lunes, 23 de marzo de 2020


FERROCARRIL DEL PACIFICO-COMISIÓN TÉCNICA ENCARGADA DEL ESTUDIO Y TRAZADO DE LA SECCIÓN ENTRE GIRARDOT Y PALMIRA.

LA LORA, ABRIL 27 DE 1914.

(DECRETO NÚMERO 137 DE 31 DE ENERO DE 1914)

La ley 129 de 1913 en su artículo 2° dispuso conformar una comisión de ingenieros para practica las exploraciones y estudios necesarios para determinar la ruta, por donde debería construirse la Sección del Ferrocarril del Pacifico entre Girardot y Palmira.

La Comisión de Ingenieros determinaría la ruta más conveniente por las condiciones de practicabilidad economía e importancia comercial, ejecutaría el trazado definitivo de la vía y elaboración de los planos y presupuestos correspondientes, para determinar las posibles trazados de lineas, y establecer la más apropiada, que partiendo de Ibagué enlazaría por medio de una vía férrea a Girardot con Palmira, y que complementa el ferrocarril del Pacífico, entre Bogotá y Buenaventura.

El decreto determinaba un plazo de tres meses para que la comisión desarrollara los estudios correspondientes en cuatro posibles vías, percibidas, y comprendidas entre el Páramo del Chili y el Páramo del Quindío, inmediato al Nevado del Tolima, partiendo de Ibagué, las que fueron:
·         La del páramo del Chili, tomando el curso del río Anaime hasta los nacimientos en dicho Páramo de las quebradas que lo forman.
·         La de Calarcá, siguiendo el río Bermellón hasta su origen, trasmontando la Cordillera por la giganta conocida con el nombre de la depresión de Calarcá, y bajando a la Hoya del Quindío por el rio Navarco.
·         La de Volcancito, tomado primero el curso del río Coello, siguiendo luego el río Toche hasta su confluencia con Tochecito y continuando por este último hasta trasmontar la Cordillera para salir a Salento.
·         La de Páramo del Quindío, por el curso del río Combeima hasta el Páramo, pasar este, seguir luego el curso del río Quindío basta pasar por entre las poblaciones ele Armenia y Calarcá.

POR EL CAMINO DEL QUINDIO.

No se atraviesa Páramo alguno sino la cima elevada de 3,400 metros de altura, después de la depresión de Calarcá es ésta la cima de menor altura.
La distancia entre Ibagué y la depresión de Calarcá es de 63 y 1/2 kilómetros.

El puente de hierro sobre el río Combeima, en la vía nacional del Quindío, que partía de esta población, fue tomado como punto de partida, se siguió el curso del río Combeima, por los puntos conocidos con la denominación de El “Chuso”, “Chapetón”, El “Edén”, “Puente de Corinto”, casa de la hacienda de “Pastales”, “Aurora”, “juntas”, “Salado”, Las “Peñas” y “Palmar”.
Por un ascenso suave desde el puente de hierro, se llega al el “Salado”, pasando al Páramo del Quindío a poco más de 4000 metros, en una extensión no menor de 10 kilómetros, se sale a los nacimientos de la quebrada de Cárdenas, afluente o arteria principal del río Quindío, en el contrafuerte occidental, donde confluyen dos quebradas: Cárdenas y Romelia (Romerales), a una altura de 3,000 metros, donde se continuaría por la quebrada Cárdenas abajo, poseyendo a atravesarla ocho veces en un trayecto de dos kilómetros. De alii a la Mesa, donde se une ésta con el río Quindío.
De la Mesa para abajo, hasta la desembocadura de la quebrada de Boquía. En este trayecto se encontraba la hacienda de Betania, que se extiende hasta el páramo y cuya altura, en la casa, es de 2,250 metros, hasta el puente de Boquía.
Estos trabajos duraron nueve días, se iniciaron en la ciudad de Ibagué.

Los estudios y cálculos concluyeron que las zonas por las condiciones de altura, en las depresiones en la Cordillera Central, apropiadas para el trazado de un ferrocarril, se circunscribían a tres:
·         Depresión de Chili, por el río Chili y el Bugalagrande al Valle del Cauca (de San Miguel, siguiendo el curso de los ríos Anaime, Potosí y Cucuana, hasta ascender al Páramo de Chili).
·         Depresión de Las Hermosas, por el Valle del mismo nombre y el río Amaime a Palmira.

Se procedió a hacer el estudio de la primera de estas vías.

El paso de la Cordillera por la depresión de Calarcá se determinó como la mejor opción del paso de la Cordillera. Su altura es de 3,288 metros y con el túnel proyectado se reduciría en 160 metros; quedando, por tanto, como máxima de altura 3,128 metros, siguiendo el curso del rio Bermellón hasta proximidades a su nacimiento (dirección oriente a occidente), hasta la cima de la Cordillera, a una altura sobre el nivel del mar, de 3,288 metros.
La Comisión salió de Ibagué hacia la Cordillera, Pasó el rio Combeima por. El puente de El Amé y luego siguió el río Coello pasando por el Boquerón; luego por la margen derecha de este último hasta la confluencia del Anaime con el rio San Juan o Toche.  Continuó, por la margen derecha del Anaime hasta la confluencia con el río Bermellón, en el punto donde se estaba fundando un pueblo denominado San Miguel, actualmente Cajamarca, situado en la confluencia de los ríos Anaime y Bermellón, a una altura de 1,849 metros sobre el nivel del mar, y distante de Ibagué en 36 y 1/2 kilómetros, hasta donde se juntan las quebradas Cucuana, Potosí y CapotaI.
En este lugar la comisión abandonó el rio Anaime y siguió por la hoya del Bermellón hasta la depresión, en el filo de la Cordillera Central. Por el paso del Chili no podía conseguirse diminución de altura, porque la Cordillera en ese punto alcanza 3,930 metros, presentando una diferencia de 802 metros con relación a la vía por Calarcá. Razón por la cual se descarta el paso de la vía por el Chili.
Boquerón de Coello, Hacienda de Coello, K 13, K 17, Curalito y quebrada Cerrajosa, sucesivamente entre Ibagué y la confluencia con el San Juan. Quebrada del Tigre, casa de San Rafael y río Anaime,
entre la confluencia del San Juan y del Bermellón. Meseta de San Miguel (Cajamarca), quebrada de la Fonda, quebrada de la Paloma, casa de La Paloma, alto de Perales, paso del río Bermellón, casa de la Lora, y depresión, entre la confluencia del Anaime y la cima de la Cordillera Central. De la cima de la Cordillera se pasó a la “hoya del Quindío” por el contrafuerte que separa los ríos Santo Domingo y Navarco, siguiendo por la casa de La Cucarronera, quebrada del Oso, Calarcá, Armenia, Montenegro v Circasia.
En la depresión de la Cordillera y procedió a hacer el estudio de calculó de la cota roja de un túnel que haya de unir los dos talwegs (línea de menor elevación entre los cursos de aguas de los ríos Bermellón y Santo domingo).
Antecedentes que sustentaron que la Depresión de Calarcá, por Bermellón y Santo Domingo a la Hoya del Quindío, sería la mas conveniente para el paso del ferrocarril.
Las poblaciones que se beneficiarían con el ferrocarril entre Ibagué y el Valle del Cauca:
·         Calarcá con 13,000 habitantes;
·         Armenia con 14,000 habitantes (La más importante de las poblaciones en mención);
·         Circasia con 6,000 habitantes;
·         Montenegro con 5,000 habitantes;
·         Salento con 4,000 habitantes;
·         Filandia con 11,000 habitantes;
·         La Balsa con 2,000 habitantes.

También serían beneficiadas por el ferrocarril, las poblaciones de rediente fundación:
·         San Luis,  
·         Caicedonia,
·         Génova y,
·         Colón,
·         San Miguel (Cajamarca)

Registró la comisión la benignidad del clima, la abundancia de bosques donde se encontraba toda clase de maderas, caídas de agua de más de 50 metros de altura, minas de oro, el café en Quindío, Anaime y Cocora.

Ingenieros y cuadrillas de trabajadores integrantes de la mencionada comisión, trabajaron en el trazado preliminar de la vía férrea, por la depresión de Calarcá a San Miguel (Cajamarca), por la ribera izquierda del río Bermellón.  Según decisión de la comisión, la más adecuada y la que llenaba las óptimas condiciones para ejecución del trazado de la línea del ferrocarril.

Álvaro Hernando Camargo Bonilla.




Geografía e Historia de la Provincia del Quindio, 1892. Eliodoro Peña Piñero, Pág. 83, LECCIÓN LXIV


Nueva Salento.
Cabecera del Distrito de su mismo nombre.
Habitantes: 4,000.
Temperatura: fluctúa entre los 12° y 15° del centígrado.
Posición: entre 1 29' 30" longitud Occidental, y 1 40' latitud Norte. Salento se halla situada al principio del ascenso de la Cordillera Central, en la vía para la capital de la República, y al NE. de la ciudad cabecera de la Provincia. Su posición topográfica no es muy ventajosa, pues aun cuando se halla colocada en una parte amena de la falda, el área es reducida y por esto no puede extenderse la población más de lo que la constituye hoy. Goza de una vista encantadora; por un lado la cima de la cordillera le muestra constantemente sus picachos azules y blancos, y por el otro la inmensidad del valle del Quindio cubierto en parte de montes seculares y en otras de sementeras, arrastrando en su seno el río Barragán con sus numerosos afluentes. Siguiendo el ascenso de la cordillera, por el camino público, se llega al punto denominado "Boquerón del Páramo," en toda la cima de la sierra, desde donde se domina perfectamente todo el valle del Quindío y parte del Cauca, disfrutando del espectáculo más imponente. El viajero del Quindío al llegar á este punto dice impulsado por un sentimiento patrio el último adiós á sus lares, y es costumbre colocar allí una cruz al lado de las innumerables que existen en forma de cementerio de niños, en señal de que se tornará al hogar. El temperamento del Distrito es muy variado, como consecuencia natural de la posición topográfica: el de la cabecera es frío, delicioso, sano y ventilado.
,(*) Ordenanza de la Municipalidad del año de 1880 (Febrero).
Distrito de Salento[1]
—Noticia histórica.
En el año de 1843 se encontraba la tercera sección del presidio de Panamá ocupada en componer el camino del Quindío, la parte comprendida entre el punto denominado El Roble y el que ocupa hoy Pereira; y no encontrándose en el gran trayecto de Cartago a Ibagué ni una sola casa para hospedaje, para los que atravesaban tan extensas y solitarias selvas, dio orden el señor Doctor Jorge Juan Hoyos, entonces Gobernador de la Provincia, para que se construyese una casa en Boquía como lugar de depósito y escala de los viajeros. Por este tiempo se fundó en la misma vía y en un lugar cercano al en que estuvo más tarde el pueblecito de Condina, un pequeño caserío denominado Buriticá, compuesto de un reducido número de familias, que vivían sepultadas en la soledad de las montañas, merced a la fecundidad de los terrenos con cuyos frutos se proveían abundantemente. Los habitantes de Buriticá, halagados por la concurrencia en el Quindío del presidio y con el propósito de fundar en punto más ventajoso una población, se trasladaron a Boquía en donde bien pronto el Gobierno costeó un sacerdote para que sirviese de Cura de almas á los pobladores, nombramiento que recayó en el señor Presbítero Doctor Casimiro Gamba, quien hubo de celebrar la primera misa en un altar portátil colocado en el corredor de la Casa de Gobierno, previo permiso del Ilustrísimo Señor Obispo de la Diócesis. Pasaron algunos años y la población se extendía, en términos que no fue suficiente la planicie escogida: lo cual movió a algunos de los vecinos a buscar otro sitio, y en efecto eligieron la altura inmediata y construyeron la primera casa, en el año de 1851, en el punto de "Barcinales" que ocupa hoy Salento. De allí en adelante fue poblándose poco a poco hasta que hubo necesidad de demarcar plaza, calles, solares para edificios públicos, iglesia, hecho lo cual y construida esta última, fue la población erigida en Caserío Aldea y después en Distrito. La demarcación de la plaza la verificó el señor Don José María Serna, natural de Cartago, de acuerdo con el señor Doctor Ramón E. Paláu, de la misma ciudad, en el año de 1860. El Doctor Paláu dio a la población el nombre
de Nueva Salento y á él debe en su mayor parte el incremento que tomó de este año en adelante. Salento es por su magnífico clima lo mismo que María, lugar donde los enfermos recobran la salud. Entre los primeros pobladores de Salento figuran los señores Antonio Ramírez y Cruz Ocampo.



[1] Geografía e Historia de la Provincia del Quindio, 1892. Eliodoro Peña Piñero, Pág. 83, LECCIÓN LXIV.

DOS CAMINOS COMUNICABAN LOS VALLES DE LOS RÍOS MAGDALENA Y CAUCA A MEDIADOS DEL SIGLO XVI.
HISTORIA

Una pesquisa del documento llamado: “Camino de Santa Isabel., su historia conveniencia y practicabilidad y ventajas sobre los demás que atraviesan la cordillera Central”, editado en el año de 1888, permite conocer el argumento de un viejo litigio sobre caminos reales, entre la Real Audiencia del Nuevo Reyno, los cabildos de las ciudades de Cartago, Tunja y Tocaima, contra el de la de Ibagué y algunos de sus vecinos.
Dos caminos pasaban la Sierra Nevada del Quindío, y comunicaban el Reino de la Nueva Granada con la Gobernación de Popayán.
1.    El primer camino (del “Páramo”) por la Sierra Nevada del Quindío, por el que transitaban los indígenas y más tarde por los españoles, era:  el que partía del puerto de Hernando Montero en el río Magdalena, enfrente de la bocana del rio Piedras, (hoy Opia), pasando por Venadillo, Real de Minas de Bartolomé Frías Carvajal, y ascendía al páramo, cruzando por medio de los nevados (a la izquierda los de Tolima y Quindío y a la derecha los del Ruiz y Santa Isabel), descendiendo al antiguo pueblo de Quindío y de allí a Cartago.
Bartolomé de Frías Carvajal, vecino de Tocaima, dio re-apertura a un antiguo camino, que principiaba en la canoa de Hernando Montero, a orillas del rio Magdalena, lugar donde vadeaban el río Magdalena, los viandantes procedentes del Reino de la Nueva Granada con rumbo a la Gobernación de Popayán.  Camino que se comenzó a transitar por indígenas, y españoles con sus arrías; ruta donde se empleaban cuatro jornadas, desde las orillas del rio Venadillo, pasando por el páramo del Tolima, la “cueva”, y llegar al antiguo pueblo del Quindío.
El camino que reabrió don Bartolomé de Frías Carvajal (llamado del “páramo), por sentencia contenida en una providencia de la Real Audiencia, fechada el 16 de mayo de 1567, prohibió el tránsito por el camino, obligando a los transeúntes a pasar por el camino del Quindío por Ibagué. Para su cumplimiento, hubo necesidad de nombrar Alguaciles con vara de justicia en el camino prohibido.
2.    El segundo (del Quindío), que cruzaba por una depresión al sur del Quindío, partía de Cartago Viejo, por la orilla del curso del río Otún arriba, alto del Roble, Boquía, río Quindío, Cruz gorda, Alegrías, Magaña, Boquerón del Páramo., Tochecito, Tapias, el Moral, Ibagué.
Antonio González de Padilla, Alcalde Mayor del Nuevo Reino de Granada, el 31 de enero del 1562, decretó en la ciudad de Ibagué, la obligando a los encomenderos, a repartiesen la composición del camino del Quindío.  
Melchor Valdés, Justicia Mayor de la recién fundada Ibagué, en compañía de los capitanes Miguel de Oviedo, Diego Ortega, Miguel de Morales, Alonso Ruiz de Sahajosa y Juan de Irusta; contrataron a los señores: Joanes de Leuro, Francisco Bernáldez, Pedro Navarro, y Antonio de Meneses, para abrir el camino de Ibagué a Quindío, que desde la canoa de Montero se empleaban seis jornadas.
Ante la prohibición del tránsito por el camino del “paramo”; comerciantes de Tunja tramitaron ante el rey Felipe II, la expedición de una Cédula real, con el propósito de obtener la franquicia de traslación por el antiguo camino, por donde comerciaban muchos bastimentos, ropas, mantas, y más de ochenta mil pesos oro al año, con la ciudad de Popayán.  Arguyendo también, que vecinos tenían ventas, tambos y mesones en el camino, quienes se beneficiaban con los servicios de provisión de alimentación y otras cosas, que proveían a los arrieros y personas que transitaban por la ruta.
Después de un largo y dispendioso pleito ente la Real Audiencia del Nuevo Reyno y los cabildos de las ciudades de Cartago, Tunja y Tocaima, contra el de la de Ibagué, por motivo de los dos caminos, se logró resolver el pleito. Con fecha de 23 de noviembre del año 1568, se obtuvo respuesta, ordenando por Cédula Real, a presidentes e oidores de la Real Audiencia de Santafé, del nuevo Reino de Granada, la libertad para caminar por el camino que quisieren. [1]
Álvaro Hernando Camargo Bonilla.
Miembro de número de la Academia de Historia.
Vigía del Patrimonio.

martes, 27 de agosto de 2019

OBSERVACIONES SOBRE LOS TERRENOS DE TOCHE Y SUS INMEDIACIONES.


OBSERVACIONES SOBRE LOS TERRENOS DE TOCHE Y SUS INMEDIACIONES.

PASTOR OSPINA.
Ibagué 25 de abril de 1843.



En Gaceta de la Nueva Granada, número 618, del 7 de mayo de 1843, Pastor Ospina, gobernador de la Provincia de Ibagué, el 25 de abril de 1843, rindió un informe al secretario del interior y Relaciones Exteriores de la Nueva Granada, con observaciones sobre el territorio de Toche y sus inmediaciones.

Texto que confirma lo trascendental de los decretos del 27 de mayo de 1842, y del 31 de marzo de 1843, promulgados por el presidente PEDRO ALCÁNTARA. HERRAN, referentes a la composición y mejora del camino de Quindío.  Empresa que se constituía en un asunto preponderante del poder ejecutivo y el de las Gobernaciones de Mariquita y el Cauca.

Pedro Alcántara Herrán, presidente de la Nueva Granada, fundamentado en la ley de 6 de abril de 1836, concertó vagos destinados a trabajar en la parte del camino de Quindío y para formar las nuevas poblaciones de Valdesina (Toche) y Boquía, correspondiente respectivamente a las provincias de Mariquita y Cauca; con la condición de que si establecían y mantenían una parcela que le produjera lo suficiente para su sustento, se le reduciría la pena y se les adjudicaba las tierras que trabajaran.

FUNDACIÓN DE TOCHE



El 9 de abril de 1843, Pastor Ospina, gobernador de la provincia de Mariquita, llegó al punto de Toche a Inspeccionaba los trabajos del camino de Quindío, y el 10, ordenó emprender la construcción del presidio. Descripciones que permiten comprobar que la fundación de Toche data de la fecha inicialmente descrita.

Relata Ospina, que el 8 de marzo de 1843, dos secciones del presidio, procedentes de Honda llegaron a Toche y procedieron la construcción de dos casas, una de 40 varas de fondo y 10 de frente, y la otra de 20 varas de fondo y 7 de frente; dotadas de amplios corredores, que se emplearon como alojamiento del presidio.


Seguidamente, se procedió al desmonte del sitio donde se establecería la nueva población, se construyó un puente provisional sobre el río San Juan, para permitir el paso de los viandantes e individuos que trabajaban en el camino, y se acopió la piedra que se utilizaría en la construcción de un puente de calicanto sobre el mismo río.

Para el sustento de los funcionarios y presidiarios, se formó una huerta, donde se plantaron semillas propias del clima. A par, se efectuó el desmonte del camino desde Toche hasta el pie de San Juan, el alto del Cural hasta Pontezuela, con una amplitud de 25 varas. Camino provisto de zanjas para el drenaje de las aguas de los humedales aledaños a las vegas del río san Juan, que formaban numerosos lodazales en aquella parte del camino.
Se empezó la construcción de una pequeña casa para proveeduría en aquel punto y otra para el posadero de Toche, todas estas obras, gracias a los servicios que en todo lo relativo a la empresa prestaron el jefe político de este cantón y el alcalde de este distrito, señores Andrés Caicedo y Eduardo Casas.[1]

Ospina, refiere temas concernientes a los terrenos y otros escenarios aledaños al sitio de Toche en donde se fundaría la nueva población.

EL CERRO VOLCÁN DEL HUMO.



Toche, ubicado en una de las vegas del río San Juan, cerca al cerro volcán, antiguamente conocido con el nombre “Cerro del Humo”, y que Ospina, determino denominar: “Pijao”. Volcán de antigua formación que se levanta sobre las faldas conocidas con el nombre del “Machín”, sin duda, el mismo que refiere el cronista Lucas Fernández de Piedrahita, que lo describe ubicado en la provincia de Quimbaya, entre las ciudades de Ibagué y Santa Ana de Anserma, y dice: “su temperamento ni es frío ni cálido, pero tan favorable a los españoles, que en él se conservan muchos años libres de enfermedades. Hai en ella un volcán de humo, que respira en la gran sierra bien conocida por sus laderas nombradas de Toche en que por una barandilla de piedra que los españoles han labrado se hace tránsito de Ibagué á Quimbaya”.

Según se deduce de las relaciones del cronista citado, los Quimbaya se extendían hasta el río San Juan; esto se infiere también de los vestigios, que han encontrado por allí; muchos sepulcros construidos cada uno con seis lozas de esquito. micáceo exactamente ajustadas formando un perfecto rectángulo. Esto, no se miraba al oriente y sur de aquel rio donde habitaban los pijaos, belicosa raza que tanta dificultad les causo a los conquistadores, pueblo nómada y más fiero que la los Quimbaya. Hasta el tiempo de la conquista no había comunicación por dicho río del valle del Magdalena al del Cauca; pues según dice Piedrahita “con este camino se escusó el que dé antes se hacía por las sendas intratables de recio páramos”. Se conocen actualmente en parte los vestigios de ese antiguo camino que partía de Coloya en el distrito de Peladeros y atravesaba los páramos pantanosos de Tolima para caer a Cartago viejo.

Hoy no se tiene noticia de aquella barandilla.  El Cerro volcán que se percibía dese Toche, seguramente fue explorado por individuos en búsqueda de azufre, a él subió el gobernado Ospina, en compañía de otras personas, con la intención de estar a la mira de los fenómenos que allí se presentaban, y poder tener una visual de los terrenos vecinos, que le permitieran establecer la dirección más adecuada del camino.

Describe el cono volcánico, calcula su altura en aproximadamente 500 vara; relata la cubierta de su cima, que describe cubierta por un bosque antiguo, y algunas desigualdades en la forma de su cono, restos, sin duda, del antiguo cráter; hacia el occidente, sus laderas desprovistas de árboles, y presencia de roca desnuda, en partes cubierta de pajonal. Todo el sitio revelaba altas temperaturas, y varias fumarolas, con una principal, que arrojaba la mayor columna de humo que se veía desde la parte baja del edificio volcánico; boca estrecha de donde salía con violencia y ruido una corriente de vapor de agua. No era posible mantener la mano ni por muy pocos instantes en la boca de la grieta sin quemarse. El terreno contiguo, mostraba arcilla y rocas blandas, que quemaban al contacto, de manera que solo se podía andar de prisa y corriendo, colocando los pies sobre los fragmentos de roca que había por allí esparcidos. Esas rocas, así como las que constituían la base del camino desde la quebrada de Machín que entra al río San Juan por el occidente del volcán, hasta la quebrada de agua caliente, que lo limita por el oriente, se exhibían constantemente, al parecer producto las emisiones volcánicas antiguas.
Ospina describe la presencia de altos montículos de escorias y arenas que no correspondían al terrero primitivo, y todo demostraba que la formación volcánica en aquella parte, y que el Tolima fue seguramente su principal centro. Además, la presencia de calizas que cubrían casi toda la vega del río por donde pasaba el camino, esa caliza, dice, fue formada en las fuentes gaseosos que vierten los termales; la más notable de estas por su alta temperatura, es la de la quebrada “agua caliente”, en donde se habían formado depósitos calizos. Aunque no se había conocido esas rocas como calizas, y por lo mismo se creía sería necesario llevar la cal desde Ibagué para construir el puente del río San Juan. Seguro Ospina de su aseveración, dispuso la construcción de un horno para cocinarla y obtener allí la cal a menos costo.

Las vegas del río San Juan y las de Tochecito que desagua en él, en el mismo punto de Toche, no son muy extensas; pero si son muy fértiles, y también lo son las faldas y mesetas que las dominan. Esta fertilidad se ensayaría ese mismo año, haciendo abrir grandes rosas donde sembraron maíz, arracacha, yuca y otras plantas cuyo producido se aprovecharía para la alimentarán de los presidiarios y los nuevos pobladores. Desde el “Pijao” se observan hacia las cabeceras del río San Juan, a poca distancia, terrenos limpios y tendidos, que serían sin duda las últimas faldas de los páramos de Tolima, muy propias para crías de ganados. Situación que llevo a Ospina a explorar aquella parte de la montaña.

El sitio de Toche por su situación, su fertilidad, y su buen clima se estableció como el más indicado para ser el centro de la nueva población. Refiere Ospina que el volcán, “ya no es terrible; pues, sus emisiones datan de una época a que no alcanza la memoria del hombre, y esas fumorolas del “Pijao”, no revelan de ninguna manera la verdadera actividad volcánica”.

Álvaro Hernando Camargo Bonilla
Academia de Historia del Quindío


[1] La Gaceta de la Nueva Granada, número 618, del 7 de mayo de 1843, Pastor Ospina, gobernador de la Provincia de Ibagué, el 25 de abril de 1843

jueves, 13 de junio de 2019

ARRIERIA POR LOS CAMINOS DEL QUINDIO


ARRIERIA POR LOS CAMINOS DEL QUINDIO

IDENTIDAD CULTURAL DE LA “HOYA DEL QUINDIO”.


Es obligación del Estado y de las personas valorar, proteger y difundir el Patrimonio Cultural de la Nación.   Ley 1185 de 2008 (marzo 12)

Recuas de mulas, bueyes, asnos y caballos, amarrados uno tras otro, cargados con corotos chécheres, mercancías, herramientas, avíos y provisiones, abriendo paso por trochas y caminos, cruzando valles, vadeando ríos, rondando nevados, serpenteando recovecos polvorientos, en las temporadas secas, y tragadales escabrosos, en las épocas de lluvia, enfrentado animales feroces, mansos o traviesos, duendes y apariciones fantasmales, arriando y avivando el tropel mulero, marchaban rudos arrieros, caporales y sangueros, a tierras desconocidas.

Acicalaban su hombría, con sombrero de paja o de fieltro (según el clima), raboegallo, camisa y pantalón de dril, mulera, poncho, ruana, tapapinche o paruma (confeccionada con tela de lona, generalmente de color blanco y con ribetes negros lineales en cuero y flecos), guarniel, cinturón arriero, machete o peinilla, zurriago y alpargatas de cabuya.

El caporal a cargo de toda la parafernalia del viaje (asistencia de los arrieros y recuas de mulas y bueyes, cargas y mercaderías), erigirá el sitio para la ranchería, tambo o fonda, espacio de albergue (toldar), donde antes de que cayera la noche, se libaba “tapetusa” de contrabando, producido en alambiques ocultos en los matorrales, y para alegrar y simular sus penurias, con sus tiples entonaban canciones en reminiscencia de sus enamoradas. Estos lugares, con el correr del tiempo, y gracias a la actividad arriera, fueron área procedente de la fundación de pueblos de en la “Hoya del Quindío”.

La actividad arriería, además empujar el progreso socioeconómico del territorio, condujo huestes de viandantes de diferente condición social y económica (dignatarios oficiales, científicos, comerciantes guaqueros, mineros, curas, militares, científicos, colonos, buhoneros, vagos, presidiarios y aventureros), que se posaron en el territorio, desde la mitad del siglo XIX, y aún, hasta las primeras décadas del XX.

Hoy, la arriera, valioso legado, hace parte del patrimonio e identidad de Quindiana, como la colección y/o tesoro Quimbaya, el camino del Quindío, la palma de cera, la arquitectura de las colonizaciones, la cestería, el café, el escudo y la bandera. Es ineludible que la institucionalidad y generaciones presentes, procuren darle el sitial e importancia que se merece, por su aporte al desarrollo del territorio y la cimentación de la identidad Quindiana.

Álvaro Hernando Camargo Bonilla.
Vigía del Patrimonio

sábado, 18 de mayo de 2019

LA ENFERMEDAD Y MEDICINA POR EL CAMINO DEL QUINDÍO. LA VIRUELA, MAL LEGADO, DESDE LA CONQUISTA, COLONIA, A LA COLONIZACIÓN QUINDIANA.


LA ENFERMEDAD Y MEDICINA POR EL CAMINO DEL QUINDÍO.LA VIRUELA, MAL LEGADO, DESDE LA CONQUISTA, COLONIA, A LA COLONIZACIÓN QUINDIANA.



Con la llegada de los ibéricos, comenzó para los aborígenes emplazados en la “Hoya del Quindío”, el triste viacrucis del padecimiento de enfermedades como: viruela (la más trágica), sífilis, lepra, tifus, gripa, entre otras, totalmente desconocidas, y que desequilibraron la inmunidad biología de los nativos.
Los nativos, una vez sometidos, asustados y recelosos recibieron a los invasores, los alojaron, brindaron amistad, y asistieron con cúmulos de sustentos y joyas de oro.  Canonjía que se extendió, durante toda la conquista y migración española, y el consiguiente proceso de mestizaje.
Desde Cartago viejo (hoy Pereira), en agosto de 1541, a través de la ruta Quimbaya (camino del Quindío), se diseminó el contagio virulento en el territorio. Por consiguiente, el padecimiento de enfermedades que coadyuvaron a la disminución de la población indígena, que sucumbió al contagio de las enfermedades traídas.
Sumado a lo anterior, los abusos sexuales, crueldad y esclavitud, determinaron el suicidio colectivo, y un rígido control natal, ejercido por las indígenas. Hechos que diezmaron la población Quimbaya, casi hasta el exterminio. Los indígenas sobrevivientes, atemorizados por la amenaza invasora, emigraron a las selvas de la cordillera occidental, hoy asiento de las comunidades emberá, progenie de los antepasados Quimbaya.
El padecimiento más infeccioso, grave, contagiosa y de más impacto, fue la viruela. Enfermedad nativa de la Etiopía, que pasó a España con las incursiones de los moros, y que, según dicen, la condujo a América un soldado de la expedición de Pánfilo de Narváez, por los años de 1782. Contagio que hizo aterradores estragos en la población del Nuevo Reino.
A partir de este momento, se presentaron periódicas epidemias (1782, 1783,1785, 1801). Las crónicas referencian que, en 1801, ocasionó mucho daño, al punto que, falto muy poco para que se despoblaran totalmente las localidades insignias del camino del Quindío: Cartago e Ibagué.
Sería extenso indicar todas las referencias relacionadas. Para el caso, dos pasajes relacionados.

En la época de la Conquista, Cieza de León, describe:
“Cuentan que vino una gran pestilencia de viruelas tan contagiosa que murieron más de doscientas mil ánimas en todas las comarcas…Y pues trato de esta materia, diré aquí lo que en el año pasado de cuarenta y seis en esta provincia de Quimbaya… La enfermedad era, que daba un dolor de cabeza y accidente de calentura muy recio y luego se pasaba el dolor de la cabeza al oído izquierdo, y agravaba tanto el mal, que no duraban los enfermos sino dos o tres días. Venida, pues, la pestilencia a esta provincia está un río casi media legua de la ciudad de Cartago, que se llama de Consota, y junto a él está un pequeño lago, donde hacen sal de agua de un manantial que está allí. Y estando juntas muchas indias haciendo sal para las casas de sus señores vieron un hombre alto de cuerpo, el vientre rasgado y sacadas las tripas y inmundicias, y con dos niños de brazo; el cual, llegado a las indias, les dijo: "Yo os prometo que tengo que matar a todas las mujeres de los cristianos y a todas las más de vosotras", y fuése luego”.  [1].

Al finalizar la Colonia, del científico alemán, Alexander Von Humboldt, en sus extractos de diario de viaje, en su paso por el camino del Quindío, en Ibagué (1801), alusiva al padecimiento de la viruela y fiebre amarilla:
“Tuvimos que permanecer 8 a 9 días allá porque hacían falta cargueros, entre los cuales la viruela ha causado grandes estragos. La viruela se presenta en el reino de Nueva Granada, generalmente cada 19 a 20 años y, aunque la vacuna produce excelentes resultados, es poco usada”. Esta vez la viruela provenía de Popayán y en Santa Fe había mucho temor por la cercanía de Ibagué. Por la misma época había otra preocupación más seria. En Cartagena habían muerto varias personas con síntomas de fiebre amarilla (epidemia que reinaba en la Guayana y Puerto Cabello, desde hacía 5 años). Si la fiebre empieza allá, se extenderá probablemente al interior, hasta Honda, debido al tráfico por el río, a la similitud del clima y a la tremenda insalubridad del aire en el cauce del Magdalena. [2]
Es así como el 18 de diciembre de 1803 llega la vacuna contra la viruela.  La aplicación de la vacuna empieza en Honda, de donde se transporta por la vía del Quindío, hacia los territorios de la Hoya del Quindío.

Otro hecho alusivo, es el contenido de la Circular No 5 (enero 16 de 1881), remitida por la Prefectura Provincial del Quindío, del Departamento del Cauca, al alcalde municipal de Salento, donde se hace referencia a lo estipulado en el decreto No. 216, de 1890:
“sobre conservación y propagación del fluido vacuno”. Usted se servirá cumplir y hacer cumplir por sus agentes las disposiciones que el contiene para evitar la propagación de la viruela y prevenir los contagios que pudieran ocasionar en las poblaciones de esas provincias. Lo que le comunico a usted para que se sirva dar estricto cumplimiento a las disposiciones citadas”.[3]
Son apenas tenues reseñas, de un amplísimo e inédito tema, que no ha sido abordado por el constructo histórico Quindiano: la enfermedad y medicina como legado del camino del Quindío.
Álvaro Hernando Camargo Bonilla


[1] Pedro de Cieza de León. Crónica del Perú. Biblioteca Ayacucho.  Pág. 449. Caracas Venezuela. 2005
[2] Vida de Humboldt Extractos de sus diarios. Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. DIARIO II Y VI
[3] Archivo de Salento Quindío.

jueves, 16 de mayo de 2019


LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE FILANDIA


El templo de la Inmaculada Concepción de Filandia (segunda parroquia erigida en el territorio del Quindío), es el edificio de mayor reconocimiento en la población.  Presenta un estilo típico de la arquitectura ecléctica (mezcla de elementos del estilo románicos con elementos góticos).
Su construcción la empezó en 1895, el presbítero, Jesús María Restrepo, quien inició los trabajos del templo y casa cural existentes hoy, y la terminó el presbítero Francisco de Paula Montoya, en el año 1905, año en el cual se erige en parroquia.
La iglesia se construyó originalmente con la técnica de la tapia pisada y del bahareque.  En los años 60, se remplazó su fachada original (frontis), por estructura en ferro-concreto, que sostiene tres altivas cúpulas, construidas de madera y forradas en latón (bahareque latón).
La estructura de la edificación está sustentada en 22 formidables columnas cilíndricas de madera, de la especie barcino y laurel, maderas extraídos de las selvas de Bremen y cañón del rio Barbas. Su cielorraso completamente cubierto con apliques en madera, elaborados por laboriosos artesanos que los tallaron en las primeras décadas del siglo XX.  En ese trabajo, se destacó don Arcadio Arias
La reseña Histórica del Municipio de Filandia, escrita por el profesor Cornelio Moreno, en el año 1928, cuenta que las primeras campanas las regaló el señor Gerardo Jaramillo con el producto del juego de gallos. Una de dichas campanas se envió a Circasia.
Las campanas existentes, para la época del escrito, fueron donadas por los señores Norberto Ospina (a. casfú) y Victoriano Arias. Guaqueros que obtuvieron una gran guaca en el paraje de la Soledad (varias arrobas de oro). De dicho hallazgo los obligó a desprenderse de una pequeña parte en beneficio de la iglesia. Las campanas las fabricaron en Buga, para lo cual se destinaron tres libras de oro.
El Reloj que hoy existe en la torre del templo, lo compró con las dadivas de los feligreses, el presbítero señor Jesús M. Restrepo. La campana del reloj se fundió en un incendio ocurrido en una bodega o caserío llamado San José, ceca a Buenaventura, a consecuencia de un combate que allí hubo en la última guerra civil, época en que era traído dicho reloj a la parroquia.
El presbítero señor Jesús M. Restrepo trajo el primer armonio, que es el mismo que hoy existe.
El cuadro antiguo de la Santísima Trinidad fue traído de la Balsa (Alcalá), lo mismo que una pila para el agua bendita. Dicho cuadro, se dice era español, fue hallado en un rancho abandonado, ceca de Alcalá. El que actualmente se venera en la iglesia parroquial, fue tomado de aquél por los señores Milcíades Valencia y Jesús María Palomino, con bastante perfección.
La primera custodia fue regalada por los señores Luis Ceballos y Rosa de Jaramillo, accionistas de la guaca hallada en el paraje de La Soledad.
La cruz de la misión, con las insignias de la pasión, es la que actualmente se contempla en la iglesia, fue construida por los señores José María y Jesús A. Benjumea, y pintada por el señor Milcíades Valencia.

El templo de Filandia es considerado como uno de los cinco del mundo que posee esta arquitectura única y especial (bahareque, bahareque latón y tapia pisada).  Junto a otros, como el Templo principal del municipio[a1]  de Villamaría (Caldas), la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza de Pereira (Risaralda), la Basílica Menor de Nuestra Señora de las Victorias de Santa Rosa de Cabal (Risaralda) y la capilla del Colegio Sagrado Corazón de Jesús de Filandia (Quindío). 
otro templo que pertenecía a este conjunto de características arquitectónicas, era el de  Nuestra Señora de las Mercedes de Circasia (Quindío), destruido por un incendio hace varios años.

 [a1]