sábado, 26 de julio de 2014

RECUAS DE MULAS POR EL CAMINO DEL QUINDÍO PAISAJECULTUAL CAFETERO


La Arriería hace parte del patrimonio e identidad de Filandia, como el tesoro Quimbaya, el camino del Quindío, la palma de cera, la arquitectura, el canasto, el café, el escudo y la bandera.

Rebosados de leyenda, historia, dificultades, tradiciones, amores, y gratos  recuerdos, los arrieros de antaño, hoy son respetables abuelos y  bisabuelos, que tansportan en el carriel  sus recuerdos.

Por el CAMINO DEL QUINDÍO, empiezó  nuestra Quindianidad; el territorio delimitado por él, fue objeto de colonización  por diferentes empresas arrieras. Unos a pie, otros a caballo, con sus mulas y bueyes cargados de herramientas, avíos, cobijas, esteras de iraca, mujeres y niños llevados a lomo de bueyes en canastos, provisiones y animales domésticos, los colonos  formaron a Filandia y el Quindio.

Recuas de mulas y de bueyes, aparejados con sus arreos y  formas de carga, trajinaban los caminos escoltadas por patrones, caporales, arrieros, sangueros y aguateros; ataviados de sombrero, rabogallo, carriel, cinturon, peinilla, mulera, alpargatas, tapapinche, y perrero;  y con su perro fiel compañero.

El patrón de la arriería, con esposa y familia; caporal, arrieros, sanguero,  silleros, cargueros, petaqueros, cura, monja y sacristán, proveyendo la fé y facilitando el soplo celestial al  moribundo, traído en la barbacoa. Coroteos con enseres campesinos y cafeteros, conducidos en angarillas, parihuelas  y turegas, dispuestas en bueyes, mulas, burros y caballos, llevaron en sus cargas la cultura y el progreso de pueblos.

Transportando cargas de café, leche, caña de azúcar, rastra con guaduas, bejucos, leña, y maderas, baùles, máquinas, camas, colchones, cobijas, ropa, muebles (bancas, silla mecedora), ollas, materas, jaulas con las gallinas, lámparas, marrano, retratos  del abuelo, bacinilla, cuadro del Sagrado Corazón de Jesús y del Divino Niño y, en fin, todo lo propio de un hogar campesino, en hileras de quince a treinta caballerías con su campanera en la punta de la arriería, recorrieron  las fondas camineras.

En la noche de pernoctada de la penosa jornada, los bambuqueros, animados  por los anisados saboreados, rasgaban sus tiples para conquistar sus amores

Por:

Álvaro Hernando Camargo Bonilla.       

Vigía del Patrimonio Camino del Quindío