jueves, 23 de mayo de 2024

Transcripción de la recopilación historial del Nuevo Reino de Granada. Fray Pedro de Aguado, libro sétimo se escribe y trata la población y fundación de la ciudad de Ibagué

 

FRAY, PEDRO DE AGUADO. RECOPILACIÓN HISTORIAL DE SANTA MARTA Y EL NUEVO REINO DE GRANADA.

1503-1590


Fray Pedro de Aguado (Valdemoro, España, 1538 - 16091​) fue un franciscano español, provincial del convento de Santa Fe en el Nuevo Reino de Granada, (actual Colombia). ​ Además, fue autor de varias crónicas de la conquista de las actuales Colombia y Venezuela.

BIBLIOTECA VIRTUAL LUIS ÁNGEL ARANGO.


El libro sétimo se escribe y trata la población y fundación de la ciudad de Ibagué, hecha por el capitán Andrés López de Galarza, que antes había sido contador de la hacienda real del Nuevo Reino de Granada, en el año de mil quinientos cincuenta, siendo oidores de la Chancillería y Audiencia real del Reino los licenciados Góngora y Galarza.

 

“CAPÍTULO PRIMERO CÓMO FUE NOMBRADO POR LA AUDIENCIA DEL NUEVO REINO EL CAPITÁN GALARZA PARA QUE PACIFICASE Y POBLASE EL VALLE DE LAS LANZAS, Y LOS DEMÁS INDIOS QUE HAY ENTRE TOCAIMA Y CARTAGO, Y LAS CAUSAS DE ELLO, Y LA GENTE QUE JUNTÓ Y SALIDA QUE CON ELLA HIZO.

Después de la fundación de la Audiencia real y Chancillería en el Nuevo Reino de Granada, que fue el año de cincuenta, por el mes de abril, la primer comisión que se dio para ir a poblar por los oidores de ella, que eran los licenciados Góngora y Galarza, fue el capitán Andrés López Galarza, que antes había sido contador de la hacienda real en la ciudad de Santafé; de donde resultó poblarse la ciudad de Ibagué, que hoy permanece; de cuya fundación y trabajos que en sustentarla y pacificarla han pasado los españoles que en ella han residido se tratará, mediante Dios, en la siguiente narración. Lo cual pasa de esta manera:

Había entre la ciudad de Tocaima, del Nuevo Reino, y la villa de Cartago, de la gobernación de Popayán, ciertas poblazones y valles de indios muy belicosos y guerreros que impedían la travesar y pasar de un pueblo a otro y de una gobernación a otra por breve camino, y causaban que los viandantes y la comunicación y comercio de estas dos gobernaciones fuese por partes y caminos muy largos y ásperos y malos, llevando la derrota por los pueblos de Neiva y Timaná, por donde se pasaba un muy largo y despoblado páramo, tan frío y perjudicial que en él se helaban y perecían muchas personas de las que habían de andar esta jornada; y demás de esto y de la aspereza y maleza de este camino, se hacía un grande rodeo de muchas leguas, que doblaba el trabajo a los que lo caminaban su grande longura; y porque para remediar y atajar todos estos inconvenientes no había otro medio alguno salvo pacificar y allanar los naturales de los valles de las Lanzas y de Choa, que son los que entre Cartago e Ibagué estaban, con otros muchos naturales a ellos comarcanos, juntáronse y concertáronse los vecinos de las ciudades de Santafé y Tocaima e hicieron que sus procuradores, con otros del distrito que con ellos se juntaron, pidiesen a la Audiencia que nombrase persona y diese comisión para que entre los naturales dichos poblase un pueblo y pacificase el camino real por donde con más comodidad se tratasen y comunicasen los pueblos del Nuevo Reino con los de la gobernación, demás de que por mano de los españoles que allá poblasen serían los naturales doctrinados y puestos debajo del dominio de la Santa Madre Iglesia, y darían la obediencia a su majestad, y con ello los reinos de su corona real se acrecentarían, y las rentas y quintos reales serían más, porque la tierra tenía, según decían los que en ella y cerca de ella se habían hallado, grandes insignias y muestras de minas de oro y plata, demás de que serían los naturales reducidos a vivir políticamente y en razón y justicia y sin perjuicio unos de otros, y al contrario de como lo hacían, matándose y comiéndose, de todo lo cual tenían bastante información.

Y pareciéndoles bien a los oidores, y muy justa y acertada la petición, y habiendo sido bastantemente informados de la braveza y crueldad de estos indios y gentes del valle de las Lanzas y sus comarcas, y cuán bárbaramente y contra natura vivían, matándose unos a otros para solo efecto de comerse, y para sustentar esta su bruta costumbre, sin causa ni razón ninguna, se movían guerras más que civiles los unos a los otros, y así entre sí se consumían y apocaban; y de la utilidad que a las repúblicas de los españoles se les seguía con que por las tierras de estos indios hubiese camino abierto y seguro por donde se comunicasen y tratasen la gobernación de Popayán y el Nuevo Reino con menos trabajo que antes se solía hacer, nombraron a Andrés López de Galarza por capitán  y justicia mayor para todo lo dicho y para hacer y juntar la gente de a pie y de a caballo que para ello fuese menester y quisiese; y juntamente con esto le dieron poder para que pudiese encomendar los indios de las provincias dichas en las personas y soldados que con él fuesen y se hallasen en la poblazón y pacificación del pueblo o pueblos que poblase; cosa que desde su tiempo acá ni aun muchos años antes se había jamás dado a ningún capitán de los que iban a hacer nuevas poblazones o descubrimientos; pero como a este tiempo no había en las cosas de las Indias las delicadezas que ahora hay, ni había suspensión en las nuevas poblazones, ni se ponían los escrúpulos en el encomendar de los indios que ahora se ponen, concedían las Audiencias con más facilidad cualquiera cosa que se les pedía, lo cual no se hace ahora, que no sólo no se da poder para poblar ni encomendar indios, mas ni aun para hacer depósitos de ellos que tengan ni puedan tener ninguna fijeza.

El capitán Andrés López aceptó sus poderes y provisiones, y luego comenzó a usar de ellas y juntar soldados y aun vecinos de unos y otros pueblos, de todos los cuales, en pocos días, juntó de la otra banda del río grande, al paso que dicen de la canoa de Montero, noventa y tres hombres españoles, los cuarenta de a caballo y los demás peones, todos bien aderezados, según la usanza de las Indias, con armas de hierro y de algodón. De todo lo cual hizo reseña y registro delante de Juan de Avellaneda, alcalde de Santafé, a quien la Audiencia real había enviado con comisión bastante para que en aquel paso registrase y mirase toda la gente, así española como naturales, que con el capitán Galarza iban, y los examinase y supiese de ellos si había alguno que lo llevasen forzado o contra su voluntad; y a los que deliberaron no querer seguir ni ir con el capitán Galarza, los volvieron a tierra de paz, donde los dejaron en su libertad y se volvieron a sus casas y tierras y naturalezas.

Llevó consigo, entre la demás gente, el capitán Galarza un sacerdote llamado Francisco González Candis, con todo el recaudo necesario para decir misa, la cual oída un día después de San Juan, de junio del mismo año de cincuenta, se partieron todos en concierto y con buena orden la vía del valle de las Lanzas, a cuyo principio llegaron sin sucederles cosa próspera ni adversa, los primeros días del mes de julio, donde el capitán Galarza y toda su gente fueron alojados, y allí divulgadas unas ordenanzas hechas por el mismo capitán, para el buen gobierno de su gente y compañía, por las cuales, con gran rigor, prohibió los pecados públicos, blasfemias y todo abuso de juramentos de que los soldados suelen usar muy comúnmente. Prohibía, asimismo, amenazando con gran castigo a los soldados que, sujetándose a su avaricia hiciesen fuerza a los naturales, tomándoles sus haciendas y comidas y robándoles lo que en sus casas tenían de cualquier condición que fuesen. Exhortaba por las propias ordenanzas, que conservasen en paz y amistad a todos los naturales que la diesen y ofreciesen, y no se la quebrantasen y traspasasen, ni les hiciesen ningunas ofensas, injurias, males y daños en sus personas, hijos y mujeres, de las que comúnmente los libres soldados en las Indias suelen hacer a todos géneros de personas, usando con ellos de bárbaras crueldades; con apercibimiento de usar con cada uno del que lo contrario hiciese de todo el rigor que las leyes disponen y castigos que señalan y mandan dar a los que semejantes delitos cometen; y otras muchas cosas muy a propósito de lo que tenía y llevaba entre manos; sólo para poner pavor y terror y aun castigo en algunos soldados de cruel y mala inclinación, porque para muchos y muy principales hijosdalgo, que en su compañía llevaba e iban, ninguna de estas leyes era menester.

Era el capitán Galarza hombre de buena habilidad y cortesano y bien entendido y concertado, y bien hablado, y así hacía más con sus persuasiones y buenas razones que con todas estas capitulaciones y ordenanzas que por vía de leyes hacía; y así estaba afablemente con todos los que excusar podía, solía (?).

Hecho esto, nombró capitanes y caudillos y otros ministros y oficiales, que en semejantes jornadas se suelen nombrar para diversos sucesos y acaecimientos, a los capitanes Francisco de Prado, vecino de Tocaima, y Juan Bretón, vecino de Timaná, que en el mismo tiempo había salido del valle de la Plata y despoblado a Neiva, por no ser parte para sustentarse en ella, y con ocho soldados se había juntado con el capitán Galarza, para entrar en estas tierras del valle de las Lanzas; los cuales dos capitanes señaló y nombró por sus sustitutos y caudillos sobre toda la otra gente que consigo llevaba, que, como se ha dicho, era la más de ella muy principal, y de los señalados y conocidos por tales eran Mendoza de Artiaga, caballero vizcaíno, alguacil mayor de la Audiencia; Álvaro García, Bartolomé Tala, Larena, soldados que habían sido del mismo Juan Bretón; Lope Salcedo, Pedro Gallegos, Gaspar Tavera, vecinos de Tocaima, y Francisco de Trejo, vecino del propio pueblo, uno de los que más calor metían y habían puesto en que se hiciese y efectuase esta jornada, porque por noticia le había sido encomendado el valle de las Lanzas, y había procurado entrar dentro y nunca se había atrevido, con compañía ni sin ella, temiendo la mucha y belicosa gente que en él había y el daño que le podría sobrevenir por entrar temerariamente en una poblazón de tantos naturales y tan indómitos; pero había sabido de otros indios más cercanos a Tocaima y que trataban con éstos, la mucha gente que en este valle había, y cómo era menester juntarse copia de españoles para entrar en él, y así venía ahora a hallarse presente y a ver si era cierta la noticia que se le había dado, y si había la gente y naturales que le habían dicho y certificado algunos indios ultra de los dichos. Iban otros muchos vecinos de Tocaima, y soldados de mucha cuenta y pundonor, de quien se hace muy gran ponderación y estimación en el Reino; de suerte que con razón se jactaba y podía jactar el capitán Galarza que debajo de su bandera y mando había congregado y juntado parte de la mejor gente que en el Reino había entrado, y así iban todos muy conformes y con toda amistad y concordia, sin recibir ni tener entre sí ninguna discordia ni dar a su capitán ningún desabrimiento.

 

CAPÍTULO SEGUNDO DE CÓMO LOS ESPAÑOLES, SALIENDO DEL ALOJAMIENTO DEL VALLE DE LAS LANZAS, SE METIERON LA TIERRA ADENTRO HASTA LLEGAR AL PUEBLO DEL CACIQUE LLAMADO LA EMBITEME. CUÉNTASE DE LA BESTIALIDAD QUE ESTOS INDIOS USAN EN COMERSE UNOS A OTROS.

En el tiempo que los españoles y su capitán estuvieron en este alojamiento del valle de las Lanzas, a quien sus propios moradores llaman Combayma, mediante los buenos tratamientos que a los indios se les hicieron, salieron todos de paz e hiciéronse amigos con los españoles y proveyéronles de comida con que se sustentaron el tiempo que allí estuvieron; y porque esta buena obra no fuese remunerada con ingratitud y obras malas, Galarza se excusó de entrar en las poblazones de los indios, por no dar ocasión a algunos atrevidos soldados y a los indios ladinos que en su servicio llevaban, que metiéndose por las casas y pueblos de los indios les hiciesen algunos daños y posiblemente les tomasen lo que tuviesen y les diesen ocasión a que los que de su voluntad habían dado la paz y coligado de enemistad con los españoles, constreñidos a redimir las vejaciones que se les hiciesen, se rebelasen y tomando las armas se moviesen con ánimos guerreros contra los nuestros.

Tenía ya Galarza noticia y sabía cuán briosa y belicosa gente era la de aquel valle, y con cuánta obstinación peleaban y se defendían si una vez tomaban las armas; y así, apartando y excusando todas estas ocasiones, alzando sus toldos y tiendas, tomó la vía de cierta poblazón llamada Metaima, que estaba apartada de aquel alojamiento donde había estado, tres leguas, de la cual le habían dado noticia los indios del valle de las Lanzas, y aun le dieron guías para que por derecho y buen camino lo llevasen y guiasen a la poblazón y tierra de Metaima, cuyos moradores luego tuvieron noticia y aviso por sus espías y centinelas de la vía y camino que los españoles llevaban, y pretendiendo estorbársela se juntaron y congregaron todos los más que pudieron, y en un pedazo de arcabuco o montaña de casi dos leguas que los españoles habían de pasar, derribaron todos los árboles que junto al camino iban asidos, para con ellos embarazar y ocupar el camino, de suerte que por él no pudiesen pasar los caballos; pero todo este impedimento y estorbo les fue inútil, porque como los españoles iban proveídos de hachas y machetes y otras herramientas actas para semejantes necesidades, fue abierto nuevo camino por mano de Lope de Salcedo y por otros españoles a quien el capitán Galarza envió al efecto, por donde sin ningún peligro pasaron los caballos y todo el bagaje y carruaje que los españoles llevaban con gente, que hacían gran ostentación y muestra de ir más españoles y gente de guerra de la que iba.

Llegados a Metaima, los indios, viendo que su ardid no les había aprovechado cosa ninguna y que los españoles y sus criados les podrían hacer mucho daño, no curaron ponerse en defensa ni ausentarse; mas estándose con sus mujeres e hijos en sus poblazones, salieron sus principales que se llamaban Ilobone y Otaque con sus mujeres e hijos y con muchos indios cargados de comidas de maíz, turmas, ñames y raíces de apios, guayabas, curas y otras frutas de la tierra, a recibir a los españoles; y llevándolos a sus propias casas los aposentaron en ellas, que eran unos bohíos que comúnmente los españoles llaman caneyes, por ser de diferente hechura que los demás, y ser las casas de que usan los indios de tierras calientes, por la mayor parte hechas de aquesta hechura: son de vara en tierra y no muy anchos; tienen de largo a setenta, ochenta y a cien pasos; son cubiertos de palmicha, o de hojas de bihaos, o de paja o heno, que en tierra rasa se cría. En cada bohío de estos vivía casi toda una familia o cognación, porque se hallaba en cada casa de estas haber y morar de cincuenta personas para arriba.

El capitán recibió con alegría su amistad, y con afabilidad y benevolencia les habló largo por medio de los intérpretes y lenguas que llevaba, haciéndoles saber algunas cosas tocantes a nuestra religión y fe católica, exhortándoles a tenerla y creerla y a conocer y adorar un solo Dios inmortal, creador y hacedor de todas las cosas, manifestándoles la ceguedad de su manera de vivir y gentilidad y el engaño en que el demonio, capital enemigo del género humano, los tenía a ellos y a todos los demás indios; y después de esto, como para vivir naturalmente bien y conforme a justicia, les era necesario ser vasallos y súbditos del Emperador y Rey de Castilla, cuyos súbditos él y los demás españoles que presentes estaban eran; y juntamente con esto les pidió que les diesen guías para pasar adelante a ver y andar las demás poblazones comarcanas a aquella provincia.

Los indios, aunque atentamente oyeron todo lo que Galarza les decía, ninguna cosa les fue más grata y amable que el pedirles guías para pasar adelante y el decirles que no se les haría ningún daño ni lo recibirían, porque juntamente con lo demás les dijo Galarza que en ningún tiempo se les haría agravio por sus soldados y compañeros, y que si algún español o indio de su servicio les damnificase, se lo dijesen y manifestasen, que él lo castigaría y satisfaría el agravio que hubiesen recibido, porque le era así mandado por el Rey y señor que a aquella tierra les había enviado. De estas dos cosas últimas se holgaron extrañamente los indios, y más con el dar a entender que querían pasar adelante, porque como ellos tenían gran miedo de los españoles y les habían de proveer de lo necesario de sus comidas a ellos y a sus criados, hacíaseles muy pesado el gasto de solo medio día que allí habían estado, y así le respondieron a Galarza que no sólo le darían guías, pero si fuese menester indios para llevar las cargas adelante también lo harían, y si quería que al momento se lo traerían todo: tanto era el deseo de echarlo de su tierra y poblazones.

Pero Galarza, que no pretendía andar la tierra tan por la posta, se detuvo en este alojamiento tres días con toda su gente, después de los cuales tomó guías y lo necesario y se fue con su gente la vía de Ibagué, pueblo de indios enemigo y contrario de los de Metaima, aunque de una misma nación y lengua; porque en toda esta provincia los naturales son enemigos entre sí y se hacen guerra unos a otros sólo por comerse y sustentarse de sus propias carnes, no guardando en esto aun siquiera la costumbre que entre brutos animales se tiene, que es no comerse los de una especie unos a otros, porque es averiguado que el tigre no come ni aun acomete a otro tigre, el león a otro león, el oso a otro oso, el perro a otro perro, ni el gato a otro gato, y solos los hombres, y entre los hombres solos los indios se halla comerse unos a otros y matarse y hacerse guerras para sólo este efecto; porque entre los que tienen y osan esta perversa y depravada costumbre jamás se ha hallado ningún género de riquezas ni haciendas más de las comidas de maíz y otras raíces silvestres, y si se halla algún otro es poco para que por respeto de robarse y saquearse y tomarse las haciendas los unos a los otros se hagan guerra. Pero ello es averiguado y muy cierto, que por solo el apetito del comer se mueven las guerras entre ellos, y cuando las comunes ocasiones de matarse faltan entre estos bárbaros, tienen por medio para venir a las manos el juntarse y congregaras en ciertos tiempos del año en algunas partes que tienen señaladas, y allí van todos indios de cada pueblo o parcialidad con sus armas en las manos y llevan consigo sus mujeres, las cuales llevan cosas que feriar y trocar entre sí, y juntas las mujeres de todos los pueblos de un valle o comarca, hacen sus ferias y contratación unas con otras, todas juntas, y en tanto que las mujeres están haciendo este mercado, los varones se están por sus parcialidades juntos, con las armas en las manos y apartados unos de otros, mirando el mercado que las mujeres hacen.

Conclusas estas ferias de las mujeres, y apartadas unas de otras a donde estaban sus maridos, ellos hacían cierta señal y comenzaban todos a pelear unos con otros, y a herirse y descalabrarse muy reciamente con las armas que traían, hasta que caían algunos muertos en el suelo, los cuales tomaban los del bando contrario y se los llevaban para comer, y ellos mismos, cuando les parecía, se apartaban y hacían señal de retirarse, y se volvía cada cuadrilla a su pueblo con la carne o indios muertos que habían podido haber.

Tornando al viaje de los españoles, salidos de Metaima dieron en el río de Tolima, el cual tiene este nombre de los propios naturales de aquella tierra, que en su lengua llaman a la nieve tolima, y porque este río bajaba del cerro nevado de Cartago, donde tenía su principio y nacimiento, y las aguas de él eran derretidas de la propia nieve, que es mucha y dura todo el año, y le llamaron el Tolima, que como he dicho, quiere decir nieve, y los españoles le llaman río de Tolima. Este hallaron muy crecido y de dificultoso pasaje, a causa de ser grande su velocidad y corriente, y no tener ni hallarse en él ninguna tabla ni vado por donde pudiesen pasar sin temor de perder algunas piezas del servicio, porque los naturales de Ibagué, que cerca de él estaban poblados, aunque para pasarlo tenían y usaban puentes, en sintiendo que los españoles se les acercaban las deshicieron y quebraron todas, queriendo con esto excusar el pasaje a los nuestros, pareciéndoles que un río tan ahocinado y cargado de piedras como este iba, en ninguna manera lo pasarían los españoles si no era haciendo puentes; pero, finalmente, ninguna de estas oposiciones fue parte para que los españoles se detuviesen sin pasar el río mucho tiempo, porque luégo que vieron su furia y aspereza, metieron sus caballos en medio de la corriente, y haciendo de ellos puente pasaron toda la gente y chusma que tenían que pasar y su fardaje, y alojándola de la otra banda del río, sin que indios de paz ni de guerra se les acercasen, el siguiente día marcharon adelante y llegaron a la junta de dos ríos, el uno que baja del valle de Anaima, y el otro el valle de Matagaima, en donde había una meseta llana que en redondo tenía como media legua, en la cual el cacique y señor La Embiteme tenía parte de su poblazón, y en ella un gran golpe de gente de guerra con las armas en las manos, esperando a que los españoles llegasen o pretendiesen subir cierto paso o subida que para la mesa de la poblazón había, el cual pretendían defender obstinadamente, porque fuera de aquella subida no había otra en toda la mesa que fuese acomodada para poder por ella subir los caballos al llano de la poblazón.

Los españoles, aunque reconocían la ventaja que los indios les tenían, así en tenerles tomado el alto y paso de la subida, como por su mucha multitud, que al parecer eran más de dos mil indios de pelea, no por eso dejaron de írseles acercando y llegándose a ellos hasta ponérseles a tiro de piedra. Los bárbaros, como vieron la osadía con que los españoles, menospreciando su multitud y poder, se les habían acercado, comenzaron a dar muy grandes alaridos y a tocar sus fotutos y cornetas y otros rústicos instrumentos de canillas de indios muertos que consigo traían, dando muestras de querer despedir y arrojar las armas arrojadizas que traían contra los españoles; pero luego se reportaron, pareciéndoles que era bien hacer antes alguna amonestación a los nuestros para justificación de su causa, que comenzar la pelea; y así les dijeron, de suerte que los intérpretes lo entendieron, que se volviesen atrás y no curasen de pasar adelante, si no querían en breve tiempo verse sepultados en sus vientres y destruidos y arruinados todos, sin que uno ni ninguno escapase, con lo cual enteramente pagarían su temeridad y atrevimiento. Los soldados y caudillos, alborotados de ver la soberbia y elación con que los indios hablaban, quisieran incontinenti arremeter a ellos, para desbaratándolos y matando los que pudiesen, alcanzar con darles a conocer su poca constancia en cosas de guerra, y el poco valor que para con los españoles tenían; pero el capitán Galarza, conociendo la locura y fragilidad de aquella bárbara gente, hizo que los suyos se reportasen y mudasen consejo, y llegando a las lenguas o intérpretes que tenía, les hizo que hablasen a los indios y les dijesen la poca razón y causa que tenían para hacer los fieros que habían hecho y dicho, porque él y los demás españoles no iban a hacerles guerra ni mal ni daño alguno, sino a manifestarles la ley evangélica cuya profesión tenían y guardaban, y por ello se llamaban cristianos, mediante lo cual su principal intento era darles a conocer el verdadero Dios inmortal, y enseñarles la observancia de sus mandamientos y su fe católica, mediante la cual y el bautismo que se les daría, queriéndolo ellos recibir, serían salvos y gozarían de la perpetua bienaventuranza que Dios, por su misericordia, daba a los cristianos que profesaban y guardaban su ley; y que temporalmente eran vasallos del Rey de Castilla, señor muy poderoso, a quien estos indios llaman en su lenguaje Amimo, a quien obedecían y servían todos los cristianos y todos los indios, al cual ellos asimismo debían obedecer y servir y reconocerlo por tal, y a él en su nombre dar la obediencia y hermandad; por tanto, que dejadas las armas, se abrazasen con la paz que él les ofrecía y que él los recibiría en su amistad y haría que ninguno de los que con él venían, españoles ni indios ni otra persona alguna, no les hiciesen mal ni daño ni les agraviasen en cosa ninguna. Y en estas razones y otras que los indios replicaban, fueron detenidos sin acometerse ni hacerse mal alguno los unos a los otros, hasta puesta de sol, en el cual tiempo los indios mudaron [de] propósito, dejando de seguir lo que al principio habían comenzado y se retiraron y apartaron del paso y subida que estaban guardando y pretendían defender, y dieron lugar a que los españoles subiesen sin guerra ni pelea al llano y mesa de la poblazón, donde los propios indios los aposentaron en sus propias casas, y estuvieron allí con ellos toda la tarde hasta que anocheció y todos se recogieron a donde les pareció, porque el siguiente día en toda la poblazón ni en lo que de la comarca se divisaba, no pareció ninguna persona de los naturales, sino solos los españoles y su servicio, que se quedaron alojados en los bohíos y casas de los indios.

CAPÍTULO TERCERO. CÓMO LOS INDIOS PROSIGUIERON SU PAZ, Y GALARZA SU DESCUBRIMIENTO, Y PASÓ AL VALLE DE ANAIMA, DONDE TUVIERON CERCADO A SALCEDO LOS INDIOS, Y TUVO NOTICIA DE LOS INDIOS DE BUGA Y GORONES. ESCRÍBESE EL MODO DE LAS ARMAS CON QUE ESTA GENTE PELEA.

 

Puso mala sospecha a los españoles el haberse retirado y ausentado los indios con sus mujeres e hijos, porque se tiene ya experiencia que cuando después de haber dado la paz se recogen y desaparecen que es para poner sus mujeres, hijos y haciendas en partes seguras y revolver, con las armas sobre los españoles; pero éstos, esta vez, no lo hicieron así, antes conservando de su parte y prosiguiendo adelante con la paz que habían dado, volvieron pacíficamente a su propio pueblo, donde los españoles estaban alojados, y allí les traían de la comida que tenían y algunas chagualas de oro que contrataban y feriaban con los españoles y con los indios de su servicio ladinos.

Lo que más los naturales procuraban haber de la nuestra era sal de la del Reino, que es en panes, en pedazos grandes, y algunas gallinas blancas, porque de las otras ellos no las querían, y algunos otros rescates, y cuentas de España, que los españoles llevaban para el efecto, porque de todas estas cosas, y de otras muchas, es esta tierra muy estéril y falta. Daban en pago de un pedazo de sal de dos o tres libras, una chaguala de oro fino que pesaba seis pesos y donde arriba, y por una gallina lo mismo, y al respecto pagaban los demás rescates y contratos.

Detúvose en este alojamiento el capitán Galarza con sus compañeros ocho días y más tiempo, donde le vinieron todos los naturales de aquel valle de paz y amistad, y entre ellos los caciques y señores del valle de Matagaima, y del valle de Anaima le vinieron a ver los caciques de Vilacaima. El valle de Matagaima tendrá dos leguas y media de largo, todo poblado lo raso de él, porque esta tierra toda es doblada y muy quebrada, y todos los valles son rasos y pelados, sin monte alguno hasta la mitad de las lomas y cuchillas, y de allí para arriba es arcabuco o montaña muy crecida y espesa; y esto es general en toda tierra de Ibagué. El valle de Anaima tendrá cuatro leguas de largo, y donde arriba y todo lo raso de él, que se entiende lo bajo, estaba poblado.

Las armas de que generalmente usan los naturales de toda esta provincia y región de Ibagué, son lanzas hechas de los ijares de unas gruesas cañas huecas que los españoles llaman guaduas, las cuales son muy largas: hiéndenlas los indios y cuartéanlas y lábranlas, de suerte que les queda de cada una de ellas hechas tres o cuatro lanzas de a veinticinco y treinta palmos de largo; y a las puntas de estas lanzas engiren una punta de palma delgada, que es madera más recia y tiesa, para con ella hacer mejor golpe. Con estas lanzas usan unos escudos o paveses de cuero de anta seco y tieso, que es gran amparo y defensa y muy ligero. Estos escudos traían los indios colgados al pescuezo y cuando peleaban y jugaban de sus lanzas los echaban delante para amparo de las barrigas, y cuando se retiraban o huían, cosa muy común y nada vergonzosa para ellos, se los echaban muy ligeramente a las espaldas, colgados del pescuezo como los tenían, y así huían, yendo adargados y arodelados por detrás, que les era harto remedio para no recibir mucho daño de los que iban en su alcance. También usaban con los mismos escudos dardos de palma arrojadizos y macanas muy agudas a manera de montantes, hechas de madera de palma negra. Usan asimismo para la guerra hondas con que arrojan y tiran con gran furia piedras y guijarros rollizos del grandor de huevos, de los cuales traen consigo mochilas llenas para tenerlos más a mano al tiempo del menester. También se aprovechan en la guerra de las hachas de cobre que tienen para cortar madera.

En todos estos géneros de armas son tan diestros estos indios, que aunque ellos en sí son gente bruta, y las armas son tan rústicas como por lo dicho se puede ver, defendían con ellas y con sus bríos, que no eran de menospreciar, muy bien la tierra, porque cualquiera de los naturales de esta provincia nunca rehusaba el esperar uno por uno a cualquier español y pelear con él a pie quedo, y si como en los ánimos tenían igualdad la tuvieran en las armas, averiguadamente se estuvieran el día de hoy por conquistar, y antes hubieran hecho daño que recibídolo; pero como traen los cuerpo sin ninguna defensa, porque todos andan en carnes y así pelean, métense sin ningún temor los soldados armados por entre ellos, y allí cada cual les hiere como puede, según se ofrece la ocasión y necesidad.

Aunque los indios del valle de Anaima, o algunos de ellos, habían salido de paz e ido a visitar al capitán Galarza a su alojamiento, no por eso su amistad fue sincera y llana, antes muy doblada y llena de maldad, como lo dieron bien a entender dende a poco que Lope de Salcedo con ciertos soldados, que por compañeros le fueron dados, entró en sus tierras y poblazones, contra los cuales tomaron las armas no yéndoles a hacer ningún daño ni mal tratamiento más de haber la poblazón y gente que era, y a descubrir camino para que el resto de los soldados y carruajes pudiesen pasar adelante.

Juntáronse gran número de indios de aquel valle, y cercando y tomando en medio a Salcedo y a los españoles que con él estaban, les pusieron en grande aprieto y riesgo de matarlos a todos, porque como esta gente sea animosa y su pelea sea cercándose abarloar con los españoles, los cuales no tenían consigo caballos, que es toda la fuerza de esta guerra, ni arcabuces, y el número de los combatientes tan desigual, porque para cada soldado de los que con Salcedo estaban había quince y veinte indios, fueron los nuestros forzados a dar mayores muestras de su valor, peleando con la turba de los bárbaros, que los tenían cercados, y haciendo en ellos todo el estrago que podían, no cesando de pelear ni soltando las armas de noche ni de día de las manos; hasta que teniendo noticia el capitán Galarza del suplicioso y peligro en que estos soldados estaban, porque de ello le fue dado aviso por mano de indios amigos, envió más copia de gente y soldados, que juntándose con los cercados y acrecentándose a todos con el número el ánimo, sacudieron y echaron de sobre sí honrosamente la gente de la tierra, que con intera esperanza estaban de haber presto victoria de los españoles que cercados tenían, con cuyas vidas y cuerpos entendían hacer devotos sacrificios a sus carniceros vientres, sepulturas de carne humana.

 

Vuelto Salcedo y los demás españoles, el capitán Galarza se partió luégo otro día con toda la compañía junta. Marchó concertadamente la vía de Anaima, lo cual visto y entendido por los naturales de aquella poblazón, determinaron entre sí tomar de nuevo las armas, y acometiendo a los españoles hacer en ellos la resistencia que les fuese posible; para el cual efecto se juntaron, en el propio sitio donde habían tenido cercado a Lope de Salcedo, más de cuatro mil indios de guerra, con todos los géneros de armas arriba nombrados.

Era este lugar un sitio muy llano, puesto por ribera y barranca de una quebrada que bajaba de la sierra y venía a dar al río principal, que pasa y corre por medio del valle. Este llano, pareciéndoles a los indios que era acomodado para el alojamiento de los españoles y que se habían de ir derechos a él, fortalecéroslo con mucha cantidad de hoyos que en él hicieron de a dos estados de hondo cada uno, y muy llenos de estacones de palos de palmas las puntas para arriba, y por encima cubiertos con varas delgadas y | paja y tierra encima, para que estuviesen ocultos y no los echasen de ver hasta que estuviesen en la celada o trampa. El anchor de cada hoyo de estos era tal, que cabía en cada uno de ellos dos hombres con sus caballos armados; y cierto era invención con que pudieran hacer muy gran daño a los nuestros, si no fuera gente recatada para tener cuenta con semejantes cautelas y engaños, porque los bárbaros para más incitar y convidar a los nuestros a que cayesen en los hoyos, aguardaron a los españoles junto a ellos para que arremetiendo o codiciando dar en los enemigos, y arremetiendo con la furia que suelen, hallasen por delante aquella manera de foso, y cayendo dentro se metiesen las estacas por los cuerpos y muriesen a cuchillo de palo.

El capitán Galarza, según lo tenía por costumbre, luego que vio y reconoció que los indios les estaban esperando para pelear con ellos, hizo detener la gente antes de pasar la quebrada, y comenzó a hacerles requerimientos y protestaciones, convidándoles con la paz, y dándoles noticia del efecto de su venida y entrada en aquella tierra, según lo había hecho siempre antes de venir a pelea con los indios; y en estos requerimientos se detuvo un gran rato, de suerte que viendo los indios que se detenían los españoles y creyendo que su detenimiento era por su temor y por estar ellos con las armas en las manos esperando el reencuentro, desampararon el puesto que tenían, y volviendo las espaldas se dieron a huir por entre los hoyos y a dejarlos atrás. Los españoles se movieron perezosamente contra ellos, no queriendo hacerles daño ni bañar con sangre de aquellos bárbaros la tierra, pretendiendo conservarlos para después tener quién les sirviese y sustentase. Pero como un Juan Ortiz de Zárate, vizcaíno, quisiese señalarse, procuró tomar la delantera a todos sus compañeros y puso las piernas a caballo, y encarando a unos indios que de industria estaban esperando, fue tan veloz e inconsiderado en su arremetida y con ella desatinó de tal suerte a los indios, que ellos y él y su caballo todos cayeron dentro del hoyo y celada; pero el daño no fue igual a todos, porque como los indios cayeron primero, con sus cuerpos ocuparon las estacas que en el hoyo había, metiéndoselas por las carnes, y así Juan Ortiz y su caballo no recibieron ninguna lesión, y fueron sacados del hoyo sanos y salvos, con lo cual fue descubierta la celada y fosos que los indios tenían hechos, y cesó el daño que pudieran recibir, porque dende en adelante caminaban todos con gran cuidado, mirando con atención dónde ponían los pies.

 

Alojáronse aquella tarde en un lado o punto de la sabana, que estaba más escombrada y limpia de hoyos, y dende en adelante, por más de veinte días, se corrió toda la poblazón y tierra de este valle de Anaima, sin que los indios osasen venir a las manos con los nuestros, ni en ninguna parte de él tuviesen pelea ni batalla trabada los unos con los otros, más de ponerse por los altos y arcabucos a dar grita; y cuando la comodidad de la tierra les ofrecía ocasión, desde algunos altos, junto a la montaña, echaban a rodar contra los nuestros grandisimas piedras que pesaban, según su grandeza, a diez y a quince y veinte y a más quintales, porque con palancas movían en lo alto de las laderas las peñas que la naturaleza había puesto y criado en lugares tan pendientes que con sólo menearlas o moverlas con los palos las hacían rodar con extraña furia. Mas, aunque en lugar muy perjudiciales a los nuestros les daban esta batería, fue Dios servido que nunca se recibió ningún daño.

En este valle sucedió que después de haberse mitigado los indios y dado muestras de querer la paz y amistad de los españoles, un soldado extranjero, llamado Ricardo, llevaba consigo un indio ladino que entendía bien la lengua de aquella tierra, y como el Ricardo fuese algo codicioso y viese que entre aquellos naturales había algunas piezas de oro, envió al indio ladino que fuese y anduviese entre aquellos naturales y les dijese que el capitán lo enviaba a que le diesen oro, porque lo había menester, donde no que irían los soldados a sus rancherías a hacerles guerra. Los indios, con este temor, dábanle al indio ladino de Ricardo todo el oro que podían. Ultimadamente sucedió que Ricardo envió a su indio ladino por oro, el cual encontró con cierto principal que le dijo que él tenía un poco de oro que dar al capitán, pero que él en persona se lo quería dar por su propia mano. El ladinejo, queriendo salir con su demanda sin ser sentido, esperó a que fuese de noche y vínose con el principal y otros indios al alojamiento, y como estaban ya puestas velas y era ya cuando llegó al alojamiento muy tarde, fue sentido de las velas, los cuales creyendo que eran indios que venían a dar sobre los españoles, dieron alarma y con su entrada hubo alguna turbación entre los soldados, porque todos o los más salieron al rebato, con la alteración que semejantes casos suelen causar. Tomaron los indios, y súpose de ellos la causa de su entrada a tal hora, y del ladino el oficio que él y su amo traían en tomar con honesto modo el oro a los indios; de lo cual se enojó mucho el capitán Galarza, y haciendo apariencias de que quería castigar con pena pública al Ricardo, él mismo incitó secretamente a los soldados que le rogasen por él y se lo quitasen, para con aquella ostentación y muestra de castigo poner temor en semejantes soldados para en adelante; pero el indio ladino pagó por él y por su amo, porque fue públicamente azotado y cortados los cabellos, aunque todos los indios son de tan poca vergüenza que no sienten por afrenta el azotarlos.

En el tiempo dicho dieron de todo punto la paz a los españoles muchos de los naturales de este valle que a los principios dieron muestras de obstinación en su rebeldía, para por presencia venirles a servir; entre los cuales fue el más principal el cacique llamado Bombo; de los cuales el capitán se procuró informar de la gente que de la otra banda de la cordillera había, y si podría pasar adelante en descubrimiento del camino para Cartago, porque el valle se remataba allí, en la propia cordillera que está entre el río grande de la Magdalena y el río de Cauca. Los indios le dijeron que, pasada esta cordillera, a la otra vertiente de ella había mucha copia de naturales, pero que no sabían distinguir si entre ellos, o cerca de ellos, hubiese pueblo de españoles, como lo había, más de que certificaban lo de los naturales, los cuales, según después pareció, era en Buga la grande, donde pobló el capitán Alonso de Fuenmayor un pueblo del propio nombre y los gorones que sirven a Cali.”

 

 

Transcripción: Álvaro Hernando Camargo Bonilla

miércoles, 28 de febrero de 2024

APORTE HISTÓRICO DE AFRANK M. CHAPMAN, EN LA HISTORIA DE LA ORNITOLOGÍA COLOMBIANA.


APORTE HISTÓRICO DE AFRANK M. CHAPMAN, EN LA HISTORIA DE LA ORNITOLOGÍA COLOMBIANA.

Expedición No. 1. Buenaventura al Valle del Cauca; Reconocimiento, Cali a Girardot por el Paso del Quindío. 10 de noviembre de 1910 - 4 de junio de 1911.
Expedición No. 3: Extremo inferior del Valle del Cauca, Camino del Quindío, Cartago al río San Juan.

El 13 de mayo, Fuertes y Chapman iniciaron su viaje de regreso a Nueva York en un reconocimiento por el Cauca hasta Cartago, de allí sobre el Paso del Quindío hasta Girardot en el Magdalena, y por ese río hasta Barranquilla, que se alcanzó el 4 de junio.





Frank M. Chapman in the mountains of Quindío, Central Cordillera of the Andes of Colombia in 1911 (photo courtesy of Joel Cracraft, American Museum of Natural History).


Nació en 1864 en Englewood, New Jersey, en la ciudad de Nueva York. A la edad de ocho años se apasionó por el estudio de la avifauna, cuando en unas vacaciones familiares contempló un hermoso Cardenal americano (Cardinalis cardinalis), en el estado sureño de Georgia, ave que lo cautivó tanto, al punto de que nunca dejó de observar y estudiar las aves.

Por corto tiempo de su vida ejerció el oficio de banquero, pero pudo más su pasión por las aves, que hizo que se dedicara casi todo el tiempo de su vida a la observación y estudio de las aves.  Su actividad como banquero le permitió la oportunidad de viajar y visitar museos y conocer muchos de los ornitólogos más importantes de su país, quienes quedaron impresionados por la calidad y detalle de sus observaciones.

El propósito de esta abreviada reseña de Frank, proviene de la importancia que significó para la historia de la ornitología en Colombia en los inicios del silo XX, por los años de 1911 a 1915, tiempo durante el cual emprendió la observación y estudios de las aves, lo que incitó un movimiento conservacionista, causado por sus expediciones enfocadas a determinar la distribución de las aves en términos ecológicos y topográficos en el territorio colombiano.

LAS EXPEDICIONES DE CHAPMAN A COLOMBIA (1911-1915)

Su objetivo, el estudio de la ornitología y de la diversidad de aves que para la época existían en Colombia y Sudamérica, siendo su principal propósito la búsqueda y descubrimiento de dichas especies, sus variedad, hábitos y distribución geográfica.

Eligió a Colombia como el primer foco de operaciones, por su cercanía con los EE UU, que para ese tiempo ejercía su intervención del territorio de Panamá y construcción del canal interoceánico, territorio que además, poseía las condiciones fisiográficas y climáticas más diversas, representadas con la mayor biodiversidad de América del Sur.

Biodiversidad, representada en sus recursos naturales, por más de 300 años de colonialismo ejercido por España sobre el conocimiento de los recursos naturales de sus colonias.

Un siglo después, una vez lograda la independencia de la corona española. Inmediatamente después de la campaña libertadora, el territorio se aperturó una pléyade de coleccionistas de avifauna que traficaban especies con destino a los museos europeos, además del inimaginable comercio de pieles de aves para surtir las modas de vestuario (principalmente) femenino de los países europeos.

Con estas incursiones, empezó la catástrofe biodiversa del continente, en especial en Colombia, de donde partieron en barcos con rumbo al viejo continente, colosales cargamentos de especímenes de fauna, flora y otros recursos naturales con destino a colmar los museos y satisfacer la demanda de los mercados del viejo continente.

RECONOCIMIENTO Y OBSERVACIONES DE CHAPMAN POR EL CAMINO DEL QUINDIO.

De Cali a Cartago.

Viajó en barco a vapor, de Juanchito (puerto sobre el río Cauca en Cali), hasta Cartago. El Cauca,  rio angosto, (con un promedio de ciento cincuenta a doscientos metros de ancho) permitía ver los detalles de ambas orillas; la corriente de agua estaba alta, aproximadamente tres millas por hora. La distancia en línea aérea entre Cali y Cartago aproximadamente  de noventa millas,, y navegando en barco a vapor por el río, es de 172 millas; pero si el bobinado. El barco aumenta la duración del viaje, también aumenta la encanto de ello.

De Cartago a Girardot.

En Cartago, gracias a la asistencia del Señor Jesús Vélez, conseguimos montar y cargar animales sin demora y comenzamos nuestro viaje a través del Quindío el día de nuestra llegada.

El camino que cruza los Andes Centrales por el paso del Quindío ha sido transitado durante siglos. Hasta los límites inferiores de la Zona Templada (alrededor de 9000 pies), el país por el que pasa está más o menos conservado, su carácter primitivo es por lo tanto, no siempre obvio para alguien en el camino. Sin embargo, la descripción del Dr. Allen de las estaciones en las que él y Miller posteriormente recolectaron, suministraron los detalles esenciales, y doy aquí sólo la visión generalizada de lo que se puede  ver desde la silla.

Durante los primeros siete u ocho kilómetros, el sendero, luego de salir de Cartago, pasa sobre lomas bajas que ubicadas desde  Cartago a Piedra de Moler, a orillas del Río de la Vieja, a una altura de cien pies sobre Cartago. El terreno es bastante árido, y más o menos cubierto de arvenses. Desde la cumbre de la cresta, se tiene una vista de un valle bien boscoso que se abre hacia el Cauca. Valle muy estrecho y rodeado de colinas que marcan su terminación. como valle y pasa hacia un relieve montañoso, al norte de Cartago.

Después de cruzar el río de la Vieja, el sendero, durante las siguientes diez o doce millas, pasa por una depresión comparativamente nivelada conocida como La Hoya del Quindío. Está bordeado por un tupido matorral y algunos bosques primarios, con mucho bambú fino, que alcanza su límite superior a unos 5500 pies. No hay perspectivas hasta que, al final de unas diez millas, el sendero asciende gradualmente. y se dirige por relieve ondulado. La depresión por la que hemos pasado, a lo lejos,, detrás de nosotros se ven los Andes occidentales, y a cada lado, se abren los valles laterales bien arbolados. Unos kilómetros más adelante el pintoresco pueblo de Filandia (6400 pies) y más allá tuvimos nuestra primera vista de los Andes Centrales con los nevados de Santa Isabel y Tolima.

Llegamos a Filandia a las cuatro de la tarde, después de ocho horas de viaje en mula desde Piedra de Moler, en una distancia de unas veinticinco millas con subida, siempre gradual, de unos tres mil pies. Todavía estábamos en las estribaciones que, en ondas suaves, redondeadas, verdes y cubiertas de hierba, que descendían  hacia el Valle del Cauca y se ubican de norte a sur a lo largo de la base de la cordillera de los Andes Centrales, que asciende de manera impresionante a lo largo un valle parecido a una llanura al este. A partir de ese momento tuvimos unas magníficas pero breves vistas de Santa Isabel y Tolima.

Pasamos la noche en Filandia y a la mañana siguiente cruzamos el valle hacia el este. Al cabo de una hora entramos en el primer primitivo bosque por el que había pasado el sendero y desde este punto hasta la cumbre de la cresta que domina el río Quindío, con la Boquilla (Boquía). En el terreno, hay mucho bosque de la Zona Subtropical. Aquí vimos a Hypopyrrhus pirohipogaster por primera vez. Después de vadear el río Quindío y un rápido caudal que fluye, en la Boquilla (Boquía) (alt. 6100 pies), el sendero sube abruptamente a través campo abierto hasta Salento, al que se llega en una subida de treinta minutos de 900 pies.

Salento (alt. 7000 pies), de pie sobre un estante en la base de la cocina principal de los Andes Centrales, es el último pueblo por el que pasa el viajero hacia el valle del Magdalena hasta llegar a Ibagué en la base oriental del cadena.

Aunque se ha ganado una altitud de unos 3500 pies sobre Cartago, la pendiente es tan baja que no se ha hecho ninguna escalada real, y la ascensión se puede decir que los Andes comienzan definitivamente en Salento o, para ser más exactos, en el río Quindío, 900 pies debajo de Salento.

Una hora después de salir de Salento sentimos que estábamos en el corazón de Los Andes. Abajo se extendía el valle del Quindío, alfombrado de pasto y con una crecimiento disperso de altas palmeras que bordean el arroyo que lo atraviesa; arriba había un sinfín de montañas que conducían al páramo marrón y relucientes nevados de Santa Isabel.

Hasta que alcanzamos una altitud de 9000 pies hubo poco crecimiento cerca el sendero y la descripción detallada de Allen de la estación recolectora cerca. Se debe consultar en Salento para obtener información sobre la naturaleza del Vegetación primitiva en este punto. A la altura indicada llegamos al límites inferiores de la Zona Templada y coincidentemente los límites superiores en que la tierra había sido despejada para fines agrícolas. En consecuencia, los bosques ahora bordeaban o estaban cerca del sendero. Al principio estaban compuestos de grandes árboles de ramas abiertas entre los que destacaban los finos robles. A medida que ascendíamos se volvieron mucho más bajos y más finamente ramificados, con Hojas pequeñas, rígidas y muy juntas, y provistas de abundante musgo blanco.

Este bosque de la Zona Templada cubría espesamente las montañas hacia boca del paso. En Laguneta (10,000 pies) presento una completa y abundante presencia de aves,, lo que nos indujo a seleccionar este lugar como lugar de recolección. Estación para Miller y Allen quienes, tres meses después, hicieron una contribución muy valiosa colección que destaca especialmente por la cantidad de Grillarías que contenido.

A 9000 pies conseguimos un espécimen de Myioborus chrysops, el primero indicio de fauna en la vertiente oriental, y al día siguiente se descubrió que era abundante en el Tochecito. En Laguneta, distante sólo tres horas por mula de Salento, la avifauna había cambiado por completo. Las especies subtropicales  quedaron atrás y en sus lugares tan característicos templados, ves de zona como Semimerula gigas gigantodes, Atlapetes schistaceus y Psittospiza rieffert eran vistos comúnmente al borde del camino.

Luego de cruzar la divisoria (11,500 pies) el descenso hacia Volcancito es a través de un país donde el bosque ha sido talado recientemente, pero el La evidencia indicaba que había cubierto las laderas de la montaña, como en un listones desde el sendero todavía lo hace.

Fotografía en el Camino del Quindío, Andes Centrales, donde en 1801 Humboldt y Bonpland descubrió esta especie. Se estimó que los árboles maduros alcanzarían una altura de 180 a 200 pies. Un loro grande (Ognorhynchus icterotis), Loro Orejiamarillo, fue encontrada anidando en colonias en estas palmeras en mayo de 1911 Los nidos estaban justo debajo de las hojas.

A unos 1000 pies debajo de la cumbre, las palmas de cera (descubiertas en el Quindío) fueron encontrados por primera vez y descritas por Humboldt y Bonpland en 1801). Estos majestuosos árboles, en grupos dispersos o en masas densamente pobladas, eran las formas arbóreas más abundantes, desde este punto hasta el río Toche. Estas alcanzan una altura de al menos 180 pies y fueron de especial interés para nosotros como hogar del fino Loro Orejiamarillo (Ogonorhynchus icterotis). En este lugar casi todas las palmeras estaban ocupadas por un par de estos pájaros cuyos nidos estaban abiertos justo debajo de las hojas más bajas.

El sendero ahora desciende en pronunciados zigzags hasta el río Tochecito (alt. 9000 pies), un torrente de montaña de unos diez pies de ancho con bancos bordeado por un frondoso sotobosque y algunos pequeños revestimiento de parásitas arbóreas. Más allá de estas orillas, las laderas de las montañas estaban cubiertas de palmas de cera. con un crecimiento más denso y tupido. Los pájaros no eran numerosos.



Existen condiciones esencialmente similares al Valle de Toche (7100 pies) de desde donde se obtiene una vista impresionante desde algún punto del sendero, al menos 2000 pies por encima de él. A la derecha se divisa el curso del bello y espumoso río Toche, aquí de unos veinticinco metros de ancho, es el hogar del pato de torrentes (Merganetta columbiana) y Ousels (Cinclus leuconotus); A la izquierda a cierta distancia, el fondo del valle está cubierto por un denso y creciente bosque que, lamentablemente, no podemos explorar.  Las especies tomadas en este punto son, como era de esperar, referibles al Valle del Magdalena, en lugar del Valle del Cauca.

Ya habíamos regresado a la Zona Subtropical. Hay un pequeño asentamiento sobre el Toche y desde este punto en adelante hasta Ibagué la zona limítrofe del camino está, o ha estado, en gran pate ocupada de pequeños cultivos. El  bosque original se encontró a intervalos, especialmente cerca de El Edén, pero el trabajo del hombre cerca del camino y las densas nubes que a menudo oscurecían todo, excepto el paisaje inmediato, hizo difícil tener una idea muy clara de las condiciones primitivas en esta parte del sendero, aunque a la distancia, los lados de la  montaña en general, parecían estar selváticas.

Ibagué (alt. 4850 pies), una ciudad de varios miles de habitantes, está situada en la unión de los llanura del Valle del Magdalena y la cordillera. Desde este punto hasta el río Magdalena el camino pasa por un territorio cubierto de pasto, zona de pastoreo con árboles más o menos achaparrados que bordean los arroyos, pero sin un bosque real. Montículos semejando fortalezas de murallas de  castillos, muy erosionados, que surgen abruptamente a varios cientos de pies de la llanura, son rasgos característicos de esta parte del Valle del Magdalena y al menos al norte y al este como en las cercanías de La Dorada sobre el río, donde el valle superior semiárido se funde con el región de bosque húmedo.

 El 13 de mayo de 1911, pocas horas después de Chapman y Fuertes comenzaron su viaje de regreso a casa.

Marcha por el Quindío.

Frank m. Chapman, empezó su paso por las montañas del Quindío. Primero, salió desde Cali a Cartago, embarcado en un vapor que abordó en Juanchito, puerto de Cali, navegando por el rio Cauca, una distancia de 172 millas. Arribo a Cartago, en donde fue asistido por del Señor Jesús Vélez, quien le consiguió algunas mulas y otros bagajes necesarios para su travesía, y sin demora, comenzó su tránsito a pie a través del camino del Quindío el mismo día de su llegada a Cartago.

La ruta que cruza los Andes Centrales, denominado el paso del Quindío, que por siglos ha sido transitado, empezó su recorrido, y en los primeros siete u ocho kilómetros, luego de salir de Cartago, pasó por una serie de lomas bajas, solitarias, cubiertas de vegetación de sabana, localizadas entre Cartago y Piedra Moler, a orillas del río de La Vieja.

Después vadear el río, continuó el camino, recorriendo diez o doce millas, por la depresión conocida como “El Hoyo de Quindío” (Hoya del Quindío). Ruta bordeada por una selva tupida y algunos abiertos hechos por los colonos a orillas del camino, causándole admiración los grandes parches de guadua.

A unas diez millas, de Piedra de Moler, ascendió lentamente, buscando la cumbre de la cordillera, una vez superado su tránsito por la “Hoya del Quindío”, lo que le permitió ver a plenitud las crestas de los Andes, de la ladera occidental, unos kilómetros más adelante en el pintoresco pueblo de Filandia y más en lontananza, la impresionante vista de los nevados de Santa Isabel y del Tolima.

A Filandia arribó a las cuatro de la tarde, después de ocho horas de viaje en mula desde “Piedra Moler”, en una distancia aproximada de veinticinco millas, en subida, gradual.  En este lugar, que le presentaba un paisaje de colinas, redondeadas, cubiertas de pastos verdes. disfrutó del magnífico paisaje que le proporcionaba el sito, con el fondo de los nevados de Santa Isabel y Tolima.

Pasó la noche en Filandia, a la mañana siguiente cruzó por una prehistórica selva por donde pasaba el sendero, arribando a una cima (Alto del Roble), desde donde se apreció los rumbos del río Quindío y la quebrada Boquilla (Boquía);en este lugar avistó por primera vez un Hypopyrrhus pirohipogaster.

Después de vadear la quebrada Boquía y el río Quindío, en treinta minutos de ascenso por un sendero a campo abierto llegó a Salento, último pueblo que cruzó hasta su llegada a Ibagué en la ladera oriental de la cordillera. Consideró que en Salento comenzaba el verdadero ascenso de los Andes, más exactamente, en las orillas del río Quindío.

A una a hora de su partida de Salento, observaba el valle del Quindío, alfombrado de exuberante naturaleza verde y altas palmeras que bordean el camino; adelante, un sinfín de montañas que conducían al páramo, desde donde se apreciaban los relucientes nevados de Santa Isabel y Tolima.

A una altitud de 3000 metros, el sendero presentaba poca vegetación, pues sus terrenos habían sido despejados para fines agrícolas. En consecuencia, los bosques apenas bordeaban o estaban cerca del camino, compuestos de grandes árboles de ramas abiertas entre los que destacaban los finos robles.

A medida que ascendía la vegetación se presenta chapara y más ramificada, con hojas pequeñas, rígidas y muy juntas, cubiertas de musgo blanco. Este bosque cubría la montaña hasta la boca del paso (Boquerón del Páramo).

En Laguneta sitio ubicado a (3200 m.s.n.m), sobre el camino, debido a la abundancia de aves, lo incitó a seleccionar este sitio para la observación y recolección de avifauna, en donde, tres meses después, hicieron una valiosa colección que destaca especialmente por la cantidad de Grallarias.

A 2800 m.s.n.m., cerca al torrente del río Tochecito, en la vertiente oriental avistó un espécimen de Myioborus chrysops, al día siguiente se descubrió que era abundante en el Tochecito.

En el sitio denominado “Laguneta”, distante sólo tres horas a lomo de mula de Salento, noto que la avifauna había cambiado por completo.  Luego cruzó la divisoria (3.345 m.s.n.m), siguiendo en descenso hacia el punto “Volcancitos”, sobre la ladera Oriental. Atravesó un terreno donde el bosque había sido talado recientemente para usos agrícolas y ganaderos.

A unos 3000 m.s.n.m, después de la cumbre, en el sitio denominado “La Ceja”, aparecen de nuevo las palmas de cera, descritas en el viaje de Humboldt y Bonpland en 1801. Estas majestuosas palmas, formaban grupos de magna exuberancia, constituyéndose en la especie arbórea más abundante, desde este punto y hasta el río Toche. Palmas que alcanzaban una altura de al menos de 58 metros de altura y que representaron especial interés para el ornitólogo, por ser el hogar del Loro Orejiamarillo (Ogonorhynchus icterotis).  Casi todas las palmeras estaban ocupadas por un par de estos pájaros cuyos nidos se ubicaban en sus tallos, justo debajo del penacho de hojas.

PERICO DE FUERTES. Hapalopsittaca fuertesi (Cap.)

Figura superior, adulto; Figura inferior, inmadura.

(Aproximadamente la mitad del tamaño natural)


De este sitio, el sendero descienda en pronunciados zigzags hasta el río Tochecito (alt.2900 m.s.n.m.), un río de montaña de unos tres metros de ancho, bordeado por barrancos provisto de tupido bosque y arboledas cubiertas de hermosas parasitas y orquídeas. Más allá, de sus orillas, sobre las laderas de las montañas estaban cubiertas de palmas de cera que sobresalían sobre el tupido bosque; paisaje básicamente similar al Valle de Toche, a 2160 m.s.n.m. Desde algún punto del camino, al menos 60 metros por encima de su humanidad, logró una vista impresionante de la montaña. A la derecha veía el curso de bello y espumoso río Toche, aquí, de unos veinticinco metros de ancho, y hogar de patos de torrente (Merganetta columbiana) y Ousels (Cinclus leuconotus). A la izquierda, a cierta distancia, el valle está cubierto por un denso bosque, del cual lamentó, no haberlo explorado, a causa de una amplia variedad de especies existentes en ese punto, Describe a Toche como un pequeño asentamiento, y desde este punto en adelante hasta Ibagué, el territorio que bordea el camino estaba, o había estado gran medida cultivado por colonos El bosque primario se encontraba a intervalos, especialmente cerca de un tambo denominado “El Edén”, pero de cuando en vez, se presentaban zonas de cultivo cerca del camino.  Las densas nubes que a menudo oscurecían todo, excepto el paisaje inmediato, hizo difícil tener una idea muy clara de las condiciones primitivas en esta parte del sendero, aunque las montañas distantes en generales parecían estar selváticas.

El estudio se originó en la recopilación de aves y mamíferos e información sobre ellos; lugares de su hábitat y su objetivo final, fue el descubrir el origen las zonas faunísticas de América del Sur existentes en la época. Estudio que se constituyó en el primero compendio de la distribución de las aves del país, que sirvió como punto de partida para los futuros estudios sobre el tema, fundamentados en el sistema clasificación natural de Linneo en Colombia.

Fue en 1838 o 1839 cuando un coleccionista francés, residente en Bogotá, comenzó a enviar pieles de pájaros a París. Artículos proporcionados por los nativos, que aprendieron cómo preparar pieles, práctica que cada vez aumentaba en número, y se enviaban a París.

La antedicha reseña del tránsito por el camino del Quindío del estadunidense Frank M. Chapman, originado en la temática de la observación y conservación de las aves y la ornitología colombiana, constituye en indicador para estudiar e interpretar la histórica mutación ecosistémica primaria y su consecuente trasformación, resultante de su intenso tráfico por las diferentes oleadas migratorias que trasegaron y colonizaron el territorio aledaño; circunstancias que causaron una amplia trasformación e impacto por el uso y aprovechamiento constante de su biodiversidad, y que se constituye en indicador en la fundamentación de la Quindianidad. Cuestión que evoluciono y trasformó el medio natural primigenio, determinando aspectos tales de pérdida e introducción de flora y fauna y la consecuente modificación del paisaje natural en paisaje cultural.

Por las consideraciones descritas conviene dar una mirada histórica a la mutación biodiversa aledaña al Camino, desde la época Prehispánica, hasta los inicios de la República. De este modo, prescribir la transformación indiscutible del territorio formado en el tránsito de la ruta.

 

ANTPITTA DE MILLER. Grallaria milleri (Cap.) (Aproximadamente la mitad del tamaño natural)

PINZÓN DE CABEZA NEGRA. Atlapetes fusco-olivaceus (Cap.)




Chapman y sus observaciones de la avifauna en el paso o camino del Quindío.

Hace más de un siglo que expedicionarios naturalistas del Museo Americano de Historia Natural, liderados por Frank M. Chapman, hicieron observaciones y dieron cuenta de la avifauna en la montaña del Quindío.

Su objetivo, el estudio de la diversidad de aves que para la época existían en Colombia y Sudamérica, siendo su principal propósito la búsqueda y descubrimiento de dichas especies, su variedad, hábitos y distribución geográfica.

Viajó en barco a vapor, de Juanchito (puerto sobre el río Cauca en Cali), hasta Cartago, de donde continuó su marcha, el 25 de agosto de 1911, pasando por Piedra de Moler, cruzó el río de la Vieja, y, luego de ocho horas de viaje a lomo de mula, en un recorrido de veinticinco millas, llegó a Filandia (6400 pies) 1950 m.s.n.m., a las cuatro de la tarde, lugar desde donde avistó las montañas de Andes centrales con sus nevados de Santa Isabel y del Tolima.

Luego de pernoctar en Filandia, al día siguiente, rayando las ocho de la mañana, continuaron su rumbo, pasando por el alto del Roble, posada ubicada en la vera del camino, a 7100 pies de altitud (2164 m.s.n.m.); sitio que registraron los científicos con abundancia en aves.

Continuando su camino, descendieron al valle de Boquía, lugar en el que realizaron la mayor parte de recolección de avifauna, labor realizada a lo largo del valle de las quebradas de Boquía y Santa Rita, lugar registrado con una altitud de 6500 pies (1982 m.s.n.m). La quebrada Santa Rita fue descrita como un hermoso y elegante riachuelo de montaña, que discurre por garantas de roca, formando estrechas cascadas limitadas por una abundante vegetación, rica en musgos y epífitas; según la narración, lo más exuberante que encontraron, en los Andes occidentales.




Después de vadear el río Quindío, río que cruza por Boquía, situada a una altura de 6100 pies (1859 m.s.n.m.),, continuaron camino, ascendiendo hasta Salento, a donde llegaron en un recorrido de treinta minutos (Lat. 4° 40’, Long. 75° 50’; alt. 6500 pies (1829 m.s.n.m).

Ilustración 1. Vista del Nevado de Santa Isabel, desde Laguneta, en el camino del Quindío. Frank M Chapman.


El 27 de agosto de 1911, continuaron su camino por la ladera de la montaña, hasta llegar a una altitud de 9500 pies (2895 m.s.n.m.), sitio denominado Laguneta, ubicado cerca del boquerón del páramo, en el paso de la montaña del Quindío, que describen a una altitud de 10,300 pies (3139 m.s.n.m).

Laguneta se presentaba cubierto de espesa vegetación alto andina, como palmas, helechos arbóreos, orquídeas y epífitas de muchos tipos; lo que motivó a los viajeros para acampar y proceder a observaciones en ese lugar, en donde se instalaron hasta el 11 de septiembre del mismo año.

En Laguneta, distante sólo tres horas a lomo de mula de Salento, la avifauna había cambiado por completo. Presentaba abundancia de aves, lo que motivó a Chapman y sus compañeros Miller y Allen, a establecer una estación de observación y recolección. Estación donde hicieron muy valiosas colecciones, especialmente por la cantidad de Grallarias que observaron.

Laguneta, zona situada sobre el camino, a 6100 pies de altitud (1859 .m.s.n.m). Este sitio se presentó a los expedicionarios, como lugar amplio y abierto con poca vegetación, excepto unas estrechas márgenes a lo largo del camino, provisto de magníficas palmeras, y que ascendía suavemente hasta, donde finaliza el ascenso de la cordillera en su ladera occidental, a una altitud de 8300 pies (3351 m.s.n.m). En esta zona avistaron por primera vez un ejemplar del   Hypopyrrhus pirohipogaster.

Luego de su estadía de 15 días en Laguneta, regresaron hasta Salento y al día siguiente, comenzaron el ascenso al Nevado de Santa Isabel por el Valle de Boquilla (Boquía). Llegando al páramo, a una altitud de 12,700 pies (3871 m.s.n.m.), el 13 de septiembre, en donde se asentaron durante tres días, hasta el 16 de septiembre.

A los estudiosos de la ornitología, les será de fundamental importancia consultar al visionario naturalista estadounidense Frank M. Chapman, y así, investigar y comparar la evolución histórica de la avifauna en el territorio del Quindío y disertar sobre el desarrollo sostenible del aviturismo, en el histórico paso o camino del Quindío.

 

Por: Álvaro Hernando Camargo Bonilla.

 

 

 

Fuente: FRANK M. CHAPMAN. LA DISTRIBUCIÓN DE LA AVIFAUNA EN COLOMBIA; UN APORTE A UN ESTUDIO BIOLÓGICO DE AMÉRICA DEL SUR. VOLUMEN XXXVI, 1917 Editor, J. A. ALLEN. NUEVA YORK. PUBLICADO POR ORDEN DE LOS FIDEICOMISARIOS. 1917

 

 

Por: Álvaro Hernando Camargo Bonilla.

 

Fuente: FRANK M. CHAPMAN. LA DISTRIBUCIÓN DE LA AVIFAUNA EN COLOMBIA; UN APORTE A UN ESTUDIO BIOLÓGICO DE AMÉRICA DEL SUR. VOLUMEN XXXVI, 1917 Editor, J. A. ALLEN. NUEVA YORK. PUBLICADO POR ORDEN DE LOS FIDEICOMISARIOS. 1917

 

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domingo, 26 de noviembre de 2023

“CENTRO COMERCIAL DE CIELOS ABIERTOS”.

TURISTIANDO POR EL “CENTRO COMERCIAL DE CIELOS ABIERTOS”.

En el año 2008, la Calle Real, (Carrera 14) se pensó y trasformó en un paseo peatonal que se tituló: “Centro Comercial de Cielos Abiertos”, propuesta que participó en dos concursos internacionales relacionados con la recuperación del espacio público (XXI Bienal Colombiana de Arquitectura en Cartagena y XVI Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito).

La histórica calle se trasformó en un amable y tranquilo paseo que transcurre en pleno centro de la ciudad, en pleno corazón de Ciudad Milagro, desde el Parque Sucre, hasta la Plaza de Bolívar. Nueve cuadras de recorrido a lo largo de la carrera 14 entres las calles 12 y 21, donde reside diversa actividad comercial de almacenes, cafés, restaurantes y entidades financieras.

El contenido cultural inicialmente se pensó en una loa a la caficultura, representando la actividad a partir de la siembra, los cultivos y sus paisajes en medio del verde dispensado por los árboles del sobrio en los cultivos, la recolección del fruto por las chapoleras, los procesos de despulpado, fermentación y lavado de la cereza y, por último, el secado del grano, es decir, toda la actividad de la caficultura.

 

ATRACTIVOS

 

El Parque de Sucre: Tiene un estanque con peces y flora acuática, lo mismo que grandes árboles como una inmensa Ceiba, sembrada a comienzos del siglo XX por don Juan Crisóstomo Rivera (Toto).

Busto de Antonio José de Sucre: Autor: Vladimir Cortés. Ubicación: Parque Sucre Escultura en cemento. Homenaje que en Armenia se rinde al Mariscal Antonio José de Sucre (1785-1830) patriota venezolano, a quien conocían como el “Gran Mariscal de Ayacucho”.

Monumento a Carmelina Soto: Obra de José Roselved Pérez González. (Ubicado en el año 2000 en Homenaje de la Asociación de Escritores del Quindío la poeta Carmelina Soto). Talla en mármol en la que está escrito el poema “Mi Ciudad”. En el pedestal se encuentran las cenizas de la poeta Carmelina Soto de Armenia a quien se conoció como ´La Alondra de América.

Poeta colombiana de principios de siglo, nacida en Armenia, Quindío. El punto de partida de su obra lo constituye Campanas al Alba, publicado cuando se iniciaba el movimiento de Piedra y Cielo. Desde entonces, se guió por el sentido crítico innato, hasta dar hondura a su pensamiento y tono universal a su poesía.

Monumento al Arriero Caficultor: Autor: Enrique Gómez Campuzano, escultura en bronce Homenaje a los innumerables hombres que, sin importar si hay lluvia o sol, se mimetizan en los cafetales acompañados de las mulas, sus fieles e inseparables amigas. Data de 1969, fue ubicada inicialmente en el Parque Cafetero, pero una vez culminaron el Centro Comercial de Cielos Abiertos, en el año 2007, la Alcaldía Municipal ordenó su reubicación al sitio donde actualmente se encuentra.

Monumento a los Comerciantes: Autor: José Roselved Pérez González, Escultura en bronce y mármol. Dimensiones: 1.05 mts de ancho x 2.29 mts de alto x 0.52 mts de profundidad.

 Ubicación: Carrera 14 entre calles 20 y 21.  Aunque los comerciantes sufrieron la arremetida de la naturaleza en 1999, la destrucción de la ciudad los condujo al renacer de su espíritu de trabajo en grupo y unidos hicieron frente al desastre. El homenaje lo rindió la Federación Nacional de Comerciantes, cuyo director nacional, Sabas Pretel de La Vega, lo entregó oficialmente, en un gesto significativo. La leyenda dice: “Fenalco a los comerciantes Quindianos por su temple y entrega frente al sismo de 1999”.

Plaza de Bolívar: En 1930 se hizo por mandato legal como homenaje a El Libertador de Colombia, Simón Bolívar. Por entonces, se esculpió en París la estatua en bronce de El Libertador, de pie, con su traje de patriota y su espada libertaria. Roberto Henao Buritica: Su obra la podemos resumir en la escultura: obra de tamaño natural Eva, el busto de Policarpa Salavarrieta, ‘La Pola’, el monumento a los Fundadores, la estatua de Simón Bolívar que se encuentra desde 1930 en la plaza Bolívar.

Edificio de la Gobernación del Quindío.

Catedral de la Inmaculada Concepción: Se empezó a construir en el año de 1966. El diseño arquitectónico fue concebido por Jorge Collazos bajo la tutela de monseñor Jesús Martínez Vargas, primer obispo de la Diócesis de Armenia. El templo parece una gran carpa granítica levantada en medio de la montaña. Tiene un diseño moderno en triángulos, pero conserva la tradicional planta rectangular en cruz latina, sin cúpula. El centro del crucero se eleva en un triángulo donde las líneas de los lados están hechas por irisados vitrales elaborados en el taller de Los Velasco de Cali. Las tres puertas son de aluminio repujado con representaciones religiosas. Separada de la construcción central se eleva una torre que contiene el campanario, el reloj y el carillón. En la parte posterior del crucero está el presbiterio, también en forma de triángulo, donde resalta el altar hecho en mármol y al fondo el Cristo grabado en piedra hecho por el maestro Quindiano Antonio Valencia. Debajo del presbiterio está la sacristía y una pequeña capilla para ceremonias especiales y menores.

Monumento al esfuerzo: Obra que el maestro antioqueño Rodrigo Arenas Betancourt esculpió inspirado en la laboriosidad de los hombres y las mujeres de la región.

Dimensiones 9.45 mts de alto, Su base  con 13.8 mts representada en un tronco.

La mujer enaltecida y sostenida por el hombre que la eleva al cielo, es protagonista de la colonización y también de la hazaña de desarrollo regional. Su mano señala la ruta hacia el oriente tanto a hombres y mujeres de la zona verde colombiana; su ubicación se efectuó el 17 de diciembre de 1979.

Escultura de El Libertador: Escultura en bronce. Obra del maestro Quindiano Roberto Henao Buriticá. Esculpida en París e inaugurada en 1930 en la Ciudad Milagro, con motivo del centenario de la muerte del Padre de la Patria. La idea se concibió por parte de los integrantes del cuadro de honor de la Sociedad de Mejoras Públicas de Armenia, entidad que organizó la creación de la obra y su posterior ubicación.

Estación del Ferrocarril, La antigua estación del ferrocarril fue construida entre los años 1927 y 1930 para albergar la administración, archivos, estadí­sticas, despachos y bodegas de los Ferrocarriles Nacionales de Colombia, Ferrocarril del Pací­fico, ramales Armenia - Cali - Buenaventura y Armenia - Nacederos. Se conserva en un 90% de su construcción original. En sus salas principales se destacan los capiteles, las puertas y ventanas construidas en hierro forjado. El decorado de sus pisos, especialmente en la entrada principal tiene una alegorí­a de la época republicana, lo mismo que las dos grandes puertas centrales, también de hierro con remaches. La terraza está adornada en sus esquinas con caracoles de concreto y yeso.

El edificio fue declarado por el Consejo Nacional de Monumentos como Patrimonio Nacional en el año de 1989. Está hecho en un estilo neoclásico del perí­odo republicano y conserva algunas gárgolas que representan animales. Ya no presta el servicio de estación ferroviaria, sino de biblioteca pública y sede de algunas dependencias del gobierno municipal. También llamada Centro Cultural Metropolitano La Estación, es una de las construcciones más simbólicas de Armenia por su estilo republicano y el buen estado de la estructura, donde en la actualidad funciona una biblioteca pública y algunas oficinas municipales. En esta obra que data del año 1927, se aprecian los sobrios detalles en yeso y las formas en hierro que caracterizan portales, ventanas y terrazas. La emblemática edificación, que fue declarada patrimonio nacional en 1989, alberga eventualmente acontecimientos culturales como exposiciones de arte.

 

Por: Álvaro Hernando Camargo B.