LA HUELLA SACRA EN EL
QUINDÍO: SACERDOTES FORJADORES DE TERRITORIO Y LA EVOLUCIÓN DE LA FE DESDE LA
COLONIZACIÓN HASTA HOY.
La Semana Santa en el
Quindío, tal como la vivimos hoy, con sus procesiones, ceremonias y la profunda
fe de su gente, no es un fenómeno espontáneo. Es el resultado de más de un
siglo de una rica historia religiosa. Desde los primeros sacerdotes que llegaron
a estas tierras cafeteras, no solo como guías espirituales sino como verdaderos
pilares de la colonización, cada acto de fe y cada obra material fue tejiendo
la identidad de pueblos como Salento y Filandia. Estos hombres, que
construyeron templos, fundaron escuelas y hasta impulsaron la economía local,
sentaron las bases de una devoción arraigada que florece con especial
intensidad en estos días de recogimiento y tradición, recordándonos la profunda
huella que la Iglesia ha dejado en el corazón del Quindío.
En aquel entonces, la
fe no era solo una cuestión espiritual, sino que se entrelazaba con la vida
diaria en la construcción de pueblos, la educación y los aspectos económicos.
Los sacerdotes eran líderes comunitarios, constructores y educadores. La Iglesia
era el centro de todo, un verdadero motor para el progreso y la organización
social.
Ahora bien, en las
generaciones actuales, la situación parece diferente. No es que la fe haya
desaparecido por completo, pero sí se percibe una especie de desconexión o, al
menos, una vivencia de la espiritualidad que es mucho más diversa y, a veces,
menos visible o institucionalizada que antes.
Aparentemente, la
percepción de una "pérdida de fe" en las nuevas generaciones proviene
de un alejamiento de las tradiciones religiosas más rígidas, que a menudo son
vistas con poca proyección en el momento actual. También influye la ausencia de
acciones más pertinentes para conectar la herencia religiosa con los nuevos
tiempos. Esta situación se fundamenta en la globalización de la información, el
avance de la ciencia y los constantes cambios sociales.
Antes, la fe católica
era casi la única opción y definía la identidad de un pueblo. Hoy, con tanta
diversidad, los jóvenes exploran y eligen su propio camino espiritual. Quizás
esto represente una evolución hacia una fe más personal y menos colectiva, o incluso
hacia otras formas de buscar sentido a la vida fuera de lo estrictamente
religioso.
SACERDOTES DEL QUINDÍO:
TIEMPOS Y TERRITORIOS DE SU CURATO.
La huella e influencia
de los sacerdotes que desempeñaron su actividad religiosa y socioeconómica en
el cuarto, durante el proceso de colonización y consolidación territorial del
Quindío.
En las verdes laderas
de la Hoya del Quindío, la colonización no fue solo obra de arrieros y colonos.
La presencia de los presbíteros y padres católicos se entrelazó profundamente
con la consolidación social y económica de estas nacientes poblaciones, dejando
una huella indeleble que trascendió lo espiritual. Desde mediados del siglo
XIX, la Iglesia, a través de sus representantes, actuó como un pilar
fundamental, no solo evangelizando, sino también organizando la vida
comunitaria y promoviendo el progreso.
LOS PRIMEROS HITOS
RELIGIOSOS Y COMUNITARIOS.
El Presbítero Casimiro
Gamba, con su llegada a Boquía (futura Salento) en 1849, no solo firmó las
primeras partidas sacramentales, sino que validó la existencia de una nueva
Aldea, sentando las bases de una comunidad organizada bajo el amparo de la fe.
Poco después, el Padre Manuel Parménides Velasco consolidaría este esfuerzo al
oficiar la primera misa en la Parroquia de Salento en 1851, un acto fundacional
que unía a los dispersos pobladores bajo un mismo credo y un mismo lugar de
encuentro.
FUNDACIÓN Y
ESTRUCTURACIÓN DE PUEBLOS.
La figura del cura
trascendía el púlpito. El Presbítero Fulgencio José del Castillo y Ayora,
nombrado cura de Condina en 1854, fue reconocido como fundador de esta aldea,
lo que subraya el papel central de los sacerdotes en la génesis de los
asentamientos. Estos líderes religiosos no solo proveían servicios
espirituales, sino que eran referentes en la organización territorial y la
cohesión social. Sin embargo, las dificultades, pues la falta de recursos del
cura Fulgencio llevó al declive de Condina, evidenciando la fragilidad de estas
empresas colonizadoras.
EL IMPULSO A LA
EDUCACIÓN Y LA INFRAESTRUCTURA.
A medida que el siglo
XIX avanzaba, la labor de los sacerdotes se hizo más visible en el desarrollo
material. El Presbítero Sebastián Emigdio Restrepo, además de su servicio en
Salento y Circasia, fue un propietario de terrenos en lo que se convertiría en
Armenia, un indicio de la influencia económica que algunos clérigos poseían. Su
pasado como profesor y secretario de Monseñor Riaño, y su rol en la educación
en Medellín, demuestran que la formación intelectual no era ajena a su misión,
un valor que seguramente trasladó a las nuevas tierras.
Pero fue el Presbítero
José Ignacio Pineda quien encarnó quizás el espíritu más dinámico. Regentó
varias parroquias clave (Salento, Calarcá, Armenia, Filandia, Génova, Colón) y
no solo la apertura de libros parroquiales, sino que inició la construcción de
la Capilla en Armenia, colaborando con la comunidad. Su espíritu vivaz y su
participación en las guerras de la época, intercediendo por prisioneros, lo
retratan como un líder multifacético, involucrado activamente en la vida civil
y social de la región.
El Presbítero Ismael
Valencia Marín también se destacó como un verdadero constructor de comunidades.
En Salento, fundó el Colegio San Luis, una iniciativa crucial para el
desarrollo educativo. Además, fue pionero en el establecimiento de iglesias y
capillas en Filandia, Circasia, Calarcá y Montenegro, marcando con su presencia
el nacimiento y crecimiento de estos poblados. Oficiar la primera misa para la
fundación de Montenegro en 1885 y en Córdoba en 1917, resalta su rol como un
motor del asentamiento humano.
VISIONARIOS DEL
PROGRESO Y LA ORGANIZACIÓN.
Otros curas llevaron su
liderazgo a esferas más allá de lo estrictamente religioso. El Presbítero
Francisco de Paula Montoya fue un incansable promotor del desarrollo. En
Filandia, fundó congregaciones religiosas, construyó el templo, terminó la Casa
Cural, hizo el acueducto y colaboró en la construcción de la primera planta
eléctrica, el convento de las Religiosas Betlemitas y otras obras de
importancia. En Montenegro, construyó la Capilla, inició el cementerio y,
significativamente, promovió el cultivo del Café y luchó por mejores
acueductos, caminos y calles. En Quimbaya, impulsó la construcción de la
primera Iglesia, la Cárcel y fue un gran luchador por la erección en
Corregimiento y más tarde en Municipio. Estas acciones muestran a un clérigo
profundamente comprometido con la infraestructura, la economía agrícola y la
institucionalidad local.
El Presbítero José
María Arias, además de reformar la Iglesia y el cementerio en Armenia e iniciar
la Iglesia en Montenegro, construyó la Iglesia, el Cementerio y una Casa para
las Hermanas de San Vicente en Circasia, evidenciando un enfoque en la organización
social y de servicios básicos.
LA IGLESIA COMO CENTRO
EDUCATIVO Y ASISTENCIAL.
La preocupación por la
educación continuó siendo una constante. El Presbítero Nazario Restrepo Botero
fundó un colegio en Armenia en 1924, mientras que el Presbítero Jesús Antonio
Gómez Ramírez no solo arregló templos, sino que fundó varias escuelas en Circasia.
Asimismo, la Iglesia
jugó un rol asistencial vital. El Presbítero Jesús Antonio Molina fue Capellán
del Orfanato de Armenia, y el Presbítero José Dolores López se encargó de la
Capellanía del Orfanato y del Hospital de Armenia, demostrando el compromiso con
los más vulnerables en una época donde las instituciones de salud y bienestar
eran incipientes.
EL LEGADO DE UNA ÉPOCA.
Desde el primer acto
fundacional hasta las obras de infraestructura y la promoción económica, los
sacerdotes del Quindío fueron mucho más que guías espirituales. Fueron
educadores, constructores, organizadores sociales y, en muchos casos, líderes
cívicos que sentaron las bases de las comunidades que hoy conocemos. Sus
acciones, desde la firma de una partida de bautismo hasta la promoción del
café, revelan cómo la Iglesia, en sus inicios, fue un motor indispensable en la
colonización y el desarrollo socioeconómico de esta próspera región colombiana.
CRONOLOGÍA DE LOS
CURATOS EN EL QUINDÍO.
Presbítero Casimiro
Gamba:
Lugar: Boquía (Salento)
Tiempo: Desde el 20 de
diciembre de 1849 hasta 1851.
Padre Manuel Parménides
Velasco:
Lugar: Parroquia de
Salento
Tiempo: Ofició la
primera misa en 1851.
Presbítero Fulgencio
José del Castillo y Ayora:
Lugar: Condina
Tiempo: Del 17 de
agosto de 1854 a mayo de 1861.
Presbítero José Joaquín
Baona:
Lugar: Condina
Tiempo: Del 12 de
febrero de 1881 al 4 de enero de 1882.
Presbítero Sebastián
Emigdio Restrepo:
Lugar: Salento (1881),
Circasia (del 28 de febrero de 1889 al 11 de febrero de 1891).
Tiempo: 1881 (Salento),
1889-1891 (Circasia).
Presbítero José Ignacio
Pineda:
Lugar: Salento
(1883-1895), Calarcá (20 de octubre de 1889 - 11 de noviembre de 1894), Armenia
(abrió los libros parroquiales el 2 de febrero de 1892, Cura Residente el 18 de
noviembre de 1894), Filandia (desde el 7 de julio de 1889 hasta el 24 de julio
de 1895), Calarcá (1905), Génova (abrió los primeros libros el 24 de mayo de
1914), Colón (Pijao) y Génova (1913).
Tiempo: 1883-1895
(Salento), 1889-1894 (Calarcá), 1892 (Armenia), 1889-1895 (Filandia), 1905
(Calarcá), 1914 (Génova), 1913 (Colón y Génova).
Presbítero Ismael
Valencia Marín:
Lugar: Salento (1884),
Filandia (abrió libros el 22 de septiembre de 1884), Circasia (abrió libros el
1° de junio de 1887), Calarcá (1886, ofició misa; 14 de octubre de 1894 - 3 de
febrero de 1901; 8 de marzo de 1905 - 22 de julio de 1909), Montenegro (ofició
primera misa el 19 de octubre de 1885), Córdoba (ofició primera misa en 1917).
Tiempo: 1884 (Salento y
Filandia), 1887 (Circasia), 1886 (Calarcá), 1894-1901 (Calarcá), 1905-1909
(Calarcá), 1885 (Montenegro), 1917 (Córdoba).
Presbítero José Hipacio
Mejía:
Lugar: Condina
Tiempo: Del 29 de
octubre de 1884 al 16 de mayo de 1887.
Presbítero Francisco de
Paula Montoya:
Lugar: Filandia (desde
el 5 de octubre de 1901), Montenegro, Quimbaya.
Tiempo: Desde 1901
(Filandia), sin fecha específica para Montenegro y Quimbaya.
Presbítero José María
Arias:
Lugar: Armenia
(interino de 1901 a 1903), Calarcá (27 de abril a 9 de septiembre de 1901),
Montenegro, Circasia y Salento (de 1901 a 1916).
Tiempo: 1901-1903
(Armenia), 1901 (Calarcá), 1901-1916 (Montenegro, Circasia y Salento).
Presbítero Jesús del
Sacramento Jiménez:
Lugar: Calarcá.
Tiempo: Del 6 de
octubre de 1901 al 14 de enero de 1902 (figura en libros), Párroco hasta el 5
de marzo de 1905.
Presbítero Nazario
Restrepo Botero:
Armenia: fundó un
colegio en Armenia en 1924.
Presbítero Jesús
Antonio Gómez Ramírez:
Lugar: Quimbaya (1924 a
1927), Barcelona y Córdoba (1927 a 1929), Circasia (arregló templo y fundó
escuelas).
Tiempo: 1924-1927
(Quimbaya), 1927-1929 (Barcelona y Córdoba), sin fecha específica para
Circasia.
Presbítero José María
Ospina:
Lugar: Córdoba y
Barcelona.
Tiempo: 1924.
Presbítero Francisco
María Vélez Usma:
Lugar: Parroquia de
Montenegro
Tiempo: noviembre de
1925 en adelante.
Presbítero Jesús
Antonio Molina:
Lugar: Capellán del
Orfanato de Armenia, Párroco en Ulloa (después de 1933).
Tiempo: Capellán hasta
1933, Párroco en Ulloa por diez años.
Presbítero Luis Eduardo
Herrera Ibarra:
Lugar: Vicario
Cooperador de Calarcá (3 meses), Párroco de Salento (1944), Parroquia de Pijao
(1944-1948).
Tiempo: 1938 (Calarcá),
1944 (Salento), 1944-1948 (Pijao).
Presbítero José Dolores
López:
Lugar: Capellanía del
Orfanato de Armenia (1933), Capellán del Hospital de Armenia (1933-1934),
Vicario Cooperador en Armenia (1934-1940), Vicario Cooperador de Calarcá (1940
hasta su muerte).
Tiempo: 1933
(Orfanato), 1933-1934 (Hospital), 1934-1940 (Vicario Armenia), 1940-1951
(Vicario Calarcá).
Presbítero Eduardo
Botero Mejía:
Lugar: Párroco de
Calarcá
Tiempo: Del 1 de julio
de 1939 hasta su muerte el 2 de septiembre de 1946.
Presbítero Rosendo
Urrea Salazar:
Lugar: Vicario
Cooperador de la Parroquia de la Inmaculada de Armenia, Cura Párroco de Pijao.
Tiempo: Sin fechas
específicas, pero fundó un colegio en Armenia.
Presbítero Ernesto
López Rodas:
Lugar: Párroco de
Filandia
Tiempo: Del 26 de
agosto de 1944 al 8 de noviembre de 1946.
JURISDICCIÓN
ECLESIÁSTICA DE SALENTO.
} Originalmente, la
comunidad perteneció a la diócesis de Popayán. Sin embargo, en 1900, pasó a
formar parte de la diócesis de Manizales.
Elevación a Parroquia:
Fue elevada a la categoría de parroquia en 1925.
Sacerdotes Destacados: varios
sacerdotes sirvieron a la comunidad. Entre ellos se destacan:
*
Casimiro Gamba (1849).
*
Fulgencio del Castillo, quien bendijo la capilla.
*
Parménides Velasco, quien sirvió en dos ocasiones.
*
Ismael Valencia, quien también tuvo dos periodos.
*
Julio Arango, quien inició la construcción del templo actual.
*
Nabor Montoya, quien para el año de1923 dejo el templo a poca obra de
concluir su construcción.
Se construyeron
capillas en Boquía, luego en Barcinal (en 1863), y finalmente en Nueva Salento.
La construcción del
templo actual fue iniciado por el presbítero Julio Arango, utilizando fondos de
una acción que la iglesia poseía en la mina La Morena. Se describe como de
tamaño regular, con dos torreones y buenas campanas.
Igualmente, se
estableció cementerio de la población, cercado con tapias y alambre de púa.
En 1864, mediante la
ordenanza 12, se le concedió un juzgado parroquial.
LOS CURATOS HISTÓRICOS
DE FILANDIA Y SU IMPACTO SOCIAL Y ESPIRITUAL.
La colonización de
Filandia, ese baluarte del Quindío, no fue solo un trazado de caminos y
fundación de viviendas, sino también un profundo ejercicio de evangelización y
organización eclesiástica. Desde los albores de su existencia, la presencia de
sacerdotes fue fundamental, marcando el pulso espiritual, social y hasta
económico de una comunidad en ciernes. La historia de sus curatos es un espejo
de su evolución.
LOS PIONEROS Y LA
CIMENTACIÓN ESPIRITUAL (1880 - 1904).
La historia de la fe en
Filandia se inicia hacia 1880 con la figura del Padre José Joaquín Baena. Este
presbítero, cura de Condina (Pereira), ofició la primera misa en el incipiente
caserío mientras se encontraba en un viaje de Manizales a Bogotá, un hito que
sembró la primera semilla de la evangelización.
Poco después, la
importancia del lugar fue reconocida con la primera Visita Episcopal del
ilustre Monseñor Juan E. Ortiz, obispo de Popayán, un acto que legitimaba y
alentaba el crecimiento de la comunidad. Continua el accionar religioso con los
misioneros franciscanos Juan y Bernardo Arana, quienes dejaron su huella bendiciendo
una monumental cruz, símbolo de su labor misional, que reposa en la iglesia, cuya elaboración fue
obra de José María y Jesús Antonio Benjumea, con los toques artísticos de
Milcíades Valencia.
El Padre Ismael
Valencia emerge como una figura central en estos primeros años, desempeñando el
curato en dos periodos cruciales (1884-1889 y reasumiendo en 1895). Fue él
quien inició la formalización de los registros parroquiales, firmando el primer
libro de bautizos en 1884. Su segunda etapa al frente de la parroquia fue de un
notable desarrollo social, cuyas obras sociales serían reconocidas décadas más
tarde, cuando la Diócesis de Armenia, en un gesto de gratitud, consagró su
nombre en la Casa Campesina. Entre sus dos periodos, el Padre José Ignacio
Pineda (1889-1895) continuó la labor pastoral, consolidando junto al Padre
Valencia los primeros libros de matrimonios y defunciones en 1889, piezas clave
en la organización de la naciente comunidad.
A la salida de Pineda,
reasume brevemente el curato el Padre Valencia, y llega el Padre Jesús María
Restrepo (1895-1901), un sacerdote de visión constructora. Bajo su liderazgo se
inició la monumental obra del templo actual, erigido sobre enormes columnas de
barcino, comino crespo y laurel negro, una empresa que demandó el esfuerzo de
innumerables hombres en el transporte de la pesada madera desde los bosques de
Lusitania y Portachuelo. También emprendió la construcción de la antigua casa
cural. Tras esta intensa labor, el Padre Restrepo partió hacia Guayaquil, donde
fallecería.
CONSOLIDACIÓN
ECLESIÁSTICA: PARROQUIA Y VICARÍA FORÁNEA (1905-1923).
El 22 de enero de 1905
marcó un antes y un después para Filandia: el caserío fue erigido como
parroquia, independizándose de la Vicaría Foránea de Santa Rosa de Cabal, un
paso gigantesco en su autonomía eclesiástica. Una década después, el 17 de mayo
de 1915, la parroquia elevó su estatus a Vicaría Foránea.
En este periodo de
auge, el Padre Francisco de Paula Montoya (hasta 1923) se destacó como el
primer Vicario Foráneo y uno de los más grandes impulsores del desarrollo Filandeño.
No solo continuó con el arduo trabajo del templo parroquial y el hospital, sino
que su gestión más trascendental fue la de traer, en 1907, a la benemérita
comunidad de las religiosas Betlehemitas. Estas religiosas a través de la
historia, han prestado invaluables servicios educativos éticos y religiosos que
han dejado una positiva huella en la
formación de las generaciones Filandeñas.
Los años 1920 y 1930
trajeron consigo una renovación en la curia de Filandia y un periodo de notable
efervescencia. El **Presbítero Gonzalo Álvarez** sirvió a la feligresía entre
1923 y 1926, antes de dar paso al **Padre Salomón Castaño**. Este último, si
bien era honesto y virtuoso, destacaba por su carácter drástico, severo y un
tanto intransigente, lo que generó un 'compás de espera' en la comunidad. Su
presencia coincidió, además, con una época compleja, marcada por intensas
pasiones políticas, controversias sociales, caudillismos que impregnaron el ambiente por varios años.
A partir de mediados
del siglo XX, una larga sucesión de sacerdotes continuó la misión apostólica en
Filandia, adaptándose y consolidando la fe en una comunidad en constante
crecimiento. Entre ellos se cuentan a Ernesto López Rodas, Justo Pastor Loaiza,
Pastor Londoño, Ramón Hoyos, Guillermo Ramírez, Ramón Echeverry, Ananias
González, Carlos Vicente Buitrago, Gonzalo Guevara, Antonio Restrepo, y el
Padre Marco Antonio Duque, quien se desempeñó por muchos años como Capellán del
Convento de las madres Betlehemitas.
Posteriormente la
comunidad tuvo la guía del Reverendo Padre Francisco Betancur Ramírez. Este
sacerdote dejó un legado de obras significativas. Entre ellas, destacan la
creación de “la Casa de la joven desamparada” (ubicada en el antiguo teatro
Bengala), el Colegio Vocacional (que capacitaba en artesanía, comercio y
costura), la reconstrucción de la Casa Campesina “Ismael Valencia” y la
repoblación del templo y la casa cural. Su visión futura incluía la obra de “La
Casa de La Cultura”, un testamento de su compromiso con el desarrollo integral
de Filandia.
La trayectoria de los
curatos en Filandia es mucho más que un relato de fe; es la evidencia palpable
de una evolución constante, forjada por el doble rol de sus sacerdotes: guías
espirituales y pilares socioeconómicos. Cada presbítero, con sus dones y desafíos,
contribuyó a moldear tanto la identidad moral como la estructura física del
municipio, dejando una huella indeleble que perdura en el rico entramado
histórico y cultural de este rincón del Quindío.
Fuentes: José López
Montes, Pbro. Manizales, enero de 1923.
BOLETIN DE HISTORIA Y
ANTIGÜEDADES. ORGANO DE LA ACADEMIA NACIONALL DE HISTORIA Volumen XV, Número
176, junio 1926. DIRECTOR, EDUARDO POSADAN REDACTORES, LUIS AUGUSTO CUERVO, y
ROBERTO CORTAZAR.
Carlos E. Restrepo.
Finlandia Hija de Los Andes.
Por: Álvaro Hernando
Tibuchino Camargo Bonilla
No hay comentarios:
Publicar un comentario