miércoles, 3 de octubre de 2018

219 AÑOS DEL PASO DE ALEXANDER VON HUMBOLDT Y BONPLAND, POR EL CAMINO DEL QUINDÍO.


219 AÑOS DEL PASO DE ALEXANDER VON HUMBOLDT Y BONPLAND, POR EL PASO DEL QUINDÍO.

LA ODISEA ANDINA DE HUMBOLDT POR EL PASO O CAMINO DEL QUINDÍO.

 

Impulsado por una sed insaciable de conocimiento y aventura, Alexander von Humboldt, el célebre naturalista, emprendió en 1801 una de las travesías más épicas y desafiantes de su expedición por la Nueva Granada: el cruce de la cordillera del Quindío. Su motivación no era solo personal; anhelaba explorar regiones remotas, desentrañar los misterios de la naturaleza andina, estudiar su geología y flora, y contribuir significativamente al progreso científico de la época. Además, tenía un interés particular en conocer al renombrado botánico José Celestino Mutis, figura central de la Expedición Botánica en la región.

 

El viaje de Humboldt fue posible gracias al amplio apoyo del gobierno español, que le otorgó dos pasaportes. El de la Primera Secretaría de Estado, especialmente detallado, le confería una libertad casi sin precedentes para sus investigaciones. Podía usar sus instrumentos de física y geodesia, realizar observaciones astronómicas, medir montañas, recolectar muestras y ejecutar cualquier operación que considerara útil para la ciencia, con la promesa de protección y auxilio de las autoridades locales.

 

Tras meses de actividades en la Nueva Granada, que incluyeron la exploración del río Magdalena, visitas a minas de plata y el estudio de la flora y fauna, Humboldt y su compañero Aimé Bonpland llegaron a Ibagué. Decidieron enfrentar la temida cordillera del Quindío a pie, una ruta conocida por su dificultad y por requerir, usualmente, el uso de cargueros humanos. Durante 17 arduos días, la pareja de exploradores se adentró en la montaña, pernoctando en rústicas cabañas hechas con hojas de heliconia. La lluvia y el barro hicieron de cada paso un desafío, y al llegar a Cartago, sus pies descalzos estaban marcados por las lastimaduras.

 

Sin embargo, las adversidades fueron ampliamente recompensadas. Humboldt recolectó una vasta cantidad de plantas nuevas y realizó observaciones cruciales sobre la geología y la biodiversidad andina. Su itinerario por el Quindío fue un recorrido punto a punto, marcando su paso por lugares como Palmilla, Las Tapias, El Moral, Buenavista, Azufral, Agua Caliente, Toche, Gallego, Yerbabuena y Volcancito, hasta alcanzar el punto más alto en el Boquerón del Páramo. Desde allí, inició el descenso, pasando por Barcinal, Boquía, El Roble, Portachuela (donde luego se fundaría Filandia), La Balsa y Piedra de Moler, antes de llegar al río La Vieja y, finalmente, a Cartago.

 

Como testimonio de su paso, Humboldt grabó su nombre en un árbol en El Llanito, cerca de Popayán, dejando una huella tangible de su audaz expedición. La travesía del Camino del Quindío no fue solo un viaje geográfico; fue una gesta científica que consolidó el legado de Humboldt como uno de los más grandes exploradores y naturalistas de la historia, revelando al mundo la riqueza inexplorada de los Andes colombianos.




Septiembre 30 a octubre 13 de 1801
En 1801, en su viaje de Ibagué a Cartago, con rumbo a Popayán, Humboldt y Bonpland, ingresaron a  tierras Quindianas.

Salieron de Ibagué, pasaron las vertientes oriental y occidental de la sierra Nevada del Quindío, oprimidos por inclementes lluvias que les obligo a una parada de cuatro días en el valle de Boquía, donde estuvo hasta el 4 de octubre. Reanudaron su viaje, y llegaron a Cartago el 13 de octubre de 1801.


Subida de cargueros (1801) por la ladera del río Magdalena, según boceto de Alexander von Humboldt. Al fondo la ciudad de Ibagué y el pico nevado del Tolima.

Después de permanecer dos meses en Santa Fe, el ocho de septiembre de 1801, Humboldt y Bonpland emprendieron su camino con rumbo a Quito.
Una vez llegaron a Ibagué, debieron permanecer 8  días (del 22 al 29 de septiembre), por la dificultad de conseguir  cargueros, quienes se negaban a transitar la montaña por miedo de contagiarse de viruela; epidemia que se presentaba en Popayán y Santafé, circunstancia que desataba mucho temor entre los cargueros. 
Después de la obligada estadía, reanudaron su marcha en plena etapa lluviosa, asistidos por 5 cargueros, doce bueyes cargados de enseres, colecciones y provisiones. Los científicos se aprestaban a transitar por uno de los lugares ricos en plantas útiles e interesantes. Extasiados y fascinados oteaban las fabulosas formaciones orográficas, como el majestuoso  cono truncado del Tolima, el Ruiz y Quindío; cuyas picos nevados parecían el remate de garitas de castillos suspendidos en las filigranas montañosas cubiertas de selvas intrincadas.  
La curiosidad de explorar el afamado paso, se sobrepuso a las inclemencias de la obstinada temporada pluviosa. Partieron de Ibagué ávidos por reconocer la fabulosa montaña. Trece días de viaje por un intrincado y despoblado camino guarnecido de inmensas selvas, barriales horrorosos, y guaduales, tachonados de puntas que arruinaron su calzado, obligándolos a caminar descalzos.
En la vertiente oriental de la montaña, en el punto denominado Pie de Cuesta, a distancia, se les revelaba un hermoso paisaje del valle del río Magdalena; parte de la población de Ibagué y el pico nevado del Tolima, espectáculo que moldeó Humboldt.  Al paso por el sitio denominado el Moral (donde describe una familia blanca que vive y se ocupa del aprovechamiento del azufre), el camino les presentó una desagradable sorpresa; el encuentro casi fantasmal, de una caravana de viajeros, andrajosos y casi desnudos, que lloraban a causa de la escabrosidad y penalidades del camino.
Cuatro días de tránsito por la montaña del Quindío, dejaron a su paso puntos como el Azufral, Aguas Calientes, Toche, Tres Cruces (lugar donde describe una roca, con una descripción que recuerda que allí celebró una misa el arzobispo de Popayán), Tochecito (cubierto de palmas de cera y pasifloras), los Gallegos, la Ceja, Volcanes, Volcancitos y la “Guarida del páramo” (boquerón del páramo).

En su descenso por la vertiente occidental, relataron la triste experiencia de la persistente lluvia, acompasada con truenos retumbantes, que los acompañó de día y noche. Llegaron a Boquía, el 4 de octubre, en un lugar desprovisto de árboles, que habían sido abiertos a golpe de hacha, y que los cargueros llamaban rancherías o contaderos, pernoctaron varios días.

 

El armazón de la ranchería en Boquía.

Bosquejo de la mano de Humboldt
Armazón, amarrado con bejucos o en su defecto con pita o fique (agave),

Por el miedo de que los sorprendiera la noche, armaron la ranchería, en el contadero Boquía. Para el efecto, los cargueros buscaron bejucos, cortaron palos y en pocos minutos se construyeron la casa, techada con hojas bijao, donde durmieron Humboldt y Bonpland en compañía los cargueros, quienes los atormentaron toda la noche con sus sudores y flatulencias desagradables. 

La techumbre


Hoja de bijao.  Bosquejo de mano de Humboldt

Los dibujos muestran el armazón y las hojas de la techumbre. Armazón amarrada con bejucos o en su defecto con pita o fique (Agave), para luego cubrirlo con hojas como si fueran tejas.

Armado el cobertizo, se revestía con varios centenares de hojas de bijao hojas de forma ovalada, de 50 de largo, por 37 centímetros de ancho, aprovisionadas en vertiente occidental de los Andes, en el río Quindío, de la Vieja y entre Cartago y Buga. Estas hacían la función de tejas que resistían a los más fuertes aguaceros. Estas eran.

La techumbre se proveía con hojas de Novum Genus Monandriae (bijao), dibujadas y descritas por el propio Humboldt. Hojas que se recogían en la vertientes oriental y  occidental de los Andes del Quindio, en las orillas del ríos Combeima, y de la Vieja, entre Piedra de Moler y Cartago.  Este habilidad de techumbre fue aprendida por los españoles de los indígenas.

Se preguntaba Humboldt ¿Cómo esos techos de hojas, mejor que cualquier carpa, resistían a los mas fuertes aguaceros?  

Situación que le causo  gran admiración, cuando durante 96 horas, en los últimos cuatro días de su viaje  por el Quindío, en Boquía, tuvo la triste experiencia de la lluvia a cantaros de día y noche, con truenos y rayos retumbantes ininterrumpidos.


Hoja de Bosquejo de mano de Humboldt

Los sabios pernoctaron cuatro días en Boquía, donde coleccionaron orquídeas y mariposas que remitieron a la Sociedad Linneana de Londres. Por recomendación de Mutis, quien el 12 de septiembre despachó un “chasqui” a Ibagué, para solicitarle el estudio de unas muestras de minerales de cinabrio, que su herbolario Roque Gutiérrez había recogido en el Quindío. Continúan el camino, cruzando por Portachuelo, Buenavista y la balsa y finalmente llegan a Cartago, epicentro de otras incursiones en el los territorios mineros del Choco, Marmato, Quiebralomo, antes se seguir su curso hacia Quito, por el valle del río Cauca.

Álvaro Hernando Camargo Bonilla.

1 comentario:

Anónimo dijo...

SU RELATO ES EXCELENTE - tiene un balance perfecto entre el viaje y la belleza natural de la zona que tiene una geografia dificil. El anexo de los dibujos de los techos para protegerse del torente de aguas lluvias -con matas de buija-, usted tambien encontro que es lo mejor del relato que hizo Humboldt. Cuando lo lei por primera vez hace 10 años - esa me parecio la mejor parte del relato de ese cientifico aleman. Lo disfrute . gracias.