domingo, 12 de febrero de 2023



IGNACIO BUENAVENTURA Y SU MEDICIÓN DEL CAMINO DEL QUINDÍO,

 DE IBAGUÉ A CARTAGO.

El Paso de la montaña del Quindío.

Durante el siglo XIX, el Paso del Quindío fue mucho más que una cicatriz abierta en la Cordillera Central para unir los valles del Magdalena y del Cauca. Fue una libreta de campo. Entre Ibagué y Cartago, en 20 leguas medidas a cordel por Ignacio Buenaventura en 1778, Alexander von Humboldt y Francisco José de Caldas hallaron un laboratorio a cielo abierto. 

La razón estaba a la vista: en menos de 130 kilómetros el relieve se desploma de los 3485 msnm del Boquerón del Páramo a los 972 msnm de Piedras de Moler. Esa escalera vertiginosa de climas comprimió la biodiversidad en pisos superpuestos y permitió escribir, por primera vez aquí, la geografía de las plantas.

Las libretas de Caldas, publicadas en el Semanario de la Nueva Granada, lo anotan con asombro. Hoy son fuente de la biogeografía. En los valles del San Juan y del Tochecito, entre 1860 y 2870 msnm, describió la Ceroxylon andicola, la única palma silvestre de altura conocida entonces. Con estípites de más de 54 metros, cubierta de una resina blanquecina, los lugareños la derretían para hacer velas. Más abajo, en la ladera occidental entre los tambos de Buenavista, La Balsa y Piedra de Moler, registró la presencia colosal de la guadua. Ese “acero vegetal” ya sostenía puentes, casas y la vida misma del camino.


De sendas prehispánicas a caminos reales.  

El paso que recorrieron Humboldt y Caldas era la última capa de una cartografía más antigua. Mucho antes de la Conquista, el territorio pijao ya estaba surcado por trochas. El Camino de Guanacas atravesaba el páramo homónimo: 26 leguas, unos 145 kilómetros, entre Popayán y Timaná. Recorrerlo tomaba 20 días y cobraba vidas. El descenso brutal del páramo a la tierra caliente del valle del Neiva era letal para viajeros, caballerías y para los indígenas cargueros y silleros que hacían posible el tránsito.

Al norte, otras rutas tejían Popayán con el Nuevo Reino. El Camino de Santa Isabel partía de Tocaima, cruzaba el Magdalena frente al río Opia, pasaba por Venadillo y se internaba entre los nevados del Tolima y Santa Isabel para caer a Cartago Viejo. El Camino de Herveo subía por el río Guarinó hasta los nevados del Ruiz y bajaba por Chinchiná. Todo cambió en 1550. Con la fundación de Ibagué en el Valle de Las Lanzas por Andrés López de Galarza, esas rutas fueron desplazadas por la que se llamaría Camino del Quindío.

El nuevo trazado iba de Popayán por el Cauca hasta Cali, cruzaba el río La Vieja en el “Paso de Gallo”, ascendía a Cartago por Pindaná de los Cerrillos y desde allí bordeaba el Otún. Pasaba por El Roble, descendía al río Quindío en Boquía, remontaba otra vez hasta el río Toche y bajaba a Ibagué. Eran 22 a 25 leguas, unos 130 km, que se hacían en cuatro días. Fray Pedro de Aguado lo llamó “tan conocido por malo”. Aun así, los viandantes lo preferían al de Herveo o Santa Isabel porque esos eran peores. Frente al rodeo por Neiva y Timaná, donde “el páramo era tan frío y perjudicial que en él se helaban y perecían muchas personas”, el Quindío era el mal menor.

Cinco caminos para una cordillera.  

Desde la fundación de Cartago Viejo, hoy Pereira, hasta su traslado a orillas del río La Vieja, el Camino del Quindío cambió de trazado cinco veces. Cinco variantes para un mismo destino: vencer la cordillera más abrupta del Nuevo Reino.

1541. La primera huella española.  

La ruta inicial siguió el Otún aguas arriba, rumbo a los nevados. No fue un hallazgo. Los españoles avanzaron sobre un sendero quimbaya. Era el primer intento de cruzar por donde la montaña parecía menos feroz.

1550. El desvío por Boquía.  

Con Cartago todavía en su sitio original, se abrió una segunda variante. Seguía el Otún hasta El Roble, bajaba a Boquía y allí vadeaba tres veces el río Quindío para subir a Alegrías. El camino trepaba por Magaña, pasaba por las minas de Bolívar y El Cóndor, y coronaba el Boquerón del Páramo. El descenso era una lista de nombres que aún suenan a fatiga: Tochecito, Volcanes, Volcancitos, La Ceja, La Cejita, Gallegos, Galleguitos, Las Cruces, Yerbabuena, Alto de La Sepultura y Toche. Luego Chachafruto, Agua Caliente, Azufral, Tapias, El Moral y La Palmilla, hasta caer a Ibagué.

1553. El camino de Melchor Valdés.  

Prohibido el Camino de Santa Isabel por los ataques pijaos, Melchor Valdés, justicia mayor de Ibagué, recibió orden de abrir una ruta alterna. Contrató a Joanes de Leuro, Francisco Bernáldez, Pedro Navarro y al capitán Antonio de Meneses. Con recursos propios y ayuda de vecinos, trazaron el camino aprovechando una depresión natural al sur del Quindío. Por primera vez, la ingeniería peninsular corrigió el trazo indígena.

1562. El camino de los encomenderos.  

El tránsito ya era vital para la Corona. Antonio González de Padilla, alcalde mayor del Nuevo Reino, decretó que los encomenderos se repartieran la “composición” del camino, es decir, su mantenimiento. Ese año, el capitán Juan Montaño lo cruzó desde Santafé para sofocar la rebelión de Álvaro de Oyón en Popayán. En su relación ya describió tambos españoles en cada jornada, con techo y bastimento para los viajeros.

Cinco variantes en 21 años. Cambiaron ríos, páramos y contratistas. El rumbo fue uno solo: cruzar la cordillera. Cada trazo dejó tambos, nombres y muertos. Cada uno preparó la ruta que, siglos después, Humboldt y Caldas leerían como un laboratorio de altura.

Tambos y leguas: la ingeniería del tránsito.  

En 1691 llegaron las licitaciones con regla y compás. La orden fue precisa: desde Cartago, pasando por Pindaná de los Cerritos hacia La Vieja y Piedra de Moler, se pondrían mojones de piedra cada milla. Cada tres leguas debía levantarse iglesia, casa cural, hospedería y tambo. Al cura y al vecino se les daba solar y una legua cuadrada de labor. Cada vecino estaba obligado a tener potrero para las caballerías y cobraba un “curatillo” por animal. Así el camino se pobló de postas.

El inventario de 1857 dibuja la ruta como una radiografía. Eran 24 jornadas principales:


1. Ibagué - La Palmilla  

2. La Palmilla - Cara de Perro  

3. Cara de Perro - Las Tapias  

4. El Moral - Buenavista  

5. Río San Juan - Toche, en el sitio de Calejo  

6. Tochecito - Boquerón del Páramo  

7. Boquerón - Mataficua  

8. Río Quindío en Boquía - Laraganado  

9. Buenavista - La Balsa  

10. La Balsa - Piedras de Moler  

11. Piedras de Moler - Cartago  

A ese esqueleto se sumaban otros tambos que marcaban el pulso del ascenso: Chachafruto, Agua Caliente, El Machín, Yerbabuena, Cruces, Cruz Gorda, Alto del Roble, El Socorro o Portachuelo, y Novilla. En Toche funcionó un presidio para hombres en libertad condicional. En Agua Caliente, el viajero hallaba termales para quitarse el frío del páramo.

Donde la montaña se volvió texto.  

La cordillera no solo se caminó. También se midió, se licitó y se dibujó. En 1777, Ignacio Nicolás de Buenaventura proyectó un puente sobre el río Coello para cruzar el río San Juan, en plena montaña del Quindío. El plano se conserva en el Archivo General de la Nación, Mapoteca 4, número 96-A. Es la prueba de que el Paso ya era un problema de ingeniería imperial, no solo de pies y de mulas.

Las licitaciones lo confirmaban. En 1758, el virrey Solís sacó a remate la reparación del camino. La obra quedó en manos de Luis López de la Vega, Juan Gómez de la Cruz y Alejandro Bonilla, vecinos de Ibagué. La Corona lo entendió temprano: quien dominaba el Paso del Quindío controlaba la columna vertebral entre Santafé y Popayán.

El camino fue temor y fue vínculo. Por esa trocha entraron harina, arcabuces, alzamientos y el correo del Rey. Por esa misma trocha salieron quina para la fiebre europea, oro del Cauca y, años después, las primeras cartas independentistas.


Entre el paso de la mula y el peso del edicto, Francisco José de Caldas se detuvo a mirar. Donde otros solo vieron riesgo, él leyó un orden. Entendió que una palma podía vivir a 2800 metros, que la guadua era una selva vertical, y que la altura organizaba la vida por pisos como un editor invisible. Sin buscarlo, los tambos de La Palmilla y Boquía funcionaron como estaciones de campo. Fueron las notas al pie de un tratado mayor: la biogeografía.

Recorrer hoy la vieja ruta desde Cartago Nuevo por Piedras de Moler, La Balsa, Tambores, Pavas, Buenavista, El Socorro, Portachuelo, Alto del Roble, Boquía, Barcinales, Boquerón del Páramo y Toche hasta Ibagué, es caminar sobre un archivo. Cada metro de desnivel guarda una página de la historia colonial. Cada nombre de tambo es una cita al pie de la historia natural de Colombia.

El Quindío no se cruzó únicamente. El Quindío se leyó. Y en esa lectura, la ciencia americana escribió su primera gramática.

Del contexto histórico territorial de la “Hoya del Quindío”, el camino del Quindío, sin lugar a dudas, ha sido baluarte del desarrollo histórico y cultural, desde la pre-hispanidad, al presente. En la actualidad, ha permitido la indagación y apreciación fidedigna del desarrollo geopolítico y socioeconómico local, regional y nacional, especialmente en lo tocante a los departamentos de Quindío, Risaralda, Valle del Cauca y Tolima.  La investigación, compilación y publicaciones bibliográficas de múltiples temáticas, ligadas a las exploraciones terrestres, prueban con toda certeza de su tránsito desde la época prehispánica, hasta el presente contexto geopolítico y socioeconómico de región.

MEDICIÓN DEL CAMINO DEL QUINDÍO,   DE IBAGUÉ A CARTAGO. IGNACIO BUENAVENTURA ( “La Medida”)

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Mapoteca No. 4, No. 96-A, VC 563. Puente del Quindío proyectado por Ignacio Nicolás de Buenaventura para cruzar el río San Juan en 1777.

RETROSPECTIVA DE LA VIGENCIA DEL CAMINO.

Ignacio Nicolás Buenaventura, teniente gobernador de Ibagué en 1778, hijo del siciliano Jacinto Buenaventura, familia potentada de Ibagué, dedicada al comercio de ropas, víveres, herramientas y abastecimiento de toda clase, solicitados por los viajeros de la montaña del Quindío. Por la época del virrey don Manuel Antonio Flórez, Buenaventura ejecutó la composición del camino de Ibagué a Cartago, con la intención de hacerlo transitable a lomo de cabalgadura en 4 a 5 días.

En el desarrollo de su tarea, redactó un documento denominado que remitió a la administración del virreinato de la Nueva Granada de la época y donde consignó información relativa a las obras en el camino del Quindío, sitios geográficos, cálculos de distancias de Ibagué a Cartago; y otros relatos atinentes a la situación social y económica de la Montaña del Quindío.

Conceptúa lo relacionado con obras y reparaciones indispensables para mantener el camino en buen estado; posibilidades de poblamiento y fomento de la región, basado en el señalamiento e identificación de hospederías (Rancherías, Contaderos, Ventas y Tambos); listado de ríos y quebradas y sus pasos; distancias entre los diferentes sitios, número de personas que recorrieran la senda y un listado de la vegetación de utilidad medicinal y alimenticio.

Es significativo destacar la relación toponímica histórica de nomenclatura geográfica de sitios y variantes de la vía (variante de La Trocha y de Cerrillos), determinadas por la fundación y posterior traslado al sitio actual, de Cartago. .[1]

Explica los semovientes utilizados para el trasporte y tiempos empleados en el tránsito; en consideración a las características particulares de los animales como:  bueyes cargados gastaba 14 días; las mulas y cargueros de nueve a diez, los peones y chasquis de  tres a cuatro días; A la par, Buenaventura calcula los días empleados en su andanza, el previó la distancia en treinta y cuatro leguas, incluidas subidas, bajadas y planicies, comprendidas en su tránsito de unos y otros sitios contenidos en la vía.

El territorio comprendido de Ibagué, río Combeima, quebrada Azufral o Chachafruto, estaba habitado por campesinos e indios descendientes de los Combeima y yanaconas. En las periferias del río de la Vieja, habitaba población perteneciente al resguardo del pueblo de Cerritos y colonos.

SITIOS Y RANCHERIAS DE IBAGUE AL BOQUERON DEL PARAMO.

Describe las Rancherías, denominación indígena de los sitios de hospedaje, que más tarde se denominaron Contaderos y Tambos. Así mismo, ríos y quebradas, subidas, bajadas y planicies que se presentaban en su tránsito.

De Ibagué, se bajaba al río Combeima, 1ª: rancherías (Pie de la Cuesta), se ascendía al Alto el Cural, Cabuyal, Palmilla, Incencial, Aguadita de Incencial, Cara de Perro, Portasuela, quebrada Portasuela, Alto de los Corrales, Mediación de los Corrales, Quebrada los Corrales En este punto del camino empezaba la intricada selva, se llegaba a Tapias, Quebrada Tapias, El Moral, Aguadita, Quebrada Pantano, Quebrada Azufral, Azufral, Quebrada Buenavista, Chachafruto, Aguadita de Chachafruto, Chachafruto dos, Aguas Calientes, Alto de Machín, Quebrada Machín, Alto de San Juan, Rio San Juan, Toche, Pantanito, Mediación, Sepulturas, Alto de las Sepulturas, Quebrada Yerbabuenal, Bolcita del Yerbabuenal, Quebrada de las Tres Cruces, Gallego primero, Gallego segundo, Quebrada Gallegos, Gallego del Hoyo, subida de Gobernador, Sierra del Gobernador, subida Chamizo de Tochecito, Tochecito, Quebrada Tochecito Cerro Redondo, Cerro Largo, Bolccita de la Negra, Quebrada San Rafael, Pie del Paramillo, Quebrada Paramillo, Volcán de los Ajos, Aguadita del Páramo y el Boquerón del Páramo (división limítrofe de Ibagué y Cartago)

En la ladera occidental se determina la nomenclatura de los siguientes sitios:

Boca de la Angostura, Palostorciddos, Cuchilla seca, Magaña, Pringamoral, Margarita, Laguneta, Lagunetica, Chuscal Largo, Chuscal Redondo, Palmarcito, Incencial, Incencial segundo, Cruz Gorda, Quebrada Cruz Gorda, Río Quindío, primer Vado, segundo vado, Gramal, tercer vado, Boquía, Quebrada Boquiacito, Palmarcito, Arrayanal, Roble.  Aquí se divide el camino de la variante de la “Trocha” y camino de los Cerritos.

VARIANE DE LOS CERRITOS

Del alto del Roble sigue el camino hacia Cartago Viejo (hoy Pereira) así:

Cuchilla de Barro blanco, Quebrada Barro Blanco, cuchilla Cajitas de Barroblanco, Alto de la Honda Quebrada Honda, Portezuela Quebrada Consotá Alto del Desecho, Palo Gordito Bolcita del Vino, cuchilla Aguacabeza, Palo Colorado, Alto de Guacas Puerta de Sigayá, Quebrada Sigayá, Sigayá. Lomalta, Boca de Angostura, Laguneta, Yarumal, Lagunetica, Peón, Chiquero, Eggoyá, Guadual Grande, Las Cruces, Rodeo Primero, Rodeo Segundo, llanada, Tambo Arcabuquillo Chiqueros, río de la Vieja, Cartago.

LA VARIANTE DE LA “TROCHA”.

Al parecer era la ruta más corta, se bifurcaba en el alto de los “Robles”, pasando por “Novilleros” (Filandia), la “Balsa” (Alcalá), Piedra de Moler y Cartago.  Según la descripción, un tránsito penoso, por matorrales e intrincados guaduales.

La “Trocha” se divide en los Robles, siguiendo los siguientes (Rancherías):

Alto de la Cruz, Portachuelo, Socorro, San José., Buenavista, Pie de Buenavista, Santa Ana, Angelitos, Ángeles, San Miguel, Quebrada San Miguel, Tejar, Quebrada del Tejar, Quebrada la Balsa, La Balsa, Mata de Arroz, quebrada del Puerco, Chorrito, Rancho de Iraca, río de la Vieja, Piedra de Moler quebrada Bocabajo, Alto de Bocabajo, Ciudad de Cartago.

Continuamente se va develando más y más historia del camino Quindío, que ha sido la ruta del desarrollo material y legado cultural, que aún perduran en el tiempo y espacio de nuestro territorio. Cotidianidad histórica caminera que paulatinamente accedió a la caracterización de la Quindianidad. Su declaratoria como bien de interés cultural, debe ser un objetivo irrefutable. Constructo derivado de las sociedades que trasegaron lomas, planicies, pantanos y selvas, con su bagaje socioeconómico, histórico y cultural, que se constituyó en el primigenio establecimiento de pueblos en las vecindades del camino.

 

Álvaro Hernando Camargo Bonilla.

Fuentes: ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Mapoteca No. 4, No. 96-A, VC 563. Puente del Quindío proyectado por Ignacio Nicolás de Buenaventura para cruzar el río San Juan en 1777.

Alexander Betancourt Mendieta. Anales y memorias TRANSCRIPCIÓN DEL DOCUMENTO “LA MEDIDA” DE NICOLÁS BUENAVENTURA. Archivo General de la Nación, Tomo V, Colonia, Arreglo de caminos. 1917

Puente del Quindío proyectado por Ignacio Nicolás de Buenaventura para cruzar el río San Juan en 1777

TRASCRIPCION DEL DOCUMENTO

“Exmo. Señor.

Consagrando mi obediencia con la dedicación que acostumbro a los superiores preceptos  acompañado  del  práctico  conocimiento  que  me  asiste  del  terreno,  donde  se  tiene  la  Montaña  del  Quindío,  que media entre la provincia de Mariquita, ciudades de Ibagué y Cartago, de la de Popayán, paso a evacuar el deber sobre la apertura de ella, a que se inclina su Superioridad, dedicada con ingente deseo a beneficio del público del Renio por lo que facilita los progresos  del comercio  y suponiendo que la empresa es grande, no podré evitar, como quisiera, molestar la circunscripción de Vuestra Excelencia pues la contemplo vigilante a estos asuntos  que por ser iguales  este como del Real Servicio, pues lo pide así la magnitud del encargo. Todos  desean  este  beneficio  como  notoriamente  conocido  pero  a  sus  consecuencias  aunque  se  ha  interesado este Superior Gobierno desde el año 1764, no ha tenido efecto , porque cuando los medios que  son  reclamados  son  divididos  a  su  consecuencia  ...ilegible...el  tiempo  se  ha  pasado  en  formar  un dilatado volumen para su promoción  por los Cabildos de Ibagué y Cartago, y en los del año 1774, a espaldas del rendimiento que consagran  pronto y con voluntad  a la ejecución , hasta el día nada se ha verificado que resulte conforme a la común  utilidad  y propensión de este Superior Gobierno con que quedan debilitadas aquellas sumisas expresiones. Los elevados y más que benéficos intentos de Vuestra Excelencia  y sus auxilios a poner transitables los caminos en que interesa su superior celo, pueden no tengan el logro si a ello no se dedica en cada ciudad  persona particular, que no es menor dificultad encontrarle, que como Director General , promueva  suavemente  los  ánimos    al  cumplimiento,  dando  las  oportunas  órdenes  a  la  consecución    a  proporción del buen resultado de ella pues lo que se necesita es la pronta ejecutiva operación. Antes de exponer los reparos que necesita el camino en su aliño, para quedar conveniente y estable, es preciso advertir varias cosas que conducen al intento y lo haré por las siguientes notas 

DISTANCIA Y JURISDICCIÓN DE TERRENOS DE PARTICULARES

Varias opiniones sobre la distancia de una a otra ciudad por no estar medido el terreno de la montaña, lugares de sus primeras fundaciones; las arrias, pues los bueyes cardados gastan 14 días; las mulas y cargueros, nueve o diez, los peones que regresan y chasqueros, tres o cuatro; por lo que a prudente calculo podría haber treinta y cuatro leguas.

De tierra por sabanas y de piso firme, un cuarto de legua, antes de entrar de Ibagué a la montaña; a tres cuartos en el sitio de Tapias, y cosa de dos leguas en el pueblo de Cerritos, donde concluye la montaña, a Cartago. La cordillera del páramo del Quindío que atraviesa de septentrión al Medio Día divide la jurisdicción de dichas ciudades y provincias, el sitio por donde pasa el camino de Oriente a Poniente llama el Boquerón del Páramo.

Del río Combeima a la quebrada Azufral o Chachafruto, son tierras particulares e indios del pueblo de Combeima, yanaconas de Ibagué; del Guadual Grande o Rodeos del río de la Vieja, son resguardos del pueblo de Cerritos y de particulares. Por el camino de la Trocha, del rio de la Vieja a Cartago, igualmente los poseen los particulares. El temperamento es frio hasta Quindío, y templado hasta Cartago

Sitios de las dormidas o sea Rancherías, así: Ríos y Quebradas que median, subidas y llanadas de que se compone el tránsito de unos y otros sitios que dividen las líneas.

De Ibagué

De la ciudad al río Combeima, bajada.

Rancherías, Pie de la Cuesta (1ª. Ranchería)

Primer alto, Alto el Cural. Del rio hacia arriba, subida

Cabuyal

Palmilla

Incencial

Aguadita de Incencial

Cara de Perro en travesía a Portasuela, quebrada Portasuela, Alto de los Corrales, Mediación de los Corrales, bajada a Quebrada los Corrales.

Boca del monte de Tapias, en travesía Tapias.

Quebrada Tapias, bajada, El Moral, subida Aguadita El Moral, Quebrada Pantano, a travesía Pantano, Quebrada Azufral, Azufral, subida Quebrada Buenavista, Chachafruto, Aguadita de Chachafruto

Chachafruto dos, en travesía a Aguas Calientes. Alto de Macchi, en travesía, Quebrada Machín

Alto de San Juan, bajada

San Juan en Machín, Rio San Juan, llanada, Toche, bocas de su rio.

Pantanito

Mediación de subida Sepulturas, subida,

Alto de las Sepulturas,

Quebrada Yerbabuenal, en travesía

Bolcita del Yerbabuenal

Quebrada de las Tres Cruces

Mediación de la subida de tres cruces, subida

Peñita

Gallego primero

Gallego segundo, en travesía

Quebrada Gallegos,

Gallego del Hoyo

Rio de la subida de Gobernador,

Sierra del Gobernador, subida

Chamizo de Tochecito, a travesía

Tochecito

Quebrada Tochecito

Cerro Redonda, subida

Cerro Largo

Bolcita de la Negra, a travesía

Quebrada San Rafael

Pie del Paramillo

Quebrada Paramillo, subida

Volcán de los Ajos

Aguadita del Páramo, a travesía

Boquerón del Páramo (Aquí dividen las jurisdicciones.

Boca de la Angostura

Palostorciddos

Cuchilla seca

Magaña

Pringamoral

Margarita, bajada

Laguneta

Lagunetica

Chuscal Largo

Chuscal Redondo

Palmarcito

Incencial

Incencial segundo

Cruz Gorda

Quebrada Cruz Gorda

Río Quindío Vado primero

Rio Quindío, vado segundo, llanada

Gramal, vado tercero rio Quindío

Boquía, Quebrada Boquiacito y Boquía

Palmarcito

Arrayanal, subida

Roble de la Parida (partida)

Nota: Aquí divide el camino de la Trocha y los Cerritos

POR LOS CERRITOS SIGUE:

Cuchilla de Barro blanco,

Quebrada Barro Blanco, llanada por cuchilla

Cajitas de Barroblanco

Alto de la Honda

Quebrada Honda, bajada

Portezuela

Quebrada Consotá

Alto del Desecho, subida

Palo Gordito

Bolcita del Vino, llanada por cuchilla

Aguacabeza

Palo Colorado

Alto de Guacas

Puerta de Sigayá, llanada

Quebrada Sigayá

Sigayá

Lomalta, subida

Boga de Angostura

Laguneta Yarumal

Lagunetica, bajada

Peón

Chiquero

Eggoyá

Guadual Grande

Las Cruces

Rodeo Primero

Rodeo Segundo, llanada

Tambo

Arcabuquillo

Chiqueros, llanada y corta bajada al río de a Vieja

Ciudad de Cartago.

 

EL CAMINO DE LA TROCHA, QUE SE DIVIDE EN LOS ROBLES: POR PIEDRA DE MOLER, SIGUE:

 

Nota: Para el camino de la Trocha, que se divide en los Robles: por Piedra de Moler, sigue:

(Rancherías)

Alto de la Cruz

Portachuelo

Socorro

San José

Buenavista

Pie de Buenavista

Santa Ana

Angelitos

Ángeles

San Miguel

Quebrada San Miguel.

Tejar

Quebrada del Tejar

Quebrada la Balsa

La Balsa

Mata de Arroz

Quebrada del Puerco

Chorrito

Rancho de Iraca

Alto Piedra de Moler

Piedra de Moler

Río la Vieja

Piedra de Moler

Quebrada Bocabajo

Alto de Bocabajo

Ciudad de Cartago.

El tránsito de esta Trocha, las más, bajadas, es de lo más penoso que hay, su maleza con la de los guaduales y hondos…la imposibilitan, aun acortando un día de camino de donde se aparta para el de Cerritos: tiene el Cabildo y vecindad de Cartago, por mejor, abrir el antiguo de los Cerritos, que hoy, igualmente se transita.

Los ríos San Juan y Quindío, por falta de puentes, detienen las arrias en tiempo de crecientes causando la demora, atraso a las arrias: las quebradas del Azufral, Yerbabuenal y el Peñón, los gallegos, San Rafael y su Peñón, Barroblanco, Honda, Portezuela, Consotá y Sigayá, son sus entradas y salidas muy penosas por el mucho lodazal, atascos que crían y la de San Rafael, tiene un peñón fino y liso a dar a las quebradas con voladero profundo, la bestia o ganado que cae, no sale. La carga la sacan con grandísimo trabajo. (ilegible) es el de los peores, es malísimo por tener poco ámbito de senda y muy pendiente su bajada, aunque de poco tránsito que no llegaría a cuarto de cuadra.

La falta general de pastos es lo peor de la montaña, por lo que, extenuados los ganados, ya de ceba ya de arria, perecen con graves quebrantos de los dueños, de cuyo resulto hay varios vecinos perdidos.

DERECERA DEL CAMINO QUE PUEDE FACILITAR ACORTAR MUCHOS TRECHOS.

La falta de diligencia a causa en ocasiones de duplicar los trabajos. por ello no se ha solicitado la vereda, que dé común opinión en Ibagué, se dice puede mejorar y acortar el camino por el que va de la ciudad a Morrochusco a tomar la cuchilla del Tambo, que los que la han transitado apoyan su bondad, por la cual, tomando el camino de la ciudad antigua, sube al páramo y cae por otra cuchilla al río Quindío, inmediato, poco debajo de Boquía, cuyo tránsito se trochó en parte en el año de 66 (1766) evita el mal camino que va hasta el Páramo y acortará cuando no la tercia, la cuarta parte del peor camino.

Cuando este tránsito no tuviese efecto podría solicitarse la vereda de Ibagué por el río arriba del Combeima, que es tierra firme y amigable a hacer travesía de la Serranía a caer al río San Juan, ranchería de la Boca del Toche (camino de Juntas a Machín), ahorra la tercia parte del tránsito y lo malo de Ibagué a San Juan.

Así mismo tener logro esta vereda, la tendría de dicho río de Toche arriba, hasta tomar la Cuchilla que apacible le desciende del Páramo inmediato al Boquerón del cual se ve bajando para Tochecito muy inmediato al camino que hoy viene faldeando por agrias travesías. Lo grande es cruzar el peor tránsito y tercera parte del camino de Toche al Boquerón del Páramo.

De donde se podría facilitar la cuchilla que le divisa, bajar tendida al paso del río Quindío a tomar el Camino Real en Boquía o cuchilla de Arrayanal siguiéndose en su consecución acortar la cuarta parte del tránsito con mejora del camino y evitar los peores pasos. Persuade a la facilidad del tránsito de Toche al Páramo que en los derrumbes que hubo en el año 71, barrieron las malezas de los ríos dejando camino llano en San Juan, que era intransitable abreviando el …(ilegible), experiencia que verifiqué siendo de los primeros que le pasé y puede lograrse lo mismo en Toche que como San Juan recibió los volcanes. Igualmente, que todo camino que va en la montaña por cuchilla o loma es de mejor calidad por su

más fuerte terreno; el Sol le baña con más facilidad a menos descubre que las honduras y travesías y no permite tanto lodazal.

De la Cruz Gorda sigue camino a pie por llanadas, evita pasar tres veces el río Quindío y solo una le pasa, no se logran las arrias por un corto mal paso de repecho, fácil su composición.

COMPOSICIÓN Y ALIÑO EN GENERAL

Escampar el monte doce varas de ancho y si fuere tránsito nuevo solar 16 varas, dejando los frondosos árboles que no sirvan de tropiezo, cuya diligencia facilita empalizar a beneficio de los pastos, sirviendo de resguardo para los bueyes y cerdos puedan transitar sin fatiga de tanto Sol. Este ambiente de andar en las llanadas y enteramente descumbrado en los guaduales que, como tierra más húmeda, necesita la bañe más el Sol. Las faldas que llaman travesías necesitan en parte banquearlas, lo menos cuatro varas de ancho para evitar rodaderos. Aplanar los terrenos, caracolear las subidas y bajadas llevando el banqueo para evitar los repechos. Las angosturas es necesario ensancharlas cuatro varas para evitar el atoro y en parte la incomodidad y encuentro de arrias, debiendo preferir las que van y retroceden su fuese necesario las que regresan de Cartago, hasta dar paso a las cargadas, dejándoles de saque en las cabeceras con que evitan los hondos lodazales que crían. Y desahogar la tierra que se haya de cavar o pisar, empalizar y a lo menos quedaran de tres varas de ámbito. Las vertientes que hacen pantanos…(Ilegible) encallarlas de piedra o de madera de uno y otro lado, cuatro varas de ancho como en las angosturas de tierra muy deleznable o pasos de hondo lodazal, que por su plan no permite desagüe que se deberá procurar empalizar ..(Ilegible). La bajada y playas de San Juan y demás pasajes que tengan piedra suelta, se ha de aventar con que se evita el mayor estropeo e incomodidad a los transitantes, arrias y ganados. Cuando en San Juan y Quindío no se consiga proveer de a caballo, indispensablemente deberían tenerlos de a pie para que el correo no tenga detención, logrando las arrias un alivio con el transporte de carga lo que no será tanto lo que atrasan el viaje. El malísimo paso del Peñón en la quebrada San Rafael que por perverso y dañino llaman el Diablo, es el de mayor trabajo por ser peña fina y extensa, que coge de uno a otro lado la Quebrada que por él despeña su vertiente con tanto riesgo que no queda esperanza de la bestia y remotamente de la carga, por la dificultad de su salida: estrecha el camino que baja precipitado y escapando de su vereda desciendo a lo profundo de su despeño. No aprovecharía tanto el barreno de pólvora por expuesto a cegarle cuanto la punta de barra y pico para darle extensión por quitarle lo liso que resbala: poniendo barandilla de piedra al lado en su voladero. De no lograrse algunos de los hechos apuntados en la 4ª nota que están este paso deberá poner consideración a evitar este tránsito, como causa la mayor parte de los quebrantos, sacarle camino que demuestra apacible con el piso, siguiendo la cuchilla de la Ceja a dar al Páramo que se halla inmediato. Las Rancherías necesitan la utilidad del desmonte una cuadra en su contorno con que evitan las muertes que han causado las caída de los árboles y extendido el prado logran de su beneficio las arrias y dormidas hay, que por sus aguadas y sitios donde pasan la noche las arrias se hacen menos incómodas y serán útiles socolando lo que llaman potreros dejando una arboleda frondosa un cuarto de legua o cuatro cuadras de cuadra que empradizado, se quita la arboleda que hoy queda, beneficio que evita el mayor daño cuya falta como toqué en la que hace perecer de hambre los ganados y las arrias.

MEDIOS PARA LA CONSECUCIÓN

En el supuesto, aunque no lo pongo por fijo que de Ibagué a Cartago hay 34 leguas, poco más o menos, su medición la Cordillera del Páramo, que divide su jurisdicción, queda por cada una 17 legua que, divididas en diez tramos, toca a cada una legua y tres cuartos …(ilegible). Ibagué para…(ilegible) y haciendo cuenta solo de estos por estar el más por hacendados, comerciantes e inválidos pertenece a cada cierto un tramo de menos de dos leguas o de dos leguas cuando hubiere de tener la montaña.

Los mismos diez tramos se repartirán al vecindario de Cartago que, aunque haya menos número le excede en acaudalados. Los que tienen haciendas deberán contribuir con bastimentos, los comerciantes con herramientas, los dueños de arrias con bagajes, los de trabajo con sus personas, los que no lo son, con contribución para otra y otros en su lugar según sus posibles. Cada cuadrilla o compañía con su sobrestante que como de ser posible deberá mantenerse para dirigir y asistir al trabajo y un Director General que dé las órdenes, reparta los tramos, compela al cumplimiento y queda a su satisfacción la abertura, en que debe recaer amplia facultad e inhibición de cabildo y Justicia para evitar disputas y contiendas que debe contar la prudencia de su buena conducta, debiendo dar satisfacción del cumplimiento encargado, como se disponga.

He concluido mis notas demostrativas de la distancia del terreno, jurisdicciones, tránsitos de las rancherías, peores pasos que hay. Merecerá del camino, contribución que puede facilitar composición y arreglo de su apertura. De no conseguirse esta por los trechos de la Nota 4ª, deberá regular los tramos reflexivamente por su distancia y fragilidad por los que hay menos malos lo que el director regulará en Junta de los más prácticos que continúan traficar la montaña. Por la lista de vecinos podrá el Director repartir los trabajos, abastecedores, carreteros de víveres herramientas y sobrestantes. Debe el Director, a más de la general inspección arreglada a una prudente consideración, tener presente para el repartimiento que el gremio de cargueros y arrieros, como más versados en las inclemencias de la montaña, se destinen a lo más interno, dejando los primeros tramos a los vecinos que moran a mayor distancia y cálidos temperamentos para evitar la pérdida de salud y vida que en la apertura primera padecieron algunos. De los puentes de los ríos San Juan y Quindío, podrá encomendarle aquel a los indios del Combeima, jurisdicción de Ibagué y en este pueblo de Cerritos, jurisdicción de Cartago, que deberán construir y en lo venidero repararlos…(Ilegible). Para esto, si se atiende a la pobreza del vecindario y pensión que sufre su apertura, será bien para evitarle suplicado subsidio, que se ponga al comercio alguna moderada contribución para que de su producto se sufraguen los rubros cortos y reparos que son indispensables en lo venidero y así se consigue que el comercio goce su mejor y más pronto transporte parea las provincias de Popayán, Quito y las del Chocó, su majestad, sus reales intereses que por allí pasan y se logre ver cumplidos sus infatigables deseos a beneficio del Reino.

La contribución del comercio o dueños de cargas, esclavos y ganado de venta será viéndose por muy regular la de dos arrobas de tercio de mercancías , un real por tercio cada carga, dos reales cabeza de esclavo, un real por cada cabeza de ganado, un real por vacuno y mular de venta o de arreo siendo esta de vecinos cuando no haya de fletes lo que en esta contribuyeron de arrias y no de cargas, deberán …(ilegible)…como privilegiados por haber contribuido a la apertura, medio de suavizarles el ánimo. Esta contribución será solo en Ibagué a cuyo cargo quedará el reparo sucesivo de la Montaña hasta el Quindío. Pues si se atiende a que en Cartago por solo pasar por canoa el río de La Vieja, llevan un real por tercio y cuatro por los cientos de ganado que nadando atraviesan el río, cuyo riesgo le pasa al dueño de la Hacienda y que en el año 74 se impuso pensión a medio real de los ganados que van a la ciudad. Por lo que será bien, contribuya esta por la pensión que allí sufre el comercio , el venidero reparo y aliño del Camino del Quindío a los Cerritos que viene hasta una tercera parte poco más o menos de las veinte repartidas y queda visible lo suave de la pensión, contribuyéndole a mayor abundantemente la misma que pagarán a Ibagué las cargas que entrasen por una u otra vía, las de avíos camas o personas a que alude…(ilegible) Para el comercio, lo repito, es más que benigna la contribución porque si hoy pagan por cargar doce arrobas de flete estando el camino corriente , la logran por diez y aún por ocho, como la experimento recién abierta en la ocasión pasada…(ilegible)… La contribución del Paso se hará al Director General respectivamente, quien deberá llevar cuenta prolija del recibo y gasto y como en lo venidero acorta del repaso podrá ir fabricando puentes de a caballo en los ríos Combeima, San Juan y Quindío y después mejorando con calzadas de piedra los pasos más penosos y con el tiempo vendrá a hacer el tránsito estación apreciable, por el temperamento y aguas. Estas cuentas se deberán cada dos años de releer y aprobar por Vuestra Excelencia. A correspondencia debe nombrarse en Cartago persona que desempeñe la Dirección y lleve la correspondiente cuenta. Se hará como indispensable para en parte oportuna de la Montaña un Guardia o Veedor que recoja las guías al Director, dará a los traficantes, para tratantes en la contribución del Paso y se le asignará un salario a proporción. Parece justo que quien sufre el trabajo lleve el premio a ésta se hará acreedor el Director General a quien se le asignará un sueldo fijo a tantos por ciento de lo que sufrague el Paso, pues soporta la mayor pensión de la dirección y cuenta.

Para solicitar las veredas de las notas 4ª y 5ª que acorten el camino, se necesita dinero en pronto, para excusar a los vecinos de esta pensión y que entren con más anhelo a la de abrir. Vuestra Excelencia siendo servido logrará quinientos pesos con calidad de reintegro que hará el Director General del producto del Paso o contribución del camino pues de otro modo no se logrará el beneficio. Porque según cómputo hecho por los cabildos y encomendados, se regulan veinte mil pesos de gasto que soportan los vecinos y así será bien se les dé trochado el camino por la mejor vereda. Es lo que alcanzo a informar a Vuestra Excelencia con realidad, sinceridad y rendimiento. Pido a Dios guarde la importante vida de Vuestra Excelencia. Sinceramente. Junio 27 de 1776 Excmo. Señor A sus pies rendido súbdito

Francisco Nicolás Buenaventura.”[2]



[1]   Ver Larry Vito Larrichio, La construcción multicultural de una economía colonial (Pereira: Editorial Universidad Tecno-lógica de Pereira, 2018).

[2] Fuente: Alexander Betancourt Mendieta. Anales y memorias TRANSCRIPCIÓN DEL DOCUMENTO “LA MEDIDA” DE NICOLÁS BUENAVENTURA. Archivo General de la Nación, Tomo V, Colonia, Arreglo de caminos. 1917

viernes, 3 de febrero de 2023

SAGA Y FICCIONES DE LA COCA.

 


SAGA Y FICCIONES DE LA COCA.

Una generación de colombianos creció con el desatinado comercial de “la mata que mata”, emitido y difundido por la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE), a finales de 2008, equiparando la coca y el cannabis, plantas ancestrales como plantas que matan.

La insulsa sentencia en contra de unas especies que por tiempos inmemoriales ha sido de uso ancestral, da pie para referenciarla positivamente y denegar semejante esperpento aludido en el nefasto y superficial comercial.

La Coca, propia de los valles interandinos, elemento mitológico de la población aborigen de América y que, en el imperio Inca, su nombre lo llevaba la esposa del cuarto Inca, llamada Coca Mama.

Los indígenas no podían subsistir sin este elemento, que generaba en sus organismos los más placenteros estímulos vitales. En los territorios que carecían de esta planta, la obtenían por el trueque de oro, esmeraldas u otros objetos. Mientras masticaban las hojas de coca no se acoraban de comer y se negaban a trabajar en ausencia de está para su consumo, la hoja llegó a constituirse como parte integrante del salario, negándose a trabajar si los patrones no la suministraban a su debido tiempo la correspondiente ración diaria.

Utilizada en los ritos tradicionales, también se usó para motivar a los esclavos, que fueron sometidos a largas jornadas de trabajo, quienes paliaban su tristeza, tribulación, cansancio y hambre, paladeando el bolo de hoja de coca, lo que se indica en del siguiente dicho de la época: “para que trabaje como es debido y como como no es debido”.

Para el año de 1576, la Coca fue censurada por la religión, y la denominaban como el talismán del Diablo, situación que hizo mermar su consumo debido a las convicciones religiosas arraigadas en los pueblos aborígenes sometidos por los amos españoles. Este acontecimiento genero efectos negativos en el recaudo de la alcabala e impuesto de la Coca, lo que hizo que se autorizara nuevamente su plantación, comercio y uso.

PREPARACIÓN DE LA MIXTURA (MAMBE)

En la actualidad, el mambe es una mixtura resultante de mezclar harina de hoja de coca tostada y molida, mezclada con cenizas de yarumo o de piedra caliza.

Desde la época de las sociedades indígenas precolombinas y aun en las actuales, se utiliza el Mambe para evitar el cansancio en las labores y en la búsqueda del saber tradicional, la palabra orientadora, la claridad de pensamiento y el bienestar físico y mental.

Su preparación iniciaba con la recolección de las hojas de Coca que se secaban al sol, luego la molían y mezclaban con caliza o ceniza de hojas de yarumo, las guardaban en bolsas que sujetaban en la cintura para poder disponer de las mismas en cualquier momento. También, en pequeños calabazos, portaba algunos granos de tierra caliza o ñaco de papas y sal. Las hojas eran masticadas y mezcladas con saliva hasta formar una pasta. Después se mezclaban en la misma boca con la caliza, cuya función es extraer el alcaloide de las hojas.

Veamos la referencia al respecto, del cronista Cieza de León: “Por todas partes de las Indias que yo he andado he notado que los indios naturales muestran gran deleitación de traer en la boca raíces, ramas o hierbas. Y así, en la comarca de la ciudad de Antiocha algunos usan traer de una coca menuda, y en las provincias de Arma, de otras hierbas, en las de Quimbaya y Ancerma, de unos árboles medianos, tiernos y que siempre están muy verdes, cortan unos palotes, con los cuales se dan por los dientes sin se cansar. En los más pueblos de los que están sujetos a la ciudad de Cali y Popayán traen por las bocas de la coca menuda ya dicha y de unos pequeños calabazos sacan cierta mixtura o confación que ellos hacen y puesto en la boca, lo traen por ella, haciendo lo mismo de cierta tierra que es a manera de cal. En el Perú en todo él se usó y usa esta coca en la boca y desde la mañana hasta que se van a dormir la traen sin la echar della. Preguntando a algunos indios porque causa traen siempre ocupada la boca con aquesta hierba (a cuál no comen ni hacen más de traerla en los dientes), dicen que siente poco el hambre y que se hallan en gran vigor y fuerza.”

Hoy siguen presentes los usos ancestrales de la hoja de coca como fundamento de su identidad cultural.

 

 

Álvaro Hernando Camargo Bonilla.

 

Fuente: Antonio Martínez Zulaica. La Medicina del siglo XVIII en el Nuevo Reino de Granada. Publicaciones de la Universidad Pedagógica y tecnología de Colombia. Tunja Boyacá. Ediciones “La Rana y el Águila. Tunja 1972

 

jueves, 2 de febrero de 2023

ENFERMEDADES TRASMITIDAS POR LOS CONQUISTADORES A LOS INDIGENAS.

 


ENFERMEDADES TRASMITIDAS POR LOS CONQUISTADORES A LOS INDIGENAS.

Las referencias de cronistas conquistadores del Nuevo Reino de Granada, refieren como hechicero al indígena que ostentaba esta dignidad, también denominados: “piache”, “chamán”; nigrománticos que curaban, adivinan e invocaban a los dioses.

La cosmogonía de la vida se fundamenta a en el animismo; cada elemento de la naturaleza tenía un espíritu y un poder de decisión sobre el destino del hombre, en ocasiones bondadoso, en otras malignas. Salud y enfermedad dependían de la ruptura del equilibrio de poder entre ambos y del predominio de cualquiera de ellos.

La hechicería logro aciertos y desaciertos observados en la diaria intención de curación de las enfermedades con la práctica de la medicina empírica ejercida por los “piaches”, “chamanes. Hechiceros que en sus coloquios exaltaban en pláticas melifluas a los espíritus, que si no curaban al menos influía en el espíritu de los enfermos fortaleciendo su deseo de curarse.

Para los ellos, la enfermedad procedía del demonio, que se apoderaba de la persona y para curarlo, era menester extraerlo del cuerpo del paciente, lo que se lograba a través de gritos y alaridos, imprecaciones, contorciones, giros de los ojos, saltos epiléptoides, música de cascabeles, sonidos guturales y chasquido de dientes, entre otras cosas más.

Se remediaba con yerbas, raíces, saín (grasa) de aves, peces y otros animales, seguido por un vocabulario reservado al “chaman”.  Ellos creían que las enfermedades casi siempre procedían del embrujamiento y que había diferentes formas de obtener los padecimientos; el aire frio, el helado viento, exponerse a la intemperie en la presencia del arco iris, bañarse después de enterrar un muerto, etc. Tenían terror a la sangre procedente del ciclo menstrual de la mujer, aludían que su presencia obedecía a la posesión de la mujer por el diablo en cada luna nueva.

En el aprendizaje para obtener la dignidad de “piache “y/o “chamán”, consumían mucho ají y poca sal; constantemente se bañaban en infusiones de cocimientos de plantas; cargaban una mochila con muchas hierbas, como la accederá, ortiga, limoncillo, tabaco, coca, yagé, arrayan y cortadera. Hierbas que utilizadas más como amuleto que de brebaje para curar.

Para la mordedura de serpiente usaban la corteza del árbol denominado “paloculebra”, que raspaban, lo hervían en agua y se bebía. Para curar la picadura de los gusanos urticantes, buscaban el gusano, lo mataban, luego le sacan las tripas y se las untaban en la picadura.

Las enfermedades más sufridas por los indígenas fueron el pian (erupción), sarna, carate, la lepra y la viruela. Contagios traídos por los españoles y trasmitidos a los indígenas que se contaminaron y diezmaron, enfermedades que llegaron en las carabelas, galeones y fragatas invasoras.

La lepra, que inicialmente la padeció Jiménez de Quesada, quien murió en 1579; y el presbítero Santibáñez Brochero, en Santa Fe en 1646, se supone que fue traída y propagada por los conquistadores.

La enfermedad que más asoló al Nuevo Reino de Granada fue la viruela, que se presentó en varias temporadas. La primera en 1566, su virulencia ocasionó la mortalidad del 90% de la población indígena, y las sobrevientas aterrorizados huyeran a la selva, abandonando las poblaciones fundadas por los españoles. Ante su malignidad, no servía de nada los tratamientos de médicos, curanderos y teguas; nada, ni siquiera los ritos religiosos. En 1700 surgió una epidemia, que causo tan solo en Santa Fe, 700 fallecidos. En 1782, otra infestación de dos años de duración y una cuarta epidemia en 1801, que diezmó la población de la capital del virreinato en un considerable porcentaje.

Para la época, el sabio Mutis aconsejó el aislamiento y practico la inaculación de la pústula en la piel sana, luego, para 1796, se inventó la vacuna y a principios del siglo XIX, Jaime Balmis y José Salvaní llegaron de España a dirigir la expedición de vacuna por el virreinato de la Nueva Granada.

El paludismo, conocido como malaria (mal aire) o el mal del “chucchu” (palabra quechua que traduce temblor), causo más mortalidad entre los ibéricos que entre los indígenas, pues éstos ancestralmente utilizaban el remedio que se hacía de la corteza de la quina, que molían e ingerían en abundantes y concentradas infusiones.

DESCUBRIMIENTO DE LA CURA DEL PALUDISMO.

Par el año de 1630, enferma de paludismo el corregidor de Loja, de la Audiencia de Quito, Juan López de Cañizales, un misionero jesuita le da a tomar una maceración de la corteza que le había obsequiado el cacique de Malacatos, y el corregidor se curó.

Para el año de 1638, se ha señalado la leyenda de la Condesa y Virreina Francisca Henríquez de Rivera, esposa de Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, Cuarto Conde de Chin-chón, Virrey del Perú qué según se dice enfermo de paludismo en Lima, y Juan López de Cañizales, conociendo de la enfermedad de la Virreina, envío unos trozos  de la corteza del árbol de Quina, que lo había curado a él con especial recomendaciones de su uso, para que la condesa se salvara si tomaba el nuevo y secreto remedio indígena. La leyenda de la condesa sirvió para la primera denominación del nuevo fármaco, que hasta entonces no tenía nombre, pero ya lo tuvo, y legendario: Los polvos de la Condesa.

Los jesuitas no se hicieron esperar, y se interesaron por el nuevo remedio, único en la época para curar el paludismo y lo introdujeron en Italia en 1642, bajo la denominación de “Polvos de los jesuitas”.

Atacado por el paludismo el Padre Juna de Lugo, se salva con los polvos venidos de Loja, y en consecuencia le asigna el nombre de “Polvo del Cardenal”.

A las tres denominaciones populares para la quina, se suma una cuarta, la de los españoles que loa denominaron “Cascarilla”.  El paludismo causo más mortalidad entre los ibéricos que entre los indígenas pues éstos ancestralmente utilizaban el remedio que se hacía de la corteza de la quina, que molida y concentrada en infusión se ingería en abundante proporción.

Fue en Malacatos, provincia ecuatoriana de Loja, que un indígena revela las propiedades antipalúdicas de la Quina, que en quechua se denomina Quina-Quina, doscientos cincuenta años antes de que el bacteriólogo Laverán detectara el parasito que producía la malaria.

 

Álvaro Hernando Camargo Bonilla.

Fuente: Antonio Martínez Zulaica. La Medicina del siglo XVIII en el Nuevo Reino de Granada. Publicaciones de la Universidad Pedagógica y tecnología de Colombia. Tunja Boyacá. Ediciones “La Rana y el Águila. Tunja 1972.

sábado, 28 de enero de 2023

EL VIAJE A LA NUEVA GRANADA DE CHARLES SAFFRAY Y SU RELATO DE TRAVESÍA POR EL CAMINO DEL QUINDIO, DE CARTAGO A IBAGUÉ.



 

 

EL VIAJE A LA NUEVA GRANADA DE CHARLES SAFFRAY.

Charles Saffray, médico francés recorrió la Nueva Granada en 1869; sus crónicas de viaje fueron publicadas en la afamada revista francesa: LE TOUR DU MONDE, en los años 1872 y 1873. En año de 1876, apareció en Barcelona una edición española de la obra de Saffray, publicada por Montaner y Simón, en la colección: EL MUNDO EN LA MANO. En Colombia solamente ha aparecido una publicación, sin grabados, del viaje de Saffray que constituye el volumen 110 de la BIBLIOTECA DE CULTURA COLOMBIANA en el año1948.

Al iniciar su periplo, encontró el país en plena revolución. El general Mosquera acababa de derribar el gobierno del señor Ospina y había organizado el país bajo el nombre de Estados Unidos de Colombia.

La crónica de Saffray describe su entusiasmo por la naturaleza y detalla aspectos de geografía, caminos, historia y costumbres de la Nueva Granada de la época. Su relato no fija fecha de su llegada, ni de los hechos narrados, por la información se deduce que fue descrita durante la revolución de 1860.

Después de entrar por Santa Marta, pasó a Cartagena, Turbaco, que en lengua indígena se decía Yurmaco; por la vía del Dique llega a Calamar, en donde sigue al interior navegando el río Magdalena, para desembarcar en puerto Nare, de donde subió por su cauce en canoa hasta la bodega de San Cristóbal, lugar donde termino su navegación, y siguió a lomo de mula y tras largo y penoso camino, después de pasar por Marinilla y Rionegro, llega Medellín.  Resolvió seguir a Guayaquil, por el valle del Cauca. entonces tomo el camino por Sonsón, Abejorral, Pácora, Arma y Manizales, por un camino que, durante la estación de las lluvias, el viajero no podía avanzar más de tres leguas diarias.

Manizales se encontraba dominada por el general Henao, quien defendía el territorio de Antioquia y trataba de retirar las huestes del ex-abogado Payan, designado como general y jefe del ejército por Tomas Cipriano de Mosquera, patrón del valle del Cauca y quien estableció su avanzada en la aldea de María, distante una legua de Manizales, centro de las regiones templadas y frías de la Sierra Nevada del Quindío (desde la Mesa de Hervé, al norte, hasta la enorme masa cónica del Tolima, al sur), frontera entre las provincias de Antioquia y Cauca, punto de tránsito importante.

En Manizales emprende una excursión al Ruíz, donde, disfrutó todos los imprevistos que se le presentaron en su ascenso por territorios aún vírgenes y de una inmensa selva de pinos y cedros de proporciones colosales, por donde sólo andaban el puma, el tapir, el leopardo, el pecari (sus tassaju), el oso pardo, el ciervo de los Andes y el gato - tigre.

En la Aldea de María, contrató un baquiano que conocía la montaña, quien, por un camino, muy escarpado y cubierto de vegetación, lo guio en la correría. A medida que ascendía refería las plantas de la zona templada y gradualmente la aparición del bosque de niebla. A los cuatro mil trescientos metros de altura, detalla la presencia escasa de vegetación, cubierta de musgo que pendían de sus ramas, simulando cabelleras, luego, a cuatro mil setecientos metros, describe la existencia de la nieve.

Los acontecimientos derivados por la guerra, no le permitieron continuar el plan que tenía proyectado, y en consecuencia resolvió dirigirse al puerto de Guayaquil por el valle del Cauca, pasando por Cartago, donde pernocto varios días, luego a Roldanillo, Cali y Quinamayo, en donde desistió de su proyectado viaje a Quito y retrocedió a Cartago, regresando a Bogotá por la vía del Quindío.  Allí, programó su regreso a Europa devolviéndose por el Quindío, para recoger las colecciones que había dejado en Cali, y sigue a Buenaventura por la vertiente del río Dagua, buscando el Choco y por el río San Juan, y el Atrato, al golfo de Urabá.  

Su correría describe los indígenas que aún la habitaban, su forma de vida, costumbres, además, el uso y propiedades de la flora.

RELATO DE SU TRAVESÍA POR EL CAMINO DEL QUINDIO, DE CARTAGO A IBAGUÉ.

CAP. XXIV

LAS QUINQUINAS DE PI'l'AYO y DE ALMAGUER. –ESTUDIO DE LA REGlON DE LAS QUINININAS. -TRABAJO MUTIS. -RECTIFICACIONES BOTANICAS. -UNA PALABRA DE VOLTAIRE. -DEL CULTIVO DE LAS QUININAS. -EXCURSION AL RIO VINAGRE. -ALTURA DE LOS ANDES. -REGRESO AL VALLE DEL CALI - EL-PREPATIVO PARA EL PASO DEL QUINDIO. -LOS CONDUCTORES. -LA MONTAÑA,[1]

“Nueva Granada el país de los malos caminos; me habían prevenido que iba a Bogotá vería uno de los caminos reales más impracticables del mundo, situado en las montañas del Quindío, que forman parte de la cordillera central, entre Cartago e Ibagué.

Llegué a Cartago en plena estación de lluvias; durante la sequía se puede atravesar la montaña más o menos bien, con mulas elegidas, arrieros prácticos, y los bagajes convenientes, en cuyo caso se emplean seis o siete días para llegar a Ibagué; pero en invierno no se evita con las mejores mulas, la exposición de peligros que sería temerario arrostrar, sin una necesidad absoluta.

Sin embargo, resuelto a no esperar la estación seca, aprovécheme de una experiencia raramente adquirida para hacer mis preparativos de viaje. En vez de mulas, ajusté conductores, pues, aunque más caros, era también más seguro. Construí una tienda que debía sustituir a la sencilla choza de ramaje cubierta de hojas, que se forman para pasar la noche cuando no se tiene la suerte de encontrar una de las pocas cabañas que hay en el camino. Mandé comprar encerados, correas, una olla de hierro, una chocolatera de cobre, un hacha, un machete, algunas calabazas, secas para llevar los víveres y mochilas.

En cuanto a las provisiones, conviene llevar harina de maíz tostada, arepas, bananas cortadas y cocidas al horno, tasajo seco, azúcar, chocolate, sal y café. Las calabazas, los troncos de bambú y las grandes hojas flexibles, sirven perfectamente para el embalaje.

A fin de evitar la mala voluntad de los conductores, las tardanzas y los accidentes, ningún fardo ha de pesar más de cuarenta kilogramos, y cada paquete debe ir envuelto en tela embreada, atándole cuidadosamente para que ofrezca el menor

volumen posible.

Dos conductores prácticos, conocedores del camino, ofrecerán más seguridad que uno solo; se les promete una gratificación en el caso de que el viaje sea feliz, y se les confía la dirección de la caravana.

Si quieren dar por terminado el día a las dos o las tres de la tarde, no se debe contrariar su voluntad, pues sus razones tendrán para obrar así; el día siguiente puede ser penoso y de necesita un largo descanso, o bien se teme que sorprenda la noche en los pasos difíciles, o ya, en fin, se trata de albergarse en una cabaña conocida. En una palabra, aconsejo al viajero que deposité toda su confianza en esos honrados hombres, pue nunca tendrá que arrepentirse; pero adviértales también que no intenten dar demasiada importancia como amo, pues será el primero en sentirlo. Los conductores desempeñan honradamente su oficio de bestia de carga, pero quieren que se les trate con la debida consideración, pue por llevar una carga no dejan de ser hombres.

Un oficial español que atravesaba el Quindío parecía complacerse en injuriar a u conductor, porque le parecía que iba demasiado despacio, aunque el indio hacía cuanto le era posible. El viajero, empeñado en acelerar la marcha, gritaba siempre, y al fin, calzándose las espuelas, hirió con ellas al conductor. Llegados a un punto donde el camino bordea un espantoso precipicio de cuatrocientos metros de profundidad, el indio, que esperaba su hora, se arqueó de pronto sobre su férreo palo, y de un vigoroso empuje lanzó al oficial en el abismo. Todos los conductores del Quindío saben esta historia, y enseñan el sitio donde fue precipitado el viajero.

El aspecto general de las altas montañas cuyo conjunto se designa con el nombre de Quindío, recuerda al viajero lo paisajes del Páramo del Ruiz. Es la misma vegetación, la misma naturaleza en toda la vertiente occidental de la Cordillera. Por la otra parte ofrecen lo cuatro más variedad, apareciendo algunas plantas nuevas a intervalos. Allí fue donde vi por primera vez el Eupatoriwn Aya Palla. variedad del guaco, y que tiene propiedades análogas a la de la Mikania de las regiones cálidas.

Al llegar al pequeño valle de Tochecito se encuentra uno de los vegetales más notables de la tierra: el Ceroxylum Andícola, o palmera de cera. Todo es particular en este árbol; diríase que ha sido creado para las abrasadoras orillas del Pacífico,

pero también habita en los climas templados o fríos, y prospera en las montañas del Quindío y del Tolima, entre los mil ochocientos y dos mil novecientos metros de altitud. Allí donde parecerían las plantas menos sensibles al frío, o tomarían una forma achaparrada; la de que hablo presenta un estipe de cincuenta metros de elevación, graciosa y elegante columna que corona un vasto chapitel de penachos. Su tallo de color anacarado, que no es otra cosa sino cera, tan pura como la de las abejas, pero un poco más quebradiza. Generalmente se mezcla con sebo para fabricar las velas usadas en el país.

Cuando no estábamos más que a una jornada de Ibagué, y después de atravesar un vasto espacio de palmera de tronco alto y raquítico, coronado de un ramo de hojas, divisamos a lo lejos una cabaña y por cierto que ya era tiempo, pues los hombres iban extenuados y hacía horas que nos faltaban los víveres.

Llegados a la mísera choza, donde vi una mujer anciana, detrás de la cual se escondían dos jóvenes, preguntó la dueña que cuántos éramos.

-Ocho, contesté yo. -Pues no tengo sitio para todos, repuso. -Está bien: pero si lo permitimos albergue debajo del cobertizo. -Como gustéis.

Mi conductor preguntó entonces si se podría darnos algo para cenar, a lo cual contestó la mujer que no tenía cosa alguna, pero como esta réplica me recordase la anécdota de aquel soldado que no encontraba de comer en la posada, anécdota muy antigua que todo el mundo sabe, resolví seguir su ejemplo. El resultado sobrepujó mis esperanzas; pidiendo poco a poco obtuvimos huevos, azúcar y frutas. Después resultó que oprimiéndose un poco habría lugar para que todos durmiesen en la cabaña.

Al día siguiente penetrábamos en la bonita ciudad de Ibagué; y después de un día de reposo alquilé mulas para continuar mi viaje.  Bajando primero por los últimos contrafuertes de la Cordillera, cruzamos a poco el Magdalena, y siguiendo luego un camino montuoso menos practicable, llegamos sin percance alguno al pueblo de La Mesa, situado en una vasta meseta, limitada a lo lejos por una línea ondulante de montañas azuladas: en la falda de éstas se halla Santa Fe de Bogotá”.

 

Álvaro Hernando Camargo Bonilla.



[1] VIAJE A LA NUEVA GBANADA Doctor Saffray. Preparado por el Ministerio de Educación Nacional, Departamento de Extensión Cultural y Bellas Artes.1948. Biblioteca Popular de Cultura. Colombiana Págss. 208 a 280.

jueves, 26 de enero de 2023

PREOCUPACIONES DEL PROYECTADO PARQUE EN PREDIO DE LA ANTIGUA POSADA ALEMANA.

 

PREOCUPACIONES DEL PROYECTADO PARQUE EN PREDIO DE LA ANTIGUA POSADA ALEMANA.



El gobernador del Quindío, Roberto Jairo Jaramillo Cárdenas declaró que se edificará en el predio en mención un parque que ha denominado: “Parque Jardín del Quindío”, espacio que contendrá un “albergue para animales, senderos ecológicos, avistamiento de aves y un vivero departamental”, según lo expresado por el mandatario ante los diferentes medios de comunicación.

“Parque Jardín del Quindío”

El nombre, sin duda alguna, excelente, ya que su perímetro incluye tres importantísimas áreas de protección ambiental del territorio Quindiano. Más que un jardín, un precioso edén henchido de biodiversidad, paisaje, historia y cultura, pero su proyección arquitectónica contradice su nombre..

ÁREAS PROTEGIDAS Y ESTRATEGIAS PARA LA CONSERVACIÓN AMBIENTAL, CONCURRENTES EN EL ÁREA

El predio en mención está inserto en la confluencia de tres zonas de conservación ambiental, áreas destinadas exclusivamente al mantenimiento, defensa y utilización racional de los recursos naturales que allí existen.  La presencia del recurso hídrico, y su alta fragilidad ambiental de la zona, determinaron su declaratoria como áreas protegidas, para preservar la biodiversidad, y suministro del recurso hídrico de las poblaciones urbanas y rurales limítrofes con las áreas en mención.

Reglamentariamente, el uso y aprovechamiento de dichas áreas es limitado y orientado a la conservación, educación ambiental, investigación y monitoreo de especies de fauna y flora, establecimiento de corredores biológicos, hábitat o sitios de paso de aves migratorias en peligro de extinción.

Además de los paisajes naturales y su riqueza biodiversa, existen allí huellas arqueológicas e históricas de importancia local, regional, y nacional, como los hallazgos relacionados con la presencia humana con más de diez mil años de antigüedad. Al mismo tiempo, atraviesa la ruta emblemática facilitó la construcción territorial, como es el CAMINO DEL QUINDÍO.

Áreas y reservas forestales legalmente protegidas (Distrito de Conservación de Suelos Barbas Bremen, Distrito Regional de Manejo Integrado de la Cuenca alta del rio Quindío, Reserva Forestal Nacional, La reserva La Patasola), públicas y/o  privada, son patrimonio Ambiental, destinadas exclusivamente al mantenimiento, la defensa y utilización racional de los recursos naturales que allí existen.

Delimitaciones de áreas

·         DISTRITO DE CONSERVACIÓN DE SUELOS BARBAS BREMEN (DECRETO 2372 DE 2010), municipios de Filandia (3.323 HA.), y Circasia (1587 HA), contenidas en siete veredas; tres (3) de Filandia, y cuatro (4) en Circasia.  Filandia: Cruces El Vergel La Julia.  Circasia: El Roble, Membrillal, La Concha, San Antonio) Circasia.

·         DISTRITO REGIONAL DE MANEJO INTEGRADO DE LA CUENCA ALTA DEL RÍO QUINDÍO DE SALENTO (DRMI), que comprende un área de 32.722 ha, equivalentes al 87% del municipio de Salento.

·         RESERVA FORESTAL NACIONAL:  que contiene territorio protegido, en las veredas El Roble, el Alto Morro Azul y/o Cuchilla Morro Azul.  Este sector comprende todo el curso de la Quebrada Boquía, que linda con la RESERVA NATURAL “LA PATASOLA”.  Zona de amortiguación del Parque Nacional Natural de los Nevados, hacia el norte, y al oeste limita con el Santuario de Flora y Fauna Otún-Quimbaya.

 

COHERENCIA TOPONÍMICA DEL PROYECTO

 “ALBERGUE PARA ANIMALES”

“AVISTAMIENTO DE AVES”

El área proyectada es, y ha sido hábitat de fauna y flora, producida por su diversidad biológica.  Condición que ha merecido su inclusión como zona AICA (“Área Importante para la Conservación de las Aves”), y albergue de un significativo número de mamíferos, reptiles, entre otras especies esenciales en la preservación ambiental del lugar, especies en vía de extinción y/o con distribuciones restringidas.

“SENDEROS ECOLÓGICOS”

RECORRIDO POR VÍA HISTÓRICA LA TERRITORIALIDAD (CAMINO DEL QUINDIO).

El predio es cruzado por el antiguo camino del Quindío, que pasa por hermosos canalones, cubiertos de robledales, sobre los cuales se solazan las pavas caucanas, y moran mamíferos, como armadillos, guatines, cusumbos, entre muchas especies más.

 

La sociedad civil, instituciones oficiales y ONG’S, han investigado y desarrollado un extenso y serio trabajo de recuperación del camino del Quindío, patrocinado por la Gobernación del Quindío, Fondo mixto de la Cultura y las artes del Quindío, universidades del Quindío y Gran Colombia, referidos trabajos han derivado dos disposiciones legislativas: ORDENANZA N° 23 del 28 de noviembre de 2015, y el DECRETO 617 de noviembre 7 de 2019 (Asamblea y Gobernación del Quindío), concernientes a la activación de los mecanismos jurídicos, administrativos y técnicos, que permitan gestionar, impulsar e implementar las acciones para la recuperación restauración conservación uso y divulgación del camino del Quindío, y su posterior inclusión en la lista Indicativas de Candidatos a Bienes de Interés Cultural (LIBIC) del departamento.

En la proyección de la obra, es necesario referenciar y simbolizar la trascendencia de la huella histórica del camino del Quindío, desde la época prehispánica, hasta el inicio de la Quindianidad, importancia representada en la conectividad entre los centros del poder del oriente con el occidente del país.  Precisa pensar en su rehabilitación y adecuación, que permita la crear un producto turístico cultural, que ampare y reserve su historia para las generaciones presentes y futuras.

Las anteriores exposiciones, de seguro servirán de insumo en la  cualificación temática  del parque. Ojalá sean tenidas en cuenta por el señor Gobernador y diseñadores de la obra.  

Álvaro Hernando Camargo Bonilla

martes, 24 de enero de 2023

MAQROLL EL GAVIERO, EN COELLO COCORA. REMINISENCIAS.

 

MAGROLL EL GAVIERO, EN COELLO COCORA.

REMINISENCIAS.

Después más de 350 años de uso del camino del Quindío, en el año de 1914 surge la aspiración de prolongar la línea férrea entre Ibagué y Armenia, que cruzaría la cordillera por la depresión de Calarcá, obra que se empezó en 1929, y se paralizó desde el año 1949 y hoy permanece inconclusa.  

Por esos tiempos se pensó y construyó el que se conociera como “Camino Nacional de Calarcá”, ruta previa a la actual carretera que cruzaba la Cordillera los Andes del Quindío, de Ibagué a Calarcá, construido por la Ley 21 del año 1911, en plenos albores de la fundación de la “Villa del Cacique” (1890), legislación que ordenó su apertura, consolidada con la firma de un contrato en Ibagué el 11 de marzo de 1913, entre Leónidas Cárdenas, gobernador del Tolima, y el ingeniero Hernando Jaramillo, su constructor.

Trazado que emprendía de la plaza de Ibagué, y en extensión de aproximadamente 80 kilómetros llegaba Calarcá, luego de cruzar lugares como el “Boquerón de Coello”, “Morrochusco”, río Coello, “Juntas de Cocora” (corregimiento Coello – Cocora), donde se vadeaba el río Coello por un puente colgante de construcción mixta (mampostería madera), soportado sobre estribos de argamasa y sustentado por cables metálicos, con longitud de 20 y altura de 5 metros sobre el nivel de las aguas. De seguida, pasaba por “Curalito”, la “Cerrajosa”, el “Tigre”; río Anaime, donde se construyó un puente sobre el río Anaime para alcanzar a “Ibagué viejo” (Cajamarca); continuaba por La “Paloma”, “Perales”, río Bermellón, la “Lora”, se ascendía a la “Línea”, rematando la cumbre e iniciaba el descenso, pasando por la “Cucarronera”, quebrada del Oso a Calarcá. Camino que motivó a colonos a establecerse en sus inmediaciones, vecindad que proporcionó atención a los viandantes y arrieros que con sus bueyes y mulas lo trasegaban constantemente.

En el año de 1928, con la obra de la actual carretera, paralela al camino de Calarcá, en el corregimiento de Coello – Cocora, paraje cruzado por las sendas antes descritas, por donde hoy los viajeros pasan raudos y desapercibidos, fue el lugar de inspiración literaria y poética del escritor colombiano, Álvaro Mutis Jaramillo, paraje donde pasó los mejores años de su infancia y juventud, y en el que, por voluntad manifiesta antes de muerte, sus cenizas fueron esparcidas en las corrientes del río Coello.

  "Todo lo que he escrito está destinado a celebrar, a perpetuar ese rincón de la tierra caliente del que emana la substancia misma de mis sueños, mis nostalgias, mis terrores y mis dichas. No hay una sola línea de mi obra que no esté referida, en forma secreta o explícita, al mundo sin límites que es para mí ese rincón de la región de Tolima, en Colombia", expresó Mutis, quien falleció en Ciudad de México en 2013 a la edad de 90 años.

El poeta nació en Bogotá el 25 de agosto de 1923, vivió nueve años en Bruselas donde cursó primaria y parte de la secundaria en el colegio jesuita de San Michel. Autor de "Maqroll el Gaviero", ha sido junto con García Márquez, de las mejores "plumas" de Colombia.

De origen paisa, su abuela nació en Salamina, su madre en Manizales, su padre, diplomático de carrera, quien fuera su tataranieto de Manuel Mutis, hermano del sabio José Celestino Mutis, que recorrió por esos lugares buscando sulfuro de Mercurio, en el río Bermellón



La casa de la finca cafetalera y cañera, ubicada en el corregimiento de Coello-Cocora, de propiedad de Jerónimo Jaramillo Uribe abuelo materno del poeta, lugar de sus musas y reminiscencias juveniles nacidas de las travesuras y jugueteos de niños, del poeta y su hermano Leopoldo, en los socavones de las minas abandonados, disfrutando del agradable clima, el azulado firmamento, los verdes de las montañas, los trinos de la avifauna, los frondosos cafetales y cañaduzales y trapiches que extraían el jugo de la caña, que  aromatizaba el aire, todo junto, un cumulo de recuerdos inolvidables.



Del otrora romanticismo, solo queda la fría y asombrosa modernidad, representada en la majestuosidad de la nueva infraestructura vial, con sus monumentales obras, precisamente, en ese histórico sitio, se levanta imponente un viaducto que cruza el cañón del “Coello- Cocora”, que, por fortuna, lleva hoy el nombre de nuestro extinto representante de la literatura colombiana en el mundo, denominado: viaducto Álvaro Mutis Jaramillo.


 

Álvaro Hernando Camargo Bonilla