DESDE
LA COLONIA: EL ORIGEN Y LA RESISTENCIA DEL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS DE BOGOTÁ.
La
historia de una institución tan emblemática como el Hospital San Juan de Dios
de Bogotá no es solo un recuento de fechas y edificaciones; es un tapiz tejido
con la fe visionaria de sus fundadores, la tenacidad ante las adversidades y la
inquebrantable vocación de servicio a los más vulnerables. Mucho antes de
consolidarse con su célebre nombre, este bastión de la medicina en la Nueva
Granada fue el modesto Hospital de San Pedro, cuya existencia se forjó en 1564,
a partir de la generosa donación del arzobispo Fray Juan de los Barrios.
Pero el
camino no fue sencillo. Entre los deseos piadosos y la cruda realidad colonial,
se interpusieron "obstáculos opuestos por numerosas personas",
intentos fallidos de otros benefactores, y litigios persistentes. Desde la
llegada de los monjes Hospitalarios con licencias reales que desataron feroces
disputas por el control, hasta las ingeniosas estrategias para asegurar rentas
a través de los diezmos y las constantes intromisiones de la Real Audiencia, el
naciente hospital se vio inmerso en un torbellino de papeleo, pleitos y
complejas gestiones financieras.
Este escrito
invita al lector a adentrarse en la fascinante crónica de un hospital que, con
el tiempo, se vio obligado a abandonar su primera sede por insostenible y a
trasladarse a un nuevo domicilio, gestado entre el fétido olor de un campo
santo y la amenaza de pestes. Será testigo de su evolución de un modesto
albergue de 17 camas a un referente de 600, de su transformación a
"Hospital de Jesús, María y José" para finalmente adoptar la
denominación de "Hospital de San Juan de Dios". Más allá de la
caridad, la institución se erigiría como epicentro de la enseñanza médica
gracias a figuras como Mutis e Isla, marcando el paso de una medicina
incipiente a una era de prácticas científicas.
Esta
crónica no solo narra la construcción física de un hospital, sino la
edificación de un espíritu resiliente que supo sortear reyes, frailes,
conflictos y epidemias. Es la historia de cómo, a través de los siglos, un
sueño de beneficencia se convirtió en un pilar fundamental de la salud y el
conocimiento en Bogotá, un legado que aún resuena en sus muros y en la memoria
colectiva.
El
Hospital San Juan de Dios de Bogotá nació con la fundación del Hospital de San
Pedro, que fue legalizada mediante una escritura pública el 21 de octubre de
1564.
El
documento protocolario de su existencia es la escritura pública del 21 de
octubre de 1564, en la que el arzobispo Fray Juan de los Barrios donó las casas
de su morada para que se estableciera el hospital. Esta escritura se realizó
ante los escribanos Diego Suárez, Hernando Arias y Lope de Rioja, y en
presencia del presidente Doctor Andrés Díaz Venero de Leyva y otros
dignatarios.
En 1595,
el Rey de las Españas Felipe II concedió la licencia a los monjes de la Orden
de Hospitalarios para fundar hospitales en el Nuevo Mundo. Luego, en 1603, Fray
Juan de Buenafuente llegó a Santafé de Bogotá con una Real Licencia expedida
por Felipe III para tomar posesión del hospital "San Pedro", que más
tarde se conocería como San Juan de Dios.
¡Claro!
La consolidación del Hospital de San Juan de Dios estuvo marcada por varias
disputas y manejos financieros, incluso desde sus inicios como Hospital de San
Pedro.
LOS
INTENTOS FALLIDOS DE FUNDACIÓN.
Antes de la donación de Fray Juan de los
Barrios, él mismo había intentado fundar un hospital en otros lugares, pero se
topó con dificultades opuestos por numerosas personas. El ermitaño Cristóbal Martín buscó apoyo
económico y licencias en Madrid y Roma para fundar hospitales en Santafé y
Tunja, pero tampoco lo consiguió.
LA
LEGALIZACIÓN Y EL PLEITO CON LOS HOSPITALARIOS:
Aunque el Hospital de San Pedro se fundó
legalmente en 1564, hubo un litigio importante en 1603. Fray Juan de
Buenafuente, de la Orden de Hospitalarios de San Juan de Dios, llegó con una
Real Licencia de Felipe III para tomar posesión del hospital en nombre de su
orden. Sin embargo, el arzobispo Lobo Guerrero, que era patrono del Hospital de
San Pedro, se opuso tozuda y enérgicamente a que los Hospitalarios tomaran el
control. Así que, aunque tenían licencia real, la consolidación bajo su nombre
no fue un camino de rosas.
EL
DILEMA DE LOS DIEZMOS Y LAS RENTAS.
En 1574, se descubrió que al Hospital de
Santafé le adeudaban una buena cantidad de dinero (3.053 pesos 3 tomines 10
granos de los diezmos que le correspondían. La Real Audiencia ordenó cobrar
esta cantidad y la invirtió en la compra de tiendas en la Plaza Mayor para
asegurar una renta para el hospital.
LA
CONTROVERSIA DE LAS LIMOSNAS REALES Y EL CONTROL DE LA REAL AUDIENCIA:
A pesar de que el hospital era una fundación
privada (con patronato del arzobispo y el cabildo catedralicio), y por eso se
le negaron otras "limosnas reales" al considerar que ya tenía
suficiente con las rentas de las tiendas, el Consejo de Indias no dejó de lado
el control. En 1575, ordenó al presidente Briceño que supervisara a los
mayordomos y administradores del hospital, cobrara cualquier alcance y tomara
las medidas necesarias para su buen funcionamiento. Como era de esperarse, los
patronos del hospital ¡no estaban nada contentos con esta intromisión y
pidieron la cancelación de la medida.
Así que,
como ves, el camino para el hospital no fue solo de caridad y atención a
enfermos, sino también de una buena dosis de papeleo, pleitos y gestiones
financieras entre diferentes autoridades coloniales.
CRÓNICA
HISTÓRICA DEL NACIMIENTO Y FUNDACIÓN DEL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS DE BOGOTÁ,
UN
LEGADO ENTRE REYES, FRAILES Y DESAFÍOS.
La
historia del Hospital San Juan de Dios, o lo que hoy conocemos como tal, se
remonta a finales del siglo XVI, en el corazón del Virreinato de la Nueva
Granada. Aunque su nombre actual es posterior, sus cimientos fueron puestos con
la vocación de servicio que caracterizó a sus fundadores.
LOS
PRIMEROS INTENTOS Y EL NACIMIENTO DEL HOSPITAL DE SAN PEDRO (1564)
La
semilla de la asistencia hospitalaria en Santafé de Bogotá ya germinaba antes
de 1564. El arzobispo Fray Juan de los Barrios, un visionario para su época,
intentó en varias ocasiones establecer un hospital, enfrentándose a obstáculos derivados de la oposición de numerosas personas que
dificultaban su deseo. Por la misma época, el ermitaño Cristóbal Martín también
buscaba fondos y licencias en Madrid y Roma para fundar centros en Santafé y
Tunja, sin éxito.
Finalmente,
el 21 de octubre de 1564, Fray Juan de los Barrios hizo una donación de sus
propias casas, ubicadas en lo que hoy es la Carrera 68 con Calle 11, se
convertirían en el Hospital de San Pedro. Esta fundación fue legalizada con una
escritura pública ante varios escribanos y dignatarios, asegurando así un lugar
de beneficencia para los pobres bajo el patronato de los arzobispos y el
cabildo catedralicio. El hospital contaba inicialmente con unas modestas 17
camas, que luego se ampliarían a 30.
LA
LLEGADA DE LOS PROTECTORES Y EL LITIGIO POR EL CONTROL (FINALES DEL SIGLO XVI -
PRINCIPIOS DEL XVII).
A finales
del siglo XVI, la Corona Española mostró interés en la expansión de la
asistencia hospitalaria. En 1595, Felipe II otorgó licencia a los monjes de la
Orden de Hospitalarios para fundar hospitales en el Nuevo Mundo. Años más
tarde, en 1603, Fray Juan de Buenafuente arribó a Santafé con una Real Licencia
de Felipe III con la intención de que su Orden tomara posesión del Hospital de
San Pedro.
Sin
embargo, esta transición no fue pacífica. El arzobispo Lobo Guerrero, patrono
del hospital, se opuso obstinada y fuertemente, impidiendo que los
Hospitalarios tomaran el control que la Corona les había concedido. Este
episodio marcó una de las primeras grandes disputas por la administración del
naciente centro de salud.
FINANZAS,
CONTROL REAL Y LA PRIMERA SEDE (1574-1575).
La
situación financiera del hospital también fue objeto de escrutinio. En 1574,
una revisión de cuentas reveló que al Hospital de Santafé se le adeudaban 3.053
pesos 3 tomines 10 granos provenientes de los diezmos. La Real Audiencia
intervino, ordenó el cobro de esta suma y la invirtió sabiamente en la compra
de tiendas en la Plaza Mayor, con el fin de asegurar una renta estable para el
hospital.
A pesar
de ser una fundación privada, el Consejo de Indias mantuvo un férreo control.
En 1575, una Cédula Real ordenó al presidente Briceño supervisar a los
mayordomos y administradores del hospital, exigiendo cuentas y asegurando su
buena marcha. Esta intromisión generó descontento entre los patronos, quienes
solicitaron la cancelación de la medida.
LA
URGENCIA DE UN NUEVO DOMICILIO Y EL TRASLADO (SIGLO XVIII).
Con el
paso del tiempo, la ubicación original del Hospital de San Pedro se volvió
insostenible. En en el siglo XVIII, el
cronista de Santafé, Fray Pedro Pablo de Villamor, quien también fungía como
Prior y médico del hospital, atestiguó las precarias condiciones. La Real
Cédula que autorizó el traslado en 1723 detallaba los problemas: el hospital
estaba en el centro de la ciudad, contiguo a la Iglesia Catedral y Colegio de
la Compañía en un territorio tan corto que por su estrechez experimentan sumas
incomodidades. La falta de espacio, la promiscuidad entre diversos tipos de
enfermos (eclesiásticos, seculares, regulares, indígenas, enfermos de las
minas, incurables y locos) provocaba la propagación de enfermedades. Además, el
campo santo adyacente, con sus exhalaciones pestilenciales y desagües inmundos
que llegaban hasta la Plaza Mayor, representaba un grave riesgo de peste para
toda la ciudad.
Por
iniciativa de Fray Antonio González de Lugo (Prior) y Fray Pedro Pablo de
Villamor (enfermero mayor y médico), y con el apoyo del arzobispo y limosnas
del común, se adquirieron terrenos, casas y tiendas en un sitio más adecuado:
la calle de San Miguel (cercano al río San Francisco), al occidente de la
ciudad. Este nuevo lugar ofrecía un perímetro suficiente para iglesia, vivienda
de religiosos, salas de enfermería con separación de hombres y mujeres, campo
santo y huerta con agua perenne, respondiendo a los planos de un hospital
granadino español. La idea inicial de dejar el antiguo Hospital de San Pedro
para clérigos con seis camas no prosperó; parte del viejo edificio fue derruido
y en su lugar se construyó una iglesia bajo la advocación de San Felipe Neri, y
los fondos de la venta se destinaron a la nueva construcción.
EL
HOSPITAL DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ Y EL NOMBRE DEFINITIVO (MEDIADOS DEL SIGLO
XVIII).
La
construcción del nuevo hospital comenzó en 1723. En 1729, tras el fallecimiento
de Villamor, Juan José Merchán asumió la dirección y donó 10.000 pesos a la
institución, que para entonces ya disponía de unas 100 camas. Al finalizar su
ampliación, el hospital fue rebautizado como "Hospital de Jesús, María y
José".
Finalmente,
hacia 1739, el hospital fue rebautizado con el nombre que sería definitivo: “Hospital
de San Juan de Dios". La culminación de este nuevo centro fue motivo de
ocho días de festejos, con sermones, juegos, bailes y bebidas. Los oidores y
caballeros principales de la ciudad, en un acto simbólico de compromiso,
llevaron a los enfermos en sillas de manos desde la antigua enfermería de San
Pedro hasta la nueva, sellando el traslado.
AVANCES,
EDUCACIÓN Y EL LEGADO CIENTÍFICO (FINALES DEL SIGLO XVIII - SIGLO XIX).
A pesar
de la loable labor humanitaria de la Orden Hospitalaria, el informe señala que
figuras como Villamor, Guzmán, Merchán e Isla no fueron catedráticos de
Medicina en el sentido estricto. Practicaban y enseñaban de manera precaria,
reflejo del estado incipiente de la ciencia hipocrática en el Virreinato. Sin
embargo, con el tiempo, la institución se abrió a la enseñanza.
En 1761,
Fray Antonio de Guzmán se enorgullecía de ser el profesor del distinguido
novicio Miguel de Isla, quien, tras varias negativas a asumir la dirección y
ser reclamado por virreyes, se convirtió en un reformador de la enseñanza
médica junto a José Celestino Mutis. En 1762, se inauguró una nueva enfermería
para mujeres en San Juan de Dios, con 360 pesos donados por el señor Solís, y
se equipó con nuevas camas con ropa y cortinas de sarga prensada, faroles,
acciones que culminanaron con una desfile y claustros decorados.
Un hito
importante llegó con la Real Cédula del 22 de diciembre de 1767, que ordenó el
traslado de la botica de los jesuitas al hospital tras su expulsión. Para el
siglo XIX, bajo el Nuevo Plan de Estudios de Mutis e Isla y atendiendo a una
Real Cédula de 1801, el Hospital de San Juan de Dios se convirtió en un
apéndice de las facultades de Medicina, donde los estudiantes realizaban sus
prácticas, consolidando su verdadera labor científica.
MODERNIZACIÓN
Y EXPANSIÓN (SIGLOS XIX Y XX).
La
historia del hospital continuó más allá de la época virreinal. Durante el
gobierno republicano del Dr. Manuel Murillo Toro, el hospital pasó a ser
administrado por la Beneficencia de Cundinamarca. A principios del siglo XX,
bajo la presidencia del General Rafael Reyes, se realizó un canje de terrenos
para construir en un sitio más adecuado, conocido como Molino de la Hortua.
Terremotos
y epidemias forzaron a las autoridades a acelerar las construcciones en La Hortua,
y en 1927, toda la enfermería se trasladó a este nuevo edificio, diseñado con
las concepciones arquitectónicas modernas de la época. El número de camas
ascendió a 600. Ante nuevas demandas de atención, se inició en agosto de 1948
la construcción de un bloque único, la estructura que hoy en día podemos
contemplar. El 4 de agosto de 1952, este moderno edificio fue ocupado, y allí
la Oficina de Estadística Médica registró la primera historia clínica, marcando
el inicio de una nueva era para el Hospital San Juan de Dios, un verdadero
testigo de la evolución de la medicina y la sociedad en Bogotá.
Fuente:
Antonio Mnartinez Zuaica. La Medicina del siglo XVIII en el Nuevo Reino de
Granada. Universida Pedagogica y Tecnológica de Colombia. Tunja Boyacá.1973. Págs.170
a 173.
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