martes, 30 de noviembre de 2021

MITOS Y LEYENDAS

Todavía existen sitios de antiguos caminos donde se ubican mitos y leyendas del pasado, como el “Paso de los aguadeños”, la “Guaca de Fachadas”, la “Trampa del Tigre”, la leyenda de la “India”, de “La Plata”. Hoy, estos sitios son punto de encuentro e intercambio representados en lugares paisajísticos, fondas y/o centros poblados de grata recordación e fenomenal historia y afianzamiento de nuestra "Quindianidad”.

LEYENDA DEL NOMBRE DEL CORREGIMIENTO DE “LA INDA”.


Busto de la India (Plaza del corregimiento)

En el corregimiento de “La India”, municipio de Filandia, fundado por Leocadio Antonio Salazar Mejía, se relata que a principios del siglo XX cuando Don Tulio López, en su finca “La Liberia”, actualmente de propiedad de don Danilo Gómez, más exactamente, en el sito donde se ubica la casa de la finca, en la adecuación del terreno para la construcción de la casa, se encontró  un vestigio indígena en oro, que representaba una imagen femenina. Este descubrimiento influyo en el nombre del lugar “La india”,

La leyenda cuenta que la pieza de oro se vendió por la suma de $30.00 pesos y que actualmente se encuentra en el museo de Las Américas en España. A partir de allí el nombre de “La India”. No se ha precisado el sitio, ni la fecha aproximada lo que ha permitido se envuelva aquello en un viso de fábula y de leyenda.

Según la tradición, el señor que encontró la guaca procedió a partir el muñeco, y al partirla tenía oro por dentro.  Las guacas de la India tienen diez y ocho caminos.

Si La india de oro representó el genero femenino Quimbaya,  fue el Ídolo de ¿en donde se encuentra y el indio?. Al decir de los guaqueros, las fosas de Fachadas y Pavas (Filandia) con salones amplios, labrados y esculpidos fueron santuarios indígenas saqueados por los guaqueros  [1]

 

LA TRAMPA DEL TIGRE.

Alto de los Gallego (antigua plaza de ferias)


En Cajones, cerca a las partidas hacia los municipios de Ulloa, Alcalá, Montenegro y Quimbaya. un tigre que adentraba hasta las habitaciones de las viviendas y mataba los perros que cuidaban

Dicen que un señor Andrés Cardona, quien fuera combatiente de la guerra de los mil días en el grado de coronel, en el alto de los Gallegos, cansado de que dicho animal consumirá terneros y lechones, fabrico un gran hoyo que cubrió con un falso piso, lugar en donde coloco un lechen de carnada para atraer al tigre.

Ocho meses el tigre merodeo receloso, hasta que la curiosidad y el hambre lo hizo caer en tentación, y cayo en la trampa.

Por tal razón este lugar, a partir de ese momento se denomino, LA TRAMPA DEL TIGRE.

 

LA GUACA DE FACHADAS.

 


Por Álvaro Hernando Camargo Bonilla. Academia de Historia del Quindío. Publicado por el diario La Crónica del Quindío el 25 de noviembre de 2012.

 

Aventureros errantes empujados por las guerras y las necesidades llegaron a las tierras de la hoya del Quindío en busca del oro de las guacas Quimbayas. Pasión febril que se consolaba por los golpes de suerte al descubrir tesoros que permitieran salir de la penuria.

 

Filandia hace parte de estas leyendas de tesoros encantados. En la vereda Fachadas, territorio antiguamente habitado por los Quimbayas, se relata la leyenda de que se encuentra un tesoro encantado y que, pese a las persistentes búsquedas, no lo han podido descubrir.

 

Por los años ochenta del siglo XX, hechizado por la práctica guaquera e ilusionado en un golpe de suerte al obtener el tesoro encantado de Fachadas, falleció Eduardo Suaza en su intento de profanar el sepulcro indígena.

 

Cuentan que el Suaza descendió a la guaca por una estrecha boca del túnel de entrada, siguió por este al través una serie de amplios salones conectados por estrechos pasadizos. Hipnotizado por su búsqueda, prosiguió sin ningún equipo de protección, solamente acompañado por la débil luz de una esperma, cuya llama ayudó a consumir el poco oxígeno disponible; al faltar este, Suaza se sintió ahogado, intentó buscar la salida, pero ya en la oscuridad no la localizó.

 

Afuera, sus compañeros de aventura gritaban a viva voz el nombre de Eduardo, esperanzados en obtener respuesta; no obstante, como resultaron infructuosos sus intentos, entraron en pánico pero no quisieron entrar tras el rastro de su compañero por físico miedo. Entonces pidieron la ayuda del Cuerpo de Bomberos de Filandia y Montenegro, los cuales acudieron al lugar para tratar de rescatar al valeroso guaquero. Uno de los bomberos se introdujo al agujero para rescatar al buscador de guacas y corrió la misma suerte de Suaza: se perdió en el boquete.

 

La situación se complicó a tal punto que el suceso trascendió la comarca y el acontecimiento pasó a ser noticia nacional e internacional. Entonces llegaron muchas gentes, procedentes de países como Brasil, Estados Unidos, Canadá, Panamá, Venezuela, atraídos más por la fiebre del oro que por el rescate del guaquero; aparecieron con aparatos sofisticados y modernos a intentar sacar el tesoro. Solo trascurridos 21 días de haber acaecido el evento, rescataron el cuerpo de Eduardo Suaza, salvado por un bombero de Filandia apodado Pezuña, y de apellido Castañeda.

 

Suaza fue rescatado completamente empantanado y descompuesto; su cuerpo presentaba una coloración verde a causa del prolongado tiempo de permanencia en la guaca y los rigores de la humedad; de allí fue conducido en el carro del cuerpo de bomberos a la morgue ubicada en el cementerio de Filandia para la respectiva necropsia.

 

El sitio de la excavación se convirtió en lugar de romería. Enjambres de curiosos y guaqueros, contagiados por la fiebre de los tesoros, con las precauciones del caso trataron de acceder a la caverna, pero tuvieron que desistir del intento al momento de alcanzar el quinto salón de la guaca. La razón es que se apagaban las linternas y se atoraban los tanques de oxígeno que se llevan al lugar. Por lo tanto se ha diseminado el rumor de que este es un tesoro encantado porque nadie ha sido capaz de llegar a él.

 

De esta historia real, y de muchas otras, se nutrieron las leyendas de los guaqueros que llegaron al Quindío donde aun hay algunos esperanzados en sacarse la lotería con una tumba indígena bien provista.

 

Paso de los aguadeños.


Sobre el viejo camino que de la “Plancha”, hoy Circasia, conducía a Filandia, colocado en los altozanos y laderas del cañón del río Roble, quebradas Cajones, la Coca y Portachuelo se encuentra el paso “arriero” y de a pie, que remataba en una fonda caminera conocida con nombre: “Los Aguadeños”, en el cruce de caminos de la Filandia , Española, Quimbaya y Montenegro; El nombre de “Aguadeños”, se debe a que los primeros dueños que fueron unos colonos que llegaron de Aguadas.

Histórico paso del río Roble por un hermosísimo y antiguo puente de herradura, también denominado: puente de los “Aguadeños”. Puente construido con vigas de barcinos, robles y laureles y techado con astillas de las maderas citadas; por donde vadeaban arrieros y viandantes con sus recuas, organizadas por doce a quince animales que transportaban productos y avituallamientos para proveer los mercados de las localidades recién fundadas;  también viajaban a mercar, a tomar trago. El puente de los “Aguadeños” que existe hoy, está construido en concreto y se sitúa aguas abajo del antiguo puente de arriería.

En el entorno de este maravilloso paso histórico, se relatan mitos y leyendas  que refieren la existencia de tesoros derivados de guacas indígenas y entierros de valiosos tesoros. La ficción alude  la existencia un inestimable entierro situado en el peñasco que limita en el margen derecho del antiguo paso, inmediato al río, narra el cuento, que todos los Viernes Santos se abre un portillo en la peña, en el que se despliega un fulgor dorado como el color del oro, que disfrutan los ávidos y  ambiciosos guaqueros a vagabundear por el lugar en busca del tesoro contenido en la gran peñón. Hasta ahora han sido infructuosas las búsquedas del entierro,   pues, se trata de una sepultura “encantada” de los aborígenes Quimbaya, por tanto no se ha encontrado, por que cambia de espacio en cada intentona de exploración.

 

LEYENDA DEL GUANDO O BARBACOA.


El guando o barbacoa, armadura hecho de guadua y tabla, en forma de camilla cubierta por una sábana blanca, bajo la cual se trasportaba el muerto y/o personas agonizantes..

Cuentan que este espanto va acompañado de cuatro personas, que generalmente son los cargueros del muerto. Aparece a la orilla del camino, a la orilla de un río, cerca de un pantano o entre el bosque.

 

Las apariciones de este macabro espectáculo en la mayoría de las veces conmueve, no sólo por creer que en realidad llevan al difunto por ir los familiares acompañándolo, sino por el murmullo coral del rezo del Rosario y la Misa por su alma.

 

Cuenta la historia que hace muchísimos años vivía un hombre muy avaro, grosero, terco y malgeniado, al que no le gustaba hacer obras de caridad, ni se compadecía de las desgracias de los demás. Los pobres del campo acudían a él a implorar su ayuda para sepultar a algún vecino, pero contestaba que no tenía obligación con nadie y que tampoco iba a cargar un mortecino. Además les advertía, que cuando él se muriese, lo echaran al río o lo botaran a una zanja donde los gallinazos cargaran con él.

 

Por fin se murió el desalmado, solo y sin consuelo de una oración. Los vecinos que eran de buen corazón, se reunieron y aportaron los gastos del entierro. Construyeron la camilla y cuando lo fueron a levantar casi no pueden por el peso que el difunto tenía. Entonces convinieron en hacer relevos cada cuadra, a fin de no fatigarse durante el largo camino al pueblo. Al pasar el puente de madera, sobre el río, su peso aumentó mucho. De pronto, se les zafó de las manos y el golpe sobre la madera fue tan fuerte que partió el puente y el muerto cayó a las enfurecidas aguas que se lo tragaron en un instante.

 

Al momento, los hombres acompañantes bajaron a la corriente y buscaron detenidamente pero no lo hallaron ni a él ni al andamio. Lo que sí quedó por el mundo es su aparición fantasmagórica que atormenta a los vivos, haciendo estremecer al más valiente con el ruido de los lazos sobre la madera en un continuo y rechinante "chiqui, chiqui, chiquicha...".

 

Sus apariciones más seguras tiene lugar en la víspera de los difuntos, o sea en las fiestas de las ánimas. Dicen que en los lugares aledaños a los cementerios, causa gran pavor a la tétrica procesión, portando sus acompañantes coronas, cirios y rezando en voz alta: se oye una voz cavernosa que dice: "meta el hombro compañero... ".

 

EL CURA SIN CABEZA.



Cuenta la leyenda que por las noches aparece de la nada el fantasma de un sacerdote (o bien, un fraile o monje católico), vestido con el hábito usual de su orden o con sotana, pero con la particularidad de que no tiene cabeza, por lo que causa terror y pánico entre la gente.

Se cuenta la leyenda que hace muchísimos años (de hecho, más de un siglo) había un sacerdote al que le gustaba salir con varias mujeres después de concluir sus misas.

 

Obviamente este tipo de conducta era rechazada por los moradores de Cuenca, pero lamentablemente nadie podía hacer nada para evitarlo, ya que el cura era amigo de las autoridades eclesiásticas que en algún momento pudieron removerlo.

 

ACAIME.


 

Acaime, el mohán o hechicero, natural de Panchi, se propuso derrotar a los españoles en todas partes. Los indígenas lo llevaban en andas, bajo un palio de estera y vestido con la camisa y faldón de una española, María Mercado, asesinada por los indios. Los indígenas acudían a él para pedir concejo y para´ que intercediera en las aguas cuando los ríos estaban secos. Por eso ese fue uno de los primeros Mohanes que significa: el que cuida de las aguas. Acaime tenía poderes especiales para comunicarse con los espíritus, presidir las prácticas religiosas y desempeñar los oficios de curanderismo.

Por allá una tarde caliente volaba altiva la garza y el sol radiante convertía a las hojas cayentes en brillos de colores que se deslizaban sobre las aguas del río grande, llamado Magdalena en honor a una santa; por ahí por lo que es hoy Purificación, estaba sentado Acaime, debajo de un árbol, sobre una piedra, al lado de un remolino, cuando se le presentó la visión de los espíritus. En ella se veía a un Dios dorado que mataba a los españoles. Este dios prometía que cuando estuvieran juntos los cristianos y sus caballos, sacaría fuego de debajo de la tierra y los quemaría vivos. Según Acaime, el dios de oro mandó a matar a los cristianos por crueles y opresores.

Acaime tomó la decisión de contarles a sus hermanos sobre su visión recorriendo la tierra de Yalcones, Panches, Pijaos y Quimbayas. En su camino se cruzó con grandes caciques que buscaban concejo y le pedían que intercediera por sus pueblos ante los espíritus. Llegando a la zona montañosa, por lo que es hoy el parque de los nevados, encontró la tribu Pijao que estaba en espera pues el cacique esperaba un hijo que en instantes nacería. Como era la costumbre, el cacique le pidió a Acaime que le preguntara a los espíritus de la montaña cual sería el nombre de su hijo. Acaime se internó en la montaña y ella espero que fuera el momento y le pregunto a la montaña el nombre del próximo cacique. La montaña tembló, los vientos aumentaron sus voces y en medio del agua se levanto el espíritu en forma de cascada y le dijo a Acaime: - El niño debe llamarse Calarcá. Acaime dio su pagamento y regreso a la tribu y nombro al niño Calarcá. ¿Cuál sería el destino de aquel niño que nacía en la noche, en medio del fuego y el tigre?

 

LA RODILLONA.



Se presenta al lado de los caminos, acurrucada en los barrancos, en forma de anciana sentada con la cara entre las piernas. Sus arrugas son múltiples, tiene una ancha boca con un solo colmillo, la nariz verrugosa y ganchuda. Sus risas son maliciosas, chillonas y terminan en carcajadas ensordecedoras, ahogadas en las bocanadas de humo de un tabaco que fuma en sentido contrario, con la brasa hacia el interior de la boca. Aparece, en ocasiones, en forma de murciélago apagando velas, lámparas y faroles.


Muchas veces es confundida con una bruja por su aspecto. Es una  mujer anciana, canosa y despeinada, con un solo diente, ojos enrojecidos, nariz afilada y rostro arrugado. Su característica más relevante, sin embargo, es que tiene unas enormes rodillas que le molestan para andar, de ahí el nombre de “rodillona”.

Suele aparecerse en los caminos o sentada en el borde de los barrancos. Lo que más le gusta es asustar a los amantes solitarios y retirados en los campos y bosques; pero es ella quien se asusta cuando oye llorar a un niño o cuando se encuentra con una mujer embarazada.

 

LA PATASOLA

Algunos campesinos creen que la patasola es la personificación de una madre que mató a su hijo y fue condenada a vagar por los montes. Otra versión muy popular dice que era una bella mujer muy pretendida por los hombres, pero perversa y cruel, que se dio al libertinaje, motivo por el cual le amputaron la pierna con un hacha y la arrojaron al fuego en una hoguera hecha con tusas de maíz. La mujer murió como consecuencia de la mutilación y desde entonces vaga por los matorrales de las montañas gritando lastimeramente en busca de consuelo. Se enfurece cuando ve hombres, le disgusta encontrarse con el hacha, la tusa y la candela; asimismo, odia la peinilla y el machete. Las personas, para resguardarse de ella llevan perros u otros animales domésticos. Dicen los campesinos que si la Patasola aparece de improviso, hay que recordarle los objetos que sirvieron para amputarle su pierna: el hacha, las tusas y la candela.

 

 

EL HOJARRASQUÍN DEL MONTE

 En una región de gente de mala proveniencia, un mal hijo, después de pegarle a su propia madre y de arrastrarla por los cafetales, se le trepó encima como si fuera una bestia de carga y la mató desgarrándola con una espuela que usaba con orgullo. Dios lo castigó, ante los alaridos de su madre agónica, y, metiéndole el diablo adentro, huyó a los montes convirtiéndose en un verdadero animal con cara de hombre y todo el cuerpo cubierto de hojas secas y musgo. Es un condenado en vida, vaga por los cafetales y no vale sino el escapulario de la Virgen del Carmen para librarse de él.

Algunos campesinos lo han visto como un “Hombre árbol” en movimiento; otros como un monstruo que aparece con figura de mono gigante con mucho musgo y hojas secas. Cuando hay tala de bosques, destrucción de árboles o quema del medio natural, el Hojarrasquín del Monte aparece en forma de tronco seco y queda oculto hasta cuando reverdece la floresta. Por ello muchos campesinos le tienen gran respeto a los troncos secos en los bosques.

El Hojarrasquín hace perder a los caminantes en el bosque. Sin embargo, cuando le cae bien una persona, le indica el camino para salir, por ello mucha gente lo invoca para pedir por el caminante perdido en las montañas. Las huellas del Hojarrasquín aparecen como rastros de pezuñas de venado, danta u otros, para despistar a los cazadores.

 

 

EL MOHÁN

El mohán a veces aparece como un hombre gigantesco con barba y cabellera abundantes, ojos rojizos de intenso brillo como brasas encendidas, boca grande, dientes de oro, tez quemada de indio viejo y en general un aspecto muy demoníaco. Aparece bastante juguetón, enamorado, muy obsequioso y serenatero. Se dice que es el creador del torbellino, el bambuco, el pasillo, la múcura, y se le oye tocar el tiple, el requinto y las maracas, al estilo antiguo. Su canto no es conocido, no se le atribuyen ‘coplas’, ni se le reconoce un lenguaje poético.

Los campesinos creen que el Mohán es antropófago, pues le gusta la sangre de los niños de pecho, a quienes, después de sacársela, se los come asados en hogueras de hojarasca. Le gustan las mujeres bellas y jóvenes, principalmente las muchachas casaderas, a quienes persigue para llevarlas a los ríos.

Alrededor de los charcos y en los peñascos donde vive, custodia sus tesoros en oro, piedras preciosas, alhajas, brazaletes, narigueras y numerosas joyas. Algunos dicen que tiene un palacio subterráneo con muchos tesoros, oro y piedras preciosas.

 

EL PATETARRO


Hombre de descomunal tamaño, terriblemente feo, sucio y desgreñado. Vive en los montes. Le falta una pierna de la rodilla para abajo y él la ha reemplazado con un tarro de guadua, tarro que a la vez le sirve de letrina. Cuando está lleno de inmundicias lo derrama en algún sembrado y allí nacen las plagas, las cosechas se malogran y los daños son incontables.

Su presencia por los campos es pestilente y se considera como el anuncio de calamidad, muerte e inundaciones. Sus gritos macabros o sus carcajadas histéricas se escuchan en los socavones de las minas y en las hondonadas de los riachuelos, sobre todo en las noches lluviosas oscuras y tenebrosas. Su presencia es anunciada por el aullido de los perros, el movimiento de los árboles huracanados y el rozar intenso de la hojarasca.

 

LA TARASCA

 Horrible mujer a la que le gusta chuparle la sangre a los hombres; es muy parecida a la patasola con la diferencia de que ésta corta en tasajos a sus víctimas.

 

Su fealdad no tiene descripción y sus gritos, como aullidos de fiera, llenan de pavor campos y aldeas. Sus berridos son precedidos por gemidos lastimeros de una persona atormentada y con esta treta, atrae a incautos y citadinos. Sólo retrocede si ve el escapulario de la Virgen del Carmen. Quienes la ven pierden el habla y el conocimiento.

 

 

La Leyenda Del Cacique Calarcá

 

 

Peñas blancas se ha convertido en un referente de identidad para los quindianos, pues evoca el recuerdo legendario de un cacique indígena que le dio el nombre a la segunda ciudad más importante del Quindío y en torno a quien se han tejido varias historias sobre las supuestas riquezas por él guardadas en el interior de los socavones. Los relatos, cargados de fantasía y motivados por la ambición de muchos guaqueros, convirtieron a Peñas Blancas en un polo de atracción de aventureros.


La historia habla de Combeima, cacique de los Coyaimas y Natagaimas y bautizado posteriormente como Baltasar. Aliado de los españoles, llegó a casarse y tener descendencia con la hija de uno de ellos, lo que motivó a Calarcá a cobrar la ofensa por mezclar la sangre indígena con la de los invasores. De hecho su hijo fue raptado, devorado y sus huesos fueron devueltos a su padre tres días después.

 

Combeima (o Baltasar) preparó su venganza con el presidente del Nuevo Reino de Granada, don Juan de Borja. Con una lanza el cacique asesinó a Calarcá, dispersando al pueblo Pijao y facilitando su sometimiento al gobierno español.


Otros relatos del Quindío y el Tolima también relatan que Calarcá concibió una hija llamada Guaicamarintia quien se convirtió en cacica de los pijaos a la muerte de su padre y se casó posteriormente con un cacique quimbaya, quien la llenó de riquezas y aniquiló el carácter belicoso y altivo de los pijaos. Sin embargo, éstos nunca fueron dominados completamente por los españoles. También se cuenta que, al morir Calarcá, su hija ordenó enterrarlo en una sepultura entre las rocas del monte y allí lo dejó con todos sus tesoros.


Álvaro Hernando Camargo Bonilla

Academia de Historia del Quindío.



[1] En entrevista realizada el año de 2004 a don Aristóbulo Jaramillo Peláez, manifestó  que los principales fundadores del Corregimiento La India fueron: PASCUAL JARAMILLO, CRECENCIA PELAEZ, FERMIN LEÓN, ANTONIO PELAEZ, FELIZ CASTAÑO, MANUEL MORALES, CHUCHO SERNA., TANO MEJIA, ROBERTO HOYOS y JULIO BLANCO.

Álvaro Hernando Camargo Bonilla
Vigía del Patrimonio, Miembro de la Academia de Historia del Quindio.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

¿PORQUE RECUPERAR Y PROTEGER EL CAMINO DEL QUINDIO?

 JUSTIFICACIÓN


El CAMINO DEL QUINDIO, hoy en limitación de uso y riesgo de desaparecer, por causa de los nuevos desarrollos de infraestructura vial en el país, y falta de normatividad conducente a su conservación, representa un bien inmueble arquitectónico de importancia como eje articulador de la historia y la cultura, vía  fundamental para la comunicación y el trasporte en el territorio nacional hasta las dos primeras décadas del siglo XX en Colombia.

 

La Gobernación del Quindío adelanta la recuperación del CAMINO DEL QUINDIO, en cumplimiento de lo establecido en la Ley 397 de 1997 (Ley General de Cultura), modificada por la ley 1185 de 2008, que busca la implementación de estrategias para la preservación, recuperación y mantenimiento del patrimonio cultural. Dentro de estas acciones, es necesario gestionar su salvaguarda y preservación de este bien cultural.

 

EL CAMINO DEL QUINDÍO, y sus zonas de influencia en el departamento, precisa de la implementación de acciones de protección, establecimiento de las condiciones físicas, de mantenimiento y conservación, necesarias para su recuperación y sostenibilidad, y estrategias para su conocimiento, apropiación y transmisión a las futuras generaciones.

 

En términos generales caracterizar los procesos y parámetros necesario para su preservación y desarrollo integral de una manera sostenible y vigente.

 

DESCRIPCIÓN DEL CAMINO DEL QUINDIO

El Camino del Quindío es un  camino que por siglos comunicó el occidente con el centro del país, de Popayán a Santa fe y fundamentalmente los valles interandinos de los ríos Magdalena y Cauca.  Hacía parte de una gran ruta que se prolongaba hasta Quito y que perdió su utilidad cuando fue desplazada por la carretera y el ferrocarril comenzando el siglo XX.

 

La zona del Camino presenta un alto grado de biodiversidad, definida por su variedad de pisos climáticos y formaciones geológicas.  Se desarrolla una biodiversidad rica y exuberante, donde su especie más significativa es la palma de cera del Quindío, tan magnífica que fue declarada árbol nacional.

 

Incorpora paisajes sorprendentes originados por sus contrastes, orográficos, meteorológicos, biodiversos, clima y diferencia de alturas en cada uno de los parajes que cruza la calzada.

 

Aludidas  condiciones permiten colegir el perfecto equilibrio ambiental y  la diversidad de recursos proporcionados por su exuberante vegetación, y las formas del relieve, que permiten el origen de considerable número de fuentes hídricas y variedad biodiversa, que son fundamentales para nuestra la región.

 

La biodiversidad primigenia, introducida  y la heredada como resultado del transito y colonización en el camino, constituye un significativo valor cultural que proveyó  la simiente a la Quindianidad. 

 

Puede concluirse que el Camino del Quindío, no solo fue importante por toda la actividad histórica, cultural y científica que por la ruta aconteció, otros aspectos, como la integración entre el centro y el sur del territorio patrio, que posibilitó el desarrollo de esta región, amarrado al impulso de las diferentes colonizaciones, como política de Estado.  También por la apertura de las tierras aledañas, que facilitaron la iniciación de tambos y posadas que posteriormente dieron origen la creación de pueblos, como fue la fundación de La Aldea de Boquía, principio de la colonización del Quindío.

 

El hábitat limítrofe de la vía perennemente fue vadeado por las oleadas migratorias que lo trasegaron y colonizaron; circunstancias que causaron una amplia trasformación e impacto por el uso y aprovechamiento constante de de su biodiversidad.

 

El tema es de considerable dimensión;  con el presente escrito se avizora rápidamente y se esboza un referente de estudio  de suma importancia para entender la significación del uso del Camino del Quindío en la fundamentación de las afinidades distintivitas del constructo Quindiano.

 

 

 

DE LIMITACIÓN, ZONA DE INFLUENCIA Y DESCRIPCIÓN DEL ESPACIO.

 

MARCO GEOGRÁFICO:



 

Ubicado en el centro occidente del territorio colombiano, vertientes oriental y occidental de la cordillera Central, dentro de los 4º.44’de latitud Norte y 74º.54’de longitud Oeste, de Cartago, Valle del Cauca, y hasta los 4º.26’ de latitud Norte y 75º.13’ longitud Oeste en Ibagué, departamento del Tolima.

 

El camino y su área de influencia se ensamblan dentro del entramado medioambiental que define una biorregión. Contexto delimitado geográficamente y caracterizado por aspectos ambientales similares como: morfología, geología, clima, suelo, hidrología, flora y fauna.  Condiciones que  concuerdan en  la denominada “Hoya del Quindío y/o Provincia Quimbaya”; calculada en longitud en y latitud en aproximadamente 4.635 kilómetros cuadrados.

 

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

 

VALOR HISTÓRICO

 

PRECOLOMBINA.

 

La información histórica, arqueológica y antropológica se deduce de la interpretación de los vestigios hallados de la zona denominada: “Hoya del Quindío y/o Provincia Quimbaya”; nombre referenciado en las coránicas de los invasores ibéricos a su llegada en el año de1539.

 

Habitada por los Quimbayas, organizados en cacicazgos con una relativa organización económica. Su presencia se remonta a 10.000 años antes del presente, fijados por dos periodos de ocupación diferentes y sucesivos: Quimbaya clásico (1er. Milenio AC hasta 1000 DC y Quimbaya tardío, 1000.DC hasta llegada de los Españoles. 

 

En la época prehispánica la existencia de caminos fue muy importante, y conformaban una verdadera red, que cruzaba los territorios ocupados por los indígenas, incluso más allá de los límites que dominaba cada pueblo, como lo dicen los estudios existentes sobre  los Quimbayas.

 

Lo antes descrito, se evidencia por la presencia de un alto número de plataformas de vivienda prehispánica sobre la ruta del camino del Quindío, en sectores como: reserva Bremen-la Pola, la Julia, entre otros;  donde se hallan vestigios arqueológicos, representados en material cerámico  y artefactos líticos.

 

CONQUISTA.



 

Indicaciones de los cronistas españoles como: Aguado, Juan de Castellanos Pedro Cieza De León, Juan Bautista Sardella Piedrahita, Robledo y Fray Simón, entre otros; permite comprobar que el “Camino del Quindío”, que pasa  la Cordillera Central, entre los municipios de Cartago e Ibagué, en los departamentos del Valle del Cauca y Tolima, corresponde a la red de “Caminos Prehispánicos” construidos por los grupos indígenas.

 

Además se logra deducir que los españoles utilizaron estos  caminos prehispánicos como rutas de penetración para conquistar los territorios indígenas y que consecutivamente fueran utilizados en los siguientes periodos históricos en el espacio inherente de la ruta. Los caminos prehispánicos, posteriormente se formaron las en vías de comunicación, que aún se utilizan en pleno siglo XXI. 

 

Los Quimbayas no soportaron la  violencia y esclavitud a que fueron subordinados; sucumbieron ante el brutal sometimiento. La tortura, malos tratos,  penosas jornadas laborales, mortales enfermedades; unidos al fatal despojo de sus tierras, bienes,  pérdida de su organización social, idioma y cultura; marcaron el final de la heredad  de los Quimbayas.

 

COLONIA

 

El despojo del oro Quimbaya, derivado de la  profanación de tumbas y ulterior explotación minera, fue en la conquista y durante la Colonia el principal propósito de los invasores españoles. Solo les interesaba las tierras que producían oro; este fue su principal propósito.

 

La colonia determinó la extinción y dispersión de los indígenas que sobrevivieron a la hecatombe conquistadora. La mayoría falleció y/o se suicidaron; el exiguo reducto que resistió, huyo de la zona del camino y sus centros poblados; los que se sometieron fueron esclavizados en oficios como: tamanes, cargueros, mineros.

 

Desde mediados del siglo XVI, y en el curso del XVIII, se explotaban minas de filón y aluvión en toda la extensión de la provincia Quimbaya.  Actividad que decayó a fines de 1810, cuando empezó la guerra de Independencia.

 

Surge la Ilustración, que impulsó la Expedición Botánica de 1783 al mando de José Celestino Mutis. La Expedición cruzó el Camino del Quindío.  Científicos y viajeros transitaron el Camino con otro interés distinto del de sólo ser una vía de comunicación.

 

En octubre de 1801 a su paso por el Quindío, Humboldt describe la palma de cera. También coleccionó especímenes de orquídeas y mariposas recolectadas en Boquía  y remitió a la Sociedad Linneana de Londres.

 

INDEPENDENCIA


 

En el desarrollo de las movilizaciones de independencia el camino fue necesario para él  tránsito de ejércitos procedentes de Santafé hacia el occidente con el propósito de apoyar a las regiones de la Gobernación de Popayán leales a la causa libertaria

 

Las dificultades en el Camino continuaron, tampoco mejoró después de consolidada la República.  Se hicieron esfuerzos para mantener el camino por parte de los legisladores. Bolívar en 1830, Santander 1834, y de Alcántara Herrán en 1842,  con el establecimiento del penal en Boquía, pero poco mejoró la vía.

 

La guerra independentista produjo un abandono total del camino.  Descenso en el poblamiento, desabastecimiento de productos agrícolas, ganaderos y mercancías de aprovisionamiento entre los centros urbanos ubicados en los dos extremos del paso: (Ibagué y Cartago).  Circunstancias que hicieron difícil tránsito y ocasionó un éxodo de los moradores ubicados en sus márgenes, huyendo de la guerra.  Esta situación generó pérdida de bienes, descenso de la producción, y aumento de la inseguridad de los viajeros.

 

REPÚBLICA



 

Se parte en este periodo con la expedición de la ley sobre “concesión de Privilegios y Apertura de Caminos”  1823.

 

Prisioneros de guerra fueron empleados para el arreglo de la ruta.  Prueba de lo antes dicho, fueron las colonias penales de: Toche y Boquía, ubicadas a la vera del Camino del Quindío.

 

Este periodo  consolida más la penetración colonizadora  de la región en cabeza de los  prisioneros de guerra empleados para el arreglo de la ruta.  Una vez cumplidas sus penas, resolvían quedarse y dedicarse  al fomento de predios dedicados a la  agricultura y  ganadería, práctica heredada de la penetración española.

 

El valor histórico del Camino del Quindío, se evidencia en todas las épocas del desarrollo histórico del territorio. La ruta facilitó el proceso socioeconómico desde la época prehispánica, la conquista, la colonia, la Independencia y República, además, facilito el proceso fundacional de los de pueblos que a la postre consolidaron nuestra identidad territorial.


Álvaro Hernando Camargo Bonilla
Vigía del Patrimonio, Miembro de la Academia de Historia del Quindio.

 

A PROPÓSITO DE LA INAUGURACIÓN DE LAS OBRAS DEL TÚNEL DE LA LINEA.




Hace doscientos veinte años el camino del Quindío fue escenario de un memorable acontecimiento histórico. El 4 de octubre de 1801 los científicos alemanes Alexander Von Humboldt y Bonpland hicieron transito por el paso del Quindío rumbo a Popayán. Doscientos veinte años después es noticia: la entrega del total de obras del cruce de la Cordillera del Quindío. El colectivo absorto y fascinado por los adelantos tecnológicos en la terminación exitosa de la mega obra, tal vez, no conocen la travesía histórica del mítico paso del Quindío.

Con motivo de la apertura total de las obras, es oportuno referir algunas relaciones del histórico paso.

En 1801 Humboldt decía que más adverso eran los preparativos que el viaje. Los viajeros de la época tornaban los aspectos sencillos en algo asombroso y monstruoso, y describían el paso del Quindío como excesivamente largo y peligroso, entelequias que resaltaban en interminables consejos, como ser cargados por silleros y cargueros, montar en las mulas, llevar carpa para acampar, cargar hojas de bijao para el rancho, porque la carpa mojada pesa mucho, etc.

La travesía constituía una ceremonia, arrieros empacaban y re-empacaban las petacas (maletas de viaje) para verificar que las 2 que se cargaban sobre el lomo de las acémilas poseyeran igual peso.

Humboldt consideraba todos estos aspectos como una situación ceremoniosa e inoficiosa, y refería que se aprendía más fácilmente a bailar bolero, hablar groseramente, que pasar el Quindío. Circunstancias baladíes para Humboldt acostumbrado a caminar en un día de 6-9 leguas a pie, vadeando ríos y permaneciendo meses en las selvas, por lo que pensó que el viaje no tenía nada de sorprendente como se lo indicaban.

PUNTOS EN EL CAMINO.



En su paso por las laderas oriental y occidental de la cordillera de los Andes del Quindío, registra Humboldt las rancherías, tambos y/o puntos, tales como: La Palmilla, Buenavista, Moral, quebradas Azufral y Aguas Calientes, Toche, gallegos, Boquía y Portachuelo.

Detalla el camino como una galería cónica y profunda, donde el equipaje rozaba con las paredes en las angostas y serpenteantes vueltas, con sus laderas cubiertas de musgo que servían para aferrarse cuando había peligro de caer. Tambaleando y serpenteando por oscuros camellones, apoyándose en los barrancos, colocando los pies en los copas formadas por el paso de los bueyes y mulas, que describe de un pie de ancho y siempre 12-14 pies de profundidad, llenos de lodo negro y cuando el pie no daba con el dique que permanecía inundados por las constantes lluvia,  se confundía un hueco con el otro y si fallaba al colocar el pie, se llenaba el calzado con agua, y algo más grave, el peligro de quebrarse el pie al caer a estas fosas.

RESEÑA EL INTENSO TRÁNSITO POR EL CAMINO DEL QUINDÍO.

A pesar a las afirmaciones de viajeros relacionadas con el exiguo transito del camino, Humboldt describe que a cada momento se encontró con mulas, bueyes, silleros, comerciantes de Popayán, Buga, e incluso de Pasto, que viajaban a Honda, Mompós y Santa Fe, a comprar ropa (así llamaban a toda clase de telas para la confección de vestidos). Para este transporte, muchas veces se necesitaban hasta sesenta cargueros, También cuenta el trasporte del tabaco y sal a la provincia de Popayán.

Hoy con bombos platillos y más placas conmemorativas  se celebra la terminación de un proyecto que se ha perpetuado en la historia del territorio por mas de trescientos cincuenta años y que habrá que cuestionar su beneficio concreto para el Quindío.

¿El Quindío Seguirá siendo un punto más del hoy evolucionado camino? ¿Cuáles son sus beneficios?  ¿Seguiremos siendo un tambo más en el camino?

 

Álvaro Hernando Camargo Bonilla

miércoles, 17 de noviembre de 2021

 

TERRITORIALIDAD Y CULTURA, FUNDAMENTO DE LA QUINDIANIDAD.

Investigar y revelar la historia de cotidianidad aportada por el camino del Quindío suministrará evidencias indudables en la fundamentación de la Quindianidad.

Migrantes franquearon la ruta, cruzaron lomas, planicies, pantanos y selvas, seguidos por sus familias y  enseres básicos, Descuajaron enmarañadas selvas, vencieron difíciles condiciones geográficas (caudalosos y torrenciales ríos, exuberancia  de animales silvestres, rigores climáticos, fastuosos paisajes y alucinantes mitos y leyendas), que se interponían y les obstaculizaba su peregrinaje, fundaron los primeros pueblos en cercanías del vía.

Por difíciles canalones y tupidos montes, silleros, cargueros, petaqueros y arrieros con sus recuas, trasteaban personas de diversas condiciones sociales (políticos, militares, religiosos, diplomáticos, intelectuales, artistas, comerciantes, labriegos, presidiarios, prófugos, aventureros, guaqueros), procedentes de diversas regiones, que anhelaban encontrar un sitio en esas espesas selvas donde erigir una ranchería, contadero o  tambo para refugiarse de los rigores de la noche y los peligros de la espesura selvática al final de cada jornada de viaje.

Variada temperatura y fértil naturaleza, aspectos provechosos para la agricultura y la ganadería, permitieron el establecimiento de enjambres de colonos procedentes de diferentes sitios del territorio de la Nueva Granada, que se posesionaron del  espacio dejado por los primeros aventureros que deambularon únicamente por la casualidad de la guaquería y la minería del oro de veta y aluvión.

El contrafuerte occidental de la cordillera del Quindío (Cordillera Central), en su piedemonte, tutelado por los nevados (Ruiz, Tolima y Santa Isabel) y el paramillo del Quindío, fue el vértice de las contiguas fundaciones en la “Hoya del Quindío”.

La pertinacia social más que la riqueza material, dio paso a la fundación de nuevas poblaciones. Su ascendencia cultural avivaba la provisión de construcciones publicas básicas: Iglesia, plaza principal, calles, despachos oficiales, viviendas  y otras obras públicas,  que les facilitara las relaciones socioculturales, cimiento esencial del poblamiento territorial.

Del progreso tangible provino lo intangible. Sociabilidad, solidaridad, creencias, tradiciones, símbolos, costumbres (religiosidad, brío aventurero, arriería, juego de gallos, dados, naipes, ferias y fiestas), talantes que aún perduran en el tiempo y espacio y procedieron a la coincidencia territorial y cultural. Lo antes descrito, debe invitar a la pesquisa histórica que permita dilucidar la cotidianidad histórica del camino,  insumo cardinal de la Quindianidad.

 

Álvaro Hernando Camargo Bonilla