martes, 19 de junio de 2012

El Combate de Las Cañas


EL CAMINO DEL QUINDIO EN LA INDEPENDENCIA

El Combate de Las Cañas 
Julio 26 de 1813.

Por Álvaro Hernando Camargo Bonilla
Licenciado en Ciencias Sociales Universidad del Quindío,
Especialista en Docencia,
Miembro de Número de la Academia de Historia del Quindío


Destacar y recapitular la memoria eco-histórico-cultural del Camino del Quindío, es revitalizar nuestra historia desde sus más tempranos inicios, e incentivar a los quindianos a la búsqueda de nuevos elementos históricos, culturales y ecológicos, que apremien la construcción histórica de la Quindianidad.

En el desarrollo de las movilizaciones de independencia, el Camino fue necesario para el tránsito de ejércitos procedentes de Santafé hacia el occidente con el propósito de apoyar a las regiones de la gobernación de Popayán, leales a la causa libertaria.

Algunas de las contiendas armadas de la causa libertaria se presentaron en inmediaciones del Camino del Quindío, en la vereda las Cañas del Municipio de Alcalá, en límites con la vereda Las Pavas, de Filandia.

En 1813, el ejército español en cabeza de Juan Sámano, invadió al Cauca, los patriotas se replegaron de Popayán hacia Cartago.  Unos 150 patriotas procedentes de Popayán se unieron al francés Manuel Roergas de Serviez, comisionado por el gobierno de Santafé para reforzar las tropas. Sámano ocupó a Cartago, con 1.000 hombres, y el 26 de julio de 1813 se enfrentó a Serviez, en Las cañas o Cerrogordo.

Los patriotas con la expectativa de obtener refuerzos militares procedentes de Ibagué, deciden emprender la retirada por el camino del Quindío hasta Piedra de Moler, ribera derecha del río de La Vieja, y así tomar la ofensiva contra Sámano. Infructuosa espera porque no llegaron los refuerzos, no obstante éstos haber arribado a Ibagué: no tenían autorización de proseguir su marcha hacia Cartago.

Después de vadear el rio, continuaron su retirada por el camino y obtuvieron noticia de que el ejercito enemigo podía interceptarlos  marchando por una ruta similar y que llevaba hasta el punto de El Roble; entonces  aligeran su retirada, llegando a Las Cañas, con la idea de encontrar allí el destacamento militar esperado, sin hallar noticia alguna al respecto..

Sámano invade a Cartago

La siguiente descripción fue hecha por José Hilario López, en sus Memorias, en el Capítulo II. En 1813, el ejército español en cabeza Brigadier Sámano. Invadió al Cartago y López, militar caucano, muchos años después Presidente de la República entre 1849 y 1853, fue un actor protagonista de este suceso histórico.

“A pocos días llegamos a Cartago, ya reducidos a cosa de 150 hombres. Allí encontramos al teniente coronel francés Manuel Roergas de Serviez, recomendado por el gobierno de Santafé para que se le diese servicio en nuestra columna. Llenos de confianza esperábamos en Cartago los auxilios de tropas que se nos habían prometido en Santafé; pero estos no llegaron nunca, y entre tanto el enemigo, aunque lentamente, marchaba sobre nosotros.

Retirada hacia Piedra  de  Moler.

“El duro carácter de Serviez había disgustado la tropa, de la cual desertó un tercio, quedando reducida la columna como a 400 hombres. En tal estado de cosas se resolvió continuar la retirada hasta Piedra de Moler, a la ribera derecha del río de La Vieja, con el objeto de preservarnos de ser envueltos y de permanecer en observación mientras, reforzados por las tropas de Santafé, podíamos tomar la ofensiva.

“En vano aguardábamos los deseados auxiliares, pues aunque éstos habían llegado a Ibagué, no habían recibido órdenes para continuar sus marchas y atravesar la montaña del Quindío. Sámano ocupó a Cartago, con 1.000 hombres.

“Serviez, que lo observaba desde la cima de Cerrogordo, no pudo disimular el contento que sintió al ver al general español y muchos de sus oficiales con quitasoles abiertos, y riéndose a carcajadas como un insensato, ordenó que un destacamento de 25 hombres defendiese, a las órdenes del bravo capitán José Joaquín Quijano, el acceso del cerro, mientras él iba a Piedra de Moler, distante más de media hora, a traer el resto de la columna.

“Éramos –dice López-- menos de 40 hombres los que marchábamos con el comandante Serviez; pero íbamos llenos de resolución y confianza.  A la altura de Cerrogordo, empezamos a oír el fuego de fusil.   Redoblamos en consecuencia nuestros pasos para auxiliar oportunamente al capitán Quijano, pero esto era imposible.  Este bizarro oficial se defendía ya en retirada, porque le había sido imposible impedir el paso con 25 hombres a una masa de 1.000, a quienes, no obstante, disputaba el terreno palmo a palmo.

“Habíamos perdido algunos hombres, entre ellos a uno de nuestros mejores oficiales, el capitán José María Barrionuevo (hoy teniente coronel), gravemente herido.  Serviez dispuso entonces que el teniente Manuel Antonio Pizarro (hoy teniente coronel) con 12 hombres, permaneciese hasta nueva orden al pie de la barranca.

“Confieso que pasé una noche cruel, acosado de hambre, amenazado de riesgos positivos, pues nos hallábamos a quemarropa y oíamos cuanto hablaban los realistas. Nuestra seguridad la debimos a los troncos de los árboles que nos servían de parapeto. Los enemigos tenían perros, y éstos latían incesantemente de la parte donde nos encontrábamos, lo que les advertía nuestra aproximación, aunque en vez de explorar el campo se contentaban con hacer grandes descargas dirigidas al pie de la barranca.  A las seis de la mañana habíamos repasado el río, y a las siete continuamos nuestra retirada en el mejor orden y a la vista de las avanzadas enemigas.

“A poca distancia ordenó Serviez hacer alto y defender un desfiladero llamado el Salto de la Parida, a cuyo fin construimos parapetos e hicimos algunas palizadas. Más como llegó a noticia de nuestro jefe que el enemigo podía cortarnos marchando por una ruta paralela que iba a resultar en el punto de El Roble, a nuestra retaguardia, continuó la marcha en retirada ya casi entrada la noche.   

Rebelión en contra de Serviez.

“Al día siguiente llegamos a Las Cañas, en donde se nos aseguraba que encontraríamos algunos destacamentos auxiliares, que se sabía habían marchado ya de Ibagué, pero no encontramos ni noticias. Serviez resolvió hacer alto allí hasta el último extremo, siempre con la esperanza de los auxilios de Santafé, que esperaba de un momento a otro.

“Al segundo día se reunieron los oficiales bajo unos guayabos, con el designio de quitar el mando a Serviez, fundados en que los proyectos temerarios del jefe no podían producir otro efecto que el sacrificio infructuoso del resto de la columna, reducida ya a unos 70 hombres entre oficiales y tropa.  La resolución había ya sido adoptada unánimemente, y se iba a poner en ejecución, cuando el fuego del enemigo nos anuncio un nuevo y desesperado combate.

“Ya no era posible deponer del mando a Serviez. La mayor parte de los oficiales huyó, y a su ejemplo los dos tercios de la tropa. No quedaban haciendo frente sino el comandante Serviez y los oficiales Pizarro, Molina y Esparsa con cosa de 20 soldados, entre los cuales estaba yo.

“Serviez se pone a nuestra cabeza. Unas veces dirige personalmente algunos tiros de metralla con un miserable pedrero de hierro del calibre de a 3, que teníamos montado y atado sobre unos estacones a falta de cureña; otras hace fuego con su carabina, siempre animándonos con su heroico ejemplo.  Más de media hora llevábamos de combate, en que habíamos perdido al teniente Molina gravemente herido, y a la mitad de nuestros 20 soldados. Pero Serviez no desconfía del éxito. Herido él mismo en una pierna, ordena al más que valiente teniente Pizarro hacer una carga al enemigo con seis hombres. Pizarro obedece lleno de energía.

“Nos vamos a las manos, y en la refriega perdemos 3 hombres. Un individuo del enemigo, más valiente que los otros, nos obliga a replegar cargando denodadamente a la cabeza de algunos soldados. Este, colocado tras un guayabo, había acertado dos tiros. Serviez me ordena disparar sobre él, diciéndome: "Cadete, tira esa canalla"; yo tuve la suerte de no fallarle. El individuo cayó muerto al tiempo que me asestaba a unos treinta pasos de distancia. Después supimos que este soldado era hermano del alférez Esparsa que nos acompañaba.

“Serviez tuvo la frescura de felicitarme dándome tres besos y un abrazo. Hombre sin igual, todavía tomaba medidas a sangre fría, en medio de una situación tan crítica: dispuso que salvásemos el pedrero haciéndolo cargar sobre una mula que estaba tras un rancho, y ayudando él mismo a la operación, concluida ésta me ordenó tirar la mula; mas al instante en que salí de la barraca, cayó el animal herido a la vez de muchas balas. Todavía ordenó Serviez que quitásemos el cañón de sobre la mula muerta y lo ocultásemos entre el bosque, lo que ejecutamos el teniente Pizarro y yo.[1] En este tiempo ya estábamos solos los tres, y nos salvábamos por el camino recto bajo una granizada de balas, y cargados a la bayoneta, habiéndonos reunido después a unos 10 hombres más de los que habían abandonado el campo antes que nosotros.

La retirada hacia la montaña del Quindío.

“No es posible formarse una idea exacta de lo que sufrimos en nuestra retirada, atravesando la desierta montaña del Quindío. Baste decir que no teníamos ni cobijas para abrigarnos durante la noche en un país demasiado frío en muchos lugares, principalmente en el Páramo. No nos alimentábamos sino de carne medio cruda de mulas moribundas, que los pasajeros abandonan en semejantes parajes cuando se han fatigado y estropeado en términos que no hay esperanza de salvarlas.

“Dos de mis compañeros cadetes, de los cuales uno de ellos es el señor Francisco Delgado y Scarpetta, ya citado, fueron condenados por Serviez, en la retirada, a recibir 25 golpes de vara sobre las espaldas porque se resistían a comer mula cuando el hambre no había llegado a su término. Por fortuna los enemigos no nos persiguieron sino algunas leguas, y nos dejaron hacer nuestro tránsito de seis días de montaña hasta la llegada a Ibagué. Una jornada antes, en el sitio llamado Las Tapias, encontramos ya algunos destacamentos de nuestros soldados auxiliares y un pequeño socorro de víveres, que, gracias a su escasez, no nos causaron la muerte: tal fue la avidez con que los devoramos. “A Ibagué llegamos a fines de julio de 1813. Nuestra columna estaba entonces reducida a unos 20 oficiales y otros tantos individuos de tropa”[2].

Años después, el general Jose Hilario López, haciendo un seguimiento del anterior relato, afirmó:

““El cañón no cayó en manos del enemigo, y esto lo aseguro por la casual ocurrencia que voy a referir: El año de 1851, en que, siendo yo presidente de la Nueva Granada, el partido de oposición conspiró contra mi gobierno, se me dijo que "los conservadores de Cartago tenían hasta cañones de artillería, pues se les había tomado uno oculto en un bosque de Las Cañas". Yo, que recordaba la circunstancia de que acabo de hablar en el fondo de esta historia, me imaginé que el tal cañón debía ser el mismo que en nuestra derrota habíamos ocultado en aquella montaña. Y en un viaje al Cauca en aquel tiempo, tuve ocasión de verificar su identidad en presencia del coronel Manuel A bizarro, el mismo teniente valeroso de Cerro Gordo y Las Cañas, que quiso acompañarme hasta este último punto para recordar, sobre los mismos lugares, los acontecimientos de treinta y ocho años atrás”.


                                               ****
1.       Subtitulo y titulo del articulo que rehíce
2.       El nombre del autor al principio
3.       Los subtítulos del artículo subrayados para destacarlos
4.       El relato del general con sangría para diferenciarlo de tus comentarios, y con comillas para indicar que es una transcripcion
5.       La nota fue convertida en el párrafo final del articulo, a manera de colofón del mismo
6.       Excelente la foto de Jose Hilario, pero la otra no dice nada pues puede ser cualquier cañada de hoy
Por ahora esto. Otros comentarios irán luego. Ya no hay tiempo para mandarlo hoy para mañana.
Saludos, J






[2] Memorias de José Hilario López Autor: López, José Hilario, 1798-1869. Capítulo II. Biblioteca virtual Luis Ángel Arango.
EL CAMINO DEL QUINDIO EN LA INDEPENDENCIA

El Combate de Las Cañas 
Julio 26 de 1813.

Por Álvaro Hernando Camargo Bonilla
Licenciado en Ciencias Sociales Universidad del Quindío,
Especialista en Docencia,
Miembro de Número de la Academia de Historia del Quindío


Destacar y recapitular la memoria eco-histórico-cultural del Camino del Quindío, es revitalizar nuestra historia desde sus más tempranos inicios, e incentivar a los quindianos a la búsqueda de nuevos elementos históricos, culturales y ecológicos, que apremien la construcción histórica de la Quindianidad.

En el desarrollo de las movilizaciones de independencia, el Camino fue necesario para el tránsito de ejércitos procedentes de Santafé hacia el occidente con el propósito de apoyar a las regiones de la gobernación de Popayán, leales a la causa libertaria.

Algunas de las contiendas armadas de la causa libertaria se presentaron en inmediaciones del Camino del Quindío, en la vereda las Cañas del Municipio de Alcalá, en límites con la vereda Las Pavas, de Filandia.

En 1813, el ejército español en cabeza de Juan Sámano, invadió al Cauca, los patriotas se replegaron de Popayán hacia Cartago.  Unos 150 patriotas procedentes de Popayán se unieron al francés Manuel Roergas de Serviez, comisionado por el gobierno de Santafé para reforzar las tropas. Sámano ocupó a Cartago, con 1.000 hombres, y el 26 de julio de 1813 se enfrentó a Serviez, en Las cañas o Cerrogordo.

Los patriotas con la expectativa de obtener refuerzos militares procedentes de Ibagué, deciden emprender la retirada por el camino del Quindío hasta Piedra de Moler, ribera derecha del río de La Vieja, y así tomar la ofensiva contra Sámano. Infructuosa espera porque no llegaron los refuerzos, no obstante éstos haber arribado a Ibagué: no tenían autorización de proseguir su marcha hacia Cartago.

Después de vadear el rio, continuaron su retirada por el camino y obtuvieron noticia de que el ejercito enemigo podía interceptarlos  marchando por una ruta similar y que llevaba hasta el punto de El Roble; entonces  aligeran su retirada, llegando a Las Cañas, con la idea de encontrar allí el destacamento militar esperado, sin hallar noticia alguna al respecto..

Sámano invade a Cartago

La siguiente descripción fue hecha por José Hilario López, en sus Memorias, en el Capítulo II. En 1813, el ejército español en cabeza Brigadier Sámano. Invadió al Cartago y López, militar caucano, muchos años después Presidente de la República entre 1849 y 1853, fue un actor protagonista de este suceso histórico.

“A pocos días llegamos a Cartago, ya reducidos a cosa de 150 hombres. Allí encontramos al teniente coronel francés Manuel Roergas de Serviez, recomendado por el gobierno de Santafé para que se le diese servicio en nuestra columna. Llenos de confianza esperábamos en Cartago los auxilios de tropas que se nos habían prometido en Santafé; pero estos no llegaron nunca, y entre tanto el enemigo, aunque lentamente, marchaba sobre nosotros.

Retirada hacia Piedra  de  Moler.

“El duro carácter de Serviez había disgustado la tropa, de la cual desertó un tercio, quedando reducida la columna como a 400 hombres. En tal estado de cosas se resolvió continuar la retirada hasta Piedra de Moler, a la ribera derecha del río de La Vieja, con el objeto de preservarnos de ser envueltos y de permanecer en observación mientras, reforzados por las tropas de Santafé, podíamos tomar la ofensiva.

“En vano aguardábamos los deseados auxiliares, pues aunque éstos habían llegado a Ibagué, no habían recibido órdenes para continuar sus marchas y atravesar la montaña del Quindío. Sámano ocupó a Cartago, con 1.000 hombres.

“Serviez, que lo observaba desde la cima de Cerrogordo, no pudo disimular el contento que sintió al ver al general español y muchos de sus oficiales con quitasoles abiertos, y riéndose a carcajadas como un insensato, ordenó que un destacamento de 25 hombres defendiese, a las órdenes del bravo capitán José Joaquín Quijano, el acceso del cerro, mientras él iba a Piedra de Moler, distante más de media hora, a traer el resto de la columna.

“Éramos –dice López-- menos de 40 hombres los que marchábamos con el comandante Serviez; pero íbamos llenos de resolución y confianza.  A la altura de Cerrogordo, empezamos a oír el fuego de fusil.   Redoblamos en consecuencia nuestros pasos para auxiliar oportunamente al capitán Quijano, pero esto era imposible.  Este bizarro oficial se defendía ya en retirada, porque le había sido imposible impedir el paso con 25 hombres a una masa de 1.000, a quienes, no obstante, disputaba el terreno palmo a palmo.

“Habíamos perdido algunos hombres, entre ellos a uno de nuestros mejores oficiales, el capitán José María Barrionuevo (hoy teniente coronel), gravemente herido.  Serviez dispuso entonces que el teniente Manuel Antonio Pizarro (hoy teniente coronel) con 12 hombres, permaneciese hasta nueva orden al pie de la barranca.

“Confieso que pasé una noche cruel, acosado de hambre, amenazado de riesgos positivos, pues nos hallábamos a quemarropa y oíamos cuanto hablaban los realistas. Nuestra seguridad la debimos a los troncos de los árboles que nos servían de parapeto. Los enemigos tenían perros, y éstos latían incesantemente de la parte donde nos encontrábamos, lo que les advertía nuestra aproximación, aunque en vez de explorar el campo se contentaban con hacer grandes descargas dirigidas al pie de la barranca.  A las seis de la mañana habíamos repasado el río, y a las siete continuamos nuestra retirada en el mejor orden y a la vista de las avanzadas enemigas.

“A poca distancia ordenó Serviez hacer alto y defender un desfiladero llamado el Salto de la Parida, a cuyo fin construimos parapetos e hicimos algunas palizadas. Más como llegó a noticia de nuestro jefe que el enemigo podía cortarnos marchando por una ruta paralela que iba a resultar en el punto de El Roble, a nuestra retaguardia, continuó la marcha en retirada ya casi entrada la noche.   

Rebelión en contra de Serviez.

“Al día siguiente llegamos a Las Cañas, en donde se nos aseguraba que encontraríamos algunos destacamentos auxiliares, que se sabía habían marchado ya de Ibagué, pero no encontramos ni noticias. Serviez resolvió hacer alto allí hasta el último extremo, siempre con la esperanza de los auxilios de Santafé, que esperaba de un momento a otro.

“Al segundo día se reunieron los oficiales bajo unos guayabos, con el designio de quitar el mando a Serviez, fundados en que los proyectos temerarios del jefe no podían producir otro efecto que el sacrificio infructuoso del resto de la columna, reducida ya a unos 70 hombres entre oficiales y tropa.  La resolución había ya sido adoptada unánimemente, y se iba a poner en ejecución, cuando el fuego del enemigo nos anuncio un nuevo y desesperado combate.

“Ya no era posible deponer del mando a Serviez. La mayor parte de los oficiales huyó, y a su ejemplo los dos tercios de la tropa. No quedaban haciendo frente sino el comandante Serviez y los oficiales Pizarro, Molina y Esparsa con cosa de 20 soldados, entre los cuales estaba yo.

“Serviez se pone a nuestra cabeza. Unas veces dirige personalmente algunos tiros de metralla con un miserable pedrero de hierro del calibre de a 3, que teníamos montado y atado sobre unos estacones a falta de cureña; otras hace fuego con su carabina, siempre animándonos con su heroico ejemplo.  Más de media hora llevábamos de combate, en que habíamos perdido al teniente Molina gravemente herido, y a la mitad de nuestros 20 soldados. Pero Serviez no desconfía del éxito. Herido él mismo en una pierna, ordena al más que valiente teniente Pizarro hacer una carga al enemigo con seis hombres. Pizarro obedece lleno de energía.

“Nos vamos a las manos, y en la refriega perdemos 3 hombres. Un individuo del enemigo, más valiente que los otros, nos obliga a replegar cargando denodadamente a la cabeza de algunos soldados. Este, colocado tras un guayabo, había acertado dos tiros. Serviez me ordena disparar sobre él, diciéndome: "Cadete, tira esa canalla"; yo tuve la suerte de no fallarle. El individuo cayó muerto al tiempo que me asestaba a unos treinta pasos de distancia. Después supimos que este soldado era hermano del alférez Esparsa que nos acompañaba.

“Serviez tuvo la frescura de felicitarme dándome tres besos y un abrazo. Hombre sin igual, todavía tomaba medidas a sangre fría, en medio de una situación tan crítica: dispuso que salvásemos el pedrero haciéndolo cargar sobre una mula que estaba tras un rancho, y ayudando él mismo a la operación, concluida ésta me ordenó tirar la mula; mas al instante en que salí de la barraca, cayó el animal herido a la vez de muchas balas. Todavía ordenó Serviez que quitásemos el cañón de sobre la mula muerta y lo ocultásemos entre el bosque, lo que ejecutamos el teniente Pizarro y yo.[1] En este tiempo ya estábamos solos los tres, y nos salvábamos por el camino recto bajo una granizada de balas, y cargados a la bayoneta, habiéndonos reunido después a unos 10 hombres más de los que habían abandonado el campo antes que nosotros.

La retirada hacia la montaña del Quindío.

“No es posible formarse una idea exacta de lo que sufrimos en nuestra retirada, atravesando la desierta montaña del Quindío. Baste decir que no teníamos ni cobijas para abrigarnos durante la noche en un país demasiado frío en muchos lugares, principalmente en el Páramo. No nos alimentábamos sino de carne medio cruda de mulas moribundas, que los pasajeros abandonan en semejantes parajes cuando se han fatigado y estropeado en términos que no hay esperanza de salvarlas.

“Dos de mis compañeros cadetes, de los cuales uno de ellos es el señor Francisco Delgado y Scarpetta, ya citado, fueron condenados por Serviez, en la retirada, a recibir 25 golpes de vara sobre las espaldas porque se resistían a comer mula cuando el hambre no había llegado a su término. Por fortuna los enemigos no nos persiguieron sino algunas leguas, y nos dejaron hacer nuestro tránsito de seis días de montaña hasta la llegada a Ibagué. Una jornada antes, en el sitio llamado Las Tapias, encontramos ya algunos destacamentos de nuestros soldados auxiliares y un pequeño socorro de víveres, que, gracias a su escasez, no nos causaron la muerte: tal fue la avidez con que los devoramos. “A Ibagué llegamos a fines de julio de 1813. Nuestra columna estaba entonces reducida a unos 20 oficiales y otros tantos individuos de tropa”[2].

Años después, el general Jose Hilario López, haciendo un seguimiento del anterior relato, afirmó:

““El cañón no cayó en manos del enemigo, y esto lo aseguro por la casual ocurrencia que voy a referir: El año de 1851, en que, siendo yo presidente de la Nueva Granada, el partido de oposición conspiró contra mi gobierno, se me dijo que "los conservadores de Cartago tenían hasta cañones de artillería, pues se les había tomado uno oculto en un bosque de Las Cañas". Yo, que recordaba la circunstancia de que acabo de hablar en el fondo de esta historia, me imaginé que el tal cañón debía ser el mismo que en nuestra derrota habíamos ocultado en aquella montaña. Y en un viaje al Cauca en aquel tiempo, tuve ocasión de verificar su identidad en presencia del coronel Manuel A bizarro, el mismo teniente valeroso de Cerro Gordo y Las Cañas, que quiso acompañarme hasta este último punto para recordar, sobre los mismos lugares, los acontecimientos de treinta y ocho años atrás”.


                                               ****
1.       Subtitulo y titulo del articulo que rehíce
2.       El nombre del autor al principio
3.       Los subtítulos del artículo subrayados para destacarlos
4.       El relato del general con sangría para diferenciarlo de tus comentarios, y con comillas para indicar que es una transcripcion
5.       La nota fue convertida en el párrafo final del articulo, a manera de colofón del mismo
6.       Excelente la foto de Jose Hilario, pero la otra no dice nada pues puede ser cualquier cañada de hoy
Por ahora esto. Otros comentarios irán luego. Ya no hay tiempo para mandarlo hoy para mañana.
Saludos, J






[2] Memorias de José Hilario López Autor: López, José Hilario, 1798-1869. Capítulo II. Biblioteca virtual Luis Ángel Arango.

martes, 24 de abril de 2012

VEREDA CRUCES PARAJE EL BIZCOCHO SENDERO ECOLÓGICO


FILANDIA QUINDIO  COLINA  ILUMINADA HIJA DEL ANDE

VEREDA CRUCES  PARAJE EL BIZCOCHO
SENDERO ECOLÓGICO

CONSERVACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD
SANTUARIO DE FAUNA Y FLORA FINCA EL PALACIO




COMPONENTE SOCIAL:
UBICACIÓN:


La Finca El Palacio, es  un lugar natural, situado en el Municipio de Filandia,  Departamento del  Quindío, en el piedemonte de la Cordillera Central de los Andes sobre en el cañón Río Barbas, Paraje el BIZCOCHO, vía a la Quebrada San Luis. A 1850 metros sobre el nivel del mar.

COMPONENTE NATURAL:
CLIMA: Temperatura promedio: 16 grados centígrados. Rango altitudinal: 1750 -1850 m.s.n.m. Precipitación pluvial: de aproximadamente 2792 Mm.

FLORA: En sus trece hectáreas la finca el Palacio alberga más de siete hectáreas de selva húmeda Andina. Se registran plantas de familias tales como. MELASTOMATECEAE, RUBIACEAE, ASTERACEAE, ARECACEAE, ACANTHACEAE, CLUSIACEADE, HELICONIACEAE, PIPERACEAE, SOLANAEAE, SIMARUABACEAE, de uso maderable, medicinal; además posee un gran numero de  orquídeas, epifitas, palmas como la palmiche, molinillo, macana y palma de cera (Ceroxylon alpinum), helehos arborescentes (Cyathea spp.).

Fauna representativa: Existe gran variedad fauna. Se tiene registro de especies de mamíferos, como: Cusumbo, Perro de monte. Perico de pelo o perezoso, familia de monos aulladores (Alouatta seniculus), guatín, murciélagos, martejas; aves como la pava caucana (Penélope perspicaz), la pava negra (Aburria aburri), Carriquí de montaña, Barranquero, Ardillas, soledad real, cocu  ardilla, la perdiz colorada (Odontophorus hyperytrus); reptiles, batracios, artrópodos, 35 especies de mariposas, 15 especies de escarabajos, 37 especies de hormigas; etc.

Primitivamente habitaban indígenas del clásico Quimbaya que trabajaban los metales, especialmente el oro y su aleación con el cobre.   de  físico atlético, piel color cobrizo, vestidos los hombres con  pequeños maures de un palmo de ancho y palmo y medio de largo, que cubrían sus genitales y las mujeres con  diminutas mantas que le tapaban el vientre hasta los muslos, adornados de artículos de oro y lindas plumas  de los pies a la cabeza.

el cultivo del maíz y la yuca, completaban su dieta alimenticia con pescado, miel de abejas, palmitos, chontaduro de cuya semilla extraían  aceite para encender fuego, la Pitahaya de color morada, guayaba, aguacates, guamas, caimitos, cacería de venados, conejos zarigüeyas entre otros.  La  extracción y comercio de la sal como su principal mercancía proveniente de la evaporación de agua salada que brotaba en abundancia del interior de la Tierra. Abrieron caminos para el comercio del oro y la sal entre el sur occidente y el nororiente que los comunicaban con el valle del río Magdalena y el altiplano cundiboyacence.

AGUA:

En la quebrada San Luís, afluente del río Barbas, Finca de Camargos Ltda.

Ubicación: La Finca EL PALACIO es un área de conservación en Filandia en el cañón Río Barbas, a 1850 metros sobre el nivel del mar. Para llegar a ella se debe cumplir con un trayecto de 24 kilómetros en vehículo desde Armenia hasta Filandia, y allí tomar la carretera del Paraje el BIZCOCHO, vía a la Quebrada San Luis.

Temperatura promedio: 16 grados centígrados.
Rango altitudinal: 1750 -1850 m.s.n.m.
Extensión: 20 Cuadras.

La Finca el Palacio tiene senderos y caminos ecológicos que les brinda la oportunidad de internarse en un escenario natural donde podrán tener un contacto directo con la naturaleza y extasiarse con ella y darle la oportunidad a sus hijos de tener una experiencia positiva.

Podrá extasiarse  en medio de la hermosa selva húmeda andina, en donde se han abierto senderos en los que podrá observar un sin fin de especies de la flora del lugar. En este sorprendente lugar, apreciará la presencia de árboles características del lugar como el papelillo, molinillo, mestizo, etc.

Fauna representativa: Existe gran variedad fauna. Se tiene registro de especies de mamíferos, como: Cusumbo, Perro de monte. Perico de pelo o perezoso, familia de monos aulladores (Alouatta seniculus), guatín, murciélagos, martejas; aves como la pava caucana (Penélope perspicaz), la pava negra (Aburria aburri), Carriquí de montaña, Barranquero, Ardillas, soledad real, cocu  ardilla, la perdiz colorada (Odontophorus hyperytrus); reptiles, batracios, artrópodos, 35 especies de mariposas, 15 especies de escarabajos, 37 especies de hormigas; etc.

FLORA: En sus trece hectáreas la finca el Palacio alberga más de siete hectáreas de selva húmeda Andina. Se registran plantas de familias tales como. MELASTOMATECEAE, RUBIACEAE, ASTERACEAE, ARECACEAE, ACANTHACEAE, CLUSIACEADE, HELICONIACEAE, PIPERACEAE, SOLANAEAE, SIMARUABACEAE, de uso maderable, medicinal; además posee un gran numero de  orquídeas, epifitas, palmas como la palmiche, molinillo, macana y palma de cera (Ceroxylon alpinum), helehos arborescentes (Cyathea spp.)

Cuenta con más de 4 kilómetros de senderos ecológicos, que llevan a diferentes puntos de interés dentro del parque. En esta sección encontrarás información sobre cada uno de ellos.

Disfrute el espectacular mundo de las aves mariposas, libélulas, flores y plantas, caminando entretenidamente por bellos reductos  de selva alto andina.

DIRIGIDO A: Público de todas las edades (adultos, jóvenes y niños).
DURACIÓN: Medio día (en la mañana o en la tarde) o todo el día.

HORA DE SALIDA: Entre 5:00 y 7:30 A.M. o  entre 12:00 M. y 2:00 P.M. a conveniencia del grupo.  NOTA: Se recomienda madrugar,  aunque no es indispensable.
HORA DE REGRESO: 1:00 P.M. para los grupos que parten en la mañana.
Para los grupos que parten en la tarde o de todo el día,
el regreso entre 6:30 y 7:00 P.M.

CASCADAS NATURALES

La finca posee una bella panorámica y un paisaje de montaña que le permite disfrutar de un lugar de descanso, aire fresco y armonía con la naturaleza, lejos del estress de la ciudad, si usted disfruta del contacto con la naturaleza este es su mejor lugar.

La Finca El  Palacio brinda a sus visitantes el avistamiento de diversidad de Mariposas únicas en nuestra región.

Con una extensión de 13 hectáreas de selva húmeda andina, podrá estar en contacto directo con las aves y apreciar su belleza y colorido en consonancia con la flora del lugar. Tendrá la oportunidad de ver la belleza única del Tucán esmeralda, carriqui, la Pava Caucana,  la majestuosidad la soledad real o simplemente,  escuchar a muchas especies de pájaros multicolores que recrearán su vista y le harán sentir la paz de la naturaleza. También podrá avizorar los Monos aulladores, donde estos pícaros y encantadores animalitos le harán sonreír y descubrir una vez más, la belleza que la naturaleza nos ha obsequiado.

También se observan hormigas, abejas nativas de la zona, se puede conocer las actividades de estas incansables especies de insectos, que lo dejarán simplemente maravillado

Para aquellas personas que requieren mayor contacto con la naturaleza, La Finca El Palacio ofrece un amplio bosque destinado al área de camping, provisto de agua potable, carpas para camping.

RECOMENDACIONES: es recomendable llevar un morral pequeño donde cargue líquido, almuerzo ligero, impermeable o  chaqueta ligera, bloqueador solar, repelente de insectos, botiquín personal y gorra o sombrero.

Llevar ropa para clima templado y de colores poco vistosos, con camisa de manga larga y pantalones (no pantaloneta). Zapatos cómodos para caminatas (tenis, botas de cuero o plásticas), con suela rugosa o antideslizante.
Como estas salidas son ante todo ecológicas, no olvide sintonizarse con el espíritu ambientalista, así que no se le ocurra tirar basura ni sustraer elementos del medio que visita. No olvide llevar: una vara ejercitadora.

Caminatas, Fogatas y observación de hermosas cascadas, serán el complemento  de nuestro servicio ecoturístico en la Finca El Palacio.ggggggggggggggg

CARACTERÍSTICAS

Distancia a recorrer:
3 kilómetros
Temperatura Promedio:
20ºC
Categoría:                     
media
Duración:
3 horas
Altura Máxima:  
1850 m.s.n.m
Altura Mínima:
1700 m.s.n.m

ITINERARIO

HORA
LUGAR
ACTIVIDAD
7:30 A.M
Plaza principal Filandia
Hora de encuentro
8:00 A.M.
Plaza principal Filandia
Salida hacia el paraje el Bizcocho.
1:00 P.M.
Finca el Palacio
Final de caminata
1:30 P.M.
Finca el Palacio
Regreso al casco urbano de Filandia
2:00 P.M.
Casco urbano Filandia
Visita a las artesanías y observación arquitectura tradicional
3:00 P.M.

Fin del servicio

RECOMENDACIONES

Indumentaria

  • Ropa cómoda tipo sudadera (preferiblemente vieja) con camiseta de algodón ojalá de manga larga,  no jeans ni ropa ajustada.
  • Un sombrero o cachucha para el sol, bloqueador solar
  • Zapatos cómodos (tenis o botas)   ya usados de amarrar y con buen agarre.
  • Capa plástica o chaqueta impermeable. (Importante)
  • Ropa de cambio.
  • Morral pequeño para las golosinas y el agua.
  • Recuerde presentarse a las 6:45 a.m. en el sitio de encuentro
  • Recuerde  llevar los medicamentos personales.
  • Si sufre de problemas cardiacos, respiratorios, o algún impedimento físico hágaselo saber a los guías.
Aspectos ambientales
·         No hacer daño a la vegetación
·         No arrojar ningún tipo de basura, cáscaras de fruta ni restos de comida, ni en los caminos, ni en el  eco parque, ni en el bus.

 Organización y las relaciones interpersonales

·         Prestar atención a las indicaciones que imparta el guía.
·         Cualquier duda o inquietud, por favor consultarla con los guías.
·         Tener una actitud cordial y respetuosa con los compañeros y campesinos que se encuentren en el camino.
RESERVE CON ANTICIPACION:
TEL: 7495955 –  Celular: 3116090425
Tibuchina52@gmail.com