos de pirita que descomponen el aire y estratos de ardilla gredosa (letten), eterno cambio de los rayos solares al oscuro aire de un sótano en las angosturas, la inevitable mojada de los pies con agua estancada en la que se pudren las raíces de guadua…”. [31]

No solo las personas que cruzaban el camino padecían, también sufrían los animales, los bueyes se desmejoran tanto que después de un viaje había que alimentarlos por 4 o 5 meses antes de volver a utilizarlos, las mulas sufrían fracturas en las patas o peladuras por las cargas o monturas. Todos los viajeros van dejando sus apuntes sobre este tópico que era de mucha preocupación.

EL VESTIDO

El Camino, al igual que los pueblos y ciudades, también tenía una moda, que nace de la necesidad de adaptarse a las condiciones del recorrido. Los cargueros llevaban prendas que no incomodaran su marcha, por tanto era muy sencilla, un pantalón remangado más arriba de la rodilla o desnudos, sólo cubiertos con un pañuelo, sus arreos de cargar y si mucho unas almohadillas para proteger la espalda, una vara larga y firme que hace las veces de un tercer pie, o que ayuda a mantener el balance,  ruana a rayas y una camisa de algodón para protegerse del frío en la noche.

“Tienen buen cuidado, desde luego, de poner sendas almohadillas sobre la frente y la espalda para precaverse de las magulladuras. Por lo demás andan desnudos, con solo un pañuelo ceñido a la cintura”. [32]

Los soldados pasaban el páramo con sus uniformes y los de mayor graduación usaban capas. Los viajeros eran muy diversos, algunos iban ataviados para traslados por caminos secos y planos o se iban preparados para montar a caballo, de polainas, espuelas, vestidos blancos con chaquetas, que cuando encontraban los pantanos tenían que cambiarlos o llegar de barro como si se tuvieran un vestido de ese material.

“Encontramos el Camino en no muy malas condiciones por espacio de tres cuartos de legua; más adelante estaba tan cenagoso que me vi obligado a apearme para vadear los charcos, calzado como estaba de botas altas y grandes espuelas, con gran diversión para los peones, naturalmente, pero con no menor mengua de mis reservas de grasa”.[33]

De los aditivos del vestuario, es importante recalcar el relacionado con el sombrero; parte fundamental de la vestimenta de los viajeros de todos los niveles sociales que trasegaron por el Camino del Quindío.

Los sombreros de paja de la palma de toquilla procedían del Ecuador; hacía comienzos del siglo XIX empezó a ser cultivada en el municipio de La Unión, al nordeste del departamento de Nariño y allí se le denominó jipijapa.  La fabricación de sombreros se extendió por el Camino del Quindío hacia el norte del país, gracias a la fácil adquisición de la materia prima, que se conseguía de manera silvestre.

El nombre de la palma cambiaba según la región, se la conocía como palmilla, palmiche, murrapo, iraca o nacuma.  Otro de los sombreros usados por la época del desarrollo de la independencia eran los sombreros denominados: Panamá, se fabricaban en Antioquia; hoy día, se conocen con el nombre de sombrero aguadeño, producidos por hábiles tejedores de la época: años 1820 y 1822.                                                                                                                                                                            

Los campesinos cubrían sus cabezas con sombreros de palmilla, palmiche, murrapo, iraca o nacuma, calzaban alpargates y/o botas de cuero, según su condición económica, provistos de grandes ruanas de lana tejida para preservarse del frío en el paso del Boquerón del Páramo.  Vestían pantalón a cuadros o de rayas, fabricados con telas burdas, provenientes del Socorro; trasegaban por el Camino del Quindío con sus petacas a cuestas, construidas de chusque o guaduilla; donde transportaban su provisión y/o mercaderías para remontar el paso del Quindío.

En las partes frías del camino para dormir utilizaban vestidos consistentes en una franela gruesa, por encima de ésta una camisa de dormir de lana y superpuesta una chaqueta gruesa. Además, de los calzoncillos de franela y unos pantalones de corduroy (tela gruesa).[34]

 

ALIMENTACIÓN

 

La alimentación era el punto más importante para el cruce del Camino, de ella dependía la vida de los viajeros, en este punto se prestaba mucha atención, las raciones eran calculadas y habían cargueros destinados únicamente al transporte de la comida. 

La alimentación era pactada antes de salir, corría a cargo del viajero, por lo general, la de los silleros que llevan gente,  los otros debían llevar sus alimentos.

Corre a cargo del empresario de los silleros y peones la alimentación, consistente en carne cecina, tanto de res como de cerdo y arroz en determinada cantidad por persona.  Además de bizcochos de maíz, huevos duros, panela, chocolate, ron, sal y cigarrillos

En los pueblos de las puntas del Camino se tenía un variado recetario limitado por  varias circunstancias. Provisión, clase social, manejo, transporte y conservación de los alimentos, determinaban el tipo de viandas que se preparaban en las diferentes manifestaciones culinarias para su consumo.  Éstos provenían de diferentes fuentes: vegetal, animal y mineral, como alimentos sazonadores  de origen mineral como sal.

La alimentación en el Camino del Quindío en el tiempo de La Independencia, se encontraba ligada a la producción local y a la importación de alimentos, transportados por el río Magdalena, con centro de acopio en el puerto de Honda, de donde se comercializaban y transportaban. 

“En el momento cuando iba a internarme en el Quindío, recibí la orden de vender un aprovisionamiento de alimentos en conserva, destinados a una expedición que debía haber llevado a Santiago de Veragua al oeste de Panamá, pero que fue suspendida. En consecuencia abrí un almacén, después de haber hecho anunciar por  medio de tambores que se procedería a la venta de conservas, de jamones y de lenguas ahumadas, a precio fijo”. [35]

Dentro del grupo de productos utilizados en la preparación de alimentos podemos citar los siguientes: tubérculos y raíces como: yuca,  papa, achira; granos como: maíz, arroz, lentejas y frijoles; condimentos culinarios y colorantes como: el culantro o cilantro cimarrón, colorante de alimentos, la bija o achiote; verduras, hortalizas y legumbres como: plátano, chachafruto, cidrayota, chontaduro, árbol del pan,  el míspero, al igual que otros frutos encontrados en la selva.

De origen animal: los que generalmente se lograban en las tupidas selvas; animales salvajes, y los domésticos que les proporcionaban carne o leche. Los animales domésticos, como los vacunos, originarios de las planicies del Valle del Cauca y del Tolima, los cerdos, abundantes en ambas laderas del paso del Quindío.  En la parte de Salento se hallaban manadas salvajes de cerdos que merodeaban las selvas y se alimentaban de los frutos de la Palma de Cera del Quindío.  Otros animales caseros fueron las aves domésticas, como las gallinas, pavos y patos.

La selva aledaña al Camino suministraba carne producto de la caza de animales como: tapir o danta, venado, oso de anteojos, pantera, zorra, guagua, conejo, oso hormiguero, ardilla, perro de monte, comadreja, erizo, tigrillo o jaguar, lobo, perico ligero, armadillo, tatabro, zaino, mono aullador. 

La caña de azúcar y sus derivados: miel y panela, fueron fundamentales en la alimentación y fabricación de bebidas espirituosas como el aguardiente, chicha  y otras que se consumían en el paso del Camino, especialmente para mitigar la sed y alegrar la soledad que representaba el paso por estas tierras.

La producción de alimentos fue limitada y se obtenía lo indispensable para el sustento de los viajeros; las diferentes contiendas por la causa libertaria generaron el abandono y descuido de las primeras unidades agrarias establecidas.

El trasegar permanente de viajeros admitió la fundación de tambos en las orillas del Camino, que permitieron el establecimiento de pequeños cultivos de pancoger, según el piso térmico y condiciones edáficas.  Se cultivaba maíz,  cacao, algodón, plantas medicinales, arroz, frijoles, victoria, yuca, plátano, caña de azúcar, frutales, con simientes procedentes de la provincia de Cartago e Ibagué.

El  maíz representó la mayor cantidad de alimento utilizado por los viajeros.  Se consumía en variadísimas presentaciones de productos comestibles, tales como mazorca asada, granos de mazorca fritos con huevo,  bizcocho cerero, arepas, mazamorra, envueltos, tamales, etc.  Animales como la  gallina, la paloma, el pato, el cerdo, la oveja, la cabra, la vaca también hicieron parte de la dieta alimenticia de los viajeros.

La sal utilizada en el adobo de los alimentos, en su mayoría  llegaba por la ruta del Quindío; el resto se obtenía de las llamadas fuentes saladas manipulando los procedimientos aborígenes, que consistía en someter a la evaporación el agua, al final quedaba en el fondo de las múcuras de barro la sal en estado sólido en forma de terrones de sal.

En las espesas selvas perseguían animales de monte como guaguas, guatines, venados y tatabras; una vez cazados se preparaban para adicionar la provisión de alimentos necesaria para el cruce del Camino.  La carne obtenida se partía en tiras que se salaban y ahumaba.

La preparación de las comidas se limitaba a los momentos de pernoctar, al término de la jornada diaria de viaje, una vez establecido el campamento se prendía lumbre y alistaba fogón para la preparación de platillos sencillos, empleando los alimentos que transportaban y los obtenidos en el sitio donde acampaban; estos podían ser sopas, especialmente, la sopa de arroz, consistente en una aguasal a la que se le adicionaba patatas, arracachas y tasajo (carne seca ahumada) y se le daba espesor mediante la adicción de arroz; al momento de su consumo, se acompañaba con arepas de maíz. Otros alimentos que hacían parte del bastimento eran los bollos de maíz, huevos duros, panela chocolate, ron, sal, plátanos verdes secados al horno, llamados fifí.

“El bastimento que debíamos llevar consistía en tiras de carne seca  de res, bizcochos de maíz, huevos duros, azúcar en bruto (panela) chocolate, ron pedazos de sal que se conocen con el nombre de “piedras” y resisten la humedad, y cigarros, yo debía alimentar solamente a los cargueros que llevaban los víveres, la cama y las hojas de bijao; los otros llevaban su propia alimentación o sea “tasajo”, panela, chocolate, arepas y sobre todo fifi…”.[36] 

Al amanecer, antes de emprender de nuevo la marcha, se desayunaba con alimento caliente: tortilla de huevos, patatas asadas al rescoldo, y una buena taza de chocolate. Otros alimentos ligeros a la hora del desayuno o la cena eran chocolate con pan, las arepas de maíz, la mazamorra de maíz pilado y hervido al cual se  le añadía leche, acompañada de un trozo de panela.

 

AMBIENTE

 

La zona comprendida por el Camino del Quindío presentaba un alto grado de biodiversidad, definida por su variedad de pisos climáticos y formaciones geológicas.  En la zona se desarrollan una flora y  fauna muy rica y exuberante, generada por las diferencias de altura, cuya especie más significativa fue y es la palma de cera del Quindío, tan magnífica que fue declarada árbol nacional.

Además, en su recorrido se encuentra el bosque de niebla con su fauna y flora característica, el bosque de frailejones y vegetación de páramo que protege y conserva el agua, los loros orejiamarillos que viven en las palmas de cera, el oso de anteojos, los tigrillos, perezosos, venados  y otra pequeña fauna de guatines, tatabras, pavas de monte, mariposas y pájaros, mucha de esta flora y fauna fue aprovechada por los viandantes y luego por los colonos que llegaron a la zona.

Las  condiciones ambientales permiten deducir el perfecto equilibrio ambiental y fuente de recurso hídrico, proporcionado por su exuberante vegetación, y las formas del relieve, que permitían el origen de considerables número de fuentes hídricas y variedad biodiversa, que aún son fundamentales para nuestra región.

Las descripciones de la biodiversidad del Camino del Quindío fueron permanentes y en todas las etapas de la historia. Los viajeros se extasiaban de la exuberancia de la flora, fauna y belleza del paisaje.  Además, se percataban de fenómenos naturales como la actividad volcánica y sísmica:

“Hay en ella un volcán de humo que respira en la gran sierra, bien conocida por sus laderas nombradas de Toche, en que por una barandilla de piedra, que los españoles han labrado en ellas, se transitó de Ibagué á Quimbaya: de esta sierra bajan muchos arroyos que riegan y fertilizan la provincia, y por los más de ellos hay fabricados puentes de guaduas que facilitan el paso aunque asustan con los columpios.” [37]

“Como los cañaverales son tan espesos hay muchas alimañas por entre ellos y grandes leones, y también hay un animal que es como color parda, la cabeza tiene como zorra; vi una vez una de estas, la cual tenia siete hijos que estaban junto a ella, y como sintió ruido abrió una bolsa que natura le puso en la misma barriga y tomó con gran presteza los hijos, huyendo con mucha ligereza, de manera que yo me espante de su presteza, siendo tan pequeña y corre con tanta carga, y que anduviera tanto. Llaman a este animal chucha.  Hay unas culebras pequeñas de mucha ponzoña, y cantidad de venados, y algunos conejos y muchos guadaquinajes, que son poco mayores que liebres, y tienen buena carne y sabrosas para comer. Y otras muchas cosas que dejo de contar porque me parecen que son menudas”. [38]

Contrario a narraciones negativas relacionadas con los factores naturales, de algunos viajeros, Humboldt describe a Ibagué así:

“El clima es excelente, más suave que el de Fusagasugá; la avanzada edad de sus habitantes da testimonio de la salubridad del aire; el suelo es magnífico y produce cuanto se cultive (productos de clima frío y cálido); el valle es eternamente agradable y hermoso (...) La montaña del Quindío  es uno de los sitios más ricos en plantas útiles e interesantes.  Allí encontramos la palma  Ceroxylon andicola, cuyo tronco está cubierto por una especie de cera vegetal; las pasifloras arbóreas y la magnífica Mutisia Grandiflora, cuya flor escarlata tiene una longitud de 16 centímetros”.[39]

 Y más adelante las características del suelo así:

“Como casi toda la cordillera, esta parte de los Andes es de superficie arcillosa, habiendo formado barrancos de 6 á 7 metros de profundidad los hilos de agua que bajan de la montaña. Por estas grietas llenas de lodo se anda, no obstante las oscuridades que produce la espesa vegetación que cubre las aberturas. Los bueyes, bestias de carga que se usan en estas comarcas, difícilmente pasan por dichas galerías que tienen hasta 2,000 metros de largo, y si se tropieza con ellos por desgracia en el centro de los barrancos, hay que desandar el camino recorrido ó subirse á los bordes de la grieta sujetándose á las raíces que del suelo penetran hasta allí”. 

Un elemento importante que marcó el ambiente del camino fue el agua.

Este paso en la montaña podía carecer de muchas cosas, pero no de agua, agua en los torrenciales aguaceros, agua en ríos y quebradas, agua en nacimientos, aguas puras, delgadas, salitrosas, sulfurosas, gaseosas, azufradas, picantes como ají, contaminadas, lodosas, calientes, heladas, frescas, agua útil, necesaria o agua que molesta, pero agua, mucha agua en el camino.

Aunque todos los viajeros hacen referencia al agua, es Boussingault quien continuamente está describiendo este elemento, lo exalta, lo ve y lo siente continuamente, como se puede apreciar en las siguientes citas:

“En Ibagué se dispone de víveres en abundancia y cantidades considerables de agua limpia (…) Con mucho placer volví a ver la bonita cascada y tomé un baño frío de ácido carbónico para calentarme. Tomé el desayuno a la orilla del río, donde se sentía el olor de ácido sulfídrico (…) A las 8 y media estábamos en Aguacaliente (altitud 2.276 metros); la temperatura del agua de la fuente caliente era de 53,3°…”.[40]

“Al llegar al alto sentí una sed ardiente y mis guías me dijeron que conocían una fuente cerca de allí, pero que no era posible beber de esa agua por su sabor picante (ácido), es decir, “que sabía a ají”.[41]

Y así, ese viajero del siglo XIX sigue probando y examinando las aguas que encuentra a su paso.

“A pesar de lo triste de mi estado, visité una fuente gaseosa caliente, cerca de San Juan, en la orilla derecha. La abertura tenía un metro de largo por medio metro de ancho; el agua parecía hervir, pero al meter allí la mano la temperatura era poco elevada, pues la agitación del líquido provenía de un fuerte desprendimiento de gas carbónico. El termómetro se mantenía a 35.6° y encontré que el agua era agradable para beber, con un sabor ligeramente agrio parecido al de la fuente del alto del Machín; no se veía la salida del agua pero los cargueros decían que el pozo era profundo (…) A las 5 de la tarde llegué al torrente de Tochecito, cuya agua me pareció glacial…”[42]

Y esta otra cita donde aparentemente el agua escasea porque todo lo que los rodea es lodo, pero encuentran otro recurso para obtenerla:

“… uno camina entre guaduales expuesto a las espinas de esas gigantescas gramíneas y en un barro que llega a las rodillas; en el Camino me refrescaba con el agua que se obtiene de las guaduas, practicando una abertura por encima de uno de los nudos de la vara; con una sola punción obtuve ¼ de litro de líquido; agua clara y fresca y como lo demostró después un análisis, casi pura.” [43]

 Así pues, la privilegiada situación geofísica y la densidad de la selva, hicieron del agua un elemento presente y abundante en todo el recorrido del Camino del Quindío.

La riqueza de la flora siguió siendo portentosa, en 1865 M. E. André, vuelve y admira la naturaleza de esta región y exclama:

“A través de esta vegetación rica en prodigios, llegamos à la hacienda de las Cruces, donde el inteligente y emprendedor don Ramón Cárdenas, tenía plantada, à tres mil metros de altura, su tienda en la cual debía concedernos cariñosa hospitalidad.  Llegamos à las cruces el día 8 de marzo à las cinco de la tarde, sucios, rendidos de cansancio y llenos de harapos (…) La flora del Quindío, que se ostenta en toda su variedad, me dejó atónito por su riqueza (…) ¡Qué admirable colección de plantas de hojas ornamentales propias para agregar a las que han conquistado ya el público a favor en los paseos y jardines parisienses! Las que más me llamaron la atención por su extraordinario desarrollo pertenecen a los géneros artanthe, solanum, cecropia, xanthosoma, ficus, pionandra, boccona, laportea, a las melastomáceas, helechos, escitanmíneas, etc.”. [44]

Y más adelante en 1892, cuando don Heliodoro Peña escribe su “Geografía e historia de la Provincia del Quindío”, para enseñanza de sus alumnos, enumera una infinidad de animales existentes en la región que no queda más que volverlos a nombrar:

Tapir o danta, ciervo, oso negro, león común, zorra, guagua, conejo, oso hormiguero, ardilla, perro de monte, comadreja, erizo, tigre o jaguar, lobo, perico ligero, armadillo, tatabro, zaino, y además los monos uluntos y los átales, pava, paloma, tórtola, carriquí, chamón, carpintero, guacamayo rabiamarillo, perico, soledad, turpial, mirla, jilguero, cóndor de los andes, águila, gavilán, cirirí, tijereta, garrapatero, iguana, culebra coral, equis, cazadora, etc.

En la parte vegetal: arenillo, cedro, caoba, negro y blanco, laurel, aguacatillo, ciprés, guayacán, nogal, pino, campeche, y achiote. También se producía otoba, acónito, árnica, ruibarbo, romero, amapola, cebada, culén, altea, licopodio, acedera, vainilla, quinas etc.”. [45]

Puede concluirse que el Camino del Quindío, no solo fue importante por toda la actividad científica que en él se desarrolló, por la integración que permitió después de La Independencia, entre el centro y el sur de la nueva república, sino porque posibilitó el desarrollo económico de esta región, amarrado al impulso de La Colonización, como política de Estado. También por la apertura de las tierras aledañas a los caminos, que facilitaron la iniciación de tambos y posadas y el impulso de la creación de pueblos, como fue la fundación de La Aldea de Nueva Salento, primer poblado organizado en el Quindío.

 

 

 

 

ALVARO HERNANDO CAMARGO BONILLA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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PEÑA, Heliodoro. Geografía e Historia de la Provincia del Quindío. Popayán, Imprenta Departamental, 1892. Documento No. 5, p. 115



[1] Acevedo Tarazona Álvaro. El Camino en el centro occidente de Colombia.  La Ruta, La retórica del paisaje y los proyectos de poblamiento

[2] El camino Quindío en el centro occidente de Colombia. La ruta, la retorica del paisaje y los proyectos de poblamiento. Álvaro Acevedo Tarazona. Universidad Tecnológica de Pereira. Pág.12

[3] HUMBOLDT, Alexandro, en el paso del Quindío,  www.scribd.com  doc./3196922

[4] HUMBOLDT, Alexandro, en el paso del Quindío,  www.scribd.com  doc./3196922

 

[5] HUMBOLDT, Alexandro, en el paso del Quindío,  www.scribd.com  doc/3196922

[6] Revista Credencial Historia, El trayecto colombiano de Humboldt, Bogotá febrero 2000 No. 122, Biblioteca Luis Ángel Arango, blaa digital.

[7] ANDRE, M.E. Viaje a la América equinoccial, en América Pintoresca , Tomo III, Ed. Carvajal Santander de Quilichao,  págs., 669-683

[8] Manuel Antonio del Campo y Rivas” compendio  histórico de la fundación, progresos y estado actual de la ciudad de Cartago en la provincia de Popayán en el Nuevo Reino de Granada de la América Meridiana Pág. 38 y 39l” año  de 1803

[9]. COCHRANE, Charles. Viaje por el interior de las provincias de Colombia, Biblioteca Luis Ángel Arango blaa digital

[10] Memorias de Jean Baptiste Boussingault  Edición original: 2004-06-25 Edición en la biblioteca virtual: 2004-06-25  Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República  Creador: Jean Baptiste Boussingault 

[11] Memorias de Jean Baptiste Boussingault  Edición original: 2004-06-25 Edición en la biblioteca virtual: 2004-06-25  Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República  Creador: Jean Baptiste Boussingault 

[12] Memorias de Agustín Codazzi  Edición original: Caracas, Univ. Central de Venezuela. 1970  Autor: Codazzi Agustín

[13] Journal residence and travels Colombia during the years 1928 of Capt. CHARLES STUART COHRANE. Vol. II

[14] Viajes por el interior de las provincias de Colombia (1823) imprenta del Banco de la República Bogotá. Pág.178

[15] Memorias de Jean Baptiste Boussingault, Edición original: 2004-06-25 Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República  Creador: Jean Baptiste Boussingault 

[16] HISTORIA DE LA LITERATURA EN NUEVA GRANADA JOSE MARIA VERGARA Y VERGARA CAPITULO XIV Francisco José de Caldas. — El Semanario del Nuevo Reino. 1800-1810.

[17] Memorias Histórico Políticas del General Joaquín Posada Gutiérrez Autor: Joaquín Posada Gutiérrez  Edición original: Bogotá, Imprenta Focion Mantilla, 1865  Edición Biblioteca Virtual: Bogotá, Junio de 2005.

[18] Álvaro Hernández V. Una orden para comparecer (Ibagué, 1947)www.revistanumero.com/19orden.htm

[19] Tomado de la revista AÑOS HA. AHORA QUE EL INSTITUTO GEOGRÁFICO AGUSTÍN CODAZZI. www.salento.com.co/htmlesp/alomo_de_ndio.htm

 

[20] Memorias de Jean Baptiste Boussingault  Edición original: 2004-06-25 Edición en la biblioteca virtual: 2004-06-25  Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República  Creador: Jean Baptiste Boussingault

[21] HUMBOLDT, Alexandro, Viaje por Ibagué, www.lablaa.org/blaavirtual/.../ibague1.htm 

[22] HUMBOLDT, Alexandro, Viaje por Ibagué, www.lablaa.org/blaavirtual/.../ibague1.htm

[23] HUMBOLDT, Alexandro, Viaje por Ibagué, www.lablaa.org/blaavirtual/.../ibague1.htm 

[24]Titulo: Memorias de Jean Baptiste Boussingault Edición original: 2004-06-25 Edición en la biblioteca virtual: 2004-06-25 Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República

[25] Journal residence and travels Colombia during the years 1928 of Capt. CHARLES STUART COHRANE. Vol. II

[26] Vida de Humboldt  Extractos de sus diarios. Viaje por la cordillera de los Andes. Edición: Biblioteca Virtual del Banco de la República

 

[27] ALEXANDER VON HUMBOLDT EN COLOMBIA EXTRACTOS DE SUS DIARIOS. Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Obra suministrada por la Biblioteca Luis Ángel Arango, Colombia. Pág. 199

[28] VIAJES POR EL INTERIOR DE COLOMBIA CORONEL J. P. HAMILTON

[29] MARTINEZ Zulaica Antonio. La Medicina del siglo XVIII en el Nuevo Reino de Granada. Edit. La Rana y el Águila. Tunja 1973.Pag. 62

 

[30] Memorias de Jean Baptiste Boussingault  Edición original: 2004-06-25 Edición en la biblioteca virtual: 2004-06-25  Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República

[31] ALEXANDER VON HUMBOLDT EN COLOMBIA EXTRACTOS DE SUS DIARIOS. Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Obra suministrada por la Biblioteca Luis Ángel Arango, Colombia. Pág. 199

[32] ALEXANDER VON HUMBOLDT EN COLOMBIA EXTRACTOS DE SUS DIARIOS. Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Obra suministrada por la Biblioteca Luis Ángel Arango, Colombia. Pág. 199

 

[33] ALEXANDER VON HUMBOLDT EN COLOMBIA EXTRACTOS DE SUS DIARIOS. Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Obra suministrada por la Biblioteca Luis Ángel Arango, Colombia. Pág. 199

 

[34] COCHRANE, Charles Op. Cit.

[35] Memorias de Jean Baptiste Boussingault  Edición original: 2004-06-25 Edición en la biblioteca virtual: 2004-06-25  Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República

 

[36] Memorias de Jean Baptiste Boussingault  Edición original: 2004-06-25 Edición en la biblioteca virtual: 2004-06-25  Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República

 

[37] Historia General de las Conquistas del Nuevo Reino de Granada  Autor: Fernández de Piedrahita Editorial Kelly, 1973, Vol. I Cap. VII.

[38] CIEZA DE LEON Pedro. Crónicas del Perú de la Provincia Quimbaya. 1553.

[39] Viaje de Humboldt por Colombia y el Orinoco Ibagué

[40] Memorias de Jean Baptiste Boussingault  Edición original: 2004-06-25 Edición en la biblioteca virtual: 2004-06-25  Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República

[41]  Memorias de Jean Baptiste Boussingault  Edición original: 2004-06-25 Edición en la biblioteca virtual: 2004-06-25  Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República

[42] Memorias de Jean Baptiste Boussingault  Edición original: 2004-06-25 Edición en la biblioteca virtual: 2004-06-25  Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República

[43] Memorias de Jean Baptiste Boussingault  Edición original: 2004-06-25 Edición en la biblioteca virtual: 2004-06-25  Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República

[44] Monografías de Rufino Gutiérrez. Tomo I  Autor: Gutiérrez Rufino Edición original: Bogotá, Imprenta Nacional. 192

[45] PEÑA, Heliodoro. Geografía e Historia de la Provincia del Quindío. Popayán, Imprenta Departamental, 1892. Documento No. 5, p. 115

domingo, 19 de noviembre de 2023

TRATASE DEL VOLCÁN DE CARTAGO.


TRATASE DEL VOLCÁN DE CARTAGO.


"Pero no podré excusar tratar algunas otras cosas que ellos no han tratado y de su volcán y lo que con él sucedió el año de mil y quinientos y noventa y cinco (1595), a doce de marzo, domingo de Lázaro, que llamamos en la cuaresma.

La reventazón que con evidencia vieron y oyeron los de este Reino fue a doce de marzo, domingo de Lázaro del año de mil quinientos noventa y cinco (1595), como a las once del día, cuando dio tres truenos sordos como de bombarda, tan grandes que se oyeron más de treinta leguas por toda su circunferencia, causados de haber reventado esto cerro por bajo de la nieve por el lado que mira al Este y nace este río Gualí. Abrió de boca más de media legua, en que quedó descubierta mucha piedra azufre, y debió sin duda hacerse la reventazón por el lado y faldas que siempre las tenía abiertas por muchas partes, á causa de que debe de tener fuego muy profundo, y la boca de la cumbre angosta, y poder por allí vomitar tanta maleza como arrojó en esta ocasión. En la parte por donde reventó ahora tienen su principio dos famosos ríos, el que hemos dicho de Gualí, vecino a esta ciudad, y otro mayor que él, á cinco leguas camino de la de Ibagué, que llaman el de la Lagunilla, ambos, como hemos dicho, dé la nieve que se derrite de lo alto. Estos debieron de atajarse con la tierra que arrojó la reventazón, y rebalsando algún tiempo sus corrientes, salieron después con

tanto ímpetu, ayudado por ventura de nuevas fuentes que se abrieron en esta ocasión, que fué cosa de asombro sus crecientes, y el color del agua que traían, que más parecía que agua, masa de ceniza y tierra, con tan pestilencial olor de piedra azufre que no se podía tolerar de muy lejos. Abrasaba la tierra por donde se extendía el agua y no quedó pescado en ninguno de los dos que no muriese. Fue más notable esta creciente que en el río de Gualí, en el Lagunilla, cuya furia fue tal que desde donde desemboca por entro dos sierras para salir al llano, arrojó por media legua muchos peñascos cuadrados, en que so echó de ver su furia más que si fueran redondos, y entre ellos uno mayor que un cuarto de casa. Ensanchase por la sabana más de media legua de distancia por una parte y otra, mudando por la una de nuevo la madre, y anegando la inundación todo el ganado vacuno que pudo antecoger en cuatro ó cinco leguas, que fue así extendido hasta entrar en el de la Magdalena, abrasando de tal manera las tierras por donde iba pasando, que hasta hoy no han vuelto á rebrotar sino cual y cual espartillo. No se sabe haber hecho otros daños.

A la parte oriental de esta ciudad, siete u ocho leguas va corriendo Norte Sur la gran cordillera de los Andes, de quien tantos han tratado; la cual por esta parte y por la que mira al Oriente, que da vista al Valle de Neiva, por donde corre el Río de la Magdalena, hace espaldas a las grandes Provincias de los Pijaos; y por la que mira al Occidente las hace también a las Provincias de los Putimaes: gente los unos y los otros confederada por la igualdad que tienen en alterados ánimos, guerreros bríos y voraces hambre de carne humana; un pedazo de esta cordillera, que es de más levantadas cumbres y de distancia de más de cuarenta leguas (según me ha parecido siempre que la he visto de lejos), está toda nevada, sin que en toda la vida se descubra, antes cayendo siempre una sobre otra, debe de ser mucha la que hay al principio de esta región nevada, que corre Norte Sur; tomándola por la parte del Norte, levanta una teta o peñol redondo y tan alto, que de casi todas las partes, que lo son en este Nuevo Reino, se descubre siempre que el tiempo está despabilado y de buen brusco, por estar tan empinado y todo él cubierto de nieve, fuera de lo último de su cumbre, que la derrite la fuerza del calor. Fuego y humo que sale a las veces por la boca que tiene abierta, en que ge

remata su punta, que a las veces suele ser de manera que de noche, bien a lo largo de él, a su pie y faldas, que ya no están nevadas, se puede leer una carta. Bajará en redondo ocho leguas, y distará de la ciudad de Cartago diez y siete, por donde va el camino, aunque por el aire se pueden quitar las diez.

Sucedió, pues, que el día, mes y año dichos, habiendo salido el sol muy claro y despabilado, a dos horas de su luz, que sería como a las ocho, salió de este volcán un tan valiente, ronco y extraordinario trueno, y tras él otros tres no tan recios, que se oyeron en distancia de más de cuarenta leguas en su circunferencia, y mucho más a la parte que soplaba el viento; tras los cuales comenzaron a salir tan crecidos borbollones de ceniza orizente (?) una noche muy

oscura de tempestad y sin luna, y comenzó a caer envuelta con piedra pómez, tan menuda como arena, que fue acrecentándose poco a poco, hasta ser como menudo granizo, y que hacía el mismo ruido que en los tejados. Duró esto como dos horas, habiéndose aclarado algo el aire, hasta que después de ellas tornó a oscurecerse con un nubarrón tan espeso que no se podía leer una carta, con ser casi medio día, prosiguiendo siempre el llover la ceniza y piedra pómez, hasta las dos del día, con aquella oscuridad, ponqué aclarando entonces, quedó el horizonte como día nublado. No cesó de llover de esta ceniza en toda la noche, de suerte que a la mañana estaba toda la tierra cubierta do más de una cuarta de piedra pómez y ceniza, que bajando pegajosa con la humedad que debía de tener el volcán de donde salía, se pegaba mucho a donde quiera que caía; y así se descubrió al otro día la tierra tan triste y melancólica, cubierta de ceniza, árboles y plantas, sembrados, casas y todo lo demás, que parecía un día de juicio. Los ganados bramaban por no hallar qué comer; las vacas no daban leche a sus becerros; las legumbres de las huertas no se parecían, y como por la mayor parte es toda esta tierra de montañas y arboledas, que todo el año están frescas, verdes y alegres a la vista, se acrecentaba la melancolía de verlas hechas montes y árboles de ceniza, que se extendió tanto hacia la parte del Occidente, adonde debiera de correr el viento, que llegó hasta la ciudad de Toro, que está de la de Cartago veintiocho leguas, que con las ocho que hay de volcán a la ciudad de Cartago, vienen a ser más de treinta y seis las que voló, con gran daño de esta ciudad de Toro, pues acertando a estar tiernos los maíces, todos los derribó. Los ríos y quebradas corrían espesos, de suerte que los peces que tenían huían de una parte y otra sin saber a dónde; muchos de ellos saltaban a tierra buscando socorro contra el raudal de la ceniza.

Acudió al del cielo la ciudad de Cartago con procesiones, sacrificios y otras plegarias a Dios, que fue servido con su acostumbrada piedad usarla en esta ocasión, enviando tan abundantes aguaceros, jueves y viernes siguientes, que lavaron todos los árboles y tierra, dejándola alegre y regada, de que estaba harto necesitada, por estar muy seca antes quo sucediera esta tempestad. La cual conocieron algunos caminantes que yendo de la ciudad de Mariquita á Cartago, tres días antes tuvieron tan grandes temblores y bramidos de tierra, que entendieron perecer, y el sábado en la noche, antes del domingo que llovió esta ceniza, vieron estos españoles que arrojaba el volcán gran número de piedras pómez, tan grandes como huevos de avestruz; de allí para abajo hasta grueso de huevos de paloma, tan encendidos y chispeando, como sale el hierro de la fragua, que parecían estrellas erráticas; daban algunas sobre ellos y sobre sus caballos, que no los inquietaban poco.

La parte que este cerro mira al Oriente, que es la de la ciudad de Mariquita, por una pequeña abra, por donde salía tanta agua como una naranja, reventó con tan gran fuerza que hizo una abertura de más de trescientos pasos en ancho, y de doscientos estados en hondo (de suerte que se hubo de echar el camino real que iba por allí, por otra parte), y por la que salía la poca agua comenzó a salir tanta como grueso de dos bueyes, que dura hasta hoy, con que creció en aguas el río de Gualí, que es el que riega los cimientos de la ciudad do Mariquita; el cual y otro su compañero, que corre al Sur, que llaman el de la Lagunilla, y se originan ambos de la nieve que se derrite de este cerro, corrían tan cuajados de ceniza que más parecía mazamorra de cernada que agua.

Salieron ambos de madre, dejando la tierra por donde derramaron tan quemada, que en muchos años después no producía la tierra ni aun pequeñas hierbas; los pescados de ambos ríos, que por ser muy grandes tienen muchos, no pudiendo huir de la tempestad encenizada que los traía antecogidos, perecían entre aquel barro cenizoso, que llegando así ambos ríos al de la Magdalena, donde entran, no dejaron de turbarle algo sus aguas, aunque son tantas.

Paréceme podemos conjeturar en el suceso de este volcán lo mismo que dijimos en nuestra segunda parte del de la Grita, que hizo volar aquel cerro en el Valle de los Bailadores, porque según vemos en el reventar tanta agua en este de Cartago, debió de ser que ella venía por una gran caverna, desmandada de otra parte por aquella cordillera abajo, y llegando a aquel volcán que allá en las entrañas está ardiendo, como se conoce en el fuego y humo que echa de cuándo en cuándo, con la contradicción del agua y fuego le hizo vomitar aquella ceniza y piedra pómez por donde pudo (al modo que se levanta la ceniza cuando se le echa agua al fuego), y reventando ella por la parte más flaca, vino a salir aquel borbotón de agua tan grande y a durar sin cesar, por durar el origen de donde viene."

Fuente: FRAY PEDRO SIMÓN. NOTICIAS DE LAS CONQUISTAS DE TIERRA FIRME EN LAS INDIAS OCCIDENTALES DEL NUEVO REINO DE GRANADA TOMO IV CAPÍTULO VI. Pág. 186

miércoles, 1 de noviembre de 2023

EL INGENIO INDIGENA EN LA CONSTRUCION DE PUENTES.


EL INGENIO INDIGENA EN LA CONSTRUCION DE PUENTES.
 
“El ingenio de los indígenas halló el medio
de pasar los ríos, valiéndose de un arte que luego imitó la sabia Europa
llevándolo a la perfección: los puentes colgantes. “
Peregrinación de Alpha: por las Provincias del Norte de la Nueva Granada, en 1850 – 51
 
“Los más principales son: el río de Tacurumbi, el de la Cegue, el que pasa por junto a la ciudad, y otros que no se podrán contar, según son muchos; en tiempo de invierno, cuando vienen crecidos, tienen sus puentes hechas de cañas atadas fuertemente con bejucos recios a árboles que hay de una parte de los ríos a otra.”
Capítulo XIV LA CRONICA DEL PERU PEDRO CIEZA DE LEON.
 
 “LA PROVINCIA DE QUIMBAYA”
A la llegada de los españoles en 1540, el territorio conformaba un cacicazgo gobernabado por los caciques: Tacurumbí (Tacoronvi) (Chinchiná), Yamba, Co, Consota, Pindaná, Bía, la cacica Ague, Tampa, Cegue, Pindana, Quindío, Guáquita, Pión, Cohinja, Noguo, Pormasa, Yagoyago, Taguambí, Turcunda Saytama, Utancua, Sasacumbi, Conche, Tatacui, Pagua, Orobi, Tarira, Chalima y Jimbatí. Pueblos subyugados sometidos por los conquistadores.
“La provincia de Quimbaya”, territorio delimitado desde el rio Cauca, hasta la montaña nevada de los Andes del Quindío, con una extensión estimada en quince leguas de longitud y diez de latitud se toparon con  sorprendentes y caudalosos ríos como el de la Vieja, Tacurumbi, Otún, Consota, Cauca, Quindío, Cegue y Sopinga; afluentes que en tiempo de invierno se tornaban difíciles de vadear, sumando además, las frondosidades extensas de enmarañados cañaverales (guaduales), que dificultaban la expedición, abundancia que a la postre les favoreció en la solución de sus necesidades constructivas.


“Hay en ella un volcán de humo que respira en la gran sierra, bien conocida por sus laderas nombradas de Toche, en que, por una barandilla de piedra, que los españoles han labrado en ellas, se hace tránsito de Ibagué a Quimbaya” de esta sierra bajan muchos arroyos que riegan y fertilizan la provincia y por los más de ellos hay fabricados puentes de guaduas que facilitan el paso, aunque asustan con los columpios”.
Jorge Robledo atravesó el río Cauca en Irrá, empleando la técnica indigena, en balsas de guaduas liadas con bejucos, unidas en los dos extremos con palos atados, acarreadas por indígenas que a nado cruzaron a los soldados de uno en uno puestos entre dos guaduas, práctica que maravilló a los conquistadores.  Así franquearon la otra orilla soldados, caballos, víveres, armas, equipajes, y animales de cria y continuaron la conquista de la Provincia Quimbaya y fundaron Cartgo.
“Y por los ríos (que no hay pocos) tienen hechas puentes de unos grandes y recios bejucos, que son como unas raíces largas que nacen entre los árboles, que son tan recios algunos de ellos como cuerdas de cáñamo, juntando gran cantidad, hacen una soga o maroma muy grande, la cual echan de una parte a otra del río, y la atan fuertemente a los árboles, que hay muchos junto a los ríos, y echando otras, las atan y juntan con barrotes fuertes, de manera que quedan como puente.”[1]
Arroyos, ríos y quebradas de caudalosas aguas en tiempo de crecientes, por falta de puentes, detenía las tropas causando la demora y atraso en la conquista, por lo que les hizo utilizar el paso por puentes de bejucos y tarabitas (cuerdas fuertes y altas, y puestas en ella ciertas cabuyas ó sogas con que atan el cuerpo de la persona ó tercio que quieren pasar, con otras la van halando de una parte á otra para atravesar ríos).[2]
Es necesario
reconocer que los indígenas sabían de técnicas en el arte de abrir caminos y construir puentes colgantes,  tenían claro ubicaciones, distancias y puntos de ubicación de los puentes sobre los torrentes hídricos, observados en forma muy rigurosa para permitir vadear caños y ríos, en sus itinerarios de viaje Gracias a esto, los europeos reprodujeron el conocimiento en la construcción de puentes colgantes.

MANUEL ANCÍZAR MEMORIAS DE VIAJE,

En sus memorias de viaje, escritas durante su participación en el primer año de la Comisión Corográfica (1850-1851), recopiladas y publicadas bajo el título de Peregrinación de Alpha por las ocho provincias del norte (Vélez, Socorro, Tundama, Tunja, Soto, Ocaña, Santander y Pamplona), en la sección variedades del Neo-granadino a partir del 21 de mayo de 1850, hasta el 21 de diciembre de 1851, donde describe la técnica y destreza de los nativos en la construcción de puentes para vadear los ríos.



Los indígenas construían puentes apoyados en las ramas de corpulentos árboles, en las orillas los ríos, y en troncos clavados en el suelo y sustentados con bejucos ensortijados, de donde pendían otros bejucos más delgados, que sustentaban en su extremidad inferior unas guaduas horizontales, en las cuales se apoyaba el piso del puente de aproximadamente 60 centímetros de ancho, hecho con esterillas de guaduas, atadas a  las guaduas tendidas con bejucos delgados, estructura que oscilaba de tal manera, al solo paso de una persona, que era necesario ir asidos constantemente a los grandes bejucos suspensorios, que servían a la vez de pasamanos, para no vacilar y caer con las frecuentes sacudidas.[3]

“A flor de agua y uno enfrente de otro arrancan, en el paso de que trato, dos corpulentos árboles naturalmente inclinados hacia la mitad del río, despidiendo numerosas ramas robustas en todas direcciones; de estos árboles se valió el artífice del puente como de estribos capaces de resistir el ímpetu de las corrientes y puntos de apoyo de la fábrica. Una fuerte barbacoa de maderas lleva desde lo alto del barranco hasta encontrar el tronco del árbol; desde aquí parten cuatro gruesas guaduas trabadas a distancia de un palmo por atravesaños firmemente atados debajo, formando un piso sustentado en el aire por un espeso tejido de bejucos que bajan de las ramas del árbol y enlazan las guaduas, que añadidas unas a otras se prolongan de ribera a ribera, hasta encontrarse sobre el centro del río describiendo una curva irregular, cuya parte media se levanta cerca de ocho varas encima de las aguas. Conforme avanzan las guaduas hacia el ápice de la curva se multiplican los bejucos de suspensión, en términos que a la mitad del puente se espesan y juntan, y se cruzan y entretejen los de allá y los de acá con una profusión de nudos que indican el afán del artífice por salir airoso del difícil paso. Sobre las guaduas, y de media en media vara, hay planchas sacadas de la misma planta y afirmadas al piso con bejucos delgados. Finalmente, encima de estos atravesaños y en el sentido de la longitud del puente, hay un listón central de una tercia de ancho, formado de cintas angostas de guaduas, y destinado a ser el piso transitable del puente. Lo angosto de éste y la oscilación que le comunica el transeúnte, no permiten pasarlo a caballo ni con bestia cargada: las cargas.pasan poco a poco a espaldas de los peones, y el viajero toma su muía de diestro y empieza a hacer equilibrios sobre aquella maroma, viendo por entre las aberturas del piso las tenebrosas aguas del río, que ruedan veloces intimando sentencia de muerte al que caiga del movible puente, por cuanto la ruana, los zamarros y las estupendas espuelas orejonas no fueron inventadas para nadar.

Pasamos: y sea dicho en acatamiento a la justicia, mi mula lo hizo con más talento, serenidad y aplomo que su dueño.[4]

Estolones que liaban con bejucos que juntaban y enrollaban convirtiéndolas en largas y resistentes sogas que atravesaban de una orilla a otra del rio y las fijaban fuertemente a los árboles y les permitía vencer los impedimentos de los ríos y pasaban los aborígenes sin miedo, como si caminaran por tierra firme”.


Álvaro Hernando Camargo Bonilla.


[1] Crónica del Perú Cieza de León, Pedro Historia CAPÍTULO X De la grandeza de las montañas de Abibe, y de la admirable y provechosa madera que en ellas se cría. Fundación Carlos Slim Lago Zúrich. Plaza Carso II. Piso 5. Col. Ampliación Granada C. P. 11529, Ciudad de México. México.

[2] NOTICIAS DE LAS CONQUISTAS DE TIERRA FIRME. Pag. 73 CAPÍTULO XXXIIl, describe las dificultades al intentar los ríos y quebradas.

[3] José María Gutiérrez de Alba, "Puente colgante de bejucos en el Tolima. Curiosidades indígenas de Colombia", Chaparral (Tolima, Colombia):-, 1871. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2077674/), el día 2023-11-01.

[4] Ancízar, Manuel. Peregrinación de Alpha: por las provincias del norte de la Nueva Granada en 1850 y 51 1853. la imprenta Echeverría Hermanos en 1853. Repositorio Universidad Nacional.

 

viernes, 27 de octubre de 2023

ACAIME EL MOHAN QUE CUIDA DE LAS AGUAS.

 

ACAIME EL MOHAN QUE CUIDA DE LAS AGUAS.



Símbolo de la resistencia indígena, ante la crueldad de los conquistadores españoles.

Á los doce años de su fundación se rebelaron los Quimbaya á persuasión de un indio extranjero, natural de Panchi, llamado Acaima, gran Mohán y hechicero. Pudieron al fin tanto sus persuasiones, que se alzó la Provincia y vino sobre Cartago, trayéndolo a él por Capitán debajo de un palio de estera, vestido con una camisa de pecho de mujer, y por capa un faldellín colorado que había sido de una María de Mercado, española, que habían muerto a vueltas de otra gente, fuera del pueblo, a quien apretaron por muchos días de manera que les fue forzoso ir con dos mil pesos a traer socorro de soldados a Cali, con que se defendió la ciudad y desbarataron a los indios en una sangrienta batalla, donde peleó el Acaima valerosamente hasta que lo mataron, con que quedaron los Quimbayas quietos hasta hoy, y bien perseguidos de los Putimaes.

[1]

Según el cronista Fray Pedro Simón, Acaime fue un Mohán indígena, natural del territorio de los Panches, elegido para mediar con los espíritus y presidir los ritos religiosos, ceremoniales y de hechicería. Los indígenas acudían a él para pedir concejo y para que intercediera en las aguas cuando los ríos estaban secos. Por eso se designa como el Mohán que cuida las aguas.

Lo transportaban en andas, sentado en un palio de estera y vestido con la camisa y faldón de una española, María Mercado, asesinada por los indios.  Se le endilgaba poderes de vidente, lo que le permitía comunicarse con sus dioses y espíritus y de sus antepasados, además, encabezaba y tutelaba las ceremonias religiosas y ejercía de curandero.

Acaime se propuso derrotar a los invasores españoles que usurparon sus territorios emplazados en la cordillera del Quindío. La brutal arremetía conquistadora, hizo que Acaime convocara un conclave con la participación de los caciques de los Yalcones, Panches, Pijaos y Quimbayas, con el propósito de contarles sobre la visión que los espíritus le mostraban en sus sueños; para ello, se reunió por más de una semana y en el trascurso del conversatorio, les describió las visiones de sus sueños, predicciones en que jamás había fallado.

Les refiero que en sueños, los espíritus les habían revelado lo siguiente:  “Caerá rayo y fuego y solo cuando los indios de la tierra se unan llegará el dios dorado y entonces se ira todo el mal”. Ese día, el sol resplandeció tan fuerte e imponente que todos creyeron ciegamente que los dioses y los espíritus sagrados estaban de su parte.

Antes de terminar el concilio, Acaime les dijo que el tiempo del dios de oro llegaría pronto, pero tendrían que estar preparados, pues los espíritus le decían que no sería fácil la lucha contra los invasores. Este dios le revelo que cuando estuvieran juntos los cristianos y sus caballos, sacaría fuego de debajo de la tierra y los quemaría vivos. Según Acaime, el dios de oro mandó a matar a los cristianos por crueles y opresores. Concluida la junta, Acaime siguió su camino no sin antes decirles que él enviaría la noticia para el tiempo del dios de oro.

Más de 15.000, indígenas guerreros se alistaron para a guerra, armados de lanzas, macanas, flechas, hondas, dardos, cuchillos y grandes piedras, enfrentaron a los cristianos por mandato del dios de oro que lanzaría fuego de debajo de la tierra.

Los españoles disparaban sus armas de fuego sobre valerosos guerreros indígenas, dejando a más de 10.000 nativos muertos. Las lanzas caían y los cuerpos retumbaban en la tierra; las cabezas tronaban por el impacto de las piedras, rápidamente el monte prendió fuego, tal como lo habían vaticinado los espíritus, pero los españoles no disminuían su ataque. Los cuerpos los iban amontonando, y a los indios heridos los quemaban vivos en lanzas clavadas.

Algunos sobrevivientes fueron perseguidos hasta ser alcanzados y mutilados. Las carnes fueron enviadas en carretas a donde los Pijaos para demostrar que los españoles habían ganado la batalla del nuevo mundo. A lo lejos se veía la figura robusta de un hombre desconsolado, era Acaime que no creía lo que sus ojos observaban, parecía que el dios de oro llego con la furia prometida pero esta vez la descargo sobre el pueblo nativo y no sobre los españoles como él lo había dicho. Todo un dios le daba la espalda a un pueblo que lo veneraba, lo esperaban.

Meses después en una gran batalla entre indígenas sublevados y españoles que se realizó en Cartago, en 1557 puso en aprietos a la ciudad de Cartago  sería vencido y muerto el Mohán Acaime, símbolo de la resistencia indígena contra la dominación española.

Álvaro Hernando Camargo Bonilla.



[1] NOTICIAS HISTORIALES DE LAS CONQUISTAS DE TIERRA FIRME EN LAS INDIAS OCCIDENTALES POR FR. PEDRO SIMÓN DEL ORDEN DE SAN FRANCISCO DEL NUEVO REINO DE GRANADA. CAPÍTULO IV. Pág. 183

miércoles, 27 de septiembre de 2023

EL CAMINO DEL QUINDÍO Y LA VIRUELA.

 EL CAMINO DEL QUINDÍO Y LA VIRUELA.

Desde Cartago viejo (hoy Pereira), en agosto de 1541, a través de la ruta Quimbaya (camino del Quindío), se diseminó el contagio virulento en el territorio.
Los Quimbaya, aunque recelosos, recibieron, alojaron, brindaron amistad, proporcionaron alimentos y regalaron joyas de fino oro a los invasores. Gentileza que no fue suficiente para aplacar la voracidad, ambición, desdén, violencia y dominación de los invasores desenfrenada hacia los indígenas, degradación que se extendió durante toda la conquista.
Como si no fuera suficiente la barbarie ejercida, también llegaron por el camino del Quindío (“Hoya del Quindío”), contagios de enfermedades padecidas por los bárbaros colonizadores, como la viruela (la más trágica), sífilis, lepra, tifus, gripe, entre otras, totalmente desconocidas, pestes que estropearon la inmunidad biología de los nativos, padecimientos que coadyuvaron a la mengua de la población indígena, que no resistió y sucumbió al contagio de las infecciones traídas.
A lo anterior, se añadió el abuso sexual, crueldad y esclavitud, padecimientos que determinaron el suicidio colectivo, y un rígido control natal, ejercido por las indígenas, aspectos que diezmaron la población, casi hasta el exterminio. Los indígenas sobrevivientes, atemorizados por la amenaza invasora, emigraron a las selvas de la cordillera occidental, hoy asiento de las comunidades emberá, progenie de los antepasados Quimbaya.
El padecimiento más infeccioso, grave, contagioso y de más impacto fue la viruela. Enfermedad nativa de Etiopía, que pasó a España con las incursiones de los moros y que, según dicen la condujo a América un soldado de la expedición de Pánfilo de Narváez, por los años de 1782. Contagio que hizo aterradores estragos en la población del Nuevo Reino. A partir de este momento, se presentaron periódicas epidemias (1782, 1783,1785, 1801).
Las crónicas referencian que en 1801, ocasionó mucho daño, al punto que faltó muy poco para que se despoblara totalmente las localidades insignias del camino del Quindío: Cartago e Ibagué.
Temática que amerita ser investigada y publicada para este caso se describe una reseña de la infestación de la viruela, en la época de la Conquista, que toco el territorio de la “Hoya dadle Quindío:
Cieza de León, describe:
“Cuentan que vino una gran pestilencia de viruelas tan contagiosa que murieron más de doscientas mil ánimas en todas las comarcas…Y pues trato de esta materia, diré aquí lo que en el año pasado de cuarenta y seis en esta provincia de Quimbaya… La enfermedad era, que daba un dolor de cabeza y accidente de calentura muy recio y luego se pasaba el dolor de la cabeza al oído izquierdo, y agravaba tanto el mal, que no duraban los enfermos sino dos o tres días. Venida, pues, la pestilencia a esta provincia está un río casi media legua de la ciudad de Cartago, que se llama de Consota, y junto a él está un pequeño lago, donde hacen sal de agua de un manantial que está allí. Y estando juntas muchas indias haciendo sal para las casas de sus señores vieron un hombre alto de cuerpo, el vientre rasgado y sacadas las tripas y inmundicias, y con dos niños de brazo; el cual, llegado a las indias, les dijo: "Yo os prometo que tengo que matar a todas las mujeres de los cristianos y a todas las más de vosotras", y fuése luego”. [1].
Al finalizar la Colonia, del científico alemán, Alexander Von Humboldt, en sus extractos de diario de viaje, en su paso por el camino del Quindío, en Ibagué (1801), alusiva al padecimiento de la viruela y fiebre amarilla:
“Tuvimos que permanecer 8 a 9 días allá porque hacían falta cargueros, entre los cuales la viruela ha causado grandes estragos. La viruela se presenta en el reino de Nueva Granada, generalmente cada 19 a 20 años y, aunque la vacuna produce excelentes resultados, es poco usada”. Esta vez la viruela provenía de Popayán y en Santa Fe había mucho temor por la cercanía de Ibagué. Por la misma época había otra preocupación más seria. En Cartagena habían muerto varias personas con síntomas de fiebre amarilla (epidemia que reinaba en la Guayana y Puerto Cabello, desde hacía 5 años). Si la fiebre empieza allá, se extenderá probablemente al interior, hasta Honda, debido al tráfico por el río, a la similitud del clima y a la tremenda insalubridad del aire en el cauce del Magdalena”. [2]
Es así como el 18 de diciembre de 1803 llega la vacuna contra la viruela. La aplicación de la vacuna empieza en Honda, de donde se transporta por la vía del Quindío.
Otro hecho alusivo, es el contenido de la Circular No 5 (enero 16 de 1881), remitida por la Prefectura Provincial del Quindío, del Departamento del Cauca, al alcalde municipal de Salento, donde se hace referencia a lo estipulado en el decreto No. 216, de 1890:
“sobre conservación y propagación del fluido vacuno”. Usted se servirá cumplir y hacer cumplir por sus agentes las disposiciones que el contiene para evitar la propagación de la viruela y prevenir los contagios que pudieran ocasionar en las poblaciones de esas provincias. Lo que le comunico a usted para que se sirva dar estricto cumplimiento a las disposiciones citadas”.[3]
Son apenas tenues reseñas, de un amplísimo e inédito tema, que no ha sido abordado por el constructo histórico Quindiano: la enfermedad y medicina como legado del camino del Quindío.
Álvaro Hernando Camargo Bonilla
[1] Pedro de Cieza de León. Crónica del Perú. Biblioteca Ayacucho. Pág. 449. Caracas Venezuela. 2005
[2] Vida de Humboldt Extractos de sus diarios. Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. DIARIO II Y VI
[3] Archivo de Salento Quindío.
Álvaro Hernando Camargo Bonilla
Vigía del Patrimonio, Miembro de la Academia de Historia del Quindio.


HISTORIA DEL TERRITORIO CORDILLERA DE LOS ANDES DEL QUINDIO TOCHE Y SUS INMEDIACIONES

 

HISTORIA DEL TERRITORIO

CORDILLERA DE LOS ANDES DEL QUINDÏO

TOCHE Y SUS INMEDIACIONES.

La retrospectiva histórica de un informe redactado el 25 de abril de 1843 por Pastor Ospina, gobernador de la provincia de Ibagué y remitido al secretario de interior y Relaciones Exteriores, titulado: “OBSERVACIONES SOBRE LOS TERRENOS DE TOCHE Y SUS INMEDDIACCIONES”, donde se registran los avances y mejoras de la reconstruían del camino del Quindío, publicado en La Gaceta de la Nueva Granada, Número 618, trimestre 46, Bogotá, domingo 7 de mayo de 1843, permite descubrir detalles importantes de la historia del camino y territorio aledaño.

La crónica del español Lucas de Piedrahita, referida a la existencia de un volcán nombrado Machín, suscitó en Pastor Ospina emprender la exploración de sus contornos, buscando ubicar la trayectoria del camino. En esos avatares, reveló que el volcán lo denominaban “Cerro del Humo” y que él, le cambió el nombre y lo designó “El Pijao”. Del mismo modo, computó la altura de la cúpula volcánica, que estimó en 500 varas y se enteró que la primera persona en escalar su cima, lo hizo buscando minas de azufre.

Anoto que los Quimbaya se ubicaban hasta el río San Juan, lo que conjeturó por la presencia de varios sepulcros construidos con seis lozas de esquistos micáceo exactamente ajustadas formando un perfecto paralelepípedo (caras opuestas paralelas e iguales). estilo de tumbas propio de los Quimbaya.

Observó que las vegas y mesetas rematadas por el rio San Junan y Tochecito, se mostraban como tierras de alta fertilidad, en consecuencia ordenó  talar sitios para sembrar maíz, arracacha, yuca, y otras plantas  con el propósito de proveer de alimentos al presidio y para los nuevos pobladores.

Delimitó el camino desde la quebrada de Machín, donde desagua al rio San Juan por el occidente del volcán, hasta la quebrada de agua caliente, al oriente, lugar colmado de abundantes fuentes termales ubicadas sobre las orillas de la quebrada Aguacaliente.

En los encuentros del Tochecito y el San Juan, determinó el sito que por su situación, fertilidad y clima fue el indicado para fundar la una población que inicialmente se denominó Valdesina, en honor a descubridor del camino del Quindío, Melchor Valdés y que luego tomo el nombre de Toche.

Igualmente, dijo que el camino del Quindío reemplazó el antiguo cruce  por la vieja ruta que saliendo de Coloya en el distrito de Peladeros, atravesaba los paramos del Tolima y Hervé y concluía en Cartago viejo.

Veamos la trascripción del informe:

 

OBSERVACIONES SOBRE LOS TERRENOS DE TOCHE Y SUS INMEDDIACCIONES.


“El sitio de Toche, que se halla en una de las vegas del rio San Juan, está dominado por un cerro de formación volcánica, y de la misma naturaleza son los que dominan el camino al oriente de aquel rio y de las cosas que hay allí notables. La primera es un volcán antiguo que se levanta sobre las fadas que se llaman de Machín, y que sin duda es el mismo de que habla  el historiador Piedrahita cuando descubrieron la provincia de Quimbaya, que yacía entre las ciudades de Ibagué y Santa Ana de Anserma, dice: “Su temperamento ni es frio ni cálido pero tan favorable a los españoles, que en él se conservan muchos años libres de enfermedades. Hay en ella un volcán de humo, que respira en la gran sierra bien conocida por sus laderas nombradas de Toche en que por una barandilla se piedra que los españoles han labrado y se hace transito de Ibagué a “Quimbaya”. Hoy no se conoce aquella barandilla, que probablemente se hallará en las faldas occidentales del rio San Juan por donde se transitaba antes que se pudiese hacerlo por la vega.

El volcán se ve desde Toche, y se llama Cerro del Humo; yo le he dado el nombre de el Pijao; solo hay noticia que haya subido a el un individuo que llevaba el objeto de buscar azufre; los prácticos dudaban hasta de la posición que tenia respecto al camino; pero yo he subido a él con otras personas, con el doble objeto de observar los fenómenos que allí se ofrecen, y de dar vista a los terrenos inmediatos para calcular la mas conveniente dirección del camino. El cono volcánico tendrá como 500 varas de elevación; su cima está cubierta de bosque antiguo, y solo se notan allí algunas desigualdades, restos, sin duda, del antiguo cráter; hacia el occidente presenta una porción de su falda desprovista de árboles, en parte desnuda la roca y en parte cubierta de pajonal; todo aquel terreno tiene una temperatura elevada; y allí es donde se presentan varias fumarolas, que se pueden multiplicar levantando algunas piedras; pero una que es la principal, y la que arroja la mayor columna de humo que se ve desde abajo; es una boca estrecha de donde sale con violencia y ruido una corriente de vapor de agua que depone algunas gotas sobre los objetos de menos a la temperatura con que se pone en contacto; ignoro si contiene algunos otros vapores. No es posible mantener la mano ni por muy pocos instantes en la boca de la grieta sin quemarse; y el terreno vecino, que es de una arcilla plástica y rocas reblandecidas, quema también al contacto inmediato, de manera que solo se puede andar precipitadamente, manteniéndose uno sobre los fragmentos de roca que hay por ahí esparcidos. Estas rocas así como las que constituyen la base del camino desde la quebrada de Machín que entra al rio San Juan por el occidente del volcán hasta la quebrada de agua caliente, que lo limita por el oriente, parecen de a formación traquitica; es decir, que pertenecen a las emisiones volcánicas más antiguas  según los fundamentos de las teorías geológicas. Pero  no ha sido seguramente el volcán de que estoy hablando el único que ha arrojado en aquellos lugares, y en un tiempo a que no alcanza la memoria del hombre rocas de la naturaleza expresada; pue ellas se encuentran por el rio San Juan arriba, en cuyos inmediaciones, al pie de la serranía oriental, hay además altos montículos de escorias y arenas que corresponden al terreno primitivo, y todo demuestra que la formación volcánica en aquella parte es muy extensa, y que el Tolima fue seguramente su principal centro.

La segunda cosa notable que he indicado es la formación del calcáreo concrecionado, que cubre casi toda la vega del rio donde pasa el camino. Este calcáreo ha sido formado por los fuentes gaseosas  que vierten en toda aquella vega, algunas son termales; pero la más notable de estas  por su alta temperatura se halla al oriente del volcán a la orilla de la quebrada de agua caliente, en donde igualmente se han formado concreciones calcáreas. Aunque aquí no se ha ha reputado esa roca como calcáreo y por lo mismo se creía necesario llevar la cal desde esta ciudad para construir el puente del rio San Juan, yo, seguro de su naturaleza, voy a disponer  la construcción de un horno para cocinarla y obtener allí la cal a menos costo.

Estas formaciones traquitas  y calcáreas son muy ventajosas para consolidar el camino, principalmente  en algunos puntos en que la primera ha formado una forma fragmentaria menuda, y en otras en que las confecciones mezcladas con la arena no han formado un roca compacta, sino una especie de conglomerado. Así el camino construido en estas formaciones no tendrá el inconveniente de ser muy resbaladizo como el del esquisto micáceo, ni de profundizarse en hodas angosturas como el del granito descompuesto, que son las otras  dos fonaciones que dominan en el resto del camino hasta esta ciudad.

Según se deduce de las relaciones del historiador que he citado los Quimbaya se extendían hasta el río San Juan; y esto se infiere también de los vestigios que han quedado, pues se encuentran por allí muchos sepulcros construidos cada uno con seis lozas de esquistos micáceo exactamente ajustadas formando un perfecto paralelepípedo. Esto no se observa al oriente y al sur de aquel río donde habitaban los pijaos, esa belicosa nacían que tanto embarazó a los conquistadores, errante y más bárbara que la de los Quimbaya. Hasta el tiempo  de la conquista no había comunicación por dicho rio del valle del Magdalena al del Cauca; pero según se dice Piedrahita “con este camino se escozó e que antes se hacia por la sendas intratables de recios paramos”. Se conoce actualmente parte de los vestigios de ese antiguo camino que partía de Coloya en el distrito de Peladeros y atravesaba los paramos pantanos del Tolima para caer a Cartago viejo. Las vegas de rio San Junan y las del Tochecito que desagua en él, es  el mismo punto de Toche. Extensas también lo son las fradas  y mesetas que las dominan. Esta fertilidad se ensayará este año, haciendo abrir grandes rosas para sembrar maíz, arracacha, yuca, y otras plantas  con cuyo producto se alimentaran el presidio y los nuevos pobladores, ahorrando muchos gastos. Desde el Pijao se observan hacia  las cabeceras del río San Juan y a poca distancia, terrenos limpios y tendidos, que son sin duda las ultimas faldas de los paramos de Tolima, muy propias para la cría de guandos, Me prometo explorar aquella parte de la montaña luego que el tiempo y los negocios lo permitan.

El sito de toche por su situación, su fertilidad, y clima benigno esta indicado para ser el centro de una población; confió en que así se decretará por su excelencia y yo trabajaré con el interés más decidido para su fomento. Esos volcanes, de que he hablado, ya no son temibles; sus emisiones datan de una época  a que no alcanza la memoria de hombre, y esas fumarolas del Piajo, no revelan de ninguna manera  la verdadera actividad volcánica.”

 

Ibagué 25 de abril de 1843.- Pastor Ospina.

 

Álvaro Hernando Camargo Bonilla