EL TRÁNSITO DEL CAFÉ POR EL CAMINO DEL QUINDÍO.
De su cultivo en solares caseros por pago de
penitencias, al emporio nacional.
El café arribó desde África, cruzando Europa y el
Caribe antes de tocar suelo neogranadino. Mientras Brasil, Venezuela y
Centroamérica ya amasaban fortunas con el grano en el siglo XVIII, en la Nueva
Granada era apenas una rareza. En Muzo, Boyacá, la semilla echó raíces a
pequeña escala, arrinconada en los patios de las casas. Solo bastaba para el
pocillo de los vecinos. La tradición cuenta que fueron los misioneros jesuitas
quienes la trajeron, y que la fiebre de esmeralda hizo el resto: los mineros pedían
a gritos una bebida que los mantuviera despiertos. Así, el café fue mata de
solar: sin mercado, sin técnica, sin puertos que lo reclamaran. Muzo guardó la
semilla, pero jamás levantó la industria.
Para 1736, los mismos jesuitas ya habían puesto pies
de café en un monasterio de Popayán. El suroccidente tenía la planta, mas la
producción comercial tardaría un siglo: solo en 1835 el grano empezó a pesarse
para la venta.
Los primeros surcos documentados los anotó el
sacerdote José Gumilla. En su crónica narra el cultivo en Santa Teresa de
Tabage, entre el Meta y el Orinoco, misión jesuita del siglo XVIII. Más al
norte, en los Santanderes, el padre Francisco Romero, párroco de Salazar de las
Palmas, convirtió la fe en azadón: desde 1834 impuso como penitencia a sus
feligreses sembrar matas de café. La devoción abrió, literalmente, los primeros
surcos.
LOS PIONEROS: DE CHIMBE A LA MESA, 1860-1880.
Según
Medardo Rivas, el cultivo del café en Colombia se retrasó por varias razones:
se desconocían las técnicas de siembra, no existía capital suficiente para
esperar varios años hasta la primera cosecha, predominaba el afán de lucro
inmediato, los fletes para transportar el café hacia los puertos eran muy
costosos y, además, había desconfianza para invertir tras los fracasos del
tabaco y el añil.
El giro lo dio un inglés: Tirrel Moor. Minero en
Antioquia, compró tierras en Chimbe, Cundinamarca, a 16 °C de temple. Midió,
alinderó y sembró café con método, con ciencia. Y demostró lo impensable: a
gran escala, el café sí daba plata. Su ejemplo prendió como pólvora. Lo
siguieron José Antonio Mejía; Lorenzana y Montoya en Campohermoso; José María
Franco Pinzón; Domingo Martínez; y Francisco Ospina, que levantó en Anolaima la
hacienda Santa Inés, con uno de los mejores cultivos y beneficios de café de la
época.
El núcleo inicial cafetero empezó en la vertiente
occidental de la Cordillera Oriental: Viotá, Tibacuy, Nilo, Fusagasugá, Melgar,
Icononzo. Allí brotaron grandes haciendas cafeteras: Ceilán, de Eustasio de la
Torre Narváez; Buenavista, de Jorge Crane; La Siberia, de los Sáenz; Java, de
los Tobar; Filadelfia, de Carlos Abondano.
EN EL ESTADO SOBERANO DEL CAUCA SE FOMENTO SU CULTIVO
MENDIANTE LALEY 5ª DEL 25 DE JULIO DE 1879.
El Estado Soberano del Cauca olfateó el porvenir. La
Ley 5ª decretó: todo habitante que levantara una plantación de café hasta verla
en fruto, recibiría pago del Tesoro. La tarifa no tenía misterio: 500 árboles
en flor, 50 pesos; 1.000 árboles, 100 pesos; 5.000 árboles, 500 pesos, y de ahí
en adelante.
El trámite era claro. El cultivador avisaba al jefe
municipal, declaraba el sitio y el número de matas. El jefe abría registro,
anotaba nombre, lugar y cantidad. Luego inspeccionaba. Si todo estaba en regla,
autorizaba el pago. Para que no faltara, se apropiaron diez mil pesos por
vigencia. Era política pública con olor a café: empujar el grano a punta de
incentivos.
EL CAMINO DEL QUINDÍO TRANSPORTÓ LA SEMILLA.
El café empezó su travesía por el Camino del Quindío.
Por esa trocha de mulas y cargueros se acarreó la semilla que, un siglo
después, sería producto bandera y baluarte del Paisaje Cultural del territorio.
Las crónicas de quienes anduvieron el camino lo
confirman:
En 1790, José Celestino Mutis, desde Mariquita,
consignó que tenía árboles de café en la casa de la Expedición Botánica,
criándolos para propagarlos junto a la canela y la nuez moscada.
En 1823, John Potter Hamilton, cruzando por La Mesa y
Guaduas, escribió que en aquel territorio “se produce plátano, café y maíz en
abundancia”. El grano ya iba rumbo al occidente.
Hacia 1869, Joaquín de Caicedo y Caicedo, jefe de la
municipalidad del Quindío en el Estado Soberano del Cauca, apuntó: “tenemos
plantas como el cacao, el café y el plátano…”. Para estimularlo, desde 1867
circulaba en Cali una memoria que proponía sustituir caña por café. Las
exportaciones caucanas bajaban por el río Cauca, aunque el grano nacía en
pequeñas parcelas del Valle.
Eliodoro Peña, en su *Geografía e Historia de la
Provincia del Quindío* de 1892, lo sentenció: “entre las producciones son las
principales: el cacao, el café… Los artículos de comercio que se exportan se
reducen a cacao, café… Circasia produce maíz en abundancia, fríjoles, panela,
trigo, café”.
DE CARTAGO A LOS PUEBLOS FUNDADORES.
Por política del Estado caucano, el café entró a
Cartago, capital de la Provincia del Quindío. De allí se regó por su
jurisdicción: Salento, Filandia, Armenia y Circasia, pueblos que pertenecieron
a Cartago hasta 1908.
En 1882, Leónidas Scarpeta pedía ayuda al concejo de
Salento para iniciar cultivos de café. Y ya en 1842, aquel camino que antes era
monte solo, mostraba casas y tambos en La Palmilla, Buenavista y Toche, y
caseríos nacientes de Boquía y La Balsa. El movimiento económico del café iba
despertando el recorrido.
No hay duda: el Camino del Quindío fue el rumbo por
donde viajó la semilla. De los enclaves coloniales de Muzo y Popayán, pasando
por los laboratorios empresariales de Chimbe, Viotá y La Mesa, hasta el fomento
legal del Cauca en 1879, el grano descendió la cordillera. Bogotanos, caucanos
y antioqueños tumbaron monte, abrieron haciendas y, tras la huella de arrieros
y cargueros, metieron el café al Quindío.
Un siglo después de que Hamilton viera café en Guaduas
y Mutis lo mimara en Mariquita, el cultivo se hizo economía, paisaje y
patrimonio. El Camino del Quindío no solo cosió el centro con el occidente:
sembró la ruta por la que todavía transita la identidad cafetera de Colombia.
Fuentes: Ley 5ª del 25 de julio de 1879.
John Potter Hamilton, Viajes por el interior de las
provincias de Colombia, 1823.
José Celestino Mutis, 1790.
Joaquín de Caicedo y Caicedo, 1869.
Eliodoro Peña, Geografía e Historia de la Provincia
del Quindío, 1892. Medardo Rivas, Los trabajadores de tierra caliente.
John Potter Hamilton Viajes por el interior de las
provincias de Colombia (1823)
María Mercedes. Botero Rest repo. Los bancos en
Antioquia. tesis. Universidad de Antioquia, Medellín. 1984. pág 47.
Gaceta Oficial del Estado Soberano del Cauca. Archivo
de la Gobernación de Popayán.
Geografía e Historia de la Provincia de Popayán,
Departamento del Cauca. Popayán Imprenta del departamento director David
Orjuela P. 1892. Pág., 20, 53, 103.























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